¿Aceleración del deterioro ambiental, 3GM, fe de megarricos? Luis E. Sabini Fernández
¿QUÉ NOS PASA?, ¿DÓNDE ESTAMOS? ¿QUÉ SE NOS VIENE ENCIMA? Con acierto, más y más analistas coinciden en reconocer nuestro momento como de guerra inminente o tercera guerra mundial, de violencias acrecentadas y desprovisto de los "afeites" tradicionales.
Hace pocos, poquísimos años, habría sido inconcebible andar torpedeando y hundiendo barcazas de contenido desconocido, probablemente pescadoras (o tal vez contrabandistas de droga), ultimando a decenas de sus tripulantes u ocupantes.
También hace muy pocos años ninguna democracia se habría atrevido a poner en acción un cuerpo policial enmascarado, armado, sin identificación, para detener por la fuerza las más de las veces a ciudadanos y transeúntes en las calles con la consigna de depurar el país de extranjeros indocumentados; a menudo con desenlace fatal para los interpelados.[1]
Cuál es la compuerta rota o vencida para la inundación de esta violencia política, militar, racial, sexual de los muy últimos años?
Gaza. A mi ver, lo acontecido en la Franja de Gaza ha generado este nuevo estilo de inhumanidad militante, de destrato radical.
Pero no lo del 7 de octubre 2023, como tantos bienpensantes suelen alegar. Refiriéndose a lo acontecido ese día como "el mayor genocidio judío" desde el llevado a cabo por los nazis, en los '40, hace casi un siglo.
Lo del 7 de octubre 2023 ha sido muy otra cosa: un parteaguas en la lucha palestina por retener su suelo natal arrebatado por el sionismo, que a su vez ha procurado restablecer un territorio bíblico que habría estado poblado hace tres milenios por los judíos: repoblar bíblicamente esa tierra al costo que fuere. Como dijo uno de los fundadores del sionismo, Zeev Jabotinski; arrebatarle esa tierra sagrada a sangre y fuego a los palestinos. Agregaba, coherente; 'si yo fuera palestino, la defendería también con las armas.'
Los palestinos, como naturalmente todo pueblo, dedfendierorn su terrujño. Como los taínos ante los hispanos, los chasrrúas el suyo, los apacjhes antes los piadosos anglos que erigían su mundo y su cielo (en tierra... ajena)el sauyuo, los tzoziles el suyo, los asturianos el suyo, los británicos el suyoi ante los romanos...
Los palestinos, como todo pueblo, tampoco permitieron ni prohibieron el ingreso y el acceso de sionistas al territorio y a la sociedad palestina. No estaba a su alcance, porque fueron colonizados doblemente; desde el sultanato, hasta 1917, y luego desde la administración británica (hasta 1948). La población palestina resistió primero inorgánicamente, a veces mediante tumultos, a veces mediante acciones violentes y homicidas contra los nuevos dueños de la tierra (el sionismo compraba todo el tiempo tierras, valido de los grandes fondos otorgados por banqueros judíos y sionistas; caso paradigmático pero no único, Rothschild).[2]
Esos levantamientos espontáneos distinguían muchas veces a los judíos de larga data en Palestina de los sionistas recién llegados (por eso, alegatos contra el antisemitismo son falaces).
En 1936 estalla una huelga general con ocupación de lugares de trabajo y violencia consiguiente contra una penetración sionista ya muy bien establecida. Ese levantamiento fue muy cruento, duró tres años y se llevó la vida de tal vez una decena de miles de palestinos (y centenares de ingleses y sionistas totalmente unidos entre sí). En una población que no alcanzaba a dos millones de habitantes.
La sociedad palestina fue socavada desde su interior, el sionismo generó un nuevo orden social superpuesto al anterior, al históricamente dado, "ocupando el nido", al estilo del cuco que se apropia del nido ajeno y desaloja a los pichones, de menor porte, para los cuales los pájaros originarios construyeran ese nido. El cuco se nos presenta como súmum del despojo: los pichones intrusos, más grandes y mejor alimentados por sus progenitores, se van encargando de tirar afuera del nido a los originarios: caen al suelo y mueren. Inermes.
Ése ha sido el proceso, con escalones ahondando el desalojo, el desamparo; en 1948, en 1967, en 1987, en el 2000, en 2006, en 2009...
Tras cada escaramuza, militar o diplomática, tras cada baño de sangre, el proyecto sionista se ha afirmado. Autosacralizándose. Con las mejores intenciones para su grey. Y con muchísimos recursos no sólo materiales, también intelectuales e ideológicos. Y la resistencia palestina, increíblemente tenaz, se ha ido desgastando. Ni con documentales como Cinco cámaras rotas, ni con esfuerzos por preservar los cultivos y la cultura o los centros de enseñanza, las redes hospitalarias, las de agua potable, han logrado revertir el proceso. Los sionistas destrozan todo sistemáticamente: agujerean los depósitos de agua, riegan con tóxicos los campos, derriban olivos centenarios (o milenarios), deshacen o cortan carreteras "para" palestinos, cada vez más intransitables. Llevar, como les gusta decir, a los palestinos "a la edad de piedra". Tampoco sirvieron los arrebatos guerrilleros, con resultados a veces muy cruentos. Y tampoco, en plena desesperación para readueñarse de sus destinos, las inmolaciones que tantos jóvenes ofrecieron para deshacer el anillo asfixiante de la constricción sin pausa aplicado por los sionistas sobre todos los resortes de la sociedad intrusada.
La prodigalidad de medios de que disponía la Agencia Judía y dispone Israel contrasta con la escasez de medios de los desprovistos palestinos.
Por décadas, ya más de un siglo. Ya casi no quedan automóviles palestinos. Apenas algunos carros tirados por burros (o por humanos). Y los sionistas, que "atienden todos los aspectos", envían piadosos animalistas (generalmente europeos, porque en dicho continente se ha desarrollado la sensibilidad hacia las mascotas). Y llegan estos europeos "humanitarios" o animalitarios, para arrebatarles los pocos burros de carga que usan los palestinos empobrecidos y hambreados -sin techo, sin lumbre, sin alimentos, sin agua potable-, para los inevitables acarreos, y llevarlos a vivir "una vida mejor". En Europa. Con la coartada de una vida animal mejor, lo que hacen es empeorar un poco más la vida de nuestros congéneres, de nuestros hermanos, palestinos. Porque bondad o maldad surgen del contexto y no de algún precepto general y abstracto.
Lo que pasó el 7 octubre 2023 fue como el intento in extremis de la principal organización de resistencia palestina, islámica, Hamás, armada y por lo tanto violenta; de herir de muerte a la ocupación. Programando un acontecimiento de resistencia armada que "diera vuelta la situación" o al menos interrumpiera la "marcha triunfal" del sionismo. Conscientes que sus actos iban a involucrar a toda la población palestina (e israelí): el copamiento al cuartel local sionista, matando sumariamente a sus ocupantes (se estima que decenas o centenares de militares israelíes habrían sido ejecutados), lo que sobrevino fue un reguero de violencia no acostumbrado para los judíos sionistas. Salvo momentos puntuales, como la huelga insurreccional de 1936, conflictos con países limítrofes en 1948, o acciones guerrilleras cruentas aunque escasas, los israelíes no han tenido sino muertos aislados en enfrentamientos con palestinos (en la operación de arrasamiento que le infligieron a la Franja de Gaza "por haber votado mal" en 2006, que los sionistas bautizaron "Plomo fundido", en 2008, los palestinos sufrieron alrededor de 1500 muertos, casi todos civiles y los israelíes 13, casi todos militares. Importa el número, cien a uno, y la condición de los victimados, civiles desarmados, niños.
Ha sido "lo habitual" (lo que vimos y vemos en otras guerras "coloniales"; derroche y sacrificios de pueblos invadidos, arrasados, y paseo militar con pérdidas, menores, del invasor).
El asentamiento sionista fue extenuando el tejido social palestino. Durante más de un siglo. Por eso Mads Gilbert, médico noruego de hospitales de campaña, ha afirmado que no ha conocido jamás pueblo más tenaz y unido a la vida que el palestino. Se le nota lo milenario.
Cuando en 2019 y 2020 los palestinos, organizados por Hamás establecen manifestaciones pacíficas, sin armas, obviamente, pero ni siquiera palos ni piedras, reclamando la tierra que les está siendo arrebatada, como las viviendas (a veces de a una, pero siempre sin descanso), los sionistas no ceden ni un ápice de la presión que han establecido, como siempre.
Los sionistas, con delectación y superioridad, que estiman natural, ante la marea humana disparan con francotiradores, cómodamente alojados en terraplenes, como si fuera en un tenderete de tiro al blanco en un parque de diversiones (además, los israelíes han espectacularizado la matanza, estableciendo sitios, elevados, con asientos, buena visual y prismáticos para "ofrecer" a los israelíes el espectáculo de ver arrasar a una sociedad, ajena, claro).
Por su parte, los mandos militares (éstas son las batallas principales del Ejército de Defensa; reprimir civiles desarmados), cuando advierten que el blanco consignado; la entrepierna, genera que muchos manifestantes se mueran desangrados y el efecto podría ser contraproducente, cambian el blanco de la entrepierna a los tobillos, y Palestina se convierte en poco tiempo, en la sociedad con mayor cantidad de rengos y tullidos de nuestro presente.[3]
Así las cosas, no veo a, por ejemplo, Yahya Sinwar como terrorista. El terrorismo, sociológicamente, es el israelí. Y veo por consiguiente a Sinwar, en sus actuaciones finales, como un suicida voluntario. Como un kamikaze japonés o como un judío varsoviano de los que optaron por darse muerte a sí mismos, al límite de las fuerzas en el gueto de Varsovia. Su decisión arrastrará a la muerte a otros palestinos, pero, ¿es él el responsable de tales muertes o quienes se apropian de todas esas vidas? (para supuestamente castigar a Sinwar y a quienes con él habrían urdido el golpe de mano del 7 de octubre de 2023).
Entiendo que la maquinaria ideológica sionista es inmensa, extensa e intensa. Trabaja en todos los niveles imaginables, desde el humor -cómo han ridiculizado a los palestinos heridos en los operativos sionistas (aunque semejante "humor" ha tenido muy magra resonancia; sólo entre los judíos más sectarios)-, o desde el "combate al terrorismo" aunque el sionismo y sus aparatos secretos se cuenten sin duda entre los de mayor alcance terrorista; basta ver los pogromos que -con Gaza en punto de deglución a cargo del proyecto cómplice de genocidio de Jared Kushner y Tony Blair- llevan a cabo noche a noche comandos civiles israelíes en las aldeas palestinas aferradas a su hábitat milenario en la martirizada Cisjordania.
Bajo el mismo pretexto se estableció desde 2006 "la «regulación» del acceso de alimentos a la Franja de Gaza, que paso a paso devino en el consiguiente aumento de morbilidad y mortalidad de los encerrados por falta de alimentos, agua, hasta llegar a una hambruna generalizada, sin llegar a sincerar esa política como un genocidio a fuego lento (salvo en los arrebatos de sinceridad del ministro Ben Gvir que proclamó querer cambiar los platos de comida carcelaria por balas).
Capítulo uruguayo de esta guerra informativa
Lo del "combate al terrorismo" es ilustrativo. Un acontecimiento bien reciente en nuestro país nos otorga un penoso ejemplo del peso de los prejuicios que caracterizan a nuestra realidad y que algunos pretenden confundir con objetividad.
El Consejo Central Universitario de la UDELAR acaba de prohibir la exhibición de la película mexicana La Gran Palestina, porque es "una propaganda del grupo terrorista Hamás" (sic); para evitar, nos explica el diario El País (Montevideo), que avancen "otros hechos de carácter antisemita".
"Propaganda de una organización terrorista", "promueve el terrorismo", "un grupo terrorista", la retahíla sólo varía para agregarle "carácter antisemita" y vesanía sexual con "1500 denuncias de violencia sexual".[4]
Alarma la pobreza de vocabulario. Ya no de la prensa adocenada, sino de un fenómeno político (inconsciente) más general. "Grupo terrorista" se aplica por igual a AlQaeda, Hamás, Boko Haram, Al Nusra, ISIS, Mau Mau rhodesianos, FLN argelino, M19 colombiano, Vietcong, FRELIMO mozambiqueño, ANC sudafricano, Hamás, Al Fatah... Confundidos deliberadamente movimientos de liberación nacional y social con formaciones paramilitares gestadas desde potencias occidentales para otros fines (por no decir los opuestos).
Si todos fueran "lo mismo", ¿por qué el Estado de Israel se ha preocupado por curar heridos de redes terroristas como Al Nusra, freedom fighters que Netanyahu ha visitado en hospitales de campaña deseándoles pronto restablecimiento (para que sigan las tareas que les han asignado)? En el sur de Siria, en las alturas de Golan ocupadas desde tiempo atrás por Israel, sobrevino una dificultad que hizo visible la situación.[5]
En "Yihad made in USA" (Yihad hecha en o desde EE.UU.) Grégoire Lalieu y Mohamed Hassan nos explican estos sinuosos relacionamientos: transcribo el título porque me parece significativo.
La deliberada política de meter todo en una misma bolsa, terrorismo (una bolsa donde nunca van a caer fuerzas militares o policiales de países democráticos o amigos, le permite a Alain Gresh titular su abordaje al respecto Terrorismo, un concepto vacío.[6]
Y Gresh se preguntaba (en 2019): "Si se debe considerar como terroristas a Hamás y sus aliados por haber matado a tres civiles durante la guerra de Gaza en el verano de 2014, ¿cómo habría que calificar al Estado de Israel que, según las estimaciones más bajas (las del propio ejército israelí), masacró entre 800 y 1000 personas, entre ellas un gran número de niños y niñas?"
Importa ubicar que la cita y la pregunta consiguiente data de hace casi diez años, cuando la brutalización del ejército sionista era ya indisimulable, pero todavía increíblemente menor a la desencadenada desde octubre de 2023.
Calificar el documental La Gran Palestina de terrorismo es ponerse a disposición de la versión, muy sesgada, de las embajadas de Israel y EE.UU. que no necesitan buscar la verdad, que es de ellos, por definición, por decreto, porque sí.... Y que siga así guardada, por las dudas que aparezca, justamente, la verdad, lo verdadero.
Luis E. Sabini Fernández
https://revistafuturos.noblogs.org/
[1] Una significativa secuela en el país-imperio donde esto ha fructificado: se registran cada vez más detenciones violentas de mujeres en las calles de ciudades norteamericanas, secuestradas en vehículos sin chapa y violadas a menudo en grupo. Particularmente el secuestro, en rigor el rapto, de mujeres de tipo hispano. El procedimiento tiene clara resonancia con un fenómeno denunciado en la India -secuestro con fines sexuales de mujeres en las calles- que alcanzó estado público y conmoción con la violación colectiva y daño brutal -en 2012- sobre Jyoti Singh Pandey, una estudiante de 23 años secuestrada con un amigo, y que moribunda, logró identificar a los seis violadores maltratadores, antes de morir días después.
El modus operandi de secuestrar mujeres en la calle y violarlas, que al parecer estaba semitolerado, ha sido puesto en la picota en India y aunque siguen las violaciones, los que agredieron a Jyoti hasta desencadenar su muerte han sido condenados a la pena capital (y el ajusticiamiento de 4 de ellos fue en 2013; uno se había suicidado en la cárcel y al sexto, menor de edad, se le conmutó la pena de muerte por una de prisión). India parece estar saliendo del atroz sitial al cual estaría ingresando EE.UU.
[2] La abundancia de medios financieros y legales que caracterizara y caracteriza al sionismo, lo diferencia radicalmente de todo movimiento "de liberación nacional" pese a la pretensión sionista "de izquierda" de identificarse con ese tipo de movimientos.
[3] Y cuando, el comité malayo de paraolímpicos a la sazón anfitrión de una competencia mundial de natación, le comunica a Israel, en 2019, que su delegación no será bienvenida a tamaña gesta, porque ese estado "produce" lisiados, el Comité Paraolímpico Mundial, en lugar de tomar nota de tan atinada advertencia, le retira la calidad de anfitrión a Malasia, eligiendo otra sede más sumisa y sobre todo, cómplice de tamaño comportamiento israelí. Adivine el lector cuál. Por sencillez, ya se lo cuento: Londres, capital del Reino Unido, en su momento capital del principal imperio mundial. Del cual, como colonia, formó parte Malasia, y Palestina.
El "argumento" será que no se puede discriminar... en las olimpíadas... ¿y en la vida real, ¿qué hacían los sionistas? No solo discriminaban a los palestinos; los segregaban, los herían, los mortificaban, los despojaban... mataban a los discriminados. La muerte discrimina, total y definitivamente.
[4] "Tras críticas por 'propaganda terrorista, suspenden proyección de documental hecho con Hamás sobre Gaza en UDELAR", El País, Mtvdeo., 26 ago 2026.
[5] https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&q=visita+de+lBen+jamin+Netanyahu +a+hospitales+de+campa%C3%B1a+con+heridos+de+Al+Qaeda+u+otras [...]
Esta página lo califica "The Druze Backlash":"La presencia de combatientes de Al Nusra en ambulancias israelíes generó un sentimiento de ultraje generalizado entre la población drusa nativa: Al-Nusra ha perseguido y matado drusos en la frontera entre Siria e Israel." Y los drusos han sido la única comunidad de origen árabe, chiíta, que ha coexistido con los sionistas, que le otorgaron algún estatuto de privilegio respecto del resto de árabes. Por ejemplo, se los admite en el ejército.
[6] Middle East Eye, 30 mar 2019.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias