¡Que pena!, un judío, buena persona, quiere terminar con las Naciones Unidas. Rúben H. Díaz
11.01.2026
Siempre creí más en el alma que en el espíritu. Me parece que el alma es espíritu con carácter. Nunca pensé que los judíos fueron el pueblo elegido de dios. Siempre los respete porque asumieron que lo eran, y entonces descollaron no solo en la ciencia, sino también en el arte de potenciar el alma.
Por eso nunca desmayaron, siempre pudieron sobreponerse a todos los infortunios que el destino les dio. Juntos o en diáspora, fueron judíos y vanguardia. No solo son eficaces, más importante es que sueñan y viven porque creen. Siempre creyeron.
Cuando a Moisés le pareció que no iba a poder con ellos, fue a reflexionar y se encontró con dios. A mí me parece que Spinoza tiene razón, que dios no les dio consejos. Les dio valores. Basto con escribirlos.
Justo cuando estamos a través de la ciencia descubriendo que el átomo tiene alma, porque sus distintos componentes no actúan con lógica, no podemos dejar de lado a la idea y al ideal. Eso, de alguna manera, es el libre albedrío de la materia. Sin embargo, nos encontramos que muchos piensan que el mundo es eficacia y materia. Para mí, el mundo es idea y eficacia.
Nunca fue tan débil las Naciones Unidas que en el momento en que se decidió la creación del Estado de Israel. Fue la idea la que creo la fuerza. La convicción, que sin duda podemos personificar en Harry Truman y Ben Gurión. Fuerza sin idea no perdura. La fuerza sola no resiste. Sin idea alguien puede si no pensar que un pueblo que sufrió el peor holocausto de la historia de la humanidad, es capaz de resurgir tres años después en una milicia que vence sin ayuda en el terreno a siete ejércitos de otros tantos estados.
Hoy estamos en otra cosa. Porque la etapa anterior se impuso y fue exitosa. Fueron los tiempos del estado Nación y la democracia representativa. Fue tan exitosa, que permitió a la humanidad, sin salir del planeta pasar de mil seiscientos millones de habitantes en el año 1900 a más de seis mil millones en el dos mil. Y que la gente viviera mejor. Que los sectores más pobres y desprotegidos mejoraran y avanzaran más que los de mayores ingresos. El otro gran cambio, fue los derechos de la mujer. Que ahora compite y se expresa a través de su propia realización. Los países más exitosos resultaron ser los que se preocuparon por la libertad y la diversidad. Los otros, que buscaron la igualdad, terminaron siendo los perjudicados. La familia tradicional, es ya cosa del pasado. No pudo soportar la libertad ni la realización de la mujer.
Somos mucho más libres, y más egoístas. Dos grandes motores son el interés y el lucro.
Todo esto viene a cuento de las Naciones Unidas. La OEA o la comunidad Europea, de acuerdo a lo que les toque. En el fondo lo que estamos decidiendo es si vamos a tener familia y Estado Nación o sujeto y libertad. Si vamos a ser presos de estructuras, o vamos a ser libres en la inmensidad del universo para podernos integrar y subsistir. Porque ya hemos adquirido el conocimiento suficiente para saber que lo único seguro es el cambio. Queramos o no, ya somos una sociedad global.
En lo individual tenemos que resolver si vamos a vivir en pareja o solos. Si vamos a decidir tener hijos o mascotas. O no tener hijos ni mascotas y ser más libres aún.
En lo institucional, tenemos que resolver si queremos un mundo regido por tres superpotencias que pueden llevarnos al holocausto. O una sociedad abierta, que nos integre al universo y nos enfrente a desafíos más grandes y complejos. Que eso es al final del cuento vivir. Saber pasar cada vez por mayores y más peligrosas pruebas. Quedarnos aquí, en la tierra, es esperar el exterminio por razones naturales, planetas u otros objetos que puedan atacar al sistema solar, civilizaciones más desarrolladas que necesiten nuestro espacio, o nuestras propias tendencias autodestructivas.
Por eso, a las organizaciones supranacionales, no tenemos que destruirlas, sino convertirlas en instrumentos eficaces, como lo han sido siempre con diferentes formas de accionar. Lo contrario es excluir, separar y en los hechos pretender exterminar a los distintos.
Para lo bueno, necesitamos como siempre a los judíos, que en casi todos los tiempos se han puesto en la vanguardia y no en la regresión. Y a todos los demás. Por eso, por ejemplo, hay que festejar que Venezuela pueda será más libre en poco tiempo. Hemos tenido suerte en que un grupo de gente inteligente este asesorando con éxito a Trump en este tema concreto. Pero la gloria es la idea. Y la idea es Corina Machado. Sino lean lo que escribió sobre los presos políticos que están por lograr la libertad.
Todo está en todo, y cada vez será más así, si logramos sobrevivir y mejorar. Eso es lo que importa.
Rúben H. Díaz
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias