Los empresarios y la izquierda

Esteban Valenti

01.03.2021

Hubo y habrá muchas formas de abordar este tema, desde los que se interrogan ¿si los empresarios pueden ser de izquierda?, en una mirada extremadamente reduccionista, hasta los que han concebido su destrucción para al final volver a su vigorosa reaparición, como en China, en VietNam y ahora y con fuerza en Cuba. En el medio hay y hubo de todo, desde el eurocomunismo italiano, la socialdemocracia europea y diversas variantes.

¿Por qué es un tema actual e importante, en particular para América latina?  Si retrocediéramos en la historia, a los años 60 se relacionaban  los frentes nacionales de liberación, en su concepto político pero sobre todo social, con diversos papeles para la burguesía nacional. El problema fundamental era el papel instrumental de un sector de la sociedad que tenía un determinado papel al iniciar un proceso de cambios revolucionarios, para enfrentar a los sectores monopólicos y al imperialismo, para luego en determinada etapa "avanzada", ser absorbidos e integrados con otro papel social, al estado revolucionario y desaparecer. Dicho esto explícita o implícitamente.

En algunos países ese proceso se produjo, como por ejemplo en Cuba, las grandes reformas agrarias, urbanas, industriales, comerciales, bancarias determinaron la desaparición del empresariado privado y el surgimiento y sobre todo crecimiento de una tupida malla de burocracia estatal a cargo de todo tipo de empresas. Hace unos cuantos años que muy lentamente y por el notorio fracaso de ese "modelo soviético" arcaico, con marchas y contra marchas ese proceso comenzó a virar y hoy se ha pasado de una autorización a 127 actividades que pueden desarrollar los privados a más de 2000 actividades diferentes y a sectores enteros y estratégicos de la economía en manos a privados extranjeros: el níquel (Canadá), el tabaco (España), zona franca (Brasil).

Relatar el proceso chino merecería un libro, mejor una amplia colección de ellos, solo para describir el proceso. Lo cierto es que en ese país donde viven casi mil quinientos millones de personas (más del 20% de toda la población mundial, en 86 nacionalidades diferentes) se produjeron desde 1978, en 33 años, con el liderazgo inicial de Deng Xiaoping hasta nuestros días, (en términos absolutos y proporcionales) el mayor desplazamiento social de la historia.

El presidente chino, Xi Jinping, anunció esta semana que China obtuvo una "victoria completa" en su lucha contra la pobreza. En los últimos ocho años transcurridos, los últimos 99 millones residentes rurales que vivían por debajo de la línea de pobreza han salido de esa situación. Desde la puesta en marcha de la reforma y la apertura a finales de los años setenta, 770 millones de residentes rurales han sido sacados de la pobreza, calculando sobre la base del umbral actual. China ha aportado más del 70 por ciento de la reducción de pobreza global durante este período.

En concreto, es el pasaje de la mayor cantidad y el más alto porcentaje de seres humanos de la miseria, el atraso milenario a niveles de consumo y de vida muy superiores y decentes,  cientos de millones de personas que pasaron a las capas medias y a millones de millonarios de la historia de la humanidad. Y para ello fue necesario, imprescindible la forja, el surgimiento de un número de empresarios de todos los niveles, en particular de grandes empresarios billonarios privados, junto con una red de empresas del estado y del partido. En una particular simbiosis. Nadie puede saltearse a los empresarios para explicar el gran salto económico y social de China ni de VietNam.

Y no son un elemento "complementario". GuoWeimin, portavoz de la segunda sesión del XIII Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, dijo que la economía privada es un elemento importante de la economía de mercado socialista y desempeña un papel insustituible para estabilizar el crecimiento, promover la innovación, crear empleos y mejorar los medios de vida de las personas. . Desde 2012, la inversión privada ha representado más del 60% de las inversiones de capital del país, las empresas privadas utilizan casi el 40% de sus recursos, pagan más del 50% de los impuestos, generan más del 60% del PIB y contribuyen a más del 70% de la innovación tecnológica y el desarrollo de nuevos productos, y, finalmente, proporcionan más del 80% de los empleos urbanos y crean más del 90% de los nuevos empleos.

¿Con estos empresarios, es decir gente que vive de sus inversiones, de su capacidad de gestionar su riqueza y la de otros, obteniendo ganancias y empleando para ello a diferentes cantidades de asalariados e incorporando las nuevas tecnologías, con un mercadeo adecuado y desarrollando su capacidad de competitividad a nivel nacional y mundial, nada de eso hubiera sido posible.  ¿Eso es capitalismo aunque gobierne y proclame el socialismo un solo partido, el Partido Comunista Chino o el Partido del Trabajo de VietNam?

La pregunta se podría invertir ¿en esas condiciones se lo puede llamar socialismo? 

Si se toma como punto de partida la revolución de Octubre y el régimen soviético hasta su desaparición (Perestroika incluida) y el socialismo "real" con todas sus variantes en los países de Europa del este y central, los Balcanes, del Cáucaso, incluso luego de la revolución China y Vietnamita, tienen muy pocos puntos de contacto. Y para hacer encajar esta realidad en la que viven miles de millones de seres humanos actualmente con los textos sagrados del supuesto marxismo-leninismo es imposible. Y no nos olvidemos de Mongolia y su particular experiencia.

Corea del Norte es una isla de fanatismo semi monárquico y hereditario, que fuera de sus tendencias profundamente dictatoriales y militaristas está paralizada en la historia.

Cualquiera podrá comprobar que ni China, ni VietNam encajan en los esquemas de la mayoría de la izquierda uruguaya, simplemente los ignoran, no hacen ni el esfuerzo por comprender, por estudiar. Eso sí, Venezuela merece atención, negocios y pocas preguntas.

¿Y en Uruguay? Partamos de la realidad: una parte, que no es fácil de cuantificar, de los empresarios uruguayos y argentino-uruguayos tuvieron un papel interesante en el triunfo del Frente Amplio en el 2004 y en sus sucesivos gobiernos. Fue un proceso decreciente.

¿Fue amor, fue ideología, fue de ambas partes una reflexión ideológica? Poco, casi nada de eso. Por un lado fue el hartazgo frente a clases dominantes históricas que habían capitaneado la decadencia hasta el fondo del tacho, con muy pocas capacidades de iniciativa y aferradas a un capitalismo parasitario dependiente de las carteras pesadas y las crisis cíclicas y, olvidadas totalmente del pasado brillante del Uruguay de los años de principios del siglo XX hasta los años 50 y el inicio de la decadencia. Sin modelo, sin proyecto, con crisis de liderazgo y una incapacidad manifiesta de proyectar el país.

Del otro lado fue una izquierda con un liderazgo fuerte y claro, Seregni-Vázquez, al que se sumaron Astori y Mujica en momentos diferentes, que no se salieron de los marcos de la legalidad vigente ni siquiera en los momentos de una crisis tentadora y devastadora en el 2002, que levantaron programas realistas, pero sobre todo que demostraron que en sus gobiernos serían incluidos también los sectores empresariales. A veces de manera desordenada, con respeto a las normas heredadas, con cambios tributarios, con nuevas leyes laborales, con aumentos salariales que nunca fueron expropiatorios y con un diálogo bastante fluido y personalizado en muchos casos. Los gobiernos de izquierda y las mayores fuerzas del FA alejaron los miedos y dieron certezas, aún en medio de sus errores y sus desviaciones. Nunca se salieron de los límites de la Constitución, las leyes, es decir de la democracia.

Luego de qué, podríamos concluir que lo que nos espera es simplemente el movimiento del péndulo para el futuro. Sería una tragedia, este país no soporta los movimientos simplemente copiados pero con diferentes coloridos, necesita cambios estructurales, aplicados con amplios sectores sociales, que deben incluir a los buenos empresarios, a los emprendedores de todos los tamaños, a la clase media, a los intelectuales, a los artistas y naturalmente a los trabajadores. No un supuesto régimen excluyente de los trabajadores, ese ya no existe en ningún lado. ¿Qué alguien me lo nombre? ¿Es Venezuela, en Cuba, en China, en VietNam? ¿Dónde?

Los empresarios no son un sector inerte, siempre igual, todos iguales, cuyo único objetivo parejo para todos es solamente enriquecerse y nada más, son un sector mucho más complejo, más dinámico, más lleno de inquietudes y de posibilidades. Tampoco es simplemente una fuente de financiación de las campañas electorales. Esa visión es una miseria.

O simplemente reducir a los empresarios a su papel en las inversiones privadas, es otra visión pequeña y falsa, necesitamos de sus capacidades, de su iniciativa, de su empuje, de sus ideas y aportes y de sus sensibilidades. Tienen mucho para aportar. ¿Lo harán para obtener ganancias? Sí señor, pero pueden y deben ser un aporte insustituible para el avance del país.

La izquierda, las izquierdas, deben avanzar mucho en el estudio de los empresarios de su país, de sus relaciones nacionales e internacionales, de los diferentes sectores productivos, tamaños, producción de tecnologías, agropecuaria, forestal, de servicios, comercio, finanzas, educación. Y de sus ideas, porque para dialogar no hay nada peor que los esquemas, los estereotipos.

Y no se trata solo de dialogar, hay que ser mucho más ambiciosos, hay que integrar una parte importante de las capacidades, de las sensibilidades, de su valor para arriesgar y para crear a un Proyecto Nacional. No habrá proyecto Nacional sin un empresariado comprometido. Como tampoco habrá ningún proyecto sin el manejo inteligente e institucionalizado de los diferentes intereses, a veces enfrentados y donde el trabajo, profundamente amenazado en estos nuevos tiempos y por lo tanto los trabajadores, no sean una de sus columnas principales.

Sin buenas empresarias y empresarios, privados (lo digo con todas las letras) no encontraremos soluciones a los problemas del trabajo y del empleo ni tendremos políticas de protección ambiental imprescindibles.  Luego vienen las empresas del Estado, mucho más atrás.

Esteban Valenti
2021-03-01T06:19:00

Esteban Valenti

Periodista, escritor, director de Bitácora (bitacora.com.uy) y Uypress (uypress.net), columnista de Wall Street Internacional Magazine  (wsimag.com/es) y de Other News (www.other-news.info/noticias). Uruguay