“Los domingos”: el mapa inescrutable del cine y de la fe. Andrés Vartabedian
30.06.2026
Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, Goya 2026 a Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Guion Original, Mejor Actriz Protagonista y Mejor Actriz de Reparto, varias nominaciones a los Premios Platino al cine iberoamericano, entre otros tantos reconocimientos. Un filme incómodo quizá para estos tiempos, pero que rezuma sensibilidad, autenticidad y una intransigente humanidad.
En tiempos de polarizaciones diversas y cada vez más acentuadas, mientras por un lado asistimos al aumento constante de los cuestionamientos a la religión, y particularmente en el mundo occidental a la religión católica, por el otro se produce un gran incremento de la producción audiovisual vinculada estrictamente al proselitismo religioso, especialmente cristiano. A la par que crece el agnosticismo y el ateísmo por todo el planeta, también crece considerablemente el cine denominado "religioso" o "basado en la fe", ya transformado prácticamente en un género dentro de la industria cinematográfica.
Lo que comenzó siendo únicamente el trabajo de productoras independientes o alternativas, casi de carácter amateur, que vieron un nicho de mercado desatendido por Hollywood o el tradicional cine europeo, o que afrontaban sus proyectos a través de la financiación colectiva (los llamados crowdfunding), hoy ya cuenta con el respaldo de divisiones especializadas y departamentos de marketing dentro de los principales estudios norteamericanos, asociaciones con grandes distribuidoras establecidas, una fuerte multiplicación de la oferta de títulos por parte de algunas de las principales plataformas de streaming, en algunos casos ya produciéndolos directamente... Todo ello fue de la mano de una mejora en la calidad técnica de las realizaciones, el aumento de los presupuestos disponibles para su concreción, la aparición de figuras reconocidas -"estrellas"- al frente de los proyectos, ya sea en rubros técnicos como en funciones actorales, y la complejización de sus guiones, dejando de apelar al mensaje directo, al lenguaje más doctrinal o asemejable al sermón y a las tramas predecibles basadas en la Biblia, corriéndose del tono más netamente dogmático para apostar por el rescate de ciertos valores considerados "universales" o socialmente transversales: la redención, la familia, la resiliencia moral, la superación personal. Varias de estas películas han llegado a competir con las producciones tradicionales en las carteleras generales de los entornos de exhibición habituales.
Tal vez, atendiendo a estas circunstancias, alguien pudo confundirse al enfrentarse a Los domingos. Hay quienes pudieron llegar a pensar que el fenómeno referido se había colado de alguna manera dentro del tradicional circuito laico de la distribución cinematográfica. Es que, probablemente (y sin "probablemente"), para el panorama característico del cine de autor europeo, de ese cine presentado y promocionado en festivales de renombre, de esa producción que busca a su vez abrirse paso en las salas comerciales de todo el mundo o alcanzar las plataformas de distribución digital de contenido multimedia y lograr cierta masividad y popularidad, Los domingos se trate de una sorpresa, aun considerando el crecimiento señalado de la producción audiovisual de carácter religioso.
En general, dentro del microcosmos de ese cine secular, las visiones más aplaudidas, que más prosperan o trascienden públicos y fronteras son las que profesan una aguda criticidad al statu quo, a las instituciones establecidas y/o anquilosadas, las que cultivan la complejidad -ya sea en formas como en contenidos, aunque lo ideal sería siempre que esto fuera de la mano-, evitando los dogmatismos o la linealidad más ramplona, las que apuestan por un ser humano en deconstrucción, que evita manejarse y actuar desde los prejuicios... Y es allí, dentro de esa/s visión/es, que los límites que imponen las religiones o sus intereses particulares -en caso de aparecer- en general son dejados de lado, inconsiderados, cuando no directamente condenados o -para estar a tono con los tiempos- "cancelados". La religión suele estar asociada a la falta de libertad, los atavismos, la represión, la condena, el poder establecido, la persecución, el patriarcado.
Pero por qué, si para muchos creyentes los caminos del Señor son insondables, no lo serían también los caminos de la creación artística, y más concretamente los de la creación cinematográfica.
Es así que Alauda Ruiz de Azúa (Baracaldo, Vizcaya, País Vasco, 1978) ha generado una obra a contrapelo de lo que podría denominarse "esperable", a contrapelo de lo que suele ofrecernos la industria, ya sea más o menos autoral, a contrapelo incluso de lo que podría considerarse "políticamente correcto" para estos tiempos. Los domingos es una obra en la que la religión juega un papel fundamental en su trama; en este caso particular, la religión católica, algo que para algunos parece resultar tabú.
Todos sabemos que en materia artística la interpretación juega un rol tan importante como la obra en sí misma. En muchos casos, podríamos afirmar que es la interpretación lo que hace a la obra. Y eso es algo tremendamente subjetivo, raramente transferible. Sin embargo, resulta difícil de entender -al menos para este comentador- que haya quienes vieran en Los domingos una obra de reclutamiento parroquial o un instrumento al servicio del proselitismo católico conventual. Que una creación artística logre ser manipulada para fines alternativos a los de su concepción original ya es harina de otro costal, y no será ni la primera ni la última vez que lo veamos. Pero nadie que haya visto la obra anterior de Alauda Ruiz de Azúa (sus dos largometrajes previos: Cinco lobitos, 2022; Eres tú, 2023; o su miniserie Querer, de 2024) debería dudar del humanismo de su planteo ni confundir su complejidad con un intento de alistamiento de fieles.
Ainara (Blanca Soroa en un debut para recordar) es una adolescente de 17 años que vive en Euskadi junto a su padre y sus dos hermanas pequeñas y está culminando sus estudios secundarios en el colegio de monjas al que ha asistido desde su infancia. Su madre ha muerto hace algunos años. Es una joven virtuosa en muchos aspectos: lúcida, responsable, buena estudiante, buena gente, para la que su entorno inmediato asume un futuro promisorio. Sin embargo, su decisión de pretender incursionar en la vida religiosa, realizando un discernimiento vocacional en el convento de las Betinas, pondrá en alerta a toda su familia, especialmente a su tía Maite (una apabullante Patricia López Arnaiz), para quien convencer a Ainara y a su grupo familiar (el que incluye a su abuela, la pareja de Maite, la novia de su padre) de revertir ese deseo se transformará en todo un desafío. Maite opera de alguna manera como una figura maternal dentro de ese conjunto agnado.
Pero Ainara también es una persona de convicciones firmes, cuya serenidad al plantearlas no debe confundirse con debilidad o indecisión. Las dudas serán las de cualquier adolescente de su edad, con un sinnúmero de estímulos a su alrededor que pueden hacerla pensar en otras mil posibilidades de vida, y las de cualquier individuo que debe asumir una decisión vital de tal relevancia que puede transformar su futuro para siempre.
El drama girará en torno a la resolución de Ainara y el sacudón que produce dentro de ese pequeño clan, pero el verdadero dilema no será el de la vocación religiosa de la joven sino el del respeto: respetar o no las decisiones de seres a los que amamos pero con las que discrepamos radicalmente y a las que, por distintas razones, consideramos erradas o directamente perjudiciales para ellos mismos, desde una convicción absoluta de los daños que pueden provocarles, cual si fuéramos pequeños dioses que portan todas las certezas, cual seres tan omniscientes como aquellos.
Aquí no habrá giros argumentales inesperados o golpes de efecto reveladores; tampoco milagros. El drama se planteará de manera sobria y austera desde las primeras escenas y será el de una familia enfrentada a una decisión imprevista, que descolocará a sus miembros, los hará replantearse los deseos y expectativas depositados sobre uno de sus integrantes más jóvenes y cuya comunicación interpersonal se verá puesta en tela de juicio, develando incomprensiones mucho mayores de las aparentes a nivel superficial. Algo para nada nuevo en el cine de Alauda Ruiz, atento a los vínculos familiares, las relaciones intergeneracionales, la identidad, el rol de los prejuicios en nuestras decisiones, la identidad, la incertidumbre del futuro...
Alauda Ruiz de Azúa acompañará ese proceso con su cámara. No será fría ni distante, pero tampoco devocional ni invasiva; no intentará la moraleja espiritual o la inspiración de la fe pero tampoco invitará a la sospecha o la condena más elemental. Su cámara se ubicará en todo momento a la altura de los personajes, de cada uno de ellos; no buscará juzgarlos sino comprenderlos; su carácter será observacional, y respetuoso, siempre respetuoso. Aquí no habrá ni buenos ni malos, ni héroes ni villanos. Cada uno hará lo que puede con las herramientas que posee y con su modo de emplearlas, desde el más profundo amor y la más sincera convicción. Y claro que surgirán las diferencias, los desencantos, las "competencias" (Maite parecerá rivalizar con la Madre Priora -Nagore Aranburu, sólida una vez más- por el cariño y el bienestar de Ainara), las disputas, los desencuentros, y muchos de ellos no se resolverán de forma amable ni agradable. ¿Pero no es eso acaso lo que sucede cotidianamente en nuestros entornos familiares?
En Los domingos todo es reconocible: diálogos, personajes, situaciones, y he allí parte de la magia y la fascinación de la complejidad que Alauda Ruiz logra transmitirnos. Los claroscuros y ambigüedades de la religión, los cuestionamientos a los que se verá sometida serán nuestros mismos claroscuros, nuestras mismas ambigüedades. Esas que nos hacen tan humanos, esas que nos hacen tan tercamente complicados; esas que nos llevan a equivocarnos una y otra vez, aun desde la buena fe, aun desde el amor más honesto y profundo. He allí parte del valor de Los domingos. He allí parte del dolor que nos provoca. Una vez más, el cine cumpliendo su función especular.
Y quizá Alauda Ruiz nos brinde menos respuestas que preguntas, nos plantee menos soluciones que problemas. Pero lo hará sin desesperar, lo hará reconociéndose en ellos, lo hará con la misma calma y confianza que transmite Ainara, con la misma serenidad con la que afrontará su pesada decisión. También con la misma tranquilidad del que sabe que las certezas -esas falaces- nos trascienden, no nos son propias, y que muchas veces es ese afán por aferrarnos a ellas lo que provoca los mayores males, incluso sobre quienes decimos amar e intentamos "proteger". Y lo hará desde el respeto por la institución involucrada, sus creencias, sus costumbres y sus ritos y por quienes dudan y desconfían de todo ello y de sus representantes. Aquí la ambigüedad no es irónica ni puede confundirse con falta de toma de posición; refleja únicamente el desafío de lo complejo. Difícil equilibrio. Un equilibrio que tampoco agrada a todos los paladares, que incomoda, que perturba el confort de nuestras aserciones. He allí su valentía y su riesgo. Para nosotros, espectadores, un hallazgo, una luz.
Y los barrotes del convento, a través de los que observaremos y seremos observados -tan bien empleados en Los domingos-, dividirán a los que se encuentran de uno y otro lado de la decisión de Ainara. La idea de cárcel estará clara. Sin embargo, probablemente, esa cárcel sea menos la que nos propone la imagen de un convento que la de nuestros propios prejuicios y certidumbres, y la clausura sea mucho más que solamente el voto de una orden religiosa. Aprender a escucharnos y desaprender temores no es algo reservado únicamente para Ainara. Tal vez allí se encuentre la puerta que esconden esas rejas.
* * * * *
Ficha técnica
Título original: Los domingos
España/Francia, 2025, 115 min.
Dirección: Alauda Ruiz de Azúa
Producción: Manuel Calvo, Marisa Fernández Armenteros, Sandra Hermida, Nahikari Ipiña
Guion: Alauda Ruiz de Azúa
Fotografía: Bet Rourich
Edición: Andrés Gil
Elenco: Blanca Soroa (Ainara), Patricia López Arnaiz (Maite), Miguel Garcés (Iñaki), Juan Minujín (Pablo), Mabel Rivera (María Dolores), Nagore Aranburu (Madre Priora), Irina Robledo Espinosa (Nerea), Nora Careaga Iglesias (Eider), Neizan Alonso Hernández (Eneko), Leire Zuazua (Estíbaliz), María Rodríguez Maribona Delgado (Izaskun), Guille Zani (Mikel)
Andrés Vartabedian
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias