El “antes y después” de la política, luego que Raúl Sendic afirmara ser licenciado

Mónica Díaz

21.01.2021

Desde que Raúl Sendic decidió decir que era Licenciado, la política ha tenido un giro extraño. Antes, para hacer política a nadie se le pedía credenciales académicas.

 

Ser político y dedicar su vida a ello formaba parte de una pasión, de un compromiso con lo público que se trasmitía de generación en generación, en algunos casos, en la vocación de ayudar o en la necesidad de tener prestigio o notoriedad, o sencillamente de ostentar el poder.

En todo caso, y seguramente sean múltiples las motivaciones que llevan a alguien a dedicarse a la política, no era necesario ser un profesional universitario o tener formación terciaria.

Marco como hito al mencionado, puesto que el debate entre técnicos y políticos viene desde el siglo XIX y en la actualidad se destaca porque hay una exigencia mayor hacia la clase política y su formación. No alcanza con tener empatía, capacidad de escucha, de debate, de análisis, apertura al diálogo, credibilidad, saber liderar y representar. A quienes se dedican a la política se les está exigiendo credenciales de formación y eso puede llegar a confundir el ámbito académico con el político. 

Puede suponerse que la clase política necesite protegerse y quiera ser respetada cuando cierto periodismo la trata de chanta o cuando a través de las redes los insultos son innumerables. No conozco personas que reciban más bullying que las y los políticos. Siempre se les critica y hace bien la ciudadanía, pues son sus representantes. La exigencia vale. 

El chusmerío, la grosería, la descalificación fácil, para mí, no.

Es así que para preservarse de ese duro golpe de ser destratados de manera sistemática, mostrar credenciales de formación parece ser una forma de blindarse.

Sin embargo, son innumerables los casos de profesionales en responsabilidades políticas que ingresan con altas ilusiones y luego sienten el rigor: hay códigos en el quehacer político que se trasmiten en gestos, actitudes, ritmos y sobre todo formas de abordar los problemas de la sociedad, muy difíciles de cuantificar, pero son propios de la política.

Por eso no es una ciencia, no es un arte, pero se nutre de todo. 

La clase política necesita de los técnicos así como ellos también precisan de quienes saben liderar, tomar decisiones y asumir responsabilidades cuando las papas queman. 

No es extraño que unos y otros se tienten en medir quién tiene la razón. Ambos son imprescindibles y esta tensión es clave para equilibrar y prestigiar la Democracia.

En todo caso, políticos y políticas que se formen cada vez más es una ganancia para la sociedad y si hay académicos y profesionales que deciden dedicarse a la política, deberán aprender sus códigos, como todos aquellos que alguna vez les ha picado el bichito.

Mónica Díaz es Coordinadora del Área de Desarrollo de Audiencias del Teatro Solís. Diplomada en Educación en Derechos Humanos. Mujer política.

Columnas
2021-01-21T08:36:00

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