¿HAY LUZ AL FINAL DEL TUNEL? Carlos Pérez
01.09.2026
Arturo Pérez Reverte, periodista y escritor español, autor de numerosas novelas que le hicieron merecedor de varios premios y menciones, está seguro de "asistir a la caída de mundo occidental tal como lo conocemos".
Concluye que esa caída puede demorar unos años más o menos, pero ocurrirá y él cree que vivirá para verla. Sus razones son atendibles.
Los síntomas de esa decadencia rompen los ojos. Quienes rebasamos la cincuentena, somos testigos y partícipes de un cambio de época. Una operación a corazón abierto. La Ilustración y su principal producto, la Revolución Francesa, conformaron en el plano superestructural lo que en el plano socio-económico significó la sustitución del Feudalismo por una sociedad sometida a la hegemonía ideológica y política de la burguesía triunfante. Los siglos XVIII, XIX, XX y el primer cuarto del XXI, serán registrados en la historia como los siglos de las formaciones capitalistas que dominaron al mundo con sus leyes mercantiles, el colonialismo, la esclavización, la acumulación de bienes, la revolución industrial, las guerras por territorios y materias primas, la competencia empresarial desenfrenada y la sumisión de mayorías explotadas a minorías poderosas e insaciables.
En los grandes cambios transformadores generados en el SIGLO DE LAS LUCES, luego aplicados por la Revolución Francesa, proyectados al resto de Europa y América, se advierten fracturas expuestas y signos de alta corrosión.
La Democracia Occidental está en jaque. Las grandes consignas de Libertad, igualdad y Fraternidad de los pioneros, hoy se ponen en entredicho y, a la vista del público asistente, les preparan el cadalso, justo en los países donde mejor prosperaron. Las derechas girondinas (agiornadas) protestan porque la separación de poderes, las elecciones libres y el gobierno de las mayorías son un obstáculo para el desempeño de las fuerzas de la producción y del mercado, y abjuran, sin remordimientos, de los elementos que dieron vida a sus propios sistemas. Las organizaciones surgidas para eliminar las guerras (entre ellas las NNUU), y solucionar pacíficamente todos los conflictos, son ninguneadas sin piedad. Principios básicos de la convivencia, son motivos de escarnio en discursos de odio. La no intervención en asuntos internos, la solución pacífica de las controversias, la autodeterminación de los pueblos, son frases vacías. Impunemente, ingresan a un país, matan a la guardia y se llevan a un gobernante. No se hace eso con inversores calificados, ni con proveedores de petróleo, pero sí con enemigos desprotegidos ante la avidez de los buitres de la economía. Libia, Irak, Venezuela y ahora Irán (y hay otros en la lista) lo saben.
Los derechos humanos son ignorados. En Argentina y en recintos donde debería regir la tolerancia democrática, alguien reivindica la afirmación del dictador Videla, quien exclamó: "Nosotros los argentinos, somos derechos y somos humanos." Mientras, en las mazmorras de su régimen morían por decenas prisioneros políticos luego de ser torturados y vejados, al tiempo que la bandera de la Patria se desplegaba en el Estadio Monumental, con vivas al campeón del mundo.
Los sepultureros de la democracia se declaran, sin tapujos, enemigos irreconciliables del feminismo y de toda reivindicación de derechos de mayorías o minorías indefensas. No aceptan pedir perdón por la esclavización y la explotación inhumana de millones de africanos en las granjas de Sud y Norte América. Abjuran de los derechos de las mujeres a disponer de su propio cuerpo y de las diversidades sexuales y de género. Los amigos y allegados de famosos pederastas gobiernan países, sin que sus votantes se conmuevan, engañados por las falsas excusas. Por el contrario, elevan a los delincuentes a la cima y los reciben bajo palio, sentados en hombros de infames delirantes y sagaces manipuladores de opinión desde sus granjas de trolls y bots que intoxican las redes.
No sabemos (nadie sabe) qué vendrá después de esto. Hace tiempo que abjuramos de toda teoría preformista de futuros. Las "leyes" históricas no siguen una lógica determinada, los hechos estarán sometidos a contingencias. La Historia escrita solo es pasado, pero nunca futuro. Así ha sido nuestro devenir, desde los inicios de las transformaciones en el planeta Tierra y el transcurso de la vida en él. La caída de un meteorito en la península de Yucatán no seguía ninguna lógica. Si el trozo de piedra espacial se hubiera desviado un par de grados en su curso, aún viviríamos en la era de los dinosaurios y quien sabe si el prehomínido y el homínido hubieran asomado sobre las planicies africanas. Entonces la historia se hubiera lanzado por quien sabe qué senderos.
Hay muchos ejemplos. Marx no previó la aparición del imperialismo, ni de las grandes guerras mundiales y eso alteró la visión del marxismo. Solo las novelas de Ciencia Ficción previeron la revolución tecnológica, pero nadie pensó en vivir ficciones, porque para entonces no eran más que eso. Stephan Jay Gould, el gran científico estadounidense, sentenció, desde la paleoantropología lo que bien se puede aplicar a las sociedades de los hombres: no existe la evolución, existen las transformaciones, la adaptación de los organismos a situaciones diferentes. Las transformaciones pueden estar sometidas a acontecimientos imprevistos e imprevisibles, como el meteorito aquel. Quizás debamos prestar más atención a un olvidado sociólogo de nuestro tiempo, Norbert Elías, quien habló con mucha claridad de lo que denominó "la fuerza contingencial de los hechos". Trump es un ejemplo vivo y actual. ¿Qué pasa si mañana se levanta con el pie izquierdo (¿derecho?) y aprieta el botón rojo que llevan sus asistentes en una pequeña valija? ¿Volará toda la civilización por los aires? Quién sabe; hace poco amenazó con hacer volar a una que tiene más de 6000 años.
La sociedad está en caos y del caos se sale, pero nadie sabe exactamente cómo ni para dónde arrancará. La sociología, la Filosofía, la Politología y todas las ciencias aplicadas al estudio del ser humano en la Sociedad, no pueden arriesgar ninguna hipótesis de cambios, so pena de ser acusados de Nostradamus de boliche, o de estar dedicados a la Astrología. Los analistas se sorprenden ante la explosión de la cibernética. En China se producen robots masivamente, para sustituir a hombres y mujeres en las tareas. China puede hacerlo porque el producto de su renta país se distribuye entre millones, proyectando los beneficios de la ciencia y la tecnología a la sociedad toda. Eso no lo pueden hacer los países capitalistas; la robotización del trabajo trae pobreza y marginación, porque no se proyectan sus beneficios socialmente.
Los sistemas educativos tiemblan, porque no saben qué y para qué deben elaborar sus planes de estudios. La informática y la robótica han aplanado las mentalidades jóvenes. Los teléfonos celulares, el wasap y las redes, configuran las mentes jóvenes. Nadie resiste 10 minutos de concentración, pero no porque estén incapacitados, sino porque se les está amaestrando en la rapidez y la celeridad de los actos de vida. Rápidos y furiosos. Todo es acelerado y plano, homogéneo, inmerso en la hiperrealidad y la modernidad acuosa, que anunciaron Jean Beaudrilard y Zigmund Bauman. Esa mentalidad es alimentada porque es rentable, tanto para el mercado como para elegir presidentes de países, entre los candidatos presentados: influencers, payasos de la política, charlatanes de feria metidos a parlamentarios, seudo innovadores, habladores de discurso fácil decididos a ahondar las brechas. Micrófono en mano insultan, despiertan emociones primarias en los seguidores para estupidizar auditorios. Y se afianzan como lideres mesiánicos de la ignorancia, de la intolerancia, de la segregación, el repudio a los diferentes, a los pobres, a los discapacitados a los desvalidos. "Son los que nos quitan nuestros bienes", "vagos que no quieren trabajar, o no quieren dos empleos", protestan. Y claman por más leyes o acciones punitivas en sus discursos de odio. Así se pronunciaron los nazis contra las poblaciones judías, contra gitanos y discapacitados y otras personas que no cumplían con sus prejuicios.
Nadie sabe qué ocurrirá, por lo menos a mediano, y mucho menos a largo plazo. Nadie puede predecir si el capitalismo ha llegado al final de su ciclo o si se renovará con nuevos parámetros. Es imposible prever hasta donde llegará China con el tremendo desarrollo de sus fuerzas productivas y si su sistema se proyectará al mundo, ni en qué circunstancias lo hará.
Crucemos los dedos para que Pérez Reverte esté equivocado, y logremos salvar la democracia y sus insumos, por lo menos. Mientras tanto, nuestra tarea es lograr que el camino de esta degradación no avance, que se les haga difícil, por lo que seguiremos luchando por los valores que hagan de hombres y mujeres dignos de una Sociedad Humana donde valga la pena vivir a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros adversarios y sus hijos: Y podamos honrar el sacrificio de millones que no lo lograron. Seguramente, con el esfuerzo, al final del túnel habrá "una luz puntual que nos espera", al decir de Liber Seregni.
CARLOS PÉREZ PEREIRA
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias