DE FRENTE Y MANTECA
Ismael Blanco
13.02.2015
En estos días he preferido reflexionar sobre ciertos asuntos que andan rondándome en mi mente desde hace mucho tiempo.
Cierto es que lo urgente, lo cotidiano, los asuntos domésticos, que sin intención de subestimar su porte, nos pueden llevar a que corramos el peligro que de manera casi imperceptible nos olvidemos de reflexionar sobre el mundo y el tiempo donde estamos parados, sobre el valor de nuestra existencia y de lo que hacemos con nuestra condición humana.
Siempre reparo y he reparado en las opiniones de los demás, en las críticas sanas y de las otras, aprendiendo día a día que las primeras aportan, ya que siempre parten de la honestidad y de la buena fe y que las segundas, se construyen con una dosis de veneno y por tanto deben ser obviadas, ya que la cicuta nunca ha sido mi bebida preferida. Reconozco que no es fácil aquello de cagarse de la risa de los que hablan o escriben con entera malicia y lo hacen porque es gratis y regalado. Es que asumo que el temperamento que nos puede haber tocado en gracia por la naturaleza, nos provoque inexorables irritaciones cuando provienen de la oscuridad o de la cobardía. Y no es que me haya convertido en un pendenciero o me diviertan las guaperías, pero llegué a la conclusión que hay ciertos asuntos que a veces o más bien generalmente, es más sano arreglarlo cara a cara, digamos que conversando, que aquello de sentirse difamado e injuriado, que termina siendo un tecnicismo jurídico, que no digo ni discuto que sea válido para muchas personas, pero sí, en mi opinión generalmente se trata de algo ineficaz. El problema está, en que hay seres tan pero tan pequeños, que cargárselos dan lástima y lo peor es que uno podría ser acusado de cierta legítima defensa incompleta. Es que siempre hay gente para todo, pero escasean los que acompañan las palabras a riesgo de su humanidad.
Por eso debo reconocer que me fastidio conmigo mismo, cuando me disperso con tonterías y derrocho algún gramo de energía en ciertos asuntos, cuando se trata de ataques encubiertos y sinuosos.
Mi autocrítica comienza con mirarme en el espejo y pegarme un boleo en mi propio trasero, digamos que de taquito, para darme cuenta que hay cosas que habitan en la naturaleza, que no aportan a la vida, que son algo así como parásitos o tal vez virus a los que no les alcanza su propio ADN e invaden células vivas para replicarse y vaya a saber porqué decisión divina existen. Puedo suponer que justo Dios fue al baño cuando los creo.
Pero lo que me trae hasta aquí, es otra cosa. Lo que me impulsa son otros buenos motivos. Digamos que la parte maravillosa de vivir, esa que da razón a la existencia y nos impulsa a convencernos que vale la pena el esfuerzo por cambiar la realidad en tiempos desconcertantes y cuando uno ya no cuenta con certezas y fórmulas que resuelven todo. Hoy nos ha tocado vivir como un explorador, portando un astrolabio como los antiguos marinos, guiándonos con las estrellas, sin poseer las certezas que sin duda resultan más cómodas para vivir, en un desafío atrapante y sincero, para seguir buscando un camino que pueda acercarnos a la felicidad.
Si bien uno masca bronca, pues debe convivir y soportar de forma permanente con lo artero, alevoso y pérfido, siempre peleo por resaltar a la historia con mayúsculas, esa hecha por mujeres y hombres gigantes, y a la vez seres sencillos y modestos que a uno lo emocionan hasta el tuétano y pueden conmovernos hasta las lágrimas despertando la más absoluta ternura. Esos son los que impulsan a mantener las ilusiones.
Percibo que muchas veces de manera ex profeso, a consciencia, con la acumulación de pequeños actos en la sociedad se quiere empezar a ganar espacio la desmemoria en todos los terrenos, en todos los ámbitos y lo que es peor en los que declaman la defensa de la misma.
Reivindicar la memoria, no digo que sea fácil, hay que ejercitarla y defenderla y tengo la impresión que la comodidad y la inmediatez del poder fascina, cautiva y produce "olvido".
Aunque sea por terco, defender la Memoria, nos permite, que en una de esas, así sea de refilón, como casi sin quererlo, sea como un rayo de luz que se cuela por una celosía y refleje ejemplos para aventar la multiplicación de oportunistas, de esos advenedizos que surgen en todos los tiempos y que no miden daños, ya que con lo que especulan y se motivan son con los mullidos sillones y después mucho después en el mejor de los casos, vienen los principios y las convicciones.
Debo ser honesto con todos, pero para empezar conmigo mismo: me fastidia, me molesta hasta enfermarme, que cuando luego de una batalla ideológica y argumentativa extrema, para que el progresismo y la izquierda accediera a un tercer gobierno y de esa forma dar continuidad a la construcción de una sociedad más igualitaria, que aunque la derecha lo deba admitir entre dientes y con bronca le es indiscutible que cambió favorablemente, hoy nuestra discusión sea de cargos y de burócratas, de ver donde caigo y si no me toca ahora en "las nacionales" que me toca en "las departamentales¨. Que quien quedó "desocupado" y ahora hay que emplearlo.
Cuando veo que todo se mezcla porque hay que "alinearse" y lo que ayer nomás era incompatible ahora es macanudo, me resulta intragable. Lamento la sinceridad pero nobleza obliga.
Cuando se dicen que deben estar "los mejores", las interrogantes son: qué es lo que este vocablo significa en términos políticos, y agrego yo en mayúsculas, e IDEOLÓGICOS y quién califica la cualidad de mejor. Me preocupo cuando en reiterados casos puedo observar que "lo mejor" empieza y termina con poseer la cualidad de flotar como un corcho. Suelo advertir que se es "mejor", cuando se tiene "la voluntad" de "estar" siempre como si esto fuera un mérito y presumo que para algunos aún es más valioso y especialmente apreciable, ser poco cuestionador. Me pregunto permanentemente cuántas veces se nos ha ocurrido pensar en los miles de compañeros que son capaces y muy capaces
-término que prefiero al de "mejor"-, compañeros experimentados en mil batallas, que a la acción se le suma que son además poseedores de reconocimiento intelectual, y resulta fácil advertir que no están siendo convocados -ni lo fueron anteriormente- a la asunción de responsabilidades.
Como todo en la vida, razones hay. A veces pienso, que ellos, los compañeros a los que me refiero, son además de meritorios, extremadamente modestos y humildes, que pasan en silencio e inadvertidos. Pero no para mí.
Memoria es también, dar señales a la gente, a la ciudadanía, a los votantes y a los compañeros de que somos distintos a la hora de resolver la asunción de responsabilidades y designación de compañeros. Que no somos iguales a la derecha y que además nosotros somos un medio para el fin y no al revés.
En una de esas es necesario aclararlo, hago política desde siempre, como miles, no tengo nada de único o singular, no me creo poseedor de méritos que me pongan por encima de nadie. Esto no es ni pose ni falsa modestia. Pero sí puedo advertir la propiedad de cómo están hechas las cosas. Será que además he acumulado algo de tiempo en este mundo, sin tampoco exagerar, pero lo suficiente como para distinguir, lo verdadero de lo falso, lo sincero de lo hipócrita, la lealtad de la deslealtad, la fraternidad al frío calculador, la fidelidad a la felonía y al valiente del pusilánime.
He observado que en la política como en el boxeo generalmente gana el más inteligente, el que tiene más ideas, el más rápido, el más potente entre otras tantas cualidades, pero a veces cuando la acción política se vuelve rebuscada y calculadora, añoro enseguida al boxeo por lo que me dijo un amigo levantando los guantes: "en el ring siempre es de frente y manteca".
Dr. Ismael Blanco