¿Por qué escribo?

Esteban Valenti

29.04.2021

Después de tanto tiempo y de haber escrito kilómetros de renglones, parece absurdo formularme esta pregunta. Pero con la edad nos viene la necesidad de justificar nuestros actos, incluso los que aparentemente son los más naturales. Y por ello quiero compartir la respuesta con ustedes.

Escribo para vivir, esa es la definición más básica y más certera. No por razones laborales, sino de identidad, no podría vivir sin expresar lo que surge en forma permanente desde el fondo y en la superficie. Todo.

Escribo porque me enamoré de una frase de Ray Bradbury cuando dijo que el escribía todo el tiempo, al menos un cuento por semana, porque en algunas oportunidades algo bueno saldría. Escribir es imaginación, siempre, aunque se describa la realidad, hay que mirarla y contarla  con un aporte personal, con razonamiento, con el propio punto de vista. No hay descripciones "objetivas" o "neutras", todos le ponemos nuestra impronta. Por eso me gusta tanto escribir, porque me obliga a mirar la realidad con exigencia, con creatividad, con rigor y con sentimientos.

Me gusta escribir una crónica, una noticia, una columna de análisis, un cuento, una novela y hasta me aventuré con alguna poesía. Son diferentes, pero en todas ellas uno puede encontrarse, bucear en su vida, en sus amores, en sus odios y en sus sueños. Desde que tengo memoria escribo para soñar, para imaginarme cosas posibles e imposibles.

Escribir es también un refugio de las derrotas y los fracasos. Escribí sobre mis naufragios, en primer lugar políticos. No las pequeñas escaramuzas, sino el derrumbe de un gran sueño de un mundo muy diferente, que lo imaginaba, lo acariciaba y un día se desplomó bajo un enorme muro de ladrillos y de mentiras. Y necesité más que nunca hacerme cargo de ese naufragio. Si no hubiera podido escribir, el entripado me hubiera destruido.

También escribo para pelear, nunca concebí la vida como un sendero florido y plano, no lo es, excepto para unos pocos privilegiados. Es un camino empinado y lleno de asechanzas de todo tipo, de tentaciones y de oportunidades. Escribiendo tengo tiempo de razonar, de interrogarme más a fondo, porque me expongo ante ustedes y ante mí mismo.

Los sentimientos básicos de la vida, como por ejemplo el amor para mi tiene un significado especial cuando puedo escribirlo, que no es solo describir situaciones o personas, es ejercitar el difícil oficio de buscar adentro, muy adentro.

Una parte importante de lo que escribo tiene que ver con la política. Aprendí a escribir borroneando cuentos de aventuras en mi niñez y luego artículos políticos en mi juventud. La política vista desde la redacción es particular, hay que asumir hasta las máximas consecuencias cada opinión, cada renglón. También se puede flotar a la deriva, sin compromisos y sin pasiones y sin embargo escribir. No vale la pena.

Entre mis mejores amigos tengo a los que me ayudaron en este oficio-aventura de escribir y les estaré siempre agradecido. Los que todavía comparten este valle conmigo y los que ya se fueron.

Tengo tanta necesidad de escribir, que desde hace muchos años, siempre he creado instrumentos para poder escribir en cualquiera de sus modalidades.

Voy a hacer una confesión, siempre quise tocar bien el piano, fue una de mis mayores frustraciones. Ni siquiera tomé una sola lección de piano en mis muchos años y seguramente podría haberlo intentando. Creo que hubiera sido inútil, no estoy dotado en absoluto, pero cuando escucho un gran pianista, siento una envidia terrible. Me refugié en el teclado, no es tan elegante, tan maravilloso con su largo camino blanco y negro, pero al menos puedo teclear palabras y buscar expresiones sentimientos y enfrentar miedos y enemigos. Escribir es también gozar y sufrir, no es indoloro.

Tanto para tocar el piano como para escribir hace falta dirigirse a alguien, tener oídos y ojos receptores, sin ellos no vale nada.

Las notas cuando saltan del pentagrama al aire, se transforman en magia en sentimientos y emociones, para escribir el ser humano construyó el más complejo sistema de símbolos que haya existido y que existirá, con miles de idiomas diferentes. Cuando aprendimos a escribir nació la historia, sin esos pequeños símbolos alineados no solo no tendríamos memoria, sino que la vida en esta esfera maravillosa y amenazada sería solo naturaleza y barbarie. Las letras hicieron posible las cosas más grandiosas y maravillosas y las peores tragedias. Por eso hay que estar siempre dispuestos a batallar con las letras.

Por eso escribo, para estar con ustedes.

Esteban Valenti
2021-04-29T07:21:00

Esteban Valenti

Periodista, escritor, director de Bitácora (bitacora.com.uy) y Uypress (uypress.net), columnista de Wall Street Internacional Magazine  (wsimag.com/es) y de Other News (www.other-news.info/noticias). Uruguay