CIENCIA Y SALUD / CANNABIS
Canadá destina 24 millones de dólares a estudiar los efectos del cannabis sobre el cerebro
26.09.2026
OTTAWA (Uypress) – El Gobierno de Canadá destinará 24 millones de dólares canadienses a la creación de un consorcio nacional que estudiará los efectos del cannabis sobre el cerebro durante las diferentes etapas de la vida.
La inversión, anunciada por la ministra de Salud, Marjorie Michel, será administrada por los Institutos Canadienses de Investigación en Salud.
El Consorcio Canadiense de Cannabis y Salud Cerebral reunirá a diez equipos multidisciplinarios de universidades y centros de investigación de todo el país.
La iniciativa no consiste en un único experimento ni parte de la premisa de que el cannabis sea necesariamente perjudicial o beneficioso. Su objetivo es producir evidencia que permita distinguir los efectos asociados con la edad, la frecuencia de uso, la potencia de los productos, las condiciones de salud y las características particulares de cada consumidor.
El Gobierno canadiense señaló que durante 2025 más de uno de cada tres adultos declaró haber consumido cannabis. Aunque muchas personas lo utilizan sin experimentar consecuencias adversas graves, persisten interrogantes sobre su relación con la salud mental, el desarrollo cerebral y el bienestar.
Las autoridades consideran especialmente necesario estudiar sus efectos entre adolescentes, embarazadas, consumidores frecuentes y personas con mayor predisposición a desarrollar trastornos de salud mental.
Una infraestructura nacional de investigación
Además de financiar los proyectos, el programa establecerá una infraestructura común para recopilar, armonizar y compartir datos entre las provincias y territorios canadienses.
Actualmente, numerosos estudios emplean definiciones, cuestionarios y métodos diferentes para medir el consumo. Estas variaciones dificultan la comparación de los resultados y la identificación de patrones a escala nacional.
El nuevo sistema buscará registrar información sobre la frecuencia de uso, los productos consumidos, las concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD), las vías de administración y los cambios observados en la salud.
También se utilizarán cohortes longitudinales, que permiten seguir a determinados grupos durante varios años para estudiar cómo evolucionan su consumo y sus indicadores sanitarios.
Estos trabajos pueden aportar información más precisa que las encuestas realizadas en un único momento. Sin embargo, los estudios observacionales no siempre permiten demostrar una relación directa de causa y efecto, porque los resultados también pueden estar condicionados por factores sociales, genéticos, ambientales o vinculados con otras sustancias.
Embarazo y primera infancia
Uno de los proyectos, dirigido por Annie Ouellet en la Universidad de Sherbrooke, investigará la exposición al cannabis desde el embarazo hasta los primeros años de vida.
El programa analizará a madres, niños y familias para evaluar posibles asociaciones con el desarrollo cerebral infantil.
La investigación intentará diferenciar los efectos del cannabis de otros factores que pueden influir durante el embarazo, como el consumo de tabaco o alcohol, la alimentación, la salud mental materna y las condiciones socioeconómicas.
Las autoridades sanitarias desaconsejan el consumo durante el embarazo y la lactancia debido a la incertidumbre existente y a la posibilidad de que determinados cannabinoides atraviesen la placenta o lleguen al bebé mediante la leche materna.
Adolescencia y desarrollo cerebral
Otro equipo, encabezado por Rachel Rabin en la Universidad McGill, analizará la relación entre el consumo juvenil, el neurodesarrollo y la evolución clínica.
La adolescencia constituye una etapa especialmente relevante porque el cerebro continúa desarrollándose y porque una parte de los consumidores inicia durante esos años sus primeros contactos con el cannabis.
Los investigadores estudiarán la edad de inicio, la frecuencia, la potencia de los productos y la continuidad o interrupción del consumo.
También evaluarán factores de riesgo y resiliencia para comprender por qué algunas personas desarrollan problemas cognitivos, emocionales o de dependencia, mientras otras no presentan las mismas consecuencias.
Un proyecto complementario de la Universidad de Montreal utilizará cohortes de largo plazo para estudiar posibles efectos sobre la neurocognición y la salud mental, así como los procesos de recuperación después de reducir o abandonar el consumo.
Cannabis de alta potencia y psicosis
El aumento de la concentración de THC en determinados productos es una de las principales preocupaciones sanitarias surgidas después de la expansión de los mercados legales.
El THC es el cannabinoide responsable de buena parte de los efectos psicoactivos del cannabis. Los productos con concentraciones elevadas pueden aumentar la posibilidad de experimentar ansiedad, desorientación, alteraciones perceptivas o episodios psicóticos, especialmente entre consumidores vulnerables.
Un equipo dirigido por Stéphane Potvin, de la Universidad de Montreal, estudiará el consumo de cannabis de alta potencia entre personas con psicosis.
El proyecto combinará un seguimiento neurobiológico con la evaluación de una intervención de realidad virtual destinada a tratar el trastorno por consumo de cannabis.
La existencia de una asociación entre el consumo frecuente —particularmente de productos con alto contenido de THC— y la psicosis no significa que todas las personas que consumen cannabis desarrollarán este trastorno.
El riesgo puede depender de la predisposición genética, la edad de inicio, la intensidad del consumo y otros factores. Precisamente, uno de los objetivos del consorcio será identificar qué personas presentan una mayor vulnerabilidad.
Epilepsia, estrés postraumático y sueño
Las investigaciones no estarán orientadas únicamente a los posibles daños.
El consorcio también analizará los usos terapéuticos y las razones por las cuales algunas personas recurren al cannabis para tratar síntomas o enfermedades.
Un equipo de la Universidad de Montreal estudiará el consumo no médico entre personas con epilepsia. El objetivo será conocer qué productos utilizan, por qué lo hacen y cómo se relaciona ese uso con las crisis, los tratamientos y la calidad de vida.
La Universidad de Calgary investigará la relación entre el cannabis y el sueño mediante una cohorte representativa de la población canadiense y un ensayo controlado en personas con trastorno de estrés postraumático.
Otro proyecto, dirigido por la Universidad de Dalhousie, analizará mediante técnicas de neurociencia cognitiva los vínculos entre el cannabis y el estrés postraumático.
Estos estudios deberán distinguir entre los efectos de productos con composiciones diferentes. Una preparación rica en CBD y con cantidades reducidas de THC no puede considerarse equivalente a una flor, un concentrado o un comestible con alta potencia psicoactiva.
Trastorno por consumo de cannabis
El programa también incluye investigaciones sobre dependencia y consumo problemático.
Un equipo de la Universidad McMaster aprovechará cohortes ya existentes y estudiará la psilocibina como posible tratamiento del trastorno por consumo de cannabis.
La inclusión de esta línea no significa que la psilocibina haya demostrado eficacia para esa indicación. Se trata de una hipótesis que deberá evaluarse mediante procedimientos clínicos controlados.
Otro grupo de la misma universidad investigará cómo las diferencias entre cannabinoides pueden modificar los procesos cerebrales relacionados con la valoración, la recompensa y la toma de decisiones.
Comprender esos mecanismos podría ayudar a explicar por qué algunas personas mantienen un uso ocasional y otras desarrollan patrones difíciles de controlar.
Evidencia para una regulación ya vigente
Canadá legalizó el cannabis de uso adulto en octubre de 2018. Desde entonces se amplió la disponibilidad de flores, aceites, comestibles, extractos y productos con diferentes concentraciones de cannabinoides.
El consorcio fue creado como parte de la Estrategia Integrada de Investigación sobre Cannabis y responde a vacíos señalados por la revisión legislativa de la Ley del Cannabis realizada en 2024.
Las investigaciones incluirán además poblaciones históricamente poco representadas en los estudios, entre ellas comunidades indígenas y personas con enfermedades raras o antecedentes médicos complejos.
Los resultados estarán destinados a orientar la atención sanitaria, las estrategias de reducción de daños y las decisiones regulatorias.
La creación del consorcio tampoco implica que todas las preguntas vayan a resolverse inmediatamente. Los estudios longitudinales y los ensayos clínicos requieren años de seguimiento, y sus conclusiones deberán evaluarse de acuerdo con la metodología empleada y las características de cada producto.
La principal contribución del programa será construir una base nacional de información capaz de reemplazar afirmaciones generales sobre “el cannabis” por análisis más específicos sobre qué productos se utilizan, quiénes los consumen, en qué condiciones y con qué consecuencias.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias