Se nos fue Dinorah
Selva Andreoli
13.05.2016
Es una pérdida para quienes la conocían y para quienes no tuvieron esa suerte. Estuve trabajando con ella durante 11 años en la Comisión de Apoyo del Hospital Maciel.
Llueve, truene, o salga el sol, allí estaba ella en cada reunión, presente y en hora. Muchas veces la puse de ejemplo entre mis colaboradores de la agencia. Porque nunca faltaba, salvo escasísimas excepciones, y siempre llegaba elegante, coqueta, con ese cuidado por su presencia que revelaba el respeto que sentía por los demás.
Tenía lo que yo considero el elan vital, esa fuerza que la hacía necesaria y no invasiva, tolerante y firme, dueña del mejor de los sentidos: el sentido común.
Mucho se ha dicho de ella, que fue la primera cirujana mujer, distinguida como ciudadana ilustre por la Junta Departamental de Montevideo, distinguida en el Parlamento nacional, etc., etc.
Solo voy a contar algunas anécdotas.
Hace unos 5 años -ella tenía 92-, alguien me dijo al estacionar : " ese es el lugar de la Dra. Dinorah". Sorprendida pregunte pero la traen? "No, viene manejando ella misma".
Cuando le comente la conversación me dijo: "es que podría manejar con los ojos cerrados, renuevo la libreta cada seis meses, pero voy a entregarla, porque el tráfico esta muy complicado y se maneja muy mal hoy."
Otra vez, conversando sobre su inagotable juventud me contesto: "sabes cuando me vino el viejazo? A los 94. Después de dejar de manejar. Empecé a sentirme más dependiente"
Solo cuando tenía ya 96 años pidió para comenzar las reuniones de la CAHM un poco más tarde, porque se tenía que levantar muy temprano: ella solita se bañaba, se vestía y antes de venir al Maciel dejaba el desayuno para los suyos.
Un día a fin de año, me cuenta como le dolía un brazo al levantarlo. Le pregunté: te caíste? Y me contestó, " no, estuvimos con las mujeres de la Comisión de Ayuda al Paciente, toda la tarde armando las bolsas con los Pan dulces y otras obsequios, para regalarles en Navidad, a los internados, y de tanto levantar bolsas me quedo el brazo dolorido".
Así era ella, Armando las bolsas, organizando las famosas tallarinadas, opinando sobre el Imae de Hematologia, siempre activa y dándose el lugar que le correspondía - como contaba su sobrino Carlos en el velatorio- desde una elegante dama a una solidaria compañera del enfermo.
Otro recuerdo que la muestra en todo su carácter: "Cuando estoy enferma no lo digo. A veces les digo a mis amigas no se quejen más que les duele esto o aquello, si les duele es porque están vivas y eso es lo que tienen que agradecer"
Vivas para que? En su caso, para ser la Presidenta de la Comisión de Ayuda al Enfermo, en la Comisión de remodelación del Hospital Maciel y Secretaria de nuestra Comisión de Apoyo.
A todas estas comisiones concurría, trabajaba y aportaba.
Un día le sugerí llevarla y mi auto tenía dos Banderas, una del Frente Amplio y otra uruguaya. Le dije, respetuosa de que ella no pensaba igual que yo, espera que voy a sacar la bandera del Frente, de ninguna manera me contesto, es tu auto y cada uno piensa lo que quiere y hay que respetarlo.
El día que fuimos al Parlamento a defender la posición de la CAHM y explicar lo que hacíamos, estaba lloviendo y frío. Pensé, no va a venir. La trajo Cecilia, su sobrina, a quien ella consideraba como una hija y con quién vivía, junto a sus nietas Mariela y Leticia. Allí estaba Dinorah, preocupada porque no se mojara su pelo que siempre llevaba impecablemente peinado.
Se nos fue un ejemplo de vida, una mujer valiosa, nuestra primer cirujana mujer, una empecinada trabajadora por los demás. Una mujer querida por su numerosa familia y amigos, como lo pude ver en su velatorio. Todos contaban una anécdota, sobre su pasión por unir a la familia, su don de gente, su discreta solidaridad económica con quienes lo necesitaban, su independencia y su vitalidad.
Una semana antes de su partida, fui a visitarla, escuche cuando pedía antes de entrar en el comedor: el lápiz de labios!!. Apareció impecable como siempre, más pequeña y dulce, diciéndome "pienso que me queda algo para hacer en esta vida, por eso me recupere, me gustaría escribir como es volver de allá". Y Mariela, su nieta me contó que esos días que estuvo inconsciente le dijo que se sintió nadando dulcemente, como en un océano. Que fue una sensación placentera. Espero que así sea.
Se fue la Dra. Dinorah Castiglioni, la extrañaremos, pero no la olvidaremos. Supe quererla, admirarla y tuve el privilegio de compartir con ella las vicisitudes de "su querido hospital"; siempre se aprende con su ejemplo por eso, quiero compartirlo.
Selva Andreoli
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias