El colmo de la ley Colman

Marcelo Marchese

20.04.2021

Cuando el famoso a lo Eróstrato diputado Colman procreó en noche aciaga su endriago, lo metieron en una cueva esperando las condiciones apropiadas para que viera la luz, cosa que, al parecer, es ahora mismito.

En cuanto a Eróstrato, fue un sujeto de la antigüedad que quería ser famoso a toda costa, y como no tenía ningún talento comprobado, fue y quemó el templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo. De esa manera, Eróstrato, logró pasar a la posteridad.

Por mi parte no sabía quién era Colman hasta enterarme de su ley delirante y tampoco sabía quién era ese otro diputado de apellido olvidable, prócer de la libertad, que nos quiere vacunar a todos a la fuerza. Estas buenas gentes, al acostarse, sueñan que una linda señorita les coloca la banda presidencial, y como notan que la gente suele ser conducida por el miedo, se suben a la pista del miedo y patinan con mucho esmero y sin mucho talento con la esperanza de llegar a esa señorita que les colocará, con una sonrisa radiante, la banda presidencial.

En estos días, el Parlamento resuelve la dichosa ley Colman según la cual ya no se enviará a prisión a quien elocuentemente cometiera un daño contra nuestra salud, sino que será enviado a prisión quien pusiere en peligro la salud, lo que implica que si alguien hace algo que, para la autoridad de turno, fuera peligroso para la salud, como no usar tapabocas en la playa, tendrá el privilegio de que el Estado le brinde casa y comida gratuita en un plazo que irá de tres meses a dos años.

Si el lector fuera un periodista que escribiera sobre la inutilidad de los tapabocas, o acerca de la ridícula campaña contra la sal, si se aprobara la Ley Colman irá a disfrutar de la sal en esos hoteles de lujo que el Estado tiene reservados para quienes violen las leyes.

Mientras los legisladores buscan de qué manera pueden arruinarnos la vida, este lunes se publicaron los datos oficiales de muertos por coronavirus en el 2020 en Uruguay. Según esos datos, murieron a causa de esta "pandemia", un 0,53% de los muertos totales que hubo en el País. Afortunadamente, el 99,47% de las otras muertes no provocaron medidas que arruinaran nuestra economía, nuestra educación, nuestra democracia, nuestros niños, nuestros jóvenes, nuestros maduros, nuestros viejos, nuestra cultura, nuestro sexo y nuestra cabeza.

Eso perfectamente pudiera haber ocurrido. Si alguien hubiese lanzado la alarma sobre las muertes que provocan los automóviles y se resolviera prohibir la circulación de automóviles y toda cosa rodante, la consecuencia hubiera sido detener de un saque la economía y la cultura del País.

Debemos agradecer a Dios que ese 99,47% de muertes no hubieran inducido al gobierno, las intendencias y la Universidad, a asestarnos un golpe trapero que nos dejara, con absoluta y total certeza, endeudados hasta la médula, deuda que, luego, traería a Shylock a cobrarla, y ya sabemos que cuando los Shylocks se cobran sus deudas se llevan su libra de carne.

Algunas voces de juristas se han elevado contra esta ley que instaurará una dictadura sanitaria, preámbulo de la dictadura policial que acompañará a la dictadura sanitaria, pero lo curioso es que el País todo no se haya levantado para decir: "¿Vivimos once años de dictadura y ahora nos vienen con esto? ¡Nunca más dictaduras!"

Pero no, el País no se levantará contra este adefesio, e incluso los legisladores de la coalición, que se supone han leído la Constitución, votaron este delirio anticonstitucional, y de hecho, salvo César Vega y acaso algún otro, los legisladores han dejado que se violen una a una todo el año nuestras libertades sin decir ni pío.

¿Por qué el País aceptará ser conducido en silencio hacia una cárcel a cielo abierto? Por una razón muy elemental, la base de toda la política de nuestra historia llamada "civilizada": el miedo.

Cuando en la escuela nos portábamos mal, la maestra nos decía "¡Parecéis animales!", lo cual era bastante aleccionante, aunque en rigor partía de un absoluto desconocimiento acerca de la condición humana, pues somos animales, y como animales que somos, somos dominados como animales, y a los animales se los domina por el miedo.

No hay mucha más vuelta que darle. Cuando la vacunación venía muy mal, y como había que cumplir órdenes de afuera y vacunar a la gente como se vacuna al ganado, se decidió subir la perilla del terror unos cuantos decibelios y en eso colaboraron todos, desde el Sindicato Médico del Uruguay y su vicepresidenta, que aconsejó a los médicos lisa y llanamente mentir, y no ha sido destituida de su cargo por tamaño papelón, pasando por Mujica, que pide toque de queda, y siguiendo por su Frente Amplio, que reclama medidas más firmes y sale a cacerolear exigiendo más miedo, cuando no hace mucho decía que "El miedo no es la forma", hasta el propio Presidente, que se hace el liberal pero sube la perillita del miedo, pues no le da la nafta para defender lo que él sabe, con absoluta y meridiana certeza, que es la verdad.

 

HA NACIDO UNA ESPERANZA

 

Mientras en nuestro País se ciernen negros nubarrones, pues el deseo de muerte que habita en todo animal, el Thanatos, se ha desencadenado luego de haber sido reprimido por mucho tiempo, la resistencia mundial a la dictadura global, crece.

Cuando crezca de verdad, ese movimiento pretenderá ser dirigido por la dictadura hacia una forma eficiente para la instauración de la dictadura, con gomas quemadas y botellas incendiarias, pero por ahora, el movimiento de resistencia parece desenvolverse de forma más elegante, y sobre todo, libre.

Un músico francés de origen argelino que nadie conocía, escribió una canción preciosa llamada "Danser encore" (1), en la que dice que no somos de esos pájaros que comen de la mano y que no caeremos sin resistencia en las garras de su demencia, y en un día, la canción superó el millón de visitas y se convirtió en un himno, y algunos bailarines y músicos parisinos se organizaron para aparecerse subrepticiamente en la estación norte del Metro de París, ejecutar esa danza y canción y esfumarse de inmediato, cosa que fue replicada luego en la estación norte y en varias provincias de Francia, y a esta altura, anda replicándose por todo el mundo.

Bailan, cantan, se disfrazan, hacen acrobacias, tocan toda clase de instrumentos y luego se dispersan y los que son testigos de las cosas que pueden llegar a hacer estos animales llamados "humanos", se quedan pensando, pues la verdad de la verdad de las verdades, es que se mueren de ganas de unirse al canto y a la danza.

Uno, al ver esto, no puede dejar de pensar en aquel filósofo que decía: "Si creyera en un Dios, creería en un Dios que supiera danzar, y cuando vi a vuestro Dios lo vi oscuro y apesadumbrado". Linda manera la que encontró este genio para que imaginemos la fuerza que ha desarrollado el Thanatos, la pulsión de muerte, en nuestra civilización, pero es importante señalar que también hay una pulsión de vida, el Eros, y en estos momentos, como en las guerras, pero mucho más acentuado, se enfrentan esas dos pulsiones con resultado incierto.

No sabemos qué ocurrirá, si la dictadura logrará implantarse o si los gigantes financieros que planificaron esta operación no pulsaron en forma errónea la verdadera capacidad de resistencia de la humanidad, y no podemos saberlo pues el futuro está en movimiento con cada uno de los pasos que damos.

En cuanto a mí, sólo creería en una revolución que comenzara con la danza y el canto.

 

(1) https://www.youtube.com/watch?v=GN5B27zT29Y

Marcelo Marchese
2021-04-20T14:39:00

Marcelo Marchese

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