Banderas en tu corazón. Marcelo Marchese

10.06.2026

El viernes me envía un mensaje mi hijo: "Tenés que escribir sobre el Indio", y luego, mi hija: "Estoy triste. Murió el Indio". Que Carlos Alberto Solari llegara a padres e hijos sería prueba suficiente de su genio, pero debemos decir algo más.

Conocí a Los Redondos en un apartamento de la calle Solano Antuña en 1986, por el hecho de tener amigos más viejos que yo y a que algunos de esos amigos vinieran de Carmelo, como Javier Dodero, Javier Gil y Javier Barranguet, el dueño de aquel apartamento en Punta Carretas.

Javier tenía un equipo Aiwa que sonaba muy bien, una excelente discoteca y una pequeña fortuna en cómics. La gente de Carmelo está más próxima que el resto del País al arte argentino y por eso, los del litoral, y yo por añadidura, disfrutamos antes de Los Redondos.

Eran los años post dictadura y era evidente para quienes nos reuníamos en aquel apartamento, que sólo habían cambiado las vestiduras del poder y que el futuro traería un modelo aún más atroz. Lo temíamos y lo leíamos en la Fierro y en la Cerdos y Peces, y lo escuchábamos en Los Redondos.

Esa profundidad de crítica no la encontrábamos en la política, que se movía en terrenos superficiales que no involucraban al Sistema. Es como si la política, y para ser más específicos, la izquierda, tuviera intenciones (sospechábamos abierto de esas intenciones) de cambiar el mundo, pero para nosotros, había también que cambiar la vida, y ese era nuestro programa mínimo.

Lo primero que nos llegó era la preciosa voz del artista. Eso, incluso sus detractores del momento, lo admitían: "Tiene algo en la voz", me dijo un músico en aquellos años. Su voz nos llegó a todos porque la sinceridad no precisa de heraldos.

Luego, o creo que en realidad, al mismo tiempo, nos llegaron las imágenes vívidas: "Conduje toda la noche, reventando los cambios, con mis ojos de durax lastimados" No había cómo no representarse eso. El tipo era un tirano que obligaba a imaginar lo que decía: "Quiero morder el tallo de su rosa, aunque me clave sus uñas espinas". Era imposible no comulgar con el artista que vivía lo mismo que nosotros vivíamos.

A propósito de esto, hay un hermoso elogio que le hace una mujer a Tarkovski: "La casa de campo de "El espejo", era exactamente igual a mi casa de campo de la niñez  ¿Cómo lo supo?" Esta confesión nos lleva a que cuando escuchamos a alguien cantar, nos escuchamos a nosotros cantar, y si el vocalista es sincero, cantará lo humano, por lo que será más vívida la sensación de que nosotros cantamos. Lo mismo ocurre en una novela cierta: si los personajes son fidedignos, serán facetas del alma del autor, y por lo tanto, de nuestr alma.

Mientras disfrutábamos la música que venía del otro lado del Plata, nos enterábamos de una ética acorde: "Vamos las bandas, rajen del cielo" Aquella gente no comulgaba con esa miasma llamada "la industria de la música". La ética del Indio llegaba al extremo de evitar siempre y absolutamente los recitales diurnos. La misa pagana debía ser un atributo de la noche.

Como es parte de lo que ha generado su muerte, tenemos que decir que algunos no le perdonan a Solari un error, y sin embargo, no existe hombre que no tropiece. El rebelde underground se asustó durante la pandemia, atacó a quienes se opusieron a las medidas sanitarias y llamó a vacunarse. Su muerte nada tuvo que ver con el Parkinson; fue un accidente cerebro vascular hemorrágico y, casualmente, tras el experimento global, este tipo de accidentes se multiplicó.

¿Puede ser juzgado el poeta por un error? En el acontecimiento crucial, falló, pero aquellos que no fallaron, no fallaron entre otros motivos porque el poeta les había regalado su poesía, les había dado la verdad justo en la fermental adolescencia.

En todo caso ¿qué nos gustaría más? ¿Una biografía de un ser infalible, o una biografía de un hombre con sus contradicciones? Baudelaire, que incidiría en la estética del Indio, dijo que "La declaración de derechos del hombre y el ciudadano" olvidó uno elemental, el derecho a contradecirse.

Me cuenta un amigo que estuvo preso, que entre las cumbias, sonaban Los Redondos y que en las paredes, estaban escritas sus frases emblemáticas. En la celda suya eran seis, y sólo dos sabían leer. Para aquella gente, la poesía llegaba en forma de canciones.

En tiempos heroicos del hombre la poesía era parte de la vida. Todos los griegos sabían de memoria La Odisea y todos los gauchos el Martín Fierro. El progreso es una lenta retirada de la poesía, que se mantiene viva en la música. La poesía del Indio le llega a todos porque en ningún momento cree que un ignorante sea un ignorante. Todos pueden acceder a la poesía y así apuesta al mensaje críptico, a la sugestión, que deja abierta la obra de arte para que la complete quien la recibe. El sabido que el arte es un asunto de dos.

Un millón de personas acudió al duelo y una fila de kilómetros aguardó para despedirlo ¿Algún político de nuestro tiempo lograría algo parecido? Un triunfo así es dable a quienes desdeñan moverse en las superficie del hombre para ir a sus raíces.

No debemos aquí obviar la reacción de los libertarians, eso seres frustrados que odian toda manifestación popular y que ignoran la tradición por la cual se respeta al muerto. Esta forma de proceder es un perfecto ejemplo de lo que significa "la batalla cultural".

Bien, hijo querido, lo que pediste, lo cumplí y te recuerdo "Juguetes perdidos"

 

"Banderas en tu corazón, yo quiero verlas

Ondeando luzca el sol o no

Banderas rojas, banderas negras

De lienzo blanco en tu corazón

 

Yo sé que no puedo darte

Algo más que promesas, no

Tics de la Revolución, implacable rockanroll

Y un par de sienes ardientes que son todo el tesoro"


Y en cuanto a mi hija, entiendo tu dolor. Cuando un amigo muere, muere algo nuestro. La amistad es un alma de dos cuerpos, y cada amigo refleja una faceta de nuestra alma que ningún otro amigo reflejará.

Pero la muerte no existe. Esta carne que somos será agua, aire y fuego. La materia que fuimos siempre la seremos, y en cuanto al espíritu, unos seguirán viviendo en su círculo íntimo, otros, habrán tocado con su varita mágica a millones. Se trata de vivir por siempre.

Cuando El Indio llegó a La Asamblea de los Poetas, lo aguardaban el Dante, Shakespeare y Baudelaire, que dijeron: "fuiste bueno y valiente, y entraste como el sol en los regios palacios y en los hospitales".

No existe mayor gloria para un poeta.

 

 

 

Marcelo Marchese
2026-06-10T18:45:00

Marcelo Marchese

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