"La conjura de cándidos y tartufos ". Rúben H. Díaz
08.06.2026
Es un excelente trabajo histórico y literario, que convive con una muy equivocada hipótesis. Jorge E. Leiranes, con quien no tengo cercanía, pero conozco, ha hecho un formidable trabajo en su primer obra.
Que se inscribe entre un conjunto de autores, de primer nivel, que a veces sorprenden por su calidad, entereza y profesionalidad de un escritor con grandes antecedentes. Sin duda responde a una especie de exhalación a unas muy profundas convicciones de toda una vida.
El libro es no solo recomendable sino imprescindible para entender ese momento tan crítico como triste que vivió el Uruguay en febrero de 1973. Cuando se dan ese tipo de circunstancias es imposible contarlo todo, intervienen muchos actores y sucesos, y las génesis tienen lejanas raíces. Este libro cuenta mucho y lo cuenta muy bien. Se necesita de autores qué de corazón y discernimiento, hagan obras de esa naturaleza. Porque los otros, los que no tienen vocación democrática, son de pluma larga y extensa y muchas veces confunden e imponen relatos.
Justo por esas razones, es necesario, me parece, ser preciso en las apreciaciones. Es cierto que en el proceso de violencia que vivió el país de 1962 en adelante fue muy complejo y tuvo diferentes etapas. Es verdad que desde entonces el Parlamento dio en muchas oportunidades e instrumentos a los sucesivos gobiernos para tratar de neutralizar ese fenómeno. Medidas Prontas de seguridad, participación de las Fuerzas Armadas en la tarea represiva y Estado de Guerra Interna. Todas esas decisiones fueron aprobadas por parlamentos elegidos en comicios democráticos y de acuerdo a las potestades de que se disponían en virtud de las normas constitucionales correspondientes.
Es difícil definir cuándo se instaura una dictadura. Lo que nunca ocurre en esa materia, es que una dictadura surja un día cualquiera a la madrugada y previamente no hayan existido acontecimientos, circunstancias, enfrentamientos y otros eventos que iban preparando un escenario que concluye en un régimen de fuerza. En este caso, el escenario llego luego de múltiples episodios que están prácticamente todos en el libro a que hago referencia.
Parece muy claro que el país ha aceptado, que la dictadura se instauró el 27 de junio de 1973. Con oportunidad del cincuenta aniversario de ese episodio así lo entendió el Parlamento con la presencia de todos los partidos políticos en esa fecha. A nadie con cierta representatividad se le ocurrió realizar un evento de esa naturaleza en febrero. Y es lógico.
No existe dictadura si el Poder Ejecutivo reconoce los fueros del Parlamento. Eso ocurrió hasta el 27 de junio de 1973. No antes. Antes cumplió con todas sus obligaciones. Solicito en forma acorde a las normas vigentes, el permiso para aprender a un parlamentario. Se realizó de manera exhaustiva todo el trámite correspondiente. Y por decisión de la Cámara de Diputados, por un voto, se desestimo esa solicitud. Cuando ello sucede se materializa el golpe de Estado. No antes, ni después. El ejecutivo no acato la decisión del Parlamento y empezó la dictadura.
Como siempre a lo largo de la historia, los políticos y el sistema político era muy criticado en el país por entonces. Sin embargo, es evidente que el Parlamento del Uruguay, en esa instancia, actuó con hidalguía, responsabilidad y gloria. Acorde a su mejor tradición. Otra interpretación no cabe, a menos que se sostenga que los parlamentarios de entonces permanecieron por cuatro meses en sus cargos en una dictadura. Para confirmarlo basta con recurrir a la versión taquigráfica de la sesión del Senado de la República del 26 de junio de l973. Es más, alcanza con leer los discursos de Wilson Ferreira Aldunate y Luis Hierro Gambardella, quienes intervinieron en nombre del Partido Nacional y Colorado en esa instancia.
Volviendo al principio, un excelente trabajo al cual por supuesto los lectores, sin desmerecer el mismo, bien pueden no coincidir en todo el texto. Muy particularmente me ocurrió en sus páginas finales, en el capítulo "los adalides de la Resistencia". No figura allí el único político del Uruguay a lo largo de su historia, que fue preso por intentar desenmascarar a quienes estaban conspirando contra las Instituciones en medio de la vigencia de la democracia. El Dr. Jorge Batlle. También el prologuista de esta formidable obra, el Dr. Julio María Sanguinetti, cuyo papel se destaca en el propio texto nada menos que en todo un capítulo.
Rúben H. Díaz
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias