¿En manos de quién? Danilo Arbilla

09.10.2026

Las encuestas están en el ojo de la tormenta. A la gente, gratuitamente, le gusta mofarse cuando erran. Cuando favorecen las aplauden, las aman, y cuando no, las repudian y las enchastran, sin sentir ningún asco en ello como tampoco en volver a amarlas cuando "nuestros números" mejoran.

Y no es culpa de los encuestadores, sería en todo caso de los encuestados cuya voluntad es "veleidosa",a veces frívola y cada vez mas militante y radical en este mundo cibernético. Hoy cualquier "imbécil" trasciende como vaticinara Umberto Eco. Además hay un gran campo fértil  para anónimos cobardes y mentirosos, militantes y operadores que se disfrazan y enfermos de "mala leche" que actúan sin piedad y sin respeto y lo hacen muy conscientes y superan la inocente maldad que se da en niños y tempranos adolescentes no corregidos ni guiados por maestros, profesores e instituciones.

 Las encuestas  con sus errores y aciertos  nos acercan a la realidad, pese a la mala e intencionada utilización que de ellas hacen quienes, siempre desde arriba, dictan cátedra cómodamente y sin mucho trabajo gozando de muy buenos sueldos,  pagados por los giles que sí laburan  y se rompen el lomo: "Los nabos de siempre" como ha señalado Tomás Linn.

 El "cáncer" que nos engaña no son las encuestas sino esa "gran casta" -única y verdadera-  que es "la burocracia" la que desde la ONU para abajo, pasando por Instituciones, lease FMI, Banco Mundial, Bid y otras tantas e inmaculadas, -vituperadas o jerarquizadas según convenga- más miles de siglas -los vivos de siempre- que pululan y van acabando con la democracia una especie camino a la extinción. (Gramsci debe saltar de alegría en su tumba).

  Tomemos un ejemplo: el Uruguay y el Latinbarómetro. Todos coinciden que en nuestro país el problema es el deficit fiscal,  el gasto, el gran tamaño del estado, su burocracia desbordada:  los que viven del Estado. Parece tan fácil: es por ahí que hay que hincar el diente. Lo que ocurre es que quienes tiene el poder para resolverlo son  precisamente también burócratas y estos no son tontos, por decirlo así.

 El Latinbarómetro muestra una realidad: el 75% de los uruguayos no confía en como el Estado gasta el dinero de los impuestos  Ja, já; lo dicho. Todos saben a donde vá el "grueso" de lo aportado por "los nabos de siempre".

  Hay un  25% que no le ve así; otro dato de la realidad: según consigna Javier de Haedo en una reciente columna,  los que dependen -cobran- del Estado son unos 318 mil. ¡Mamita! En un cálculo avaro, con familia son unos 500 mil. Cerca de 25 % al que le parece que los impuestos están bien "manejados".

Y que dice el Ministro Oddone, también funcionario, que la responsabilidad para que el  Uruguay crezca está en manos de la actividad privada (¿los de siempre?, que laburen más). No habría que pegar el tajo donde hay que hacerlo.

 Habla de una ley magnifica que puede  ayudar mucho para facilitarlo. Puede a su vez transformarse en una nueva frustración,  (problemas de la comunicación). Pero de reducir el Estado, nada.

Ah, y atenti los jubilados:  Oddone, -el nuevo  Astori (aquel del IASS)- a los viejos no los cita como prioridad. Cuidado: Kirchnerismo a la vista, más sus posteriores consecuencias.

 

Danilo Arbilla

Columnistas
2026-10-09T20:01:00

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