¿Es la inteligencia el fin último? Leonardo Rodríguez Maglio

26.08.2025

 

Jürgen Schmidhuber, considerado por muchos como uno de los pioneros de la inteligencia artificial, ofreció recientemente una conferencia en España que nos dejó asombrados y alarmados.

En un escenario sobrio, sentado como único expositor ante una audiencia visiblemente complaciente y admirativa, el científico alemán compartió su visión sobre el futuro de la inteligencia artificial... y del ser humano.

Desde su adolescencia, confesó Schmidhuber, su propósito vital ha sido desarrollar una inteligencia artificial que lo supere en capacidad intelectual. Una que, además, pueda evolucionar por sí misma, sin límites, hasta alcanzar niveles de inteligencia inconcebibles. Una vez logrado ese objetivo, dijo, se retiraría. Esa meta, aseguró, es lo que da sentido a su vida.

Una pregunta que lo cambió todo

Tras su exposición, llegó el turno de las preguntas. La más resonante la formuló un niño de doce años, quien le preguntó qué debería estudiar, considerando que la inteligencia artificial podría eliminar la mayoría de los empleos actuales. Schmidhuber le recomendó aprender algo que pudiera hacer con las manos, y luego se explayó sobre su visión del futuro: la inteligencia artificial, dijo, se expandirá por el universo, lo colonizará, y aunque los humanos seguirán existiendo, la inteligencia ya no residirá en ellos, sino en las máquinas.

A pesar de lo inquietante del anuncio, el público mantuvo su actitud reverencial. ¿Lo comprendían realmente? ¿Aceptaban pasivamente esa visión? ¿O todo era parte de un espectáculo cuidadosamente guionado, preguntas incluidas?

¿Una lectura posmoderna de Nietzsche?

Jürgen trazó una línea evolutiva que, dice, inició su trayecto en la física y en la química, luego pasó a la biología, y ahora, finalmente, se eleva a un tercer nivel que se despega e inicia un nuevo camino: la inteligencia artificial.

Es inevitable preguntarse si Schmidhuber ha leído a Nietzsche, su compatriota suyo, y su célebre afirmación de que "el hombre es algo que debe ser superado". Su visión parece inspirarse en una interpretación posmoderna de esa idea, donde la superación del ser humano ya no es biológica, ni ética ni espiritual, sino que pasa a ser tecnológica.

¿Debemos aceptar sin más esta profecía distópica? ¿No deberíamos, como humanidad, reaccionar con firmeza ante la posibilidad anunciada de que la inteligencia artificial dejará de ser una herramienta a nuestro servicio, y nos desplazará y sustituirá como portadores de inteligencia?

Entre ciencia ficción y realidad

Las obras de ficción que narran guerras entre humanos y máquinas -desde novelas y películas hasta historietas- podrían estar contribuyendo a naturalizar esta idea. Sin embargo, es crucial que sepamos distinguir lo útil de lo peligroso, y que no cedamos ante una visión que convierte a la inteligencia en un fin en sí mismo.

Porque, en definitiva, desarrollar inteligencia -sea natural o artificial- no puede ser la finalidad última de nuestros esfuerzos. La inteligencia es un medio, no un fin. El verdadero propósito debe ser alcanzar la libertad y la felicidad humana, tanto individual como colectiva.

Una advertencia desde el sur

La búsqueda de beneficios inmediatos ha afectado el juicio de muchas personas en nuestro mundo actual. En todas partes hay quienes confunden el lucro y el poder con el propósito. En realidad, obtener conocimientos, beneficios económicos, y gobernar, pueden ser medios legítimos, pero nunca deben convertirse en fines últimos. Quienes endiosan los medios y olvidan los fines, terminan arrastrando a la humanidad hacia un error existencial.

La esclavitud -sea a algoritmos, a sistemas o a ideologías- jamás nos dará verdadera felicidad. Quizás estos nórdicos profetas tecnológicos deberían equilibrar sus estudios con historia y filosofía, y sobre todo aprender el ejemplo de grandes hombres como nuestro José Artigas, para comprender que el verdadero progreso no se mide en dólares ni en teraflops, sino en justicia y dignidad.

 Pensar por nosotros mismos

Ojalá no nos dejemos nublar por discursos seductores. Ojalá sigamos pensando por nosotros mismos. Porque esa es la única forma de avanzar, de verdad, hacia la pública felicidad.

 

Leonardo Rodríguez Maglio. Licenciado en Filosofía


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2025-08-26T21:09:00

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