CANNABIS / SEGURIDAD VIAL
Cannabis al volante: un estudio detectó alteraciones hasta 5,5 horas después del consumo
17.09.2026
MONTEVIDEO (Uypress) – Los efectos del cannabis sobre determinadas habilidades necesarias para conducir pueden mantenerse durante más de cinco horas después del consumo, según un estudio experimental publicado en el Journal of Psychopharmacology.
La investigación encontró alteraciones en el mantenimiento del carril, el seguimiento de otros vehículos y las maniobras de adelantamiento. También comprobó una diferencia preocupante entre la percepción de los participantes y su desempeño real: aproximadamente dos de cada tres dijeron que estarían dispuestos a conducir pese a reconocer efectos de la sustancia y mostrar peores resultados en el simulador.
El trabajo, dirigido por Shashwath Meda y publicado originalmente en marzo de 2025, fue diseñado como un estudio piloto aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo.
Participaron 38 adultos de entre 18 y 40 años. Cada uno asistió a tres jornadas experimentales en las que recibió, en diferente orden, cannabis vaporizado con una concentración de THC de 5,9%, cannabis con 13% de THC o un placebo sin el principio psicoactivo.
Los investigadores utilizaron una dosis de medio gramo y evaluaron a los participantes en distintos momentos durante las ocho horas posteriores. Las pruebas se realizaron en un simulador y midieron 19 variables relacionadas con la conducción.
Alteraciones diferentes según la maniobra
Los resultados no mostraron un único período durante el cual todas las capacidades permanecieran afectadas. La duración varió según la potencia del cannabis, el tiempo transcurrido y la maniobra examinada.
En las pruebas de mantenimiento del carril, algunos cambios persistieron hasta 3,5 horas después de utilizar cannabis con 5,9% de THC y hasta 5,5 horas con la concentración de 13%.
En los ejercicios que exigían seguir a otro vehículo, las modificaciones en el uso de los pedales se mantuvieron entre una y tres horas después de la dosis de mayor potencia.
Las diferencias más claras aparecieron durante los adelantamientos. Tras consumir cannabis con 13% de THC, los participantes dejaron una distancia menor respecto del vehículo que intentaban superar, permanecieron más tiempo en el carril contrario y redujeron el margen disponible ante una posible colisión.
Los efectos disminuyeron progresivamente, pero no desaparecieron al mismo tiempo en todas las pruebas.
Esto impide transformar el estudio en una regla general que establezca una cantidad exacta de horas de espera aplicable a todas las personas. La dosis, la potencia del producto, la frecuencia de consumo, la vía de administración y las características individuales pueden modificar la intensidad y la duración de los efectos.
Dos de cada tres estaban dispuestos a conducir
Uno de los resultados más relevantes fue la distancia entre el riesgo objetivo y la decisión personal.
Alrededor del 66% de los participantes declaró que estaría dispuesto a conducir en algún momento en el que todavía presentaba un desempeño inferior al registrado después del placebo.
La percepción de sentirse suficientemente recuperado, por lo tanto, no siempre coincidió con la restitución de las capacidades evaluadas en el simulador.
Esta diferencia representa un desafío para las campañas de prevención. A diferencia del alcohol, cuyos efectos y límites legales son ampliamente conocidos, muchos consumidores no disponen de una referencia clara para determinar cuánto tiempo deberían esperar antes de conducir después de utilizar cannabis.
La concentración de THC no predijo el deterioro
El estudio también examinó si las concentraciones de cannabinoides y sus metabolitos permitían anticipar el desempeño de cada participante.
Los investigadores no encontraron una correlación consistente entre esos valores y las alteraciones observadas en el simulador. Una mayor concentración medida en el organismo no se tradujo necesariamente en un peor resultado, y un valor menor tampoco garantizó que las capacidades estuvieran completamente recuperadas.
Esta conclusión no significa que el THC resulte inocuo para la conducción ni que las pruebas de detección carezcan de utilidad. Indica que comprobar la presencia o medir la concentración de la sustancia no equivale necesariamente a determinar el grado de incapacidad de una persona en ese momento.
El alcohol presenta una relación más previsible entre la concentración en sangre y el deterioro funcional. Con el cannabis, esa relación es más compleja debido a su forma de absorción, su rápida distribución por el organismo, la tolerancia individual y las diferencias entre consumidores ocasionales y frecuentes.
Por ese motivo, los autores plantean que la evaluación del riesgo debería combinar diferentes elementos y no depender exclusivamente de una concentración de THC.
Cómo se controla el cannabis en el tránsito uruguayo
Uruguay permite a las autoridades controlar la presencia de alcohol y otras drogas psicotrópicas en cualquier persona que conduzca por vías urbanas, suburbanas o rurales.
Los procedimientos pueden ser realizados por funcionarios especialmente habilitados y capacitados del Ministerio del Interior, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, las intendencias, los municipios y la Prefectura Nacional Naval, dentro de sus respectivas competencias.
En el caso del cannabis, el control inicial se efectúa mediante un dispositivo que analiza una muestra de saliva. El procedimiento busca detectar delta-9-tetrahidrocannabinol, conocido como THC, que es el principal componente psicoactivo de la planta.
La Resolución 13/2018 del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) estableció que los dispositivos utilizados deben tener un punto de corte de 15 nanogramos de THC por mililitro de saliva.
El IRCCA es el organismo público creado para regular y fiscalizar el mercado del cannabis en Uruguay. Entre otras competencias, determina las especificaciones que deben cumplir los dispositivos utilizados para detectar THC en los controles de tránsito.
El resultado del test es positivo o negativo según supere o no ese umbral técnico. No establece cuán afectada se encuentra la persona ni reconstruye con exactitud la cantidad consumida.
Presencia de THC y deterioro no son lo mismo
La reglamentación uruguaya considera afectada la capacidad para conducir cuando se detecta THC en el organismo mediante los procedimientos autorizados.
Se trata de un criterio basado en la presencia de la sustancia por encima del punto de corte del dispositivo, no en una prueba directa de las capacidades necesarias para manejar.
Aquí aparece el principal punto de contacto con el estudio publicado en el Journal of Psychopharmacology: la investigación encontró que las concentraciones de cannabinoides no permitieron predecir de manera fiable el desempeño de los participantes.
Esto plantea una diferencia entre dos preguntas que suelen presentarse como equivalentes, pero no lo son:
- si una persona consumió cannabis recientemente;
- si esa persona conserva una alteración que le impide conducir de manera segura.
El análisis de saliva resulta útil para identificar un consumo relativamente reciente y puede aplicarse rápidamente en la vía pública. Sin embargo, un resultado positivo no mide directamente la coordinación, la atención, el tiempo de reacción o la capacidad para responder ante una situación inesperada.
Al mismo tiempo, el estudio demuestra que confiar únicamente en la percepción del conductor tampoco ofrece garantías suficientes, porque numerosas personas se consideraron capaces de manejar mientras todavía mostraban alteraciones objetivas.
El derecho a solicitar una prueba ratificatoria
Cuando se detecta THC en un control uruguayo, el conductor puede solicitar, a su costo, una prueba ratificatoria de acuerdo con las condiciones establecidas por el IRCCA.
La Ley de Tránsito también permite que los procedimientos iniciales sean ratificados mediante exámenes de sangre, orina u otros análisis clínicos o paraclínicos.
Si se comprueba la infracción, la autoridad retiene la licencia. Para una primera falta, la suspensión prevista se extiende de seis meses a un año. En caso de reincidencia puede llegar a dos años y, ante una nueva reincidencia, la licencia puede ser cancelada.
La negativa a someterse al control también permite retener la licencia, genera una presunción de culpabilidad y puede ser sancionada con una multa de hasta 100 unidades reajustables, además de la inhabilitación correspondiente.
Un estudio piloto, no una conclusión definitiva
Los propios autores presentan el trabajo como una investigación piloto. La muestra de 38 personas es pequeña y las pruebas se realizaron en un simulador, no en vehículos circulando por calles o carreteras reales.
El estudio tampoco permite establecer que todas las personas permanezcan incapacitadas durante 5,5 horas ni que después de ese plazo se encuentren automáticamente en condiciones de conducir.
Su aporte consiste en demostrar que algunas alteraciones pueden superar las tres horas examinadas habitualmente por investigaciones anteriores y que ni la sensación personal de recuperación ni una cifra aislada de cannabinoides permiten describir completamente el riesgo.
Para Uruguay, los resultados no invalidan los controles de saliva, pero sí muestran sus límites. El dispositivo puede detectar THC reciente, mientras que la ciencia todavía busca una herramienta capaz de establecer con suficiente precisión el deterioro funcional de cada conductor.
La conclusión preventiva continúa siendo más sencilla que el problema técnico: después de consumir cannabis con THC, no se debe conducir mientras puedan persistir sus efectos. Determinar exactamente cuándo desaparecen exige considerar la potencia, la dosis, la forma de administración y las características de cada persona.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias