¿Qué esconde la pausa de hidratación? Marcelo Marchese
20.06.2026
Desde la escuela nos llevan a ver un mundo atomizado y por eso, si oímos una explicación integral de las cosas, nos parece que el autor mezcla todo, cuando en rigor ha descubierto el hilo invisible que une a las cosas con el todo. La queja de que se mezcle todo con todo deviene de la inquietud que genera el secreto revelado.
Jugadores y periodistas se quejan de la pausa de hidratación, pero la queja es defectuosa: no explica el porqué y supone que hay una razón comercial para interrumpir el juego.
La pausa de hidratación se inscribe en una tendencia de largo plazo. Primero, se prohibió al jugador quitarse la camiseta al festejar un gol. Luego, a la menor falta se lo sancionó. Más tarde, se castigó a quien hiciera comentarios considerados racistas. Finalmente adviene el VAR, ese coitus interruptus del fútbol. La pausa interviene en el mismo sentido, ya que limita el desarrollo de la pasión, pero es algo más.
Por un lado, la pausa nos viene a decir que los principales protagonistas han hecho un desgaste energético que debe compensarse con agua, ese símbolo vital entre los símbolos vitales. El mensaje es que la paternal FIFA protege al atleta, a los campeones de cada País, así como los protege mediante el VAR.
El fútbol siempre fue un espectáculo en dos tiempos. Sin consultar a nadie y en contra de la opinión de todos, la FIFA interrumpe el juego, con lo que la tensión acumulada disminuye y la presión encuentra una válvula de escape. La FIFA resetea el juego.
Durante ese reseteo auspicia a sus aliados, las transnacionales que se aprovechan de la pasión que despierta el fútbol para hacer lo suyo, pero aquí es el momento en que debemos retroceder para explicar lo que importa.
EL DEPORTE REY
El fútbol refleja una pasión antigua. Todos los deportes la expresan, pero el fútbol lo hace de manera más pura: es un juego grupal que da lugar al destaque individual, establece el rectángulo para la representación y dos rectángulos donde se introduce la esfera (el rectángulo es la tierra y la esfera el cielo) y todo esto nace de un límite crucial: la prohibición de usar las manos. Esta es una virtud de los límites: conducir y, sobre todo, concentrar la energía y obligar al hombre al desafío.
Pasar el esférico por los caños del rival será una ofensa grave y al mismo tiempo, motivo de euforia para la hinchada. El objetivo del juego es meterla adentro, algo que las hinchadas festejan con su "despacito despacito despacito, le rompimos, el culito", o esa otra más carcelaria: "entregá el marrón". La delantera penetra la defensa rival.
¿El fútbol es exactamente una representación del acto sexual? Sí y no. Es una representación de la guerra, que es una manifestación del acto sexual no realizado, ya que o se hace el amor o se hace la guerra.
Prueba de que asistimos a una representación sublimada de la guerra, es que consideremos a los jugadores de la selección como guerreros: portan la bandera, visten nuestros colores, cantan el himno y los acompañamos con canciones a La Celeste. El ejército contiene una vasta mitología y tendrá un Capitán y un General que entrena a los guerreros y establece tácticas y estrategias para ganar la batalla.
He ahí donde interviene la FIFA, que regula el juego del hombre y determina, prostituyendo sus propias reglas, quién gana y quién pierde.
EL MENSAJE OCULTO
El mundial empieza antes de jugarse la competición, ya que se incluyen las eliminatorias, el sorteo y toda la parafernalia previa al mundial, así como el partido empieza antes. Media hora antes de iniciado un match de nuestra selección las calles están convulsionadas.
A los veintitrés minutos del juego tendremos la primera pausa de hidratación, donde nos mostrarán a los jugadores bebiendo y recibiendo instrucciones, después nos empujarán a la tanda de consumo y por fin, y he ahí la clave, vendrá esa imagen hipnótica multicolor que impone la FIFA acompañada de un Sting, cinco notas (pa pa pa paa pa) en forma ascendente.
¿QUÉ ES UN STING?
El Sting es una serie de notas que dura dos o tres segundos, como el de Netflix, y que asociás de inmediato a la marca. Ahora bien, este Sting replica en parte el tema musical que usa la FIFA en su publicidad, un tema musical más festivo y orquestal que tiene una sexta nota. Te muestran una ciudad sede, las cosas que caracterizan a la ciudad, gente caminando, pibes jugando al fútbol en cámara lenta, e imágenes creadas por IA y superpuestas al paisaje.
El tema musical de los videos de cada ciudad será el mismo pero diferente. Si la ciudad es San Francisco, tendrá una sexta nota hippie. Si es Miami, la sexta nota será tropical. La serie de imágenes digitales superpuestas al paisaje nos está diciendo: "¡ves lo que queremos que veas, pues ese es nuestro poder, ya que el poder se acrecienta cuando se explicita!".
Ahora bien, si nada de eso hay de fondo y sólo se muestra el hipnótico logo multicolor, es el momento del Sting, con cinco de las seis notas esenciales de la melodía festiva. El Sting tiene algo grave y solemne, y al mismo tiempo, genera una vaga inquietud. Si te dormiste con la tele prendida, el Sting te despierta.
¿CÓMO SE EXPLICA ESA INQUIETUD?
Primero, porque deja en suspenso la última nota de la secuencia ascendente: la sexta nota, la que cierra la melodía festiva. Luego, porque tiene menos instrumentos y está en una frecuencia más baja. Pero hay algo más. Así como el buen poeta griego usa una métrica para cantarle a los héroes llamada "hexámetro dactílico" y otra métrica para maldecir a los malvados llamada "yambo", hay una melodía para la claridad y una melodía para la oscuridad. La melodía del Sting de la FIFA es sumamente oscura; es el vehículo de un mensaje que se incrusta en el inconsciente.
Los videos que celebran la diversidad cultural, sumados a los veintitrés minutos de juego, conducen a la imagen hipnótica y al Sting que hace de firma del evento. La FIFA regula la pasión. Es una nueva manifestación del Poder.
He ahí otra faceta de la nueva era que vivimos, a la que hemos llamado "capitalismo político". Las transnacionales no buscan el lucro por el lucro. Buscan el lucro como combustible para inficionar ideología. La ideología que aquí se inficiona muestra un poder insuperable que corta el juego del hombre para decir "¡AQUÍ ESTOY Y AQUÍ ESTARÉ POR SIEMPRE!", y ese poder limita la pasión del hombre, pues vivimos un largo proceso de disciplinamiento que no es otra cosa que el ataque a nuestra animalidad.
Tendrás decenas de objeciones a este texto, ya que no has leído nada ni remotamente parecido, pero aceptarás lo siguiente: la FIFA es una tiranía que impone sus reglas allí donde instala un mundial, y dentro de su burbuja, hace lo que quiere y ningún Estado puede intervenir. Se mueve como una transnacional en Zona Franca. Si quiere castigar a Bielsa por entrar tarde a un partido, cuando entró en hora, va y lo castiga. Si quiere expulsar a Maradona, hace entrar a la enfermera a la cancha para llevárselo de la mano. Si en el Mundial de Corea Japón afana abiertamente a Italia y España, Italia y España reclamarán ante los tribunales de la FIFA, y lo mismo le sucederá a Uruguay cuando le cambian el lugar del partido decisivo en 1970. La FIFA es juez y parte y desconoce la virtuosa división de poderes.
La penosa canción de Shakira se ha diluido y sólo contribuye al tema musical sin palabras de la FIFA, producido digitalmente y subsidiario del Sting. Muy lejos quedó aquella "Notti magiche" de Italia 90. El mundo globalizado de las transnacionales baila al son de los magos oscuros. Si queremos recuperar el fútbol, debemos destruir a la FIFA.
Marcelo Marchese
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias