Ya nada será igual que un día antes

Jorge Ángel Pérez (desde Cuba)

05.08.2021

Cuba dejó de ser ese espacio impreciso de siempre. Cuba dejó de ser la isla detenida, la isla confiscada y del poder presa. Cuba dejó a un lado los lugares comunes de un discurso repleto de clichés y tontas consignas.

 

Dios debe estar al tanto de mis muchísimos intentos, en las últimas semanas, para dar alguna coherencia a ciertas ideas que estuvieron rondaron mi cabeza y me obcecaron, me importan todavía. Dios debió notar mi empeño y angustias, y quizá fue también Él quien volvió a ponerme frente a ese Blanchot al que hice notar, hace ya mucho, en la primera página de mi primer libro; y es que el francés me hizo ver, al menos en algo, lo desatinado que resulta algunas veces escribir. "Querer escribir, cuan absurdo es: escribir es la decadencia del querer, así como la pérdida del poder, la caída de la cadencia, otra vez el desastre".

Eso escribió Blanchot, y suena bien, y quizá por eso yo le creí, pero a pesar suyo seguí obsesionado con la escritura y hasta le supuse bondades que luego le negaría, que todavía le niego. Y no escribí. Resulta que estuve pensando, obcecadamente, en los últimos sucesos de la vida cubana, y eso me hizo pensar en la inutilidad de la escritura. Y no es que no creyera que era importante abandonar esa zona de confort que la escritura ofrece, y actuar de manera diferente. Lo pensé, y quizá llegué a creer en la inutilidad de la escritura, en su inoperancia.

Resulta que muchas cosas ocurrieron en este mes; mi mes, de entre todos, más quieto en CubaNet, el más desasido de entre todos estos años en los que he estado publicando en el sitio. Este ha sido un mes particular. En este mes murió Rafaela Carrá, y yo quise escribir, pensé hacer un homenaje a esa mujer que hace ya tiempo fue una diosa para todos los gays de esta isla, incluso en aquellos días de represión homofóbica, en aquellos días en que muchos quisieron ser como ella, en esos días en que muchos, travestidos, la imitaron luciendo pelucas rubias, vestidos ajustados hechos con telas muy brillosas y sacadas de, ...sólo Dios sabe de dónde, pero salieron ellos y la imitaron, cuando todos estaban proscritos por sus ademanes, por sus atuendos, por amar a sus semejantes.

Yo estuve triste, acongojado, con rabia y quizá con miedo. Y así llegaron los días más exaltados, así llegó el 11 de julio, ese día que ya está en la historia de Cuba para siempre, ese día que nos puso a todos la "carne de gallina", y que también nos llevó a pensarnos en el cuerpo de un león que agrandaba el rugido y los arrojos. Ese día hizo a muchos parodiar aquella canción que Sara González cantara a sus héroes; ese día en que muchos se juntaron para negar a esos héroes y a sus heroicidades, para hacer nuestros propios héroes, para verlos en el cuerpo de gente más simple y sin uniformes, con gente de la patria que procura la vida, con gente de la calle y la miseria, con gente del fervor más real y nada dogmático.

No sé qué habría escrito en esos días. No supe que historia privilegiar de entre todas las que reconocimos en esas jornadas en las que no hubo, como siempre ocurre en Cuba, un secuestro de la verdad, aunque mucho lo intentaran. Esta vez la verdad no fue embargada por los clichés del gobierno, esta vez no quedó suspendida, esta vez no hubo expropiaciones de la sinceridad. La verdad se impuso y se levantó por encima de todos los discursos del poder, más allá de todas las falacias que generó ese poder y que luego impuso, que impone todavía sin que gane créditos, mientras pierde adeptos.

Esta vez el poder comunista quiso imponer otra vez sus desacreditados mecanismos mediáticos, quiso imponer su verdad para hacer desaparecer la nuestra. Esta vez una Cuba numerosa, inmensa, se fue a la calle para defender la vida, para alejar el terror, el circo político que es la "revolución". Esta vez no tuvieron por respuesta el cacareado consenso, esta vez se marcaron las diferencias irreconciliables entre el poder y la gente común, y se hicieron visibles los muchísimos pánicos del poder mientras esa gente "normal" se pasaba por el "forro de los c ..." las amenazas de los dominadores.

Esta vez desapareció el pánico que antes pareciera aclimatado, ese pánico tan arraigado durante años, y también fue desacralizada la retórica del poder. No hubo Marx, no hubo Engels, y si apareció Fidel fue para dedicarle improperios. Ahora desaparecieron las adhesiones masivas y las arrodilladas ante el cuerpo "inmaculado" del gobierno. No hubo más pánico. Y Cuba es otra desde ese día. Cuba se juntó en las redes y salió a la calle. Cuba cambió ese día su lenguaje, los cubanos se asociaron alrededor de una causa común y compartieron sus destinos, se juntaron las memorias, las ansias, y se perdió el miedo. El gobierno no consiguió generar otra vez el terror.

Cuba dejó de ser ese espacio impreciso de siempre. Cuba dejó de ser la isla detenida, la isla confiscada y del poder presa. Cuba dejó a un lado los lugares comunes de un discurso repleto de clichés y tontas consignas. Cuba salió a la calle, salió a las redes. Cuba volvió a inundar los espacios públicos, pero no como otras veces, ahora la intención no fue propiciar la escapada, ni hacer el viaje de siempre. Cuba salió a la calle a pelear por la libertad, y hasta por la comida, que es también parte de la libertad.

Y entonces no pude escribir, a pesar de mi entusiasmo. La euforia no me permitió escribir algo que fuera más allá de dos líneas en un post. No conseguí la coherencia, solo el júbilo, el alboroto, y el dolor por los muertos y los detenidos. Y me enredé, también, en el maremágnum de las redes, de los espacios públicos, y adoré el alboroto que nunca antes vi. Y me sentí tan libre como en el maleconazo, quizá más, porque miré la luz en las calles, una luz nueva, inédita, mucho más luz que en aquellos días del maleconazo.

Y no escribí, porque creí que podría atropellar, como de seguro estoy haciendo ahora mismo, esos sucesos libertarios, y perdónenme la cursilería, y si quiere no perdone nada, pero entérese que de cursilerías también está lleno el camino hacia las libertades. Y la libertad ya dejó de ser un mito en esta isla. La libertad es hoy un poco más real y está en la cabeza de muchos, en la cabeza de todos, y es que las muertes, los atropellos, no se perdonan. Y ya nada será igual que un día antes, y el poder lo sabe. Y sin dudas habrá mucho más que decir, y muchísimo más que esperar. Es sólo el comienzo.

Publicado en Cubanet el 4 de agosto de 2021

Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.

Foto: Protesta en Cuba / revista El Estornudo

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2021-08-05T09:03:00

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