“La tranquilidad es una bajeza moral”. Ernesto Kreimerman
09.02.2026
"Para vivir honradamente es necesario desgarrarse, confundirse, luchar, equivocarse, empezar y abandonar, y de nuevo empezar y de nuevo abandonar, y luchar eternamente y sufrir privaciones. La tranquilidad es una bajeza moral". Duro, como tantas opiniones jugadas de León Tolstoi, muy propia desde su adhesión anarquista.
Algo así es la batalla que en las últimas décadas han debido dar los medios de información para sobrevivir y superar su desafío más radical. Parte de esta crisis comenzó con Internet, que acabó con el modelo de negocio, soporte y logística, pero se agudizó debido al proceso de concentración del poder y riqueza que diezmó los espacios de libertad. Obvio, la explosión de la maravillosa era digital lo desafió todo y la actividad no ha encontrado un modelo de negocio sostenible y transformador capaz de dar continuidad a su valor en democracia.
La batalla por la supervivencia de los medios se concentró en construir un vínculo más sólido con los suscriptores, los que con su contribución a una prensa libre sellaron una relación directa entre el periodismo independiente y contenidos de calidad.
Hubo una vez diarios...
La crisis de los medios de información fue acumulando tensiones hasta llegar a su fase estructural más profunda entre los años 2007 y 2010. Primero en Estados Unidos y luego a escala global, con la convergencia de la crisis financiera, la disrupción digital y el colapso del modelo publicitario tradicional. Nace y se desarrolla un periodismo de suscripción, transparente y de calidad, donde los principios del medio y su práctica profesional van sometida a examen cotidiano. Pero hubo errores. Creer que más de lo mismo habría de funcionar. Se pretendía ignorar los maravillosos avances tecnológicos, la diversidad de elementos a integrar en la gestión, y una lógica de distribución que debía aggiornarse e integrar una relación potenciadora entre demandas y ofertas de contenidos quizás variados. También los beneficios de los derechos por contenidos, siempre de fácil elusión y difícil cobro.
Todo ello se profundiza con la crisis financiera global en 2008 y el colapso de la publicidad impresa. Son los años de cierre masivo de diarios locales en Estados Unidos, donde la acumulación de riesgos hace inviable la continuidad.
Luego vendrá la explosión de Google y Facebook bajo la modalidad de intermediarios publicitarios. Más tarde, nuevos jaqueos a la producción de información y la rentabilización de valor económico.
Aniversario y después....
El Washington Post fue fundado el 6 de diciembre de 1877. En su último aniversario, muchos no percibieron la extrema cercanía de la tormenta. Dos meses después, los periodistas se veían en "uno de los días más oscuros":
Los recortes afectan a uno de cada tres empleados. El editor ejecutivo Matt Murray precisó que más de 300 periodistas quedarán fuera. Converso al determinismo, agregó que "si queremos prosperar, no sólo perdurar, debemos reinventar nuestro periodismo y nuestro modelo de negocio con renovada ambición". Una conclusión algo tardía. Una organización no se reformula con despidos, sino transformando lo que la define: objetivos y procesos, financiación y planificación.
Para dimensionar el impacto, se reducirá una sala de redacción legendaria y prestigiosa, la que reveló el escándalo de Watergate. Todavía la redacción está dominada por el mal humor de la adversidad pero aún falta algo importante: definir un modelo general del negocio, que redimensione entregable con producción estandarizada.
Es que al perder la referencia de la finitud del papel, uno de los desafíos más importante ahora es establecer la combinación estable de un entregable, de su renovación diaria, y cuál y cómo será la última versión del día, que en este ciclo informativo, es la primera del día de circulación, "como antaño".
La caída de ventas y de lectores no ha cesado para el The Washington Post. Las pérdidas de miles de suscriptores de 2024 cuando Jeff Bezos anunció que WP no apoyaría a nadie en las presidenciales 2024, quebró una tradición nacida en 1970 y que representó el fin simbólico de una adhesión de principios.
El WP anunció que "en el futuro inmediato, nos concentraremos en áreas que demuestren autoridad, distinción e impacto, y que resuenen con los lectores: política, asuntos nacionales, personas, poder y tendencias; seguridad nacional en Washington D.C. y en el extranjero; fuerzas que configuran el futuro, como la ciencia, la salud, la medicina, la tecnología, el clima y los negocios; periodismo que empodera a las personas para actuar, desde el asesoramiento hasta el bienestar; investigaciones reveladoras; y lo que capta la atención en la cultura, en línea y en la vida cotidiana". Muchas palabras difusas, elegantes pero ambiguas como para persuadir.
Una crisis más amplia
En el fondo del problema, la realidad es que el negocio periodístico lucha por ratificar su validez y continuidad, en un entorno hostil donde los grandes buscadores eluden los derechos de los autores sobre los contenidos. A ello se suma el daño que ocasionan las empresas "fantasmas" del fakenews con sus mentiras, afectando tráfico y publicidad. Por ello, algunos apuestan por diversificar productos y formatos, y otros por reducir costos para sobrevivir, lo que rara vez es una alternativa real.
La crisis no es solo financiera. Como advirtió el National Press Club/Club Nacional de la Prensa, la principal organización profesional de periodistas, los despidos no solo afectan a quienes pierden su empleo, sino también a la calidad y diversidad del periodismo, un pilar esencial para la vida democrática.
El National Press Club advierte que "cuando las redacciones se reducen, la rendición de cuentas disminuye con ellas y el público se queda con menos hechos y menos respuestas... A medida que menos periodistas denuncian las malas prácticas, responsabilizan a los funcionarios públicos e informan sobre los acontecimientos que afectan a comunidades en todo el país, la sociedad civil sufre. Invertir en el periodismo es importante para el futuro de Estados Unidos. El Club espera que pronto veamos tantas acciones para fortalecer la profesión como para disminuirla".
El The National Press Club es claro y solidario. Lejos de la pasividad, se ha cargado las pilas y se ha pronunciado: "apoyamos a los periodistas que han perdido sus empleos. Estamos comprometidos a ofrecer ayuda práctica para la búsqueda de empleo a través de programas patrocinados por el National Press Club Journalist Institute, así como una comunidad solidaria de periodistas y comunicadores".
Aunque suene duro, está bueno recordar la reflexión de Tolstoi ante una situación extrema: "La tranquilidad es una bajeza moral".
(*) Publicado originalmente en El Telégrafo, 08/02/2026. Reproducido con autorización expresa del autor.
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