"El Donald" de 250 quiere superar a "el Franklin" de cara grande. Michael Mansillla
18.06.2026
El billete de 250 de Trump podría ser un regalo para la clase criminal y los evasores fiscales. Esta es una razón por la que no hay que dejar que Trump ponga su cara en los billetes estadounidenses. Pero otros no ven peligro alguno en un billete de alta denominación. El dinero físico ha sido sustituido por las transacciones electrónicas y las criptomonedas.
El presidente Donald Trump quiere trascender su mandato, pasar a los libros de historia o, mejor dicho, poner su cara por encima de uno de los padres fundadores de la Unión Americana, Benjamín Franklin. Trump quiere convertir el 250 aniversario de la nación en una celebración a su persona. La manifestación más reciente es la determinación de Trump de conmemorar los 250 años de la declaración de independencia emitiendo un billete conmemorativo de 250 dólares decorado con un grabado de sí mismo.
El gobierno ha estado presionando a la Oficina de Grabado e Impresión para que produzca el billete de 250 dólares. Después de que la directora de la imprenta, Patty Solimene, señalara con descortesía que es ilegal imprimir el rostro de una persona viva en la moneda estadounidense, fue reasignada en contra de su voluntad a otro puesto en el Tesoro.
Es difícil ignorar el carácter autocrático de un billete con la imagen de Trump. Esto guarda relación con el hecho de que Trump haya colocado su rostro en pancartas colgadas frente a tres sedes del Gabinete en Washington. Un billete de 250 dólares con la imagen de Trump también es coherente en su fantasioso universo, pero resulta ilegal y sin precedentes en este país. Se excusa en los billetes de las monarquías, como la británica, que lleva el perfil del rey Carlos III en la libra esterlina, o la corona sueca con la imagen del rey Harald. Más bien, con su "estilo de gobernar", imita regímenes autocráticos represivos anteriores en el extranjero, como los de Mobutu Sese Seko en Zaire, Mugabe en Zimbabue, Idi Amin Dada en Uganda y Ferdinand Marcos en Filipinas.
No hay mucho más que decir sobre la ilegalidad y la patología del intento de Trump de estampar su imagen en la moneda estadounidense. Sin embargo, conviene considerar otro aspecto que hasta ahora ha pasado desapercibido: la denominación que Trump intenta crear sería ideal para delincuentes.
La inconveniencia práctica de imprimir billetes de alta denominación es un tema recurrente. Se ha escrito sobre ello y se han presentado proyectos. Durante buena parte del siglo XX se intentó abolir el billete de 100 dólares.
El argumento es que prácticamente el único sector que realmente necesita billetes de alta denominación son los delincuentes y, sin embargo, Estados Unidos persiste obstinadamente en imprimir billetes de 100 dólares. De hecho, se imprimen más billetes de 100 dólares que de cualquier otra denominación en el mundo: 1.300 millones de billetes en 2023, el año más reciente para el que se
dispone de datos. Eso es más de cinco veces la cantidad de billetes de 20 dólares impresos ese año.
Pero una buena porción de esos billetes físicos no está guardada en los bancos estadounidenses ni en la billetera del comprador. Los billetes con la cara de Benjamín Franklin se encuentran circulando entre las redes criminales fuera y dentro de la Unión. Además, muchos países los tienen como moneda oficial: Timor-Leste, Palau, Micronesia, Islas Marshall, Panamá y Ecuador. También es la "moneda no oficial" de países donde la hiperinflación hace imposible mantener una moneda propia, como Zimbabue, Venezuela y Cuba. En los países latinoamericanos y caribeños, el dólar es la "moneda no oficial". Se cotiza en dólares, se comercia en dólares y se ahorra en dólares. Vivimos pensando en dólares. Debajo del colchón los guardamos. Las monedas locales, siempre sujetas al problema inflacionario, no son la mejor opción. Aunque los economistas advierten que ahorrar en dólares actualmente es una mala opción.
En la década de 1980, la política del presidente Ronald Reagan para incentivar el consumo interno fue el uso de las tarjetas de crédito, mal llamadas "dinero plástico". Más bien era "endeudamiento sin topes". Una economía "artificial" basada en la promesa de pago de un dinero que no existía, pero era aceptado por todos. El auge de la tarjeta se expandió por el mundo, así como sus defectos.
Cada día aumenta el número de personas que utilizan su smartphone y tarjetas con microchip para la casi totalidad de su manejo financiero, vinculado a una cuenta bancaria. Incluso el banco ya no existe totalmente en forma física: la banca es virtual. Pero los cajeros automáticos no han desaparecido y el manejo del billete físico garantiza privacidad y anonimato. Antes de que Estados Unidos se convirtiera en una sociedad con poco efectivo, se imprimían más billetes de 20 dólares que de 100 dólares, probablemente porque era lo que los cajeros automáticos solían dispensar. Pero el cajero automático ha sido acompañado por la inflación y hoy los billetes más demandados son los de 100 dólares, que circulan con mayor frecuencia que antes.
Si observamos la cantidad de dólares estadounidenses en circulación -billetes impresos no solo en un año, sino en cualquier año-, la alarmante prevalencia de billetes de alta denominación resulta aún más impactante. Una mayor proporción del total de billetes en circulación corresponde a los de 100 dólares (19.900 millones) que, a cualquier otra denominación, incluidos los billetes de un dólar (15.200 millones). El 35 % de todos los billetes en circulación son de 100 dólares.
Se calcula que más de un tercio de todo el papel moneda estadounidense es utilizado por delincuentes y evasores de impuestos. Si asumiéramos que esta actividad delictiva se distribuyera proporcionalmente entre todos los billetes en circulación, entonces el 10 % de los billetes de cien dólares serían utilizados por delincuentes y evasores de impuestos. Pero, por supuesto, la actividad delictiva no se distribuye proporcionalmente entre todos los billetes. Se concentra en el billete de mayor denominación, el de cien dólares. Por lo tanto, es razonable extrapolar que la proporción de billetes de cien dólares utilizados por delincuentes y evasores de impuestos supera con creces el 50 %.
Ahora Trump quiere crear un nuevo billete de 250 dólares que llamaremos "el Donald". Si el "Benjamín" es una moneda para criminales, un simple cálculo nos dice que el Donald lo es dos veces y media más. Tras la publicación del artículo en el Post, el Departamento del Tesoro declaró que su plan dependía, por supuesto, de la aprobación por parte del Congreso de un proyecto de ley que el representante republicano Joe Wilson, de Carolina del Sur, presentó de forma muy aduladora en febrero de 2025. Según el proyecto de ley y el Departamento del Tesoro, el Donald sería un «billete conmemorativo». Pero el proyecto de ley de Wilson no especifica cuántos de estos billetes imprimiría el Tesoro y no hay ninguna costumbre que seguir, ya que hasta ahora el gobierno federal no ha emitido billetes conmemorativos. Ha emitido monedas conmemorativas, añadiendo al valor nominal un recargo proporcional a la denominación, de modo que una moneda conmemorativa de medio dólar, por ejemplo, podría venderse por 5,50 dólares; una moneda conmemorativa de 1 dólar, por 11 dólares; y una moneda conmemorativa de 5 dólares, por 40 dólares. Cuando son monedas conmemorativas en oro y plata, esto se multiplica.
Si el Tesoro de Trump siguiera esa fórmula, un billete conmemorativo de 250 dólares se vendería por unos 750 dólares y habría muy pocos compradores, incluso entre los delincuentes. Nadie cree que el presidente permita que su preciado Donald se convierta en una pieza de colección desconocida. Es de suponer que Trump evitará los recargos y los límites numéricos e imprimirá un número máximo de billetes Donald, porque el objetivo es difundir su cara por todas partes. Los delincuentes tendrían mucho uso para el Donald.
Sí, se necesita un billete de más de 100 dólares.
"Hace 10 o 20 años se llenaba el carro de la compra con 100 dólares". Hoy el mínimo es de unos 300 dólares, comprando alimentos ultra procesados de baja calidad. Si se quiere algo más orgánico, incluidos vegetales libres de químicos agrícolas o con certificación de precio justo, esto se va por las nubes.
Sí, se necesitarían billetes de más de 100 dólares si las compras fuesen en efectivo. No se han emitido porque la banca, como mencionamos, se ha vuelto virtual. Pero en Estados Unidos es muy común la contratación por jornales laborales y la compraventa de artículos al contado. También se necesita la privacidad. Si, por ejemplo, a un ciudadano americano se le antoja comprarse una botella de vodka día por medio, su alcoholismo no es asunto de los bancos, las tarjetas de crédito o del gobierno. Los estadounidenses valoran mucho su privacidad, aunque el idiota que compró la botella de vodka al contado aparezca en Instagram... borracho, y lo despiden de su trabajo como chofer de ómnibus escolares.
¿Podría esa perspectiva disuadir al presidente?
Por supuesto que no. Trump ya está muy involucrado con las criptomonedas, otro vehículo predilecto para la actividad delictiva, y está indultando a ciberdelincuentes y otros infractores de cuello blanco a diestra y siniestra. La conveniencia de un billete de 250 dólares para el mundo del hampa no es un error en la celebración del 250 aniversario de su nación; es una característica. Se podría intentar en 2076. Aunque algunos futurólogos prevén que el concepto de dinero podría ya no existir.
El ocaso del billete de 500 euros: cuando el dinero de alta denominación se convirtió en una preocupación para Europa
Durante años, el billete de 500 euros fue uno de los símbolos más llamativos de la moneda única europea. Con un valor superior al de la mayoría de los billetes en circulación en el mundo occidental, representaba comodidad para algunos sectores económicos y una forma eficiente de almacenar grandes cantidades de dinero. Sin embargo, para las fuerzas de seguridad y los organismos encargados de combatir el crimen financiero, el denominado "billete púrpura" terminó convirtiéndose en un problema de dimensiones continentales.
La decisión del Banco Central Europeo (BCE) de cesar la emisión del billete de 500 euros en 2019 no respondió a problemas de diseño ni a una caída de la demanda por parte de los consumidores. La medida estuvo vinculada principalmente a las crecientes preocupaciones sobre su utilización por redes criminales dedicadas al narcotráfico, el lavado de dinero, la evasión fiscal y otras actividades ilícitas.
Un billete excepcional.
Cuando el euro entró en circulación en 2002, el billete de 500 euros se convirtió en una de las denominaciones más altas disponibles entre las principales economías desarrolladas. Su valor equivalía a cientos de dólares estadounidenses o libras esterlinas, permitiendo transportar grandes cantidades de dinero en efectivo en espacios reducidos.
Precisamente esa característica fue la que despertó el interés de las organizaciones criminales.
Mientras que transportar un millón de euros en billetes de 50 requería miles de unidades y ocupaba un volumen considerable, la misma cantidad en billetes de 500 podía guardarse en un pequeño maletín. Para las redes dedicadas al tráfico de drogas, la corrupción o el contrabando, esta diferencia logística representaba una ventaja significativa.
Los investigadores financieros comenzaron a detectar que los billetes de alta denominación aparecían de manera recurrente en operaciones contra organizaciones criminales transnacionales. En numerosos casos, grandes cantidades de efectivo decomisadas durante allanamientos estaban compuestas principalmente por billetes de 500 euros.
El dinero invisible
Una de las paradojas del billete de 500 euros era que, a pesar de representar una parte importante del valor total del efectivo en circulación, muchos ciudadanos europeos nunca habían utilizado uno.
En España, donde durante años circuló una elevada cantidad de estos billetes, surgió incluso un apodo popular: "Bin Laden". La comparación hacía referencia a que todo el mundo sabía que existían, pero casi nadie los había visto.
La denominación se convirtió en un símbolo de la economía sumergida.
Diversos estudios económicos mostraban que la presencia de grandes cantidades de billetes de alta denominación no siempre coincidía con los niveles de consumo o actividad económica observables, alimentando las sospechas sobre su utilización en transacciones fuera de los circuitos financieros regulados.
La preocupación de Europol.
A medida que el crimen organizado se volvió más sofisticado y transnacional, las agencias de seguridad europeas comenzaron a prestar mayor atención al papel del efectivo en las actividades ilícitas. Aunque las transferencias electrónicas y las criptomonedas suelen acaparar la atención mediática, numerosos informes policiales han señalado que el efectivo continúa siendo una de las herramientas preferidas por las organizaciones criminales para ocultar ganancias ilegales y evitar la trazabilidad financiera.
Para Europol, el billete de 500 euros ofrecía una combinación particularmente atractiva para los delincuentes: alto valor, facilidad de transporte y anonimato.
La agencia europea respaldó públicamente la decisión del BCE de poner fin a su producción, argumentando que la medida dificultaría las operaciones de lavado de dinero y aumentaría los costos logísticos para las organizaciones criminales.
La decisión del Banco Central Europeo.
En mayo de 2016, el Banco Central Europeo anunció oficialmente que dejaría de producir el billete de 500 euros. La impresión cesó definitivamente en 2019, aunque los billetes existentes conservaron su condición de moneda de curso legal. Esto significa que los billetes de 500 euros siguen teniendo valor y pueden utilizarse o cambiarse en los bancos centrales nacionales del Eurosistema. Sin embargo, cada año son menos frecuentes debido a su retirada gradual de la circulación. El BCE sostuvo que la medida buscaba responder a las preocupaciones relacionadas con las actividades ilícitas sin afectar significativamente a los ciudadanos y empresas que utilizaban el billete de manera legítima.
¿Realmente afectó al crimen organizado?
Los expertos mantienen posiciones diversas sobre la eficacia real de la medida.
Algunos analistas consideran que la retirada del billete de 500 euros elevó los costos operativos de las redes criminales. Transportar la misma cantidad de dinero utilizando billetes de menor denominación requiere más espacio, más peso y mayores riesgos de detección.
Otros sostienen que las organizaciones delictivas simplemente adaptaron sus métodos. El uso de empresas pantalla, sistemas informales de transferencia de fondos, paraísos fiscales, activos de lujo y criptomonedas ofrece alternativas para ocultar capitales ilícitos. En consecuencia, la desaparición del billete de 500 euros no eliminó el lavado de dinero, pero sí redujo una herramienta que durante años había facilitado el movimiento físico de grandes cantidades de efectivo.
Un fenómeno global.
Europa también se replanteo la emisión de los billetes de alta denominación.
En distintas partes del mundo, economistas y organismos internacionales han debatido durante décadas la conveniencia de mantener denominaciones extremadamente elevadas. El argumento central es que estos billetes generan beneficios limitados para la economía formal, mientras que pueden facilitar actividades vinculadas a la criminalidad organizada, la evasión fiscal y la corrupción.
Estados Unidos retiró hace décadas los billetes de 500, 1.000, 5.000 y 10.000 dólares. Otros países han seguido estrategias similares o han impuesto controles más estrictos sobre las transacciones en efectivo.
Entre la privacidad financiera y la seguridad.
La desaparición del billete de 500 euros también abrió un debate más amplio sobre el futuro del dinero en efectivo.
Para algunos sectores, el efectivo representa una garantía de privacidad financiera y una protección frente a la vigilancia excesiva de las transacciones. Para otros, las limitaciones al uso de grandes cantidades de efectivo constituyen una herramienta necesaria para combatir el crimen organizado y el blanqueo de capitales.La experiencia europea demuestra que el dinero físico continúa desempeñando un papel relevante en la economía contemporánea, pero también evidencia cómo ciertas características monetarias pueden influir en las estrategias utilizadas por las redes criminales.
El billete de 500 euros no fue prohibido por ser ilegal ni por estar asociado exclusivamente a actividades delictivas. Sin embargo, su extraordinaria capacidad para concentrar valor en un espacio mínimo terminó convirtiéndolo en un objetivo prioritario para las autoridades financieras y policiales de Europa. Su retirada marcó el final de una era y reflejó una tendencia global: la creciente presión sobre los instrumentos que facilitan el movimiento anónimo de grandes cantidades de dinero en un mundo cada vez más preocupado por la transparencia financiera y la lucha contra el crimen organizado.
Michael Mansilla
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