La narrativa de la FIFA. Marcelo Marchese
Como era evidente que afanarían a Inglaterra, apostamos 1000 pesos a que ganaba Argentina. Ganamos 3620 pesos. Ahora apostaremos 3620 pesos a que la FIFA le dará la copa a Argentina.
El bicampeonato será otorgado por cuestiones políticas. Se trata de que Messi supere a Maradona, lo que equivale a decir que Milei supere a Perón. Messi es Milei y Milei es el Joker.
El fanático no entenderá esto pues el fanático desconoce las leyes que rigen a los símbolos. Quienes confunden la mano de Dios con la estafa de 1978 y del 2022 no entienden de qué va el asunto, pues engañar al juez es parte del fútbol, y ese engaño, y a los ocho minutos el otro engaño, convirtieron a Maradona en un símbolo peligroso. Engañar al poder es la antítesis de que el poder engañe y el poder no puede permitirlo, pues la idea central del poder es que sea invencible.
Maradona fue el héroe que engañó al poder, Messi, cuya calidad es indiscutible, es convertido en héroe por el poder. De igual manera impusieron a Milei, obligando a Fernández a liquidar la economía y la sociedad argentina encerrándola dos años.
El deterioro de la Argentina explica el triunfo de Milei, apoyado por una masa de jóvenes libertarios que padece severos problemas mentales. El joven libertario mezcla sus aspiraciones a jugar en la bolsa (cosa que nunca sucederá) con frases de Marco Aurelio que Marco Aurelio nunca dijo, desprecia a la mujer y odia al padre.
La crisis en Argentina es tan brutal que en un 40% de los hogares de Buenos Aires vive una sóla persona y en un 25% dos personas. La tasa de fecundidad, que es la medida de la pujanza de una sociedad, es de 1,4 en Argentina y de un 1,09 en la disciplinada Buenos Aires. Esto quiere decir que se extinguirán, ya que para que la población se mantenga estable la tasa debe ser de 2,1.
Cada vez tienen menos hijos, cada vez más personas viven solas y cada vez las parejas duran menos, pero hay otro asunto clave: cada vez más los niños crecen sin padre, lo que resulta funesto.
El joven libertario tiene fobia al Estado y en términos simbólicos el Estado es el padre. El joven libertario odia al padre que no lo crió y odia al Estado que aplica políticas de género que lo discriminan.
El joven libertario no sabe nada de economía, de política y de historia. Es el producto de una sociedad en ruinas. Este panorama se replica en toda América Latina, pero nunca en términos tan extremos como en Argentina, al grado de que Milei iba a perder las legislativas hasta que Trump anunció que si no ganaba no soltaba la guita y la gente asustada hubo de votar al Joker.
Milei se sostiene en base a una masa deprimida y a números truchos. Como endeuda al País y al mismo tiempo lo vende, le entra dinero, pero el límite a su endeudamiento sólo lo sabe el capital financiero, y cuando termine de vender el País ya no podrá vender más nada y ese será el fin de Milei, que terminará descuartizado por sus propios votantes.
Gente tonta dice que se usa el fútbol para estupidizar a las masas. Con ese criterio deberíamos decir que todo deporte estupidiza, que todo arte estupidiza y que los griegos fueron unos idiotas al establecer los juegos olímpicos, una actividad fundamental en aquella sociedad heroica. El fútbol no estupidiza, al contrario, canaliza energías violentas que anidan en el hombre. Lo que estupidiza es aceptar el disciplinamiento impuesto al fútbol; lo que imbeciliza es negarse a ver que el poder favorece a una selección.
La selección argentina ya no es la selección argentina: es la selección del poder, y el poder es el poder porque impone una narrativa, y esa narrativa necesita que el buen chico Messi liquide a Juan el Zorro Maradona.
De la mano de Messi el engaño del poder borrará el engaño que Maradona le hizo al poder.
Lo mejor que le puede pasar a la Argentina y al fútbol es que el domingo España le gane a la FIFA.