¿Público o privado? Esteban Valenti
17.06.2026
No voy a opinar más del "problema", ni de la camioneta, ni de los temas conexos, ni públicamente y mucho menos en forma privada.
Considerando la situación, las reacciones y las necesidades políticas y no el Mundial de Fútbol... es que no voy a opinar más sobre el "problema", a menos que surjan cambios o situaciones extremas. Por eso mismo escribo esta columna.
La segunda pregunta que me han formulado con más fuerza e insistencia es, si era y es conveniente un debate público o privado, si debía hacer pública la Carta Abierta al presidente de la República, Yamandú Orsi.
En mi carta creo haber dejado claro y reiterado que he tenido reuniones y enviado múltiples mensajes directos y privados al Presidente y, que no solo no han dado ningún resultado, sino que en aspectos fundamentales, -obviamente para mi visión de la marcha del país, del descontento ciudadano y de la opinión de los propios votantes e incluso adherentes al Frente Amplio- han sido inútiles.
Siempre, absolutamente siempre han sido para hacer propuestas, promover proyectos, con los cuales no tengo ni pretendo tener ninguna relación personal. Espero nunca tener que hacer públicos esos materiales, para ello debería suceder una catástrofe.
Así que los que protestan, preguntan o simplemente dudan sobre la conveniencia o no de enviarle la Carta Abierta al Presidente, es bueno que sepan que la actividad en privado, dura desde antes de las elecciones e ininterrumpidamente a lo largo de estos más de 15 meses de gobierno. Con frecuencia y ante múltiples temas. No voy a insistir tampoco con esa tarea.
Considero que todos los mensajes, cartas, etc. eran importantes, obviamente en mi visión y, en ningún caso de trataba de temas personales, con exclusión de la salud de mi bisnietito, que hice explícita en mi carta, para mostrar un rasgo al que le doy mucha importancia: la humanidad, la sensibilidad del actual presidente. Con eso no alcanza.
Digo esto para aquellos que puedan pensar que yo antepongo la política al sentido de humanidad, de amistad. Al contrario, por eso me arriesgué y escribí esa carta.
No corresponde que siga insistiendo, ni pública ni privadamente. Obviamente voy a seguir opinando sobre la situación general y en particular sobre la labor destructiva de los pillos descoloridos y la herencia terrible que le dejaron al país y no solo al gobierno.
Continuaré con la producción de columnas y de opiniones en, Uypress, Sin Censura, TV Streaming, de apoyo a las cosas correctas y positivas de este gobierno, sin reducir por ello mi sentido crítico.
Voy a seguir observando con atención cómo evoluciona la situación y considerando muy atentamente como cada uno asume sus responsabilidades ante el país y cómo reacciona. No se trata de las apetencias personales, sino de los destinos nacionales que hoy pasan más que nunca por la suerte del Frente Amplio, política y culturalmente.
Con la misma intensidad o más voy a concentrarme en seguir todo lo que han hecho y siguen haciendo la derecha en el Uruguay, en particular los mal llamados blancos, -de eso les queda solo los símbolos-, porque el peligro y la avidez por volver al poder, no solo para gobernar para los poderosos, sino para hacerse ellos más poderosos y sobre todo ricos.
Ya tengo abundante información sobre los casos más conocidos y algunos nuevos y si he sido extremadamente cuidadoso, es porque sigo pensando antes en el Uruguay, en su institucionalidad y en la convivencia democrática. Yo nunca blufeo con temas tan delicados.
Reiterando lo que escribí cientos de veces, no se trata nunca de un concurso siniestro y extremadamente peligroso para el país, de quién es el más inmoral.
Nosotros -la izquierda- debemos ser extremadamente atentos, vigilantes y críticos. Este es un problema muy grave de la izquierda uruguaya: la cantidad de sus cuadros, de sus gobernantes que han renunciado desde hace tiempo a pensar y a ser críticos, incluso con su propia labor. A nivel del gobierno y del FA.
Uno de los objetivos desesperados de mis dos últimas columnas, y de la Carta Abierta era ése, ver hasta qué punto ha penetrado esa concepción muy equivocada en la izquierda en el Uruguay.
La respuesta más importante ya la tenía previamente: yo le creo a las encuestas de opinión pública, sobre todo si son todas y si marcan una tendencia muy clara. Incluyó el problema, y el saldo negativo aumentó en 13 puntos. Espero con preocupación las próximas encuestas y el pronunciamiento de la JUTEP.
No subestimo a los uruguayos para creer que un mundial de fútbol puede modificar las tendencias actuales, ni siquiera son un recreo.
Los resultados de lecturas y circulación en las redes de la Carta no son un tema personal, son un tema político y en ambos casos superaron ampliamente mis expectativas.
No voy a dar cifras, porque ayudaría a los que me acusan de soberbia y, si hay un gesto que está profundamente lejos de ese pecado -del que reconocí en muchas oportunidades de ser culpable-. Cuando son cosas tan dolorosas, estos datos son datos políticos.
Puedo decir que la repercusión superó ampliamente, todos los niveles anteriores en mi largo camino de presencia en la prensa y las redes, a pesar de la censura a la que estoy sometido en los grandes medios de comunicación.
Algo estoy haciendo bien, ellos en eso no se equivocan nunca, tienen olfato de clase. Que existe, vaya si existe.
Esos medios, han sido un factor muy importante, junto con una muy hábil política de clase de los partidos opositores, ellos no necesitan el olfato, ellos son la clase, son un frente conservador y de derecha inmoral que, están ganando ampliamente la batalla cultural, logrando "legalizar" todas sus fechorías y que la izquierda pague cien veces más por sus errores.
Otro aspecto importante fueron pronunciamientos públicos sobre "el problema", de intelectuales que son casi un símbolo de nuestra izquierda y de muchas otras figuras, de forma privada (la gran mayoría, lo que me preocupa seriamente a lo sumo en redes), solo algunos de forma pública. Aumentaron mis preocupaciones.
Publiqué la Carta al Presidente porque consideré que era la única manera de tener clara la situación, sus causas y sus posibles consecuencias, incluso detectar "fuego amigo", o mejor dicho, la utilización de "cañones amigos", con munición proporcionada por los pillos blancos. Yo nunca me olvido de ellos.
Lo que estaba y sigue estando en juego es el futuro del único frente de izquierda y progresista de estas características y duración, en todo el mundo. Absolutamente confirmado, en todo el mundo.
Una creación original de la izquierda uruguaya que le permitió, resistir a la dictadura, ampliarse a la salida, contribuir a consolidar la democracia, conquistar durante 36 años el gobierno de la capital, y durante 15 años y 15 meses el gobierno nacional, con mayorías cercanas al 50%. Esto es también absolutamente único en el mundo.
Como no considero que la conquista del poder y su mantenimiento es la única clave para la izquierda, aunque es fundamental cambiar en serio y para la mayoría de los uruguayos, creo que hemos hecho cosas muy buenas y esas cosas mismas cosas hoy están en peligro.
Primero el país, luego el partido, esa definición la considero fundamental, pero hoy el futuro del Uruguay depende del presente y el futuro del Frente Amplio.
La posibilidad de que vuelvan a gobernarnos, tanto a nivel nacional como en la capital, la alianza consolidada y comandada por un grupo de políticos de origen nacionalista y otro de origen colorado, que han renunciado a sus raíces, a sus tradiciones, que las utilizan solo para su marketing, porque serían echados a patadas por Wilson Ferreira Aldunate, Timoteo Aparicio y muchos otros verdaderos nacionalistas, para no hablar de José Batlle Ordoñez, Domingo Arena, e incluso Luis Batlle, con los que están suicidando a su partido.
Los expulsarían no por diferencias programáticas o políticas, sino por decencia, porque no soportarían el nivel de inmoralidad y amoralidad del último gobierno, descolorido, que en realidad no tiene otro color que el dinero.
Creo que ese es el miedo más abrumador que tienen la mayoría de los votantes del FA e izquierdistas en el Uruguay. También lo he comprobado. Creo que las giras realizadas por la dirección del FA lo han podido constatar. No solo el descontento con "su" gobierno, sino el peso fundamental que tiene el terror al regreso de los pillos, para mantener un mínimo de militancia.
En algunos pocos casos, el pasaje de las filas del FA a otras fuerzas políticas, ampliamente documentados en las redes, no es el elemento dominante.
Se puede ganar la batalla, reconquistar el compromiso, la voluntad de lucha, el impulso y el compromiso por el cambio, a partir de volver a devolverle la confianza a nuestra propia gente en todo el país. El Frente Amplio no puede renunciar a ello.
No para las elecciones del 2029 y 2030, sino porque sería la peor derrota política y cultural de la izquierda, que se sumaría a otras que se están produciendo en el mundo y en nuestra América Latina.
Voy a seguir militando tanto o más que antes, pensando, escribiendo y brindando todo mi esfuerzo, por este país maravilloso y tan lleno todavía de deudas sociales y lo hago por la izquierda más creativa y audaz del mundo.
Sigo más convencido que nunca que si bien los individuos son muy importantes, sin la ciudadanía, sin el pueblo frenteamplista, sin los miles de militantes que se siguen jugando por la continuidad del cambio, no se puede hacer nada.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)