El hombre y el delfín

Marcelo Marchese

16.02.2022

Es difícil encontrar quien no le interese la conducta de los animales, y esa es precisamente la razón de que la biología esté tan cargada de ideología.

Lo que sepamos de los animales afectará lo que sepamos de nosotros, y si fuera precisa una prueba, ahí tenemos el tsunami de odio descargado sobre Darwin, que astutamente, en la publicación de La selección natural, se detuvo ante el umbral del hombre.


Nuestro vínculo con el delfín viene desde el momento en que rescatan a los náufragos, disfrutan de la música e indican el camino en los estrechos riesgosos. Suelen acompañar a Afrodita, y antes de eso, Dioniso hacía crecer una hiedra sobre el mástil, poblaba el barco de tigres y leopardos, transformaba los remos en serpientes, y les perdonaba la vida a los piratas transformándolos en delfines para que fueran amigos de los hombres. Poseidón envía un delfín para rescatar a su hijo, Taras, y un delfín esperaba a Hermias de Lasos para nadar, lo trajo a tierra cuando se ahogó y se quedó a morir con él. No en vano los polinesios llaman a los delfines "la memoria del mar".


Si el delfín acompañó a Dioniso y a Afrodita, el delfín está asociado al deseo y el hombre pudo ver la inconcebible sexualidad del delfín al grado que no sabemos qué clase de amistad pudo labrarse entre Hermias de Lasos y su amigo o amiga delfín. Los testimonios acerca de esta sexualidad dicen que su celo es constante aunque más activo en la primavera, cosa que también sucede entre los humanos, pues la mayoría de los niños son gestados en la primavera y el verano. Los delfines son polígamos y no hacen distingo de macho, hembra o menores. Todos disfrutan de la gran jauja sin tanto lío, queja o pecado. El delfín copula, igual que el hombre, con otros animales, y el lector puede buscar en youtube "acosos" de delfines a buzos, que si bien no logran copular con ellos habida cuenta del traje de buzo, sí logran masturbarse con ellos.


Los delfines copulan de frente, tienen un clítoris sumamente complejo y desarrollado, practican el sexo oral y se masturban a tal grado que el pene prensil toma a las anguilas para lograr su propósito. No hace mucho se cerró una playa en Francia por causa de las embestidas de uno de estos acuáticos sátiros.


Los partos son asistidos por una comadrona, y la manada protege a la madre y la criatura en ese momento crucial. Cazan en manada y copulan en manada. Un grupo de machos separa a una hembra para iniciar el cortejo sexual, descripto por alguien como un abuso a la pobre delfín. Es necesario hacer un apartado a este respecto.


Como se ve en los cortejos amorosos de los animales, incluyendo al animal que señorea el planeta, la hembra hace como que resiste y el macho hace como que acosa. Lo hacen las palomas, lo hacen los gatos, lo hacen los delfines y lo hacemos nosotros. Al hombre no le gusta la mujer que le dice de entrada vamos a la cama, pues quiere el juego de la seducción que lo excita, y a la mujer no le gusta el hombre que no esté dispuesto a seguir el juego amoroso y le diga de entrada vamos a la cama. La energía sexual está vinculada, entonces, a la caza, pues el macho quiere cazar y la hembra quiere ser cazada, y así como el delfín, el mono, el tigre y el hombre muerden en la cópula. El deseo de penetrar y el deseo de ser penetrada es ley universal, pues esas dos fuerzas constituyen el Universo,  cosa que le cuesta vivir a la reprimida persona que concibe el sexo de los delfines como un abuso.


Se sabe de delfines que tuvieron contacto sexual con hombres, como ocurrió con un científico y un delfín hembra y una científica y un delfín macho, y cuando los científicos los abandonaron pues sus tesis ya habían culminado, murieron de amor, como sospecho que murió de amor aquel delfín que nadaba junto a Hermias de Lasos. Podemos seguir citando ejemplos de la profunda sexualidad de los delfines, pero como el lector sospecha, algo nos traemos entre manos y llegó el momento de desnudar nuestro propósito.


Ya habrás oído decir que el cerebro más grande en la naturaleza es el cerebro del delfín, pues es más grande que el del hombre y en proporción a su cuerpo es más grande que el del hombre. En rigor, la ballena tiene un cerebro más grande, pero no proporcionalmente al cuerpo. El detalle es que no sólo el cerebro del delfín es más grande, sino que tiene más desarrollada la corteza cerebral, la parte más reciente del cerebro, y es sabido que los delfines tienen un lenguaje, que ese lenguaje le permite comunicarse a grandes distancias, que se reconocen la voz y se nombran unos a otros. Si un delfín aprende algo en cautiverio, luego, libre, lo enseña a los demás. Su inteligencia a la hora de cazar es notable, y sólo un miedo inconsciente del hombre ha llevado a considerar al tiburón como el señor del mar, pobre tiburón a la hora de enfrentar a los delfines que lo destrozan, y en ocasiones, devoran.


Así que tenemos a este animal sumamente sexual, con su aparato reproductor harto complejo y desarrollado, que casualmente (el mero azar que todo lo gobierna según el dogma científico) tiene un cerebro voluminoso, un lenguaje vasto y una inteligencia fuera de duda, al grado que se discute si es más inteligente que el hombre, tema que nos lleva de forma ineluctable a otro apartado.


El hombre tiende a medir las cosas en función de sí, y así tenemos al empático vegano que sólo es empático con algo que se le parece, pero ante una desprotegida planta, no se le despierta la empatía. Con certeza hay vida más allá de nuestro planeta, ahora, el problema es que nuestra ególatra concepción de la vida nos impide ver la vida que hay más allá de nuestro planeta. Vaya a saber uno si importa determinar que el delfín sea más inteligente que nosotros, mas lo seguro es que el delfín no necesitó, que sepamos, transformar a su beneficio el mundo que lo rodea, y sobre todo y más que nada, no necesitó limitar su naturaleza para el beneficio de su naturaleza.


El hombre, como hemos dicho en un ensayo reciente (1) debió limitar sus deseos incestuosos y su natural inclinación a la poligamia para asegurar el intercambio cultural, centuplicar su producción de bienes materiales y espirituales, y extenderse por el globo, cosa que no necesitó el delfín, pues, al parecer, su inconcebible sexualidad no trae crímenes aparejados como le trajo aparejado al hombre, y por los motivos que fuere, se siente satisfecho con lo que tiene y no desea ir más allá. El punto en donde veo diferencias, es que en tanto el hombre modifica el mundo, modifica su inteligencia, pues apenas nos ponemos a hacer una cosa, aprendemos más que si sólo meditamos sobre la cosa, y entonces el hombre tiene, si el mundo rodara para bien, una posibilidad de evolución infinita toda vez que haya iniciado, como inició, el camino de la evolución biológica.


¿Qué fue lo que impulsó al hombre a evolucionar biológicamente? Cada gran cambio en la anatomía humana corresponde a una conquista humana, de tal modo que la conquista del fuego corresponde a un cambio en la anatomía, así como la anterior conquista del habla corresponde a un cambio en la anatomía. Es el límite lo que concentra la fuerza y la dirige, por lo que lo limitado es el origen de la evolución biológica. El asunto es que el hombre ya había evolucionado de otro primate, y lo seguro, es que el nuevo ser fue más complejo, lo que implica que el nuevo ser tuvo más concentrado el impulso que ejerce su dictadura sobre la vida.


Un reptil deja un huevo para que el calor del sol o de la putrefacción alumbren el nacimiento, pero los mamíferos gestan a la criatura en su interior y la paren con vida, y luego, estrechan el vínculo dándole de mamar. El más antiguo de los mamíferos supervivientes, el ornitorrinco, pare un huevo, y el más reciente marsupial termina de completar el desarrollo de la criatura en el marsupio. En el hombre, ese dar de mamar significará trasmitir la lengua, pues en el placer de mamar se complejizará todo el aparato bucal y auditivo, y las palabras amorosas de nuestra madre trasmitirán lo que toda madre trasmite a su hijo desde el fondo del tiempo humano.


Vivimos en el inicio de un nuevo ciclo pautado por el ataque al principio del poder del hombre, su sexualidad, y todo, desde la imposición de la corrección política, la ablación de la lengua, la dieta malsana que se nos quiere imponer, el ataque a todo placer, la castración sexual y biológica que significa el feminismo, la erosión de lo espiritual, la censura sobre el humor, el pensamiento y el arte, y por último, el distanciamiento sexual, el horrendo tapabocas y la misteriosa vacuna, apuntan contra el deseo y contra nuestro ser animal.


Es curioso, pero no obra del azar, que en casi todos los idiomas la palabra delfín esté formada por dos sílabas. El hombre, al nombrarlo, entendió la dualidad del delfín, que es del mar pero es del aire, que duerme medio ser y mantiene un ojo abierto, y luego duerme medio ser y mantiene un ojo abierto, y que ha establecido un vínculo carnal y espiritual con nosotros. El hombre, al nombrar al delfín, al nombrar una unidad de dos partes, entendió que no hay distinción entre la materia y el espíritu, el sexo y el amor.


En cierto tiempo, cuando el mar estaba en calma, navegaba en canoa y tenía, a lo lejos, varias toninas. Una tenía la aleta dorsal marcada. Fueron años en que las veía a distancia. Un atardecer donde todo estaba en inusitada tranquilidad y no se escuchaba más que el suave remo hendir el agua suave, dos toninas emergieron y se hundieron imponentes a mi lado. Cuando uno vive un momento mágico sabe que será recordado para siempre. No era de día ni de noche, y en el cambio de ciclo, los peces y los espíritus migraban en busca de nueva morada. Cuando cayó la noche volví a tierra como un hombre agradecido.

 

(1) Las flores del mal https://www.uypress.net/Columnas/Marcelo-Marchese-uc119049

 

Marcelo Marchese
2022-02-16T12:56:00

Marcelo Marchese

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