Réquiem por Gustavo Cano

Marcelo Marchese

27.09.2021

De todos los muertos, el suicida es el que más permanece en la mente de los vivos, pues ese es el objetivo del suicida, morir pero vivir, algo que, en parte, logra.

El suicidio nos conmueve y nos choca, nos trae sentimientos encontrados de piedad y de enojo, pues evoca nuestras propias dudas con esta vida que, por momentos, al menos en algún momento, ha resultado insoportable, y el suicidio es una puerta prohibida, pero no es una puerta invisible.

En nuestro País hay un elevado índice de suicidios, en particular, de jóvenes y viejos. Aquí, en el análisis, es donde se da esa rara mezcla entre sociología y psicología, una rara mezcla que lleva a pensar que esas divisiones en las ciencias son arbitrarias y que a la postre no hay otra cosa que el conocimiento.

Si en nuestro País hay un elevado índice de suicidios, entonces la sociedad no crea para todos las mejores condiciones de desarrollo personal, amén de que si todos tienen un familiar o un amigo suicida, el suicidio pasa a ser una cosa más común, menos prohibida. Sea la que fuere la explicación del fenómeno, no podemos obviar una verdad contundente como una roca: vivimos en una sociedad altamente reprimida, una represión que lo abarca todo, como si viviéramos en esos pueblos provincianos demasiado atentos al qué dirán, y en parte, ahí tenemos una explicación, rotos los lazos históricos con la región, y convertida a prepo en País la provincia oriental, se incrementaron naturalmente los mecanismos represivos, y las mentiras, se convirtieron en norma.

Nadie se suicida por razones políticas, siempre la decisión refiere a asuntos personales donde juega la necesidad de limpiar algo, pues, vox populi, vox dei, el habla popular dice que alguien "se limpió". El problema con el suicidio es que se quiere limpiar algo, pero se limpia todo. En rigor, no hay nada que limpiar, sólo se trata de entender que lo que se cree sucio, no es sucio, pero el hombre de nuestro tiempo está confundido y no distingue lo real de lo imaginario.

Si bien no hay suicidios políticos, hay suicidios discretos y hay suicidios públicos, como el de Gustavo, un suicidio que implicó además el mecanismo más doloroso que podamos imaginar. Salvo el diario "El País", nadie se animaría a insinuar que la política nada tiene que ver en este asunto y que Gustavo no pretendió dar un mensaje con su muerte.

Tenemos antes que nada, el lugar, la Plaza llamada "Independencia", a la sombra de la imponente escultura de Artigas y frente a La Torre Ejecutiva. La plaza es un monumento a la mentira nacional, pues independientes, no somos (OMS dixit), y Artigas, nada tiene que ver con lo que se ha llamado "independencia", ya que Artigas formaba parte de otro proyecto nacional, un proyecto nacional con otros límites geográficos y otra modalidad política. La plaza se encuentra en un umbral, ya que es el nexo entre la ciudad vieja y la ciudad nueva, una ciudad nueva que comienza con la avenida 18 de Julio, que muere, razonablemente, en el Obelisco en homenaje a los constituyentes.

Así que Gustavo eligió una plaza, que es un umbral, para arribar a ese umbral entre la vida y la muerte. Se sentó a la sombra de "El Padre de la Patria", en una plaza llamada con toda impudicia, "Independencia", y lo hizo frente a La Torre Ejecutiva desde donde ejecuta, pero no resuelve, el Presidente.

En ese terrible video que circula, donde Gustavo habla justo después de haberse prendido fuego, pide agua y avisa que a él "no lo pinchan con nada". Al parecer, y según el diario El País, estuvo una temporada en el Vilardebó, y si esa noticia fuera cierta (el medio que la publica no es de fiar y la intencionalidad del artículo que publica, repugnante) podríamos afirmar que quien estuvo una temporada en ese infierno llamado Vilardebó, luego no quiere saber nada con medicamentos, con pinchazos, y con ninguna otra cosa que se ha experimentado como nociva.

Todos los que nos hemos negado a vacunar con este veneno que no inmuniza y que ha provocado unos cuantos ACV, nos hemos preguntado qué haríamos si impusieran la obligatoriedad de la vacuna, y nos hemos preguntado qué haríamos si en el futuro impusieran la obligatoriedad con otra vacuna espantosa.

En el año de pandemia cerraron 6000 empresas y perdieron sus trabajos 45000 personas que trabajaban en esas empresas, igualando a los cinco anteriores años sumados, y eso sin mencionar a los desocupados por otras causas. Agreguemos a esto un violento incremento del consumo de drogas y alcohol, y el incremento, disparado en el 2021, de los suicidios. Las motivaciones para que alguien elija la horrenda forma de morir de prenderse fuego, pues un fuego interior lo consumía, son individuales, pero también hay una responsabilidad colectiva en esa muerte, pues la desocupación ha aumentado, el alcoholismo y la drogadicción han aumentado, y los mecanismos terapéuticos del hombre, que son primero y antes que nada el enriquecimiento que nos otorga la vida en sociedad, sea en recitales, sea en bailes, sea en el trabajo, fueron restringidos por decisión política.

Es aquí donde Gustavo elige morir de una manera que sea una protesta, tal cual el protagonista del film "Nostalgia", de Tarkovski, en el que el protagonista lanza, antes de prenderse fuego, un discurso de condena a nuestra civilización y nos dice que debemos reencontrar el exacto lugar donde torcimos el camino.

Hacer politiquería de un lado y de otro con esta muerte, es cosa de miserables, pero es necesario hacer un análisis político de los hechos y advertir: ¡Guay de los responsables de estas muertes y sus cómplices! ¡Guay de los que de manera irresponsable repitieron esa farsa de "Nos cuidamos entre todos"! Miseria, soledad, desesperación y muerte han sido el resultado del "todos juntos en nuestras propias casas".

Gustavo no se suicidó protestando frente a la sede del gobierno para protestar sólo contra el gobierno. Un gobierno no puede gobernar sin el apoyo de mucha gente, y es ese apoyo el principio del problema, así que si querés imaginar que se suicidó protestando contra el gobierno porque te conviene, hacelo, pero la pura realidad es que se suicidó protestando contra vos, promotor de un cuidado falso, promotor de la ruina y la división del hombre.

Lejos de estar por llegar al fin, estamos recién al inicio de esta cosa horrible que inició la falsa pandemia. Gustavo, que al parecer debió vivir en carne propia las maldades que el hombre enajenado creó contra el hombre, prefirió morir de una manera que te haga pensar. No lo condenes. No debe ser condenado. No sabemos qué cosas haríamos si estuviéramos en su lugar. Sólo podemos pensar que no hay locos, que la locura es una palabra que empleamos ante algo que no logramos entender, y que encerramos a nuestros locos pues es más fácil encerrarlos que advertir lo que nos están diciendo.

Marcelo Marchese
2021-09-27T20:54:00

Marcelo Marchese

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