Tras la pista del haxix. Sobre la marihuana y otras yerbas (Octava nota)
Daniel Vidart
27.09.2012
En la nota que hoy entrego a los lectores de Bitácora rumbearé hacia otras latitudes y otros usos del cannabis. Y no es de modo gratuito o caprichoso que me aparto del trillo sistémico de mis escritos sobre el uso recreativo de una sustancia psicotónica y sus conocidos usos y características.
Existen motivos circunstanciales que me obligan a efectuar un tiro oor elevación, aunque sin salir del tema.
Me trasladaré hasta el Medio Oriente. Desde allí, traspasando fronteras y continentes, se utiliza la resina del cogollo del cáñamo para obtener un producto que profundiza los efectos de nuestra familiar marihuana. No habrá cambio de frente, pues. Hay, si, una coyuntura que nos invita a dar un salto y trastocar el orden expositivo sin alterar la identidad de un reiterado asunto: el que versa sobre “la marihuana y otras yerbas”, serie periodística iniciada en Bitácora el 13 se julio de este año. Pero, a raíz de una muy especial y dramática coyuntura, hoy me orientaré hacia donde impera el credo islámico, soezmente insultado.
Este salto hacia una cultura y religión sobre las que he escrito en anteriores ocasiones, distinguiendo el Islam manso de los muchos del fundamentalismo agresivo de unos pocos, está inspirado en el sentimiento que, desde los mejores valores de la civilización de Occidente, a la que pertenezco, me incita a censurar un hecho que ha conmovido al mundo, y no solo al de los musulmanes, como ha sido la depravada y ofensiva caricaturización de Mahoma – Muhammad - y su credo religioso por parte de un filme- basura de la peor especie.
Así motivado, iré, de la mano del haxis, a visitar una vasta región geográfica donde imperan los efectos visionarios del cáñamo. Viajaremos, pues, hacia una notable región prácticamente desconocida por la general ignorancia que impera en el cristianismo de distintos matices acerca del Islam, una cosmovisión religiosa cuya importancia historica es relevante.
Los escenarios
La geografía y la historia son dos hermanas siamesas. En tal sentido Reclus se animó a decir que la historia era la geografía caminando en el tiempo y la geografía, la historia acostada en el espacio. Esto se llama determinismo puro. Pero sucede que el hombre no es como el animal o la planta: desde el momento en que adquirió su condición de criatura faber, también fue homo sapiens, pues la mano y el cerebro funcionaron retroactivamente, al compás del trabajo cotidiano, según Engels.
El ser humano, en vez de adaptarse servilmente al medio se ha enfrentado a los rigores ambientales, a la dinámica vital de los ecosistemas y, de tal modo superpuso, milenio tras milenio, los artefactos y mentefactos de la cultura sobre los escenarios de la naturaleza, librados a la necesidad y el azar.
Este juego se cumplió a veces en relativa armonía con el medio y otras a contrapelo, modificándolo, maleándolo, degradándolo.
Ciertamente, es en las latitudes medias donde el determinismo y el posibilismo geográfico juegan a las escondidas. En las regiones de climas extremos, como Groenlandia o el Sáhara, los géneros de vida no pueden escapar a las férreas imposiciones del frío y la oscuridad en el primer caso y del calor seco y la luz deslumbrante en el segundo.
Pero, como advertía Estrabón en su Geografía ( II ,3, 7 ) " aunque existen en el carácter de los pueblos peculiaridades que pueden ser debidas a la naturaleza de los lugares donde moran, hay otras que son el resultado del hábito y de la educación ". Mucho mas tarde Herder diría que " podemos considerar al género humano como un ejército de audaces gigantes que , a pesar de su pequeña apariencia.[....] subyugó a la Tierra para imprimir en el mundo exterior la huella de su débil mano " ( 1 )
¿Determinismo geográfico?
Todo lo anterior va dicho para rechazar el determinismo geográfico, a lo Le Bon, que hace de los árabes un hato impenitente de beduinos, de rudos hijos del desierto, y que, por añadidura, supone que en el desolado solar planetario de la península arábiga solamente reinan el camello, la palmera y, a veces, el caballo, si se trata de la hacienda de un sheik poderoso o de aquellos grupos asentados en un horizonte de escasas gramíneas.
Ciertos deterministas, parodiando a Ratzel o Huntington, aunque careciendo de su talento, han considerado a la cultura como un producto moldeado a imagen y semejanza de los factores naturales. De tal manera llegaron a afirmar, como lo hace Renán, que el escenario de las tierras áridas que van desde el Mar Muerto hasta los desolados arenales arábigos de Rub al Jali es el gestor de las tres grandes religiones monoteístas del cercano Oriente.
Vistos desde esta óptica el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, uno tras otro, que en este orden se organizaron cronológicamente, habrían encontrado en las pistas de las caravanas el rastro de una divinidad propia de las tierras yermas y los eriales de la sed.
Presos en el determinismo geográfico, olvidan que estas tres religiones reveladas, cuyos preceptos y rituales se expresan en un Libro, apuntan a metas distintas si bien complementarias. La de los judíos, que aún aguardan el Mesías, es la religión de la esperanza, voz que supone una espera , no se sabe si larga o corta ; la de los cristianos - olvidando las Cruzadas , la Inquisición y otras fruslerías, como el avasallamiento de los indígenas americanos- dice ser la religión del Amor, o sea de la Caritas ( del latín carus, querido); y la de los musulmanes, que se refugia tras la muralla de la sumisión a Dios, es la religión de la Fe (del latín fides, confianza, crédito, palabra dada). Esta Fe se fundamenta en un acatamiento absoluto de la voluntad de Alá y en una perpetua exaltación de su Misericordia.
Según advierten dos especialistas en el tema teológico, la palabra " Islam proviene de aslama, la cuarta forma verbal de la raíz slm, someterse, y significa sumisión( a Dios ) ; la voz muslim - de donde deriva la palabra musulmán - es el participio activo de esa misma forma verbal : aquel que se somete ( a Dios) ".( 2 )
Por otra parte Fe, Esperanza y Caridad (esta en el sentido de amor y no de limosna, como comúnmente se la interpreta) son las tres virtudes teologales que fundamentan el edificio espiritual del cristianismo. (Corintios, I,13)
Volviendo al tema de la pareja desierto - oasis debe recordarse que esos frescos techos de vegetación, que defienden del sol abrasador, no solamente se dan en la aridez del suelo sino también en la sequedad de las almas. Y debe hacerse memoria, también, de que el Islam no es un dogma nacido en el desierto sino una religión proveniente de las ciudades como eran - y lo son - la Meca y Medina. En esas y otras islas humanizadas la assabiyah ( espíritu de cuerpo, lealtad ciega y absoluta hacia el grupo ) regida por la "solidaridad mecánica" de la comunidad integrada por sujetos dotados de una potente homogeneidad laboral, mental y moral, que concedía cohesión, sentido y destino a la tribu errante , fue sustituida por la división social del trabajo que permitía funcionar a los distintos estratos de la sociedad, interrelacionados por la " solidaridad orgánica". ( 3 ) Dichas sociedades urbanas que ,como Planhol señala ( 4 ), adquieren especial significado en el mundo islámico, están asentadas en un “topos” ( lugar, sitio) donde habita un grupo humano diferenciado cuya dialéctica sociocultural, dando un salto cualitativo, concede al ocio creador un sentido trascendente. Ya no se trata del no-hacer de la tribu errante, cuando el grupo se reúne alrededor de la llama y bajo las estrellas, sino en el meditar del espíritu que se interroga a sí mismo luego de haberse enfrentado “a” o comulgado “con” la projimidad pensante y sintiente del Otro, convirtiendo ese acto de buceo dentro de las conciencias en un trampolín hacia la imaginación simbólica, esa incansable fábrica de alegorías y ensoñaciones. Sin embargo el nómada, que no puede transportar consigo mas que el equipaje mnemotécnico de su mente, será, en la soledad desnuda del desierto, un astrónomo avant la lettre, un poeta rico en palabras sonoras y cadenciosas, un andante repertorio de historias y relatos tradicionales.
Muhammad, (Mohammed, Mahoma o Mohamet, según otras expresiones idiomáticas), fue un personaje dotado de un espíritu urbano . Bajo el cuidado de su ama de leche Amin y su tio y tutor Abu Talibi pasó muy pocos años de su infancia en pastoriles tiendas familiares. Ya mozo y residente en la Meca siempre estuvo atento a las exclusiones de la desigualdad social y a los reclamos de los desvalidos y los pobres, esos prisioneros en el sótano clasista. Convertido mas tarde en itinerante camellero no fue por ello un beduino atado al palo totémico del grupo. Siempre volvía al seno de su clan, en la comercial ciudad de la Meca, encrucijada económica de primer orden.
El beduino, sometido al rigor de la solidaridad social, cuyo objetivo, sobre todas las cosas, era sobrevivir antes como grupo que como persona , se expresaba socialmente en la razzia ( del árabe ghaziya, algarada a mano armada ), una actividad entre lúdica, económica y militar . El hombre urbano, y Muhammad, como ya se dijo, lo era, sabia que al- yihad - al- akbar (el esfuerzo grande, el íntimo combate moral por mejorar la persona) era mas importante que al-yihad - al - ashghar ( el esfuerzo pequeño, el de la espada) porque resultaba mucho mas difícil e importante luchar contra los vicios, los defectos y los demonios interiores, que contra el Otro, a mano armada.
Dejando de lado, pues, las exageraciones del determinismo geográfico y atendiendo un famoso dicho que nos encamina hacia el sujeto, su circunstancia y circundancía - " el hombre tiene que saber donde está parado " (Hegel) - conviene, a modo de introducción geográfica al mundo terrenal del Islam y el haxis consumido por los musulmanes de ayer y de hoy trazar un boceto introductorio a la península arábiga y sus particularidades regionales. No olvidemos que en Arabia nació el Islam, sobre el que hoy tanto se habla y el que tan poco se conoce, y que desde allí, en muy poco tiempo, se expandió prodigiosamente. Hoy la Tierra cuenta con 1.600 millones de musulmanes..
Supongo que los lectores interesados en el tema de “la marihuana y otras yerbas”- titulo que me ha sido birlado por quien ha de tener poca imaginación para llamar un libro que editará en estos días con idéntico nombre al de la publicación de ensayos sobre la droga por mi anunciada desde hace tiempo en estas notas semanales, así encabezadas a partir del 13 de junio del corriente año- me van a acompañar en esta insólita pero necesaria excursión, que tiene anverso y reverso, punta y filo, como ya dije .
Para introducirnos en el universo del haxix, que desborda la península arábiga, no esta demás que ofrezcamos a los lectores, ya que el asunto hoy arde al rojo vivo, una mirada geográfica y antropológica sobre la Península donde nació Muhammad , y que ello sea dicho por quien ha estado muy cerca del Islam y sus áreas culturales.
En los revueltos tiempos que actualmente vivimos, sacudidos por una grosera provocación que ha soliviantado el alma de millones de creyentes, esta modesta changa del espíritu quizá sea bien recibida , aprovechando aprovechada el momento en el que el caldero de la indignación musulmana, con toda razón, arde, humea y quema. Por cierto que no olvidaré, en los capítulos que siguen, hablar largo y tendido acerca del haxix, un tema por demás apasionante, cuyas raíces históricas son poco conocidas. Pero vamos primeramente a los escenarios para luego referirnos a los personajes y sus drogas favoritas.
Las tres Arabias
Si se observa un mapa general del Viejo Mundo podrá advertirse que la península arábiga se enhebra, como una cuenta mas, al collar de desiertos y estepas que se extienden desde el Sáhara al Gobi. No obstante, tiene rasgos propios, manifestados en caracteres geológicos, orográficos, climáticos y ecológicos que le conceden una intransferible fisonomía paisajística y humana.
Los romanos, siguiendo a los griegos, distinguían tres Arabias : la Pétrea, que correspondía a la zona del noroeste, donde florecieron las ciudades de Petra y Palmira ; la Deserta, que se extendía en el centro y el este por las tierras sin lluvias y sin ríos, reinos del calor agobiante, la arena voladora y la roca estéril, y la Felix, que correspondía a las zonas del sudoeste , donde sopla el monzón y prosperan la agricultura, los centros urbanos y el comercio caravanero y el marítimo, propensos ambos a la creación de comodidades y riquezas tanto en el orden de la materia como en el del espíritu. Corresponde aclarar aquí que felix en latín (genitivo felicis) significa fértil, fecundo, rico en frutos y vergeles. Por extensión esas condiciones favorables de la naturaleza, al llenar las barrigas, dieron contento al corazón del hombre.
Los geógrafos orientales, como expresa Cansinos - Assens "no admiten la Arabia pétrea en su delimitación y dividen la península en las regiones siguientes : el Hichás (o Hedjaz), región montañosa y arenosa que comprende a la parte media que baña el mar Rojo y en las que se radican las ciudades santas de la Meca ( Mekka o Makka, y también Bekka ) y Yatrib , llamada mas tarde Medina [ Medinat - aln Rasul, la ciudad del Enviado, del Emisario de Alá, agrego yo]); el Yemen, situado al sur de Hichás ; el Hadramaut, el Mahrah, el Omán y el Haza, que se escalonan uno despues del otro, desde el golfo de Adén al golfo Pérsico, y el Nechd, gran meseta fértil, poblada de ciudades importantes y rodeada de desiertos, en el centro de Arabia." ( 5 ) Digamos, como dato susceptible de una posterior ampliación, que el territorio de la Meca y sus alrededores conforma el Bled - el - Aram , o sea “El pais prohibido”, al que no puede entrar el kafir, el " infiel " no musulmán.
La península arábiga configura un macizo polígono de unos 2 800 000 kmts.2 asentado en una recia plataforma de rocas cristalinas y , por ende, muy antiguas, que han sido recubiertas por sedimentos cada vez más recientes a medida que la gran cuesta se aproxima, perdiendo altura, a las marismas y pantanos del golfo Pérsico.
Los geógrafos del siglo XX propusieron una división científica, que desestima la de sus antecesores grecorromanos y orientales. De tal modo L Dudley Stamp, considera la existencia de tres regiones, y W.B. Fischer cinco.
El primero distingue 1) desiertos propiamente dichos, 2) estepas secas o estepas - desierto y 3) oasis y tierra cultivada( 6 ) ,en tanto que el segundo se atiene a la siguiente clasificación: 1) las montañas occidentales que, paralelamente al Mar Rojo, van desde el golfo de Akkaba hasta las comarcas que bordean el estrecho de Bab el Mandeb, denominación que significa Puerta de las lágrimas ; 2 ) la costa meridional, extendida entre Bab el Mandeb y Omán ; 3 ) la zona de Omán ; 4 ) las costas orientales , y 5 ) los desiertos del interior. ( 7 ) Sobre estos desiertos publique una larga nota en Bitácora el 11 de junio de este año. (Todavía no la han birlado…)
Una consideración ecléctica de dichos criterios aconseja combinar ambos puntos de vista, el general y el casuístico.
Las tierras altas del Occidente
A lo largo del mar Rojo, una fosa tectónica cuyas profundidades llegan a los 2.200 mts. y se extiende entre el Africa y Arabia como una faja de 2.300 kmts de aguas cálidas y transparentes, decoradas en las costas por algas y corales, se encuentra el territorio de Hedjaz. Dicho territorio se reparte entre la zona de Madián, al norte , con alturas que alcanzan los 2.700 mts, constituidas por montañas donde alternan los rojos y aguzados colmillos de las cumbres con las negras y atormentadas formas de las altas hondonadas , y al Tehama ( la llanura) al sur , por donde se abre un corredor que lleva a la Meca , a Medina y desde allí al corazón de Arabia.
Prosiguiendo hacia el meridión se halla en la parte central la región de Asir, donde las cumbres se elevan a 3.000 mts. y hay hondos valles bien regados por el agua de los cañadones de un sistema endorreico al cual se agregan los beneficios de la lluvia y la niebla .Crece en esta parte la palmera daum que , como todas sus otras hermanas, entre las que descuella la datilera, contribuye con más de cincuenta productos al diario vivir de las gentes.
Sin ellas no existirían ni los beduinos ni sus camellos. Finalmente hacia el sur se halla el Yemen, cuya meseta comienza a dispararse hacia lo alto hasta llegar a los más de 4000 mts. del Bani Chaib. En el Yemen, hoy tan convulsionado, a partir de la llanura costera se inicia una escalera de pisos térmicos donde prosperan distintos tipos de agricultura, acomodados al clima, y se plantan dos vegetales cuyos frutos producen estados alterados de conciencia. Uno de ellos es el café , cuyo nombre proviene del valle etíope de Kaffa. El café, pues, es originario del África, si bien su refinamiento y excelencia culminan en la yemenita zona de Moka. Y un buen moka, cuya borra pide paciencia antes de ser sorbido, moviliza los sentidos, aguza la mente, reconforta el cuerpo. Se sirve en una taza pequeña, pero su delicado, sabroso colocón, nos incita al pensamiento claro y la actividad intensa.
El otro producto cuyo hogar originario se halla también en Etiopía, es el qat (catha edulis), proveedor de un alcaloide que proporciona un estado de euforia, aunque si se redobla la dosis lleva a la borrachera. Asi como los indios andinos mastican la coca para soportar el hambre, el frío y las largas jornadas de trabajo, los yemenitas se solazan y estimulan con el qat, un psicotónico de primera categoría.
No obstante, debe consumirse casi al pie de la planta. Las hojas, que se mascan o se sirven en tisanas, pierden sus propiedades a la semana de ser cosechadas.. Por eso su radio de exportación, a lomo de camello, es bastante limitado. Y su precio muy alto. Algunos curiosos viajeros han contado con detalles los efectos y el tráfico de esta droga, solamente utilizada por los habitantes del Yemen y comarcas aledañas.( 8). Pero no se debe olvidar el haxix (yerba en árabe), extraído de la resina que gotea de los cogollos del cáñamo, sustancia pricoactivante que , junto con el café, recrea los ocios del musulmán ortodoxo, ya que el alcohol esta prohibido por el Corán y fue satanizado por Muhammad.
La costa meridional
En Arabia no hay ríos, aunque si los hubo antes de la general desecación que terminó con la verde pradera del Sahara en el Afrecha. El uadi es un cauce seco, de variable anchura y extensión, por donde corren las aguas cuando llueve, lo que es frecuente en el sur y raro, o rarísimo, en el norte. El uadi se utiliza como un cómodo camino caravanero pues sus arenas son alcolchonadas y suaves. Otra inapreciable ventaja de esos lechos de torrenteras fantasmas es que a poco que se excave en ellos brota un "ojo de agua ", un bir, un maloliente líquido que compensa los sacrificios de las travesías. Dicho precioso elemento, tan codiciado como escaso, tiene color oscuro y gusto amargo, pero aplaca la sed y salva de la muerte. "Bebe ya y deja el pozo a otro ": este es el lema solidario del camellero que transita por el desnudo hueso de una tierra avara.
A lo largo de la costa del sur, bañada por el Océano Indico, que allí conforma el Golfo Arábigo, existe una meseta de mediana altura y tras ella se extiende, a lo largo de casi 500 kmts. y con un ancho máximo de 100. , el famoso Uadi Hadramaut, cuya agricultura era y continúa siendo próspera. La producción insignia de la zona, ubicada tras las cuestas que trepan hasta el piso templado, fue la del incienso y la mirra, que en la antigüedad conoció un intenso comercio hacia los puertos egipcios del Mar Rojo , hacia Gaza ,sobre el Mediterráneo y hacia las ciudades de la Mesopotamia y el lejano Oriente . En este último caso ambos productos, que atenuaban el hedor humano de las multitudes y perfumaban la benevolencia complacida de los dioses, colmados de sacrificios, viajaban en grandes flotas provenientes de Ceilán y la India. Los capitanes de estos barcos enseñaron a navegar a los árabes costeños, que pronto se hicieron buenos marinos de altura. Y también avezados piratas.
El Uadi Hadramaut, llamado Mons excelsus por Plinio y cordillera de Maratha por Ptolomeo, ya era conocido en tiempos bíblicos . En efecto, se le cita en el Génesis (10, 26 ) con el nombre hebreo de Hazarmaveth, que quiere decir " corte de la muerte"
La zona de Omán
El territorio de Omán aparece como un aislado islote, dadas las difíciles comunicaciones terrestres con la península. Sin embargo se abre hacia el mundo gracias a la facilidad de los contactos con Irak, Irán y la India .Un macizo montañoso con alturas de 3000 mts. y una elevada meseta no son obstáculos para que en el interior prospere la agricultura, cuya mayor producción es la de dátiles, gracias a los feled , fuentes a agua termal que una vez enfriada se dirige por canales hacia las plantaciones. En la costa se pescaba , se secaba el pescado y la abundante gente marinera enfilaba, tripulando pequeños veleros, los dhus, hacia los remotos puertos del África y Asia Oriental. Allí se cambiaba la carne seca del pescado por la fresca de los jóvenes esclavos, que fueron llevados hasta la India, y aún Indonesia, por los audaces navegantes árabes.
El calor en Omán es insoportable, y a tal punto, que cuando sopla el ardiente viento del sur las gentes abandonan las azoteas y se encierran en habitaciones cerradas a cal y canto. Acá el relieve es prominente. Las cimas alcanzan los 3000 mts. de altura en el Jebel Ajdar, la "montaña verde", donde siempre vivieron tribus levantiscas, celosas de su particularismo. Al pie de esa orografía de piedras rojas y prados color esmeralda se levanta la ciudad - puerto de Maskat- sobre el Golfo de Omán. Maskat fue y sigue siendo un conglomerado cosmopolita de gentes de diversas civilizaciones. Este centro poblado, limpio, blanco, colorido, otrora se jactaba de tener posesiones en la costa del actual Irán y en las africanas tierras de Zanzíbar.
El litoral de Oriente
Siguiendo nuestro viaje imaginario dejamos el Golfo de Omán, atravesamos el estrecho de Ormuz y nos adentramos en el Golfo Pérsico, al fondo del cual desemboca el gigantesco caño de Shatt el Arab , que recibe las aguas del Eufrates y del Tigris, los dos ríos en cuyas márgenes florecieron las civilizaciones sumeria, babilónica y asiria. En esta pobre costa invadida por el desierto se diseminan, formando islotes, un escaso caudal de hombres y una rala sucesión de ecosistemas. El litoral, bajo, cenagoso a veces, se extiende desde el cabo ( ras) Mussandum hasta el Golfo de Duwayhin. Allí se asentaron, desde muy antiguo, bandas de saqueadores marítimos cuya rapacidad, que recién cesó a comienzos del siglo XX, le dio a la zona el nombre de Costa de los Piratas. Estos tenían su centro en la ciudad de Ras –el- Khyma, un famoso mercado de esclavos en manos de la tribu de los joasmes. Aquellos hábiles navegantes y asaltantes de navíos, al finalizar el siglo XVIII, ampliaron su radio de acción hasta la costa de Malabar, en el lejano Indostán.
Vienen luego, navegando hacia el noreste, la península de Qatar y la isla de Bahrein, cuyo destino petrolero, conjuntamente con el de Arabia Saudita, cambiaría por completo la fisonomía económica y social de este rincón de un mundo desértico. En dicha zona, centro de ciudades fastuosas y señores tan ricos como Creso, codiciada por la megalopotencia estadounidense que se cree con derecho a poseer y disfrutar de todos los bienes económicos del planeta, abarca también a Irak e Irán. Lo que generalmente se ignora es que desde el lejano tiempo de los sumerios se explotó el milagro energético y calorífero de la nafta, un hidrocarburo así denominado en Sumer, cinco mil años atrás.
Este aceite mineral, que también se presenta en forma de betún (naft en árabe) tiene, pues, una denominación antiquísima. La nafta, así llamada todavía por los rusos, invadió los mercados del siglo XX para poner en marcha a la ingeniería de los motores a explosión y, en particular, a la industria automotriz. Los países árabes de la península tienen mucho que ver en eso, dado que son importantísimos productores del oro negro. Hoy, en el temprano siglo XXI, se anuncia, parejamente con la crisis del petróleo (ese rey que se resiste a abdicar, cuyo nombre significa “aceite de piedra” en latín), una catastrófica era de agresiones armadas, derrumbes de imperios y levantamientos de pueblos oprimidos. El futuro es hoy. Ya la economía y la sociedad mundiales acusan los efectos de este globalizado terremoto. Nos esperan "épocas interesantes", que así llaman los chinos a los tiempos convulsos como los que se acercan a paso redoblado.
Ya la geografía está servida y espero que los lectores también. El haxix y el Viejo de la Montaña nos esperan. Y los amigos de lo ajeno también, y no va esto por los musulmanes por cierto, dignos de respeto cuando respetan a los otros credos, como corresponde a la humana tolerancia.
Referencias
(1 ) J.C. Herder. Philosophie de l´Histoire de l´Humanité. Paris, 1874. Tº II, Pág. 326
(2 ) Mircea Eliade, Ioan P. Couliano. Diccionario de las religiones. Paidós, Barcelona, l994 (2ª ed.), pág. 185
(3 ) Emilio Durkheim. De la división del trabajo social. Daniel Jorro, Madrid, 1912
(4) Xavier de Planhol. Le monde islamique. Essai de géographie religieuse. Presses Universitaires de France, Paris, l957. Cap. I, (A ) L ´ Islam et la cité.
(5)Rafael Cansinos - Assens. Mahoma y el Korán. Editorial Bell, Buenos Aires, 1954, págs. 19 - 20
(6) L .Dudley Stamp. Asia. Una geografía regional y económica. Ediciones Omega, Barcelona, 1952. pág.163 y sgts.
(7) W.B. Fisher. El Oriente Medio. Geografía física, humana y regional. Ediciones Omega, Barcelona, 1952, págs. 447 y sgts.
(8 ) Entre los viajeros que han escrito sobre el qat señalo , por su accesibilidad , a H.L.Kaster, El mundo del Islam. Editorial Labor, Barcelona, 1965 y Wendell Phillips, Exploración en tierras bíblicas. Los antiguos reinos de la bíblica ruta del incienso en Arabia. Zig - Zag, Santiago de Chile, 1958
Daniel Vidart. Antropólogo, docente, investigador, ensayista y poeta.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias