“Madres jóvenes”: vulnerabilidad, fragilidad, esperanza. Andrés Vartabedian

19.08.2026

Nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes -una vez más para los hermanos Dardenne, ¿y van...?-, premio al Mejor Guion y premio del Jurado Ecuménico en el mismo celebrado certamen, candidata por Bélgica -también una vez más- a los Óscar 2026, aquí está la nueva película de esta dupla sensible, humanista, consecuente, necesaria... única.

Cuando supe de su existencia, aún sin distribución por estas latitudes, la conocí como Recién nacidas, nombre con el que era presentada en España y México, por ejemplo. Ese título no se correspondía con el original Jeunes mères, cuya traducción resulta ser nuestra referencia local: Madres jóvenes. Aquel "Recién nacidas", a diferencia de lo que suelo pensar acerca de la denominación de un filme para hispanoparlantes, que en general nos priva, de algún modo subestimándonos, de los simbolismos, metáforas o improntas poéticas que puedan portar sus nombres originales, empleando en general títulos descriptivos de la trama básica del filme, nos permite hablar de sus protagonistas desde otro lugar. Ese "recién nacidas" no solo refiere a las criaturas de las que son "madres jóvenes", niños y niñas; también nos permite pensar en ellas, esas adolescentes, madres solteras, protagonistas de esta historia que las reúne en un hogar especializado en la atención de dicha situación. Ellas también son recién nacidas, niñas que deben enfrentar la maternidad en condiciones de vulnerabilidad particulares. Deseado o no, ellas, a su vez, son madres recién nacidas, personas recién nacidas que, a su vez, acaban de llegar a ese rol tan singular y tan fundamental en nuestras vidas, acaban de nacer a la maternidad.

En alguna ocasión, los Dardenne han manifestado: "Es verdad, de alguna manera hacemos siempre la misma película. Y aunque hagamos siempre la misma película, tenemos que tratar de que siempre haya algo diferente". Y lo logran. Siempre lo logran. Al igual que lo humano, su planteo es igual a sí mismo y diferente y singular a la vez. En dicha complejidad radica su valor y su riqueza; la complejidad, riqueza y valor de lo humano.

Lo que algunos pueden evaluar negativamente -"hacer siempre la misma película"-, otros lo celebramos con beneplácito. Donde algunos ven repetición, otros leemos coherencia. Insistir en la humanidad de sus personajes y las situaciones planteadas, poner el foco en los problemas sociales de nuestra sociedad capitalista, lejos de aparecer reiterativo, comporta coherencia. Los hermanos Dardenne -como serán recordados- se sostienen. Sostienen sus formas, sin lugar a dudas, pero por sobre todo, sostienen enhiestos sus principios. Sostienen su ética militante por encima de "éxitos" y "fracasos". Y mejor aún, por encima de "éxitos" y más "éxitos", por encima de galardones y reconocimientos, por encima del propio lugar que se han ganado en la breve pero maravillosa historia de este séptimo arte -asumo que a esta altura de los acontecimientos pocos lo pondrán en cuestión-.

En esta oportunidad, algo de lo particular de este filme, de lo menos habitual en su cine, es que los hermanos Dardenne eligen representar un cuadro coral. En ese hogar en el que las niñas comienzan a aprender lo que implica y significa la maternidad junto a psicóloga, enfermera y educadoras, son cinco las historias que se conjugan. Cinco historias teñidas por distintas variantes de reacción ante la nueva experiencia que deben enfrentar sin los recursos económicos ni el sostén familiar necesarios.

Aquí encontraremos a quien asume su nuevo rol con alegría y busca los mecanismos para abrirse camino junto a su hijo o hija utilizando todas las herramientas que la institución le brinda; encontraremos a quien se lamenta por no haber podido abortar y desea entregar a su bebé en adopción, incluso a pesar de la oposición de su propia madre; también, a quien se halla más preocupada y ocupada por sostener el vínculo con el padre a como dé lugar, que por la evolución de la criatura, pensándola más como medio que como fin en sí mismo; a quien cuyo mayor interés radica en no cometer los mismos errores que cometieron con ella, en no resultar una más de las madres que abandonan a sus hijos y a quien la maternidad le dispara la necesidad de conocer el porqué su progenitora no la quiso consigo y se desentendió de su crianza y de su vida; y a quien lucha denodadamente por construir el mejor futuro posible para su hijo junto a su pareja, adolescente al igual que ella, a pesar de los problemas de adicción que este enfrenta.

 

En todos los casos, las situaciones no son ni han sido fáciles, con el alcohol, las drogas, la violencia, la ausencia de referentes familiares, la situación de calle, los problemas económicos y/o mentales rondando o habiendo rondado sus vidas... Y con ello, el desamparo, la soledad, la desesperación, los miedos, las fobias, la ansiedad, el desamor... Ellas, entrelazadas a partir de sus vulnerabilidades, se transformarán en su propia red de contención, su propio sostén, junto a las adultas -porque todas son mujeres- a cargo. Esa malla (feminista de hecho, sin panfleto ni editorializaciones o subrayados innecesarios, presente por la sola elección del relato y sus protagonistas y coprotagonistas) será la que las ampare y fortalezca, les permita crecer y enfrentar las dificultades, alimente la esperanza. Tropiezos seguirán existiendo, pero tendrán de quien agarrarse para volverse a levantar. Quizá, otro rasgo que hace en algo diferente a este filme respecto "al mismo" que suelen realizar estos belgas imprescindibles, sea que la luz al final del camino, aunque siempre ha estado allí, se percibe como apuesta y posibilidad con más brillo que en ocasiones anteriores.

Los hermanos Dardenne escriben, producen y dirigen sus filmes. Nombremos los realizados hasta el día de hoy -al menos en materia de ficción-, que nunca es superfluo recordar lo que nos hace bien: Falsch (1987), Je pense à vous (1993), La promesa (1996), Rosetta (1999), El hijo (2002), El niño (2005), El silencio de Lorna (2008), El niño de la bicicleta (2011), Dos días, una noche (2014), La chica sin nombre (2016), El joven Ahmed (2019), Tori & Lokita (2022).

Y desde hace más de 35 años filman en la misma ciudad y la misma región: Lieja, Valonia, su región natal, la zona fracófona de Bélgica. Y trabajan con luz ambiente, sonido directo y cámara al hombro, lo que, de la mano de sus historias absolutamente fijadas en nuestra cotidianidad más terrenal, apremiante y urgente, les otorga un verismo infrecuente en el cine actual. Y sostienen el plano-secuencia como recurso de estilo, tanto en 16 mm como en digital, y con ello nos sumergen en ese entramado social que describen y analizan y nos permiten seguir a sus personajes, caminar a su lado, acompañarlos, correr su misma suerte, y experimentar así sus emociones, alegrías, tristezas, fracasos y esperanzas, tornar todo más verosímil, más vívido, más elocuente, logrando a su vez que luzca con un aspecto de cuidada espontaneidad -valga el oxímoron-. Y las decenas y decenas de ensayos se vinculan también a esto, al igual que las decenas y decenas de veces que se registra cada escena, cada secuencia, a los efectos de llegar a la definitiva, a esa de la que nos convencerán que resulta ser insustituible. Y todas las escenas se filman en estricto orden cronológico -nada común en el mundo del cine-, manteniendo sus locaciones a disposición de principio a fin del rodaje. Y convocan a actores profesionales y los mezclan con quienes no lo son y unos y otros se retroalimentan y todo fluye. Y recurren a cierto grupo de técnicos una vez y otra también, y ese conocimiento agiliza los procesos. Y se presentan fieles a su método una y otra vez, y ese es su mayor efecto especial. Detrás de la aparente sencillez de la forma, hay una gran carga de trabajo, detallismo y obsesión creativa.

Sin embargo, todo ello no bastaría si no estuviera puesto en función de, en acción, al servicio de. ¿De qué? Básicamente, al servicio de revolcarnos en lo humano; de revolcarnos en nuestra humanidad, con nuestra humanidad. De vernos diferentes, complejos... mezquinos, miserables, tristes, apagados... pero también solidarios, tiernos, comprometidos, enamorados, dichosos... repulsivos y empáticos... La esperanza bañada en lodo.

En el año 2011, mientras llevaban a cabo un clase magistral en la ciudad de Buenos Aires, sostenían: "En cuanto a la cámara, cuando filmamos los plano-secuencia tratamos de capturar lo que sucede ahí, en el mismo instante que sucede. Todos estamos a la expectativa [...] Le prestamos mucha atención a los detalles; hay tensión en la filmación y eso queda capturado en el plano [...] es muy importante que suceda eso. También está la energía de los actores, que juega un papel relevante, toda esa tensión de la espera para lograr el resultado. Nosotros filmamos en tiempo real, hay muy pocos cortes en nuestras películas".

¿Algo de lo mencionado logra que aprehendamos un ápice de su capacidad artística y filosófica? Definitivamente no. Tal vez sea simplemente un intento de acercarnos a estos maestros, intentar conocerlos, no más. En definitiva: la vana impostura intelectual de hurgar en lo que no logramos -ni lograremos- dominar.

Alguien podría preguntarles si pretenden cambiar el mundo con su cine, a lo que ellos probablemente responderían que indudablemente no. A pesar de esto, su arte es de esos que interpelan nuestras convicciones plano a plano, sin facilismos ni falsas dicotomías. La síntesis será tan solo nuestra. Si esto, como en muchos casos, logra que nos levantemos de la butaca y nos alejemos de la sala algo modificados, tal vez seamos nosotros los que logremos cambiarlo.

 

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Ficha técnica

Título original: Jeunes mères

Bélgica/Francia, 2025, 105 min.

Dirección: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Producción: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Denis Freyd, Delphine Tomson

Guion: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Fotografía: Benoît Dervaux

Edición: Marie-Hélène Dozo

Elenco: Babette Verbeek (Jessica), Elsa Houben (Julie), Janaina Halloy (Ariane), Lucie Laruelle (Perla), Samia Hilmi (Naïma), Jef Jacobs (Dylan), Günter Duret (Robin), Christelle Cornil (Nathalie, madre de Ariane), India Hair (Morgane, madre de Jessica), Joely Mbundu (Angèle, hermana de Perla), Claire Bodson (Isabelle, la psicóloga), Eva Zingaro (Asun, enfermera), Adrienne D'Anna (Yasmine, educadora), Mathilde Legrand (Lucie, educadora), Hélène Cattelain (Silvia, educadora), Selma Alaoui (Betty, la directora)

Columnistas
2026-08-19T19:12:00

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