¿Los primeros cimientos de un distrito metropolitano para la innovación y el desarrollo territorial?. Martín Pardo
20.06.2026
El 8 de junio en la Torre Ejecutiva se anunció la creación formal del Distrito Metropolitano de la Innovación, en un evento que contó con la participación de los intendentes de Canelones y Montevideo, Francisco Legnani y Mario Bergara, respectivamente, junto con el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Rodrigo Arim, y representantes del Parque Científico y Tecnológico de Pando, el Parque de las Ciencias y Zonamérica.
El convenio suscrito aparece como una gran oportunidad de integrar el enfoque de innovación con perspectiva territorial a la política pública. Más allá del acto protocolar y algunos anuncios preliminares, parece pertinente subrayar que la propuesta toma en consideración acumulados y sinergias que ojalá puedan capitalizarse.
El desarrollo territorial es multidimensional, multiescalar y multiactoral. El concepto de distrito, que puede resultar algo novedoso en nuestro paisaje nacional, registra, sin embargo, raíces profundas en la economía del desarrollo territorial. Alfred Marshall fue un precursor en observar que la proximidad geográfica entre unidades productivas de un mismo sector generaba una "atmósfera industrial" en beneficio de entornos de conocimiento informal con habilidades e interacciones que aportan innovación. Giacomo Becattini formuló la teoría del distrito industrial como unidad de análisis territorial, un abordaje que habilita y compatibiliza redes en favor de sistemas productivos que se articulen con las identidades y vocaciones socioterritoriales. El distrito, por definición, es una forma de organización productiva capaz de generar competitividad y crecimiento, pero no debe perder de vista un aspecto crítico para el Uruguay actual: la integración y la cohesión territorial.
Francisco Paco Alburquerque, referente central para el desarrollo económico territorial en Iberoamérica, ha estudiado y subrayado ampliamente en las últimas décadas la relevancia de los clusters y sistemas productivos locales, no como meras aglomeraciones empresariales, sino como configuraciones territoriales donde instituciones, actores y procesos articulan conocimiento compartido en favor de redes colaborativas. Esas alianzas permiten capitalizar avances en materia de investigación, conocimiento, tecnología, infraestructura o inversión. Ya desde los inicios del cambio de siglo, Michael Porter demostró empíricamente que la ventaja competitiva en la economía global no solo se sustenta en un mercado protagonizado por las grandes corporaciones multinacionales, sino que también se pueden mover las agujas sobre la base de clusters locales con fuerte arraigo territorial y capacidad de innovación.
El territorio no es un escenario pasivo donde las cadenas globales aterrizan, sino que debe convertirse en un actor clave, crítico e influyente de toda la escena del desarrollo local. Eso implica afrontar y asumir el desafío de construcción y consolidación de capacidades para insertarse estratégicamente en la complejidad de los procesos productivos, agregando valor y captando conocimientos e información.
La anunciada creación del Distrito Metropolitano de Innovación se cimienta a su vez en el anterior Corredor de Innovación canario, que fue desarrollado fuertemente entre 2016 y 2025. Hay mucho aprendizaje sistematizado y aún por sistematizar. Ahora se abre la oportunidad de potenciar la articulación con Montevideo, con el propio gobierno nacional y con el arribo de nuevos actores empresariales y académicos. Más allá de que se trata aún de un convenio preliminar e incipiente, será vital que las acciones iniciales se orienten a profundizar los posibles eslabones o nodos a fortalecer en las eventuales cadenas de valor, conocimiento e innovación.
Hay acumulados y acumulaciones. También es interesante el enfoque planteado por el intendente canario al sostener en su intervención que el papel de los municipios y la gestión de cercanía es relevante para estos procesos. La llegada de la Universidad Tecnológica a Canelones es un elemento importante a considerar. Las certezas normativas con el sector privado para promover inversiones suelen ser elementos destacados, pero ahí también será clave la coordinación de todo el sistema público, por ejemplo, para compatibilizar las lógicas de transporte y movilidad que involucra a miles de trabajadores y decenas de actores. No habrá política de innovación territorial sin una visión integral del territorio. Y en ese plano, la escala local también debe involucrarse.
El sistema de actores empresariales compuesto por Zonamérica, el Parque de las Ciencias y el Parque Tecnológico de Pando es un activo relevante para empujar un convenio que alinea y formaliza objetivos. En varias oportunidades, desde estas páginas se ha señalado que el enfoque del desarrollo territorial suele estar ausente en la construcción de política pública. Ojalá la propuesta de Distrito Metropolitano de Innovación se constituya en una suerte de laboratorio fértil para comenzar a revertir esa tendencia centralista y fragmentada de diseñar e implementar acciones y planes.
Por otra parte, si bien puede resultar evidente, no hay que confundir el crecimiento con la dimensión económico-productiva del desarrollo. En un mundo dinámico y competitivo debe ser prioritaria la construcción de territorios inteligentes para favorecer sistemas productivos locales que permitan formar y consolidar capacidades. La mirada del desarrollo territorial multidimensional requiere también un énfasis permanente en la sostenibilidad ambiental, la redistribución de ingresos y la participación, pilares estructurantes de comunidades que tienen el reto de revertir largos procesos de desintegración social y disparidad territorial.
Organizar procesos productivos territoriales debe ser mucho más que una decisión política aislada o ligada a oportunidades coyunturales de inversión privada. Es algo que debe dialogar con un sistema de actores implicado y con la geometría de cada territorio. La economía territorial no es un fenómeno desconectado de las interacciones sociales y las dinámicas institucionales de poder que la estructuran.
Lo anunciado con la creación del Distrito Metropolitano de Innovación parece ir en el sentido correcto, pero, aun sin perder perspectiva de proceso, deberá dialogar con todo el enfoque de la política pública. En tal sentido, tiene que ser ambicioso y trascender una experiencia piloto que anuncian solo dos gobiernos departamentales. En eso parece ser bien oportuna y relevante la contribución de la OPP, entidad que está impulsando el actual proceso de elaboración de una Estrategia Nacional de Desarrollo. Un distrito territorial que forme técnicos, sistematice experiencias, construya indicadores propios y genere masa crítica puede contribuir enormemente a fortalecer las capacidades estatales y a transformar la matriz de las políticas públicas desde una perspectiva multinivel.
Se trata de un punto de partida que deberá afrontar desafíos claves como el de construir una gobernanza acorde para profundizar el acuerdo y sostener las orientaciones de largo plazo. La gobernanza es clave también para incorporar la voz de las propias comunidades que habitan y transitan el territorio. Uruguay tiene una oportunidad concreta de demostrar que la articulación multinivel no es solo deseable, sino que puede ser una práctica institucional sostenida. Que el Distrito Metropolitano de la Innovación sea el primer mojón para avanzar en una red nacional de territorios y regiones que aprenden, forman, producen, colaboran, retroalimentan y redistribuyen. La voluntad política no es todo, pero es una condición necesaria. Estaremos atentos.
Publicado en La Diaria el 19 de junio de 2026
Martín Pardo es politólogo, magíster en desarrollo local y regional, doctorando en estudios territoriales.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias