Álvaro Delgado consideró que el gobierno de Yamandú Orsi es el peor desde el 85 para acá. Esteban Valenti

08.07.2026

La declaración del dirigente blanco Álvaro Delgado, aparecida "casualmente" en el diario El País, el pasado lunes 6 de julio, calificando al gobierno de Yamandú Orsi como "el peor desde el 85", constituye una pieza de retórica política de confrontación total. Desnuda el alma del que la pronunció y de cuál es su perspectiva.

Al situar el juicio en el marco del retorno a la democracia, Delgado busca deslegitimar la gestión actual en su totalidad, equiparándola o colocándola por debajo de cualquier crisis, error administrativo o inestabilidad política que el país haya atravesado en las últimas cuatro décadas. Es una sentencia que prescinde de matices y apuesta por un impacto brutal directo, diseñada para consolidar el rechazo en su base electoral y establecer una narrativa de ruptura absoluta con el oficialismo.

Al nivel de la sutileza habitual de Delgado, desconocida dentro y fuera de la propia oposición, es la demostración más clara que lo que buscan sus pobres dirigentes es ocultar su incapacidad de construir un discurso serio y con el mínimo sentido nacional.

Este discurso, al que difícilmente se le pueda pedir una mínima base cultural y ni que hablar ideológica, busca desesperadamente evitar la comparación entre el gobierno blanco-colorado y el actual gobierno en el plano moral y ético, incluso con el de  Luis Alberto Lacalle Herrera. Aunque conviene recordar que el gobierno de Luis Lacalle Pou fue el más corrupto de la historia nacional.

La dura afirmación de Delgado deja claro que los blancos no tienen el tema moral incorporado en sus valores para juzgar el valor de un gobierno. Para ellos, la moral está excluida tanto pública como la generación del desborde moral de los negociados ganaderos y de la bolsa. Todos caen en el mismo morral.

En diversas oportunidades he reiterado mi más absoluto rechazo a que la izquierda haga concursos con expertos amorales como el gobierno Orsi para liberarse de sus responsabilidades, aunque sean mucho menores que la de sus "adversarios" que en realidad hace mucho tiempo que son nuestros enemigos.

Esta frase debería servir para que algunos de nuestros gobernantes asuman de una buena vez, que tenemos enfrente a enemigos dispuestos a las peores agresiones, aunque les contesten con gestos amistosos y un debate inexistente. Ellos pegan con un pico y nosotros con un pétalo. Eso no es política, es una burrada indigna de la izquierda uruguaya.

Y que cada uno se ponga el sayo, en el gobierno, en el parlamento, en el propio Frente Amplio. La mudez, el repliegue y la falta de las más elementales condiciones de coraje político, no solo son inconvenientes, no son de izquierda.

Esta estrategia de comunicación de Álvaro Delgado al emplear términos super agresivos para descalificar la gestión de Yamandú Orsi responde a una lógica de confrontación que busca forzar una ruptura en el consenso democrático. Al situar el juicio en el marco del retorno a la democracia en 1985, el emisor utiliza una técnica de deslegitimación que intenta invalidar el desempeño de la actual administración comparándola negativamente con hitos históricos complejos, incluyendo crisis estructurales previas.

Este enfoque presenta implicancias para el debate público y el uso de esta retórica es una herramienta diseñada para consolidar la identidad del núcleo duro de votantes del Partido Nacional, elevando el tono del conflicto para marcar una línea divisoria clara en la agenda política.

Pero como los uruguayos no aprendimos hacer política con este y otros relinchos, el electorado que no pertenece al núcleo militante del Partido Nacional, la magnitud de la comparación puede ser percibida como un recurso desproporcionado, lo que arriesga reducir la credibilidad de la crítica al alejarla del análisis serio basados en resultados económicos, sociales, educativos, de la salud e incluso culturales, en indicadores de gestión o políticas públicas.

Al equiparar la administración actual con el "peor" período de las últimas cuatro décadas, se diluye la capacidad de distinguir entre deficiencias administrativas puntuales y fallos graves, complicando la posibilidad de un debate político constructivo. ¿La izquierda actual va a seguir mirando hacia el costado ante estas agresiones?

Tenemos experiencia, sentido democrático como para evitar sumergirnos en esa ciénega. La respuesta debe ser esencialmente positiva, dirigida a nuestro pueblo y sus necesidades y esperanzas. No confundir con callarse frente a las agresiones, simplemente se trata de distinguir el barro del debate político.

Es necesario preguntarse, que buscan detrás de la ferocidad de este ataque que supera todos los anteriores: una disputa interna en el Partido Nacional, por liderarzgos;   entrar en el pelotón de los peores y más agresivos; preparar nuevas operaciones todavía más agresivas y buscando serruchar la propia estabilidad del actual gobierno; o simplemente seguir alimentando el fuego graneado para mantener en su estado de debilidad actual al actual gobierno de Orsi.

Este tipo de ataques que, aunque todos conocemos el "nivel" de Delgado, no son un exabrupto, se producen porque leen las encuestas y sus muy malos resultados para el actual gobierno y en particular la parte de las encuestas donde los votantes y militantes frenteamplistas se manifiestan con un descontento que nunca conocimos antes, ni a nivel departamental ni a nivel nacional. Sin esa información, no se animarían, no son de arriesgar tanto aún en la disputa interna por la ferocidad.

Trabajan sobre todo la opinión pública, sobre el conjunto del electorado y sus tendencias actuales, pero le dan particular importancia a la pérdida de apoyo de nuestros votantes. Otro fenómeno que nunca tuvimos a este nivel ni cerca. Aunque algunos militantes, siempre muy relacionados con los cargos a lo largo de los años no lleguen a percibirlo. No los conmueven ni las encuestas, una peor que otra, ni la más simple forma de enterarse, hablar con la gente en los lugares más distintos y percibir que hay demasiados que, como dijo un dirigente frenteamplista, sentimos este gobierno como un hijo no deseado.

Para que la izquierda comience un lento y complejo proceso de recuperación, lo primero, lo básico es asumir la situación extremadamente grave que estamos afrontando. No para volver a ganar las elecciones, sino para devolverle expectativas, para impedir que el más corrupto gobierno de la historia nacional vuelva a saquearnos y más importante aún, para que no perdamos 3 años y medio en la calidad de vida de los uruguayos, en los niveles de pobreza infantil en general, en la mejora del empleo, de los sueldos y de las jubilaciones.

Mientras no logremos colocar ese tema como la base de toda nuestra recuperación y el mantener  o reconquistar cargos sea el centro, estamos totalmente perdidos.

Delgado es un fiel cultor de la frase de Louis Dumur de que "La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos." Un escritor, periodista y dramaturgo suizo, de principios del siglo XX que en pocas palabras desnudó la peor versión de la política, muy desarrollada en estas latitudes y en estos tiempos.

Esteban Valenti
2026-07-08T06:10:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)