"La voz de Hind Rajab": así se escucha el crimen y la impunidad. Andrés Vartabedian

16.03.2026

Ganó el León de Plata en el Festival de Venecia, compitió por el Óscar y los Globos de Oro a Mejor Película Internacional, como Mejor Filme en los Premios del Cine Europeo... Surgida en medio del genocidio, se trata de una de esas obras urgentes, necesarias, que quedará como un símbolo. También hablamos de buen cine.

Aquí los spoilers pasan a un segundo o tercer plano -al menos, deberían-. Aquí no se trata únicamente de una película, se trata de un testimonio, de una herida abierta, de un desgarramiento: el de una familia, un colectivo de trabajadores, una comunidad, una nación. Y el de millones y millones de individuos solidarizados con una causa.

Todos conocemos los sucesos a los que refiere; y si no los conocemos, deberíamos. Se trata del asesinato de una niña de 5 años y de buena parte de su familia por parte del ejército israelí durante la evacuación, a solicitud de los propios agresores, de una zona de la Franja de Gaza: el barrio de Tel Al-Hawa. Sucedió el 29 de enero de 2024. La niña se llamaba Hind Rajab. Hoy, ya pasó a formar parte de la memoria de lo atroz; hoy, ya es símbolo, triste símbolo.

En el auto en el que intentaban alejarse de su hogar, cumpliendo las órdenes del invasor, quedó su cuerpo inerte, junto al de su tío, su tía y cuatro de sus primos. Ese mismo día, posteriormente, serían asesinados dos paramédicos, miembros de los equipos de rescate de la Media Luna Roja Palestina, cuando se encontraban a pocos metros del vehículo. Habían recibido la tan ansiada "luz verde" para dirigirse hasta allí a través de una ruta de acceso "segura" brindada por las instituciones involucradas: la Media Luna Roja, el Ministerio de Salud de la Franja y el COGAT, un brazo del Ministerio de Defensa israelí que coordina los caminos "fiables" para vehículos médicos con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Hind Rajab aún estaba con vida. Los cuerpos fueron hallados recién doce días después cuando el ejército se había retirado del lugar. Se verificaron 355 disparos en el auto en el que viajaba la familia.

Todo ello quedó registrado en las grabaciones de las llamadas teléfonicas que efectuó la organización humanitaria intentando sostener emocionalmente a la niña mientras se trataba de lograr la imprescindible "luz verde" para ir en su búsqueda. Incluso encontrándose la ambulancia a tan solo 8 minutos del lugar, las negociaciones y el cumplimiento de los protocolos de seguridad llevaron varias horas -tres, según la prensa consultada, varias más, de acuerdo al filme-. De todos modos, el esfuerzo fue en vano.

La voz de Hind Rajab reconstruye de alguna manera, entre la ficción y el documental -o la no ficción, como se denomina actualmente al paraguas que lo abarca-, esas largas horas que se sucedieron a la primera llamada: la de Layan Hamada, su prima de 15 años, quien fuera abatida mientras pedía ayuda y describía los hechos y la situación en la que se encontraban. A partir de ese momento, la comunicación en el lugar se sostuvo únicamente con la pequeña niña. Mientras tanto, otro de sus tíos establecía contactos desde Alemania siguiendo la situación y aportando información. A través de él, se obtuvo el teléfono de su madre, quien en determinado instante logró conversar con Hind mediada por los teléfonos de la Media Luna Roja. Esto sucedió poco antes de la pérdida total de contacto con ella, luego de que un proyectil de tanque de guerra destruyera completamente la ambulancia.

La voz de Hind Rajab dramatiza los sucesos desde la perspectiva de la Media Luna Roja Palestina. Es decir, no recrea los acontecimientos en el lugar de los hechos sino a través de lo que se vivía en las oficinas de la institución mientras se producían los diversos contactos telefónicos. Allí, de forma innovadora, en cierto momento, la directora Kaouther Ben Hania (Sidi Bouzid, Túnez, 1977; Las cuatro hijas, El hombre que vendió su piel) comienza a utilizar las grabaciones originales, con las voces de sus protagonistas reales, haciendo callar en imagen a los actores, quienes continúan la representación pero sin hablar. Si bien esto, sumado al empleo constante de la voz original de Hind, ha generado algo de controversia y ha permitido el cuestionamiento ético del producto audiovisual surgido a partir de la tragedia (cuestionamientos que pueden ser atendibles y que también nos invitan a la reflexión), vale decir que le otorga al filme una carga de autenticidad y verismo que amplifica el dolor, la angustia y la exasperación frente al hecho.

Su valor testimonial queda así de manifiesto, sin tapujos, sin engaños. La dosis de registro documental en medio de la ficción es una forma de gritarle al mundo la bronca que ocasiona tanta sinrazón; es una forma de pedirle al mundo la acción inmediata para que las posibles futuras Hind Rajab sobrevivan, o más aún, para que no tengamos que recordar más nombres de niñas o niños asesinados por la mezquindad y la miseria de los hombres (mientras escribo este artículo, para sorpresa de nadie, se agregan a la lista los nombres de las escolares asesinadas en la ciudad de Minab, al sur de Irán); La voz de Hind Rajab es una forma de decirnos que las guerras también tienen reglas; es una forma de contarle al mundo del desgarramiento cotidiano que sufren algunas gentes -habitualmente las mismas en todo conflicto-; es una forma de contarnos acerca de la impunidad de los poderosos; es una forma de pedirle al mundo justicia.

El filme se transforma así en voz y eco, al mismo tiempo, de millones y millones de personas en todo el planeta que no aceptan calladamente la comisión de un genocidio en directo, frente a sus ojos. Y no nos miente sobre sus pretensiones, no asume la aspiración de la tan mentada e inexistente "objetividad", tampoco se define "neutral". La voz de Hind Rajab toma partido, claro que toma partido. Pero ese partido no es únicamente el de la causa palestina, ese partido es el de la humanidad. Penosamente, esto sigue siendo necesario.

Y en ese camino, se transforma en una experiencia desgarradora, devastadora. Y para ello, para manipular nuestras emociones como lo hace todo producto de esta naturaleza, utiliza los mecanismos del lenguaje cinematográfico. Y en tal sentido, es muy efectiva. Su montaje por momentos eléctrico, que nos permite ubicarnos en la urgencia de la hora; la cámara en mano que trasmite asimismo la sensación de registro documental y que nos hace ser parte de la atmósfera irrespirable del momento, la desesperación e incluso las disputas internas por el respeto y cumplimiento o no de los procedimientos "burocrático-administrativos" vinculados al rescate; el uso del contraste como forma de enfatizar ciertos sentimientos: el silencio frente al grito o los disparos, el humor o la ternura frente a la tensión más acuciante, la pausa frente a la urgencia; los planos cerrados sobre los trabajadores encargados de llevar adelante la comunicación telefónica, los que enfatizan sus estados de ánimo, su fragilidad, su valentía y fortaleza -algo que puede sonar contradictorio, pero que solo refuerza nuestra condición de humanos-; y esa línea en el aparato, esa línea en el monitor de la computadora, esa línea en la pantalla... las ondas de la voz de Hind.

Una línea, que cual monitor cardíaco, es la línea de su vida. Lo único que nos quedó de Hind además de alguna foto. Esa voz, su verdadera voz, que nos dice de su temor por los disparos que se suceden, de su clamor por el rescate, de su impaciencia por la espera, de su calma y de su paz cuando alguien repite una oración con ella, de sus ganas de aferrarse a la vida. ¡Y esa luz...! Esa luz, que es la luz de la esperanza, que se va escondiendo con el día, que se va apagando como su voz. Una voz a la que lentamente también comienza a sumar el miedo a la oscuridad. Apabullante oscuridad en la que continuamos sumiéndonos como especie.

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En el ámbito de las Naciones Unidas, el 10 de octubre de 2024, en la presentación de su informe, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado concluyó "con fundamentos razonables que la División 162 de las fuerzas de seguridad israelíes estaba operando en la zona y es responsable de matar a la familia de siete miembros, así como de bombardear la ambulancia, matando a los dos paramédicos que se encontraban en su interior. [...] Esas acciones constituyen los crímenes de guerra de homicidio intencional [de acuerdo al Estatuto de Roma] y ataque contra bienes de carácter civil".

En mayo de 2025, luego de identificar al comandante del batallón que asesinó a la niña, la Fundación Hind Rajab presentó una denuncia formal contra él ante la Corte Penal Internacional, denuncia que se amplió en el mes de octubre luego de que se hubiera identificado al oficial israelí que ordenó el asesinato y a quien fuera uno de sus ejecutores concretos, entre los 24 soldados señalados como responsables de su perpetración.

Actualmente, el caso de Hind Rajab continúa, junto a muchos otros casos relacionados con la causa palestina, en la órbita de la Corte Penal Internacional. Todos conocemos las órdenes de captura que se han emitido contra el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu y contra el ex Ministro de Defensa Yoav Galant por los crímenes cometidos luego del 7 de octubre de 2023 en la Franja de Gaza. Todos sabemos también que aún permanecen libres e impunes, y así actúan.

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Ficha técnica

Título original: Sawt Hind Rajab

Túnez/Francia/Territorio Palestino Ocupado/Reino Unido/Arabia Saudita/EE. UU./Italia/Chipre

Dirección: Kaouther Ben Hania

Producción: Nadim Cheikhrouha, Odessa Rae, James Wilson

Guion: Kaouther Ben Hania

Fotografía: Juan Sarmiento G.

Música: Amine Bouhafa

Edición: Qutaiba Barhamji, Kaouther Ben Hania, Maxime Mathis

Elenco: Saja Kilani (Rana Hassan Faqih), Motaz Malhees (Omar A. Alqam), Amer Hlehel (Mahdi M. Aljamal), Clara Khoury (Nisreen Jeries Qawas)

Columnistas
2026-03-16T13:43:00

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