APOCALIPSIS
Daniel Vidart
"No creo que el género humano viva mas allá de los próximos 600 años." Stephen Hawking
APOCALIPSIS
Que los últimos instantes sean como una fiesta,
que el alegre ciudadano beba hasta el fondo su vaso de vino,
que el almirante peine su patilla rizada,
que hurte el ladrón su cotidiano lucro,
que el traficante venda a precio vil
dorados paraísos para olvidar infiernos,
que los niños del dinero, esos conscriptos
del diario abandono
asesinen a sus niñeras
y las entierren en los televisores,
que el carrito de la basura
entregue su tributo maloliente
a las bocas humanas con hambre y no a la gula
veloz de los gusanos.
Alguien, aquí abajo o allá arriba,
hay muchas opiniones al respecto,
registró por ultima vez con un lápiz recién afilado
los pasos por la vida
de los amos y los esclavos,
de los poderosos y los oprimidos,
de los jocundos y los tristes, estos últimos
Integrantes de la gran mayoría
de gentes que cargan desde siempre
en la espalda , si así puede llamarse,
los hechos y deshechos que la injusticia esconde.
Ha llegado, por si no lo saben, la hora
de librarnos de nuestros mortales
envoltorios
fabricados con trapos, cosidos por agujas
y lágrimas de herrumbre.
Es el momento de encender los cansados motores
de la lujuria, la reina que escondía
disimulos, secretos y traiciones,
que incendiaba los cuerpos de la especie
y urdía los placeres de este mundo.
Alguien viene, bolsa en mano, tintineante,
cobrando los tributos ya vencidos
de la envidia , el odio y el silencio.
Entonces será revelado el secreto
de la condición humana
un instante antes de que se apague
la llama
del misterio
de aquella distracción de la muerte
que llamábamos amor,
y era casi siempre
el estéril territorio del hastío.
Pongamos entonces a secar nuestras alas
cosidas por las cuerdas de viejos bergantines
al sol de las leyendas,
ahora transformadas
en Sinaí sin zarza ardiendo, en humo de boñiga,
en ceniza inminente de la historia.
Correremos un trecho, sudor, grito y espanto,
a tumbos, resoplando, huyendo a ras de tierra,
privados de la gloria
de aquellos escuadrones celestiales
que hilvanaban estrellas
con el hilo plateado de los dioses.
Pero cuando por fin estemos en el aire
secos como las hojas
del libro del otoño,
ya no quedará ni un solo ojo
para vernos volar rumbo a la nada.
Daniel Vidart. Antropólogo, docente, investigador, ensayista y poeta.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias