Bienvenido León XIV, los ateos te saludamos. Federico Fasano Mertens
06.11.2026
Llega el flamante papa León XIV, seguidor del gran transformador Francisco I y, después de 38 años cuando el papa más reaccionario de la era moderna, Juan Pablo II, pisara nuestro terruño artiguista. Llega y se encienden las pasiones en nuestro Uruguay batllista, laico, anticlerical, el país más agnóstico de América Latina.
Es difícil mantener la serenidad de Tácito para juzgar los acontecimientos políticos y religiosos. Dos meollos existenciales donde la sensibilidad brota a flor de piel y el entendimiento se nubla fácilmente y deja paso a las pasiones más urticantes.
El propósito de esta nota es contextualizar la llegada del representante de mil cuatrocientos millones de católicos en la tierra, sin prejuicios, pero sin ocultar la tenebrosa historia del papado en la civilización humana.
Historia plagada de iniquidades que este jefe de la iglesia católica, junto con otros 7 sumo pontífices de la última centuria, se han propuesto transformar volviendo a las raíces cristianas, traicionadas por siglos de poder y corrupción papal.
Debo aclarar previamente para no engañar al lector, que me considero, no agnóstico sino ateo convencido. Fui educado por los jesuitas a quienes le debo mi formación cultural, social, solidaria y humanista. Nunca me olvidaré del aprendizaje existencial recibido en el colegio Inmaculada de Santa Fe, donde fui abanderado y donde se educó nuestro célebre Juan Zorrilla de San Martín. Llego al ateísmo de la mano del antropólogo jesuita Teilhard de Chardin, autor de "El fenómeno humano", creador de la científica teoría de la teología de los sin Dios, que no fue excomulgada ni puesta en el Index por la Iglesia Católica, que considera a Teilhard uno de sus cientistas más reconocidos.
Me inscribo en las huestes de la Ilustración, escuela que postuló que la razón es la única herramienta válida para alcanzar la verdad y el progreso, cuestionando todo aquello que carece de una explicación lógica.
Considero a Jesús de Nazareth un dirigente social cuyas enseñanzas demolieron el discurso hegemónico del poder y la violencia, ubicando a los pobres en la categoría de los únicos privilegiados para ingresar al reino de los cielos. Su subversivo discurso de la Montaña, solo es comparable con el manifiesto comunista de 1848 redactado por Marx y Engels.
Y para cerrar esta aclaración debo mencionar la paradoja familiar que me persigue durante años, que afirma que somos descendientes del Papa italiano Juan Fasano, que bajo la identidad de Juan XVIII. gobernó con sencillez y humildad a la Iglesia, siendo el primer Papa que abdicó voluntariamente y se fue a vivir a un convento. Rescato el cristianismo de nuestro presunto ascendiente pero las pruebas aportadas por familiares sobre nuestra vinculación con ese señor son pobres e insuficientes. Yo no me la creo.
Hecha la aclaración debo señalar que saludo la presencia de León XIV por su rol transformador de la Iglesia, su vinculación con América Latina, su prédica a favor de los desposeídos y sus arengas contra los excesos del neoliberalismo y su compromiso con la emancipación humana. En esta era esperpéntica de los monstruos, tener en el lado de la trinchera progresista a un aliado del gran reformador Francisco I, no me deja lugar a dudas sobre a quién apoyar, más allá de mis creencias sobre el origen del universo. Porque bueno es aclararlo, mi ateísmo solo desconoce a Dios como un dios encarnado en un ser humano de carne y hueso que lo proclaman como hijo de Dios. Pero Teilhard me enseñó que Dios existe, pero es el encuentro de las energías que se reúnen en el Universo, no es el dios encarnado ni el sol o la luna de los antiguos habitantes de la tierra, ni el invento de los humanos para amortiguar la angustia de la finitud creando un mundo existente en el más allá donde todos seremos felices. A ellos les diría lo que Galileo anunció a los teólogos de su época: "Decidid cómo se va al cielo y dejadnos a nosotros decir cómo va el cielo".
Es comprensible que la humanidad busque la eternidad creando un dios que le permita trascender. Eso es lo que niega el ateísmo, no la negación de una explicación superior, que explique lo que durante siglos pareció inexplicable.
Hechas estas precisiones, nuestra bienvenida a León XIV no puede ocultar el rol negativo de la mayoría de los Papas que en el mundo han sido, avergonzando a la dignidad del cristianismo primitivo, a los mártires, a los curas obreros, a los que salvaron a judíos del nazismo y a militantes de las izquierdas perseguidos por el Plan Cóndor, a los difamados creadores de la teología de la liberación y a los 8 papas que reseñaremos en esta nota, todos procurando reparar en parte la traición al cristianismo ejecutada por la mayoría de sus jefes durante los siglos IV hasta el XIX.
LOS 15 SIGLOS MAS INDIGNOS DE LA HISTORIA DEL PAPADO, QUE COMENZARON CON EL EMPERADOR ROMANO CONSTANTINO, EN EL SIGLO IV, Y SU ESCANDALOSO CONCILIIO DE NICEA
La historia de la Iglesia Católica es una historia dramática, donde los primeros Papas, desde Pedro el jefe del cristianismo primitivo, perseguido por el imperio romano, exhibiendo un heroísmo y un martirologio sin parangón en aquellos tiempos hasta el Papa Melquíades en año 314, mantuvieron en alto los principios del nazareno, de Jesús, el hijo del carpintero con su discurso de humildad, pobreza, bondad, amor al prójimo como a sí mismo.
Hasta el siglo IV el cristianismo vivió su época de esplendor y autenticidad. Fue en el siglo IV con el emperador Constantino y su madre Santa Elena que el cristianismo desapareció, fue traicionado, se corrompió, hasta el siglo XIX en que comenzó un intento de epifanía refundadora con León XIII y su encíclica Rerum novarum.
Esta historia del papado que estamos contando a raíz de la visita del papa estadounidense, puede cortarse en rebanadas. La primer rebanada es progresista y duró más de 300 años, la segunda es anticristiana y se prolongó demasiado durante 1.500 años con pocas excepciones y la moderna que ya lleva 150 años desde León XIII a León XIV es mayoritariamente renovadora y progresista con la sola excepción de 4 Papas en los 12 de ese período.
La tragedia anticristiana comenzó con Constantino. Este no sólo eliminó la persecución a los cristianos, sino que preparó lo que en el año 380 el emperador Teodosio I emitió el Edicto de Tesalónica, proclamando que el cristianismo era la religión oficial del imperio, y además los perseguidos pasaron a ser perseguidores, eligiendo el papado bajo el manto de Constantino la persecución a los herejes.
Constantino no solo terminó con el cristianismo primitivo ajeno al poder y a las riquezas, sino que promovió el Concilio más reaccionario de la Iglesia. Nos referimos al Concilio de Nicea convocado en el año 325 en pleno mandato del emperador.
Ese Concilio decidió que el hijo del carpintero era Dios que había bajado a la tierra. Hubo 3 votos en contra, que sostenían lo contrario.
También aprobó el error de hacer obligatorio el celibato de los sacerdotes. Error que al día de hoy arroja múltiples acusaciones de pedofilia sobre la Iglesia Católica, además de la deserción vocacional de muchos sacerdotes que optan por su reducción al estado laical.
Y finalmente, clave del Concilio de Nicea, se aprobó la estructura jerárquica eclesial, que preparó el camino a la infalibilidad del Papa.
El Papa San Silvestre quien asumió el pontificado en el año 314 y durante 31 años se olvidó de los pobres, aceptó las riquezas que le dio Constantino y se zambulló en el poder, despreciando las enseñanzas de Cristo.
Pero fue su sucesor el Papa Dámaso, quien gobernó durante 18 años, el que profundizó las persecuciones contra los que no eran cristianos.
Las semillas anticristianas sembradas por Silvestre y Dámaso germinaron con fuerza en el papado de León IX, quien asume en 1049 y gobierna solo 5 años violando el mandamiento cristiano de la no violencia y emprende acciones bélicas que durarán centenares de años apoyadas por los ejércitos de los Estados Pontificios.
Por su parte el papa Urbano II profundizó las guerras territoriales.
El combo de la violencia anticristiana tuvo su punto más álgido en las cruzadas, cuya primer experiencia se produjo en 1095 durante el concilio de Clermont. La cruzada convocada por Urbano II culminó 4 años después en 1099 con la toma de Jerusalén y la matanza indiscriminada, incluidos mujeres ancianos y niños, árabes turcos y judíos.
Urbano II no solo fue culpable de este genocidio, hubo autores intelectuales, como Agustín de Hipona, más tarde increíblemente elevado a los altares de la santidad, quien elaboró la teoría de las guerras justas en defensa de la doctrina cristiana. ¡Vaya paradoja!
Pasaron los siglos y el papado siguió privilegiando la riqueza, el poder y las guerras, olvidándose del mandato evangélico de privilegiar a los pobres. Cierto es que hubo magnificas excepciones como la de il Poverello de Asis, el noble italiano que se despojó de todos sus bienes y fundó la orden franciscana al servicio de los más vulnerables. Y también hubo verdaderos cristianos que bregaron por mantener la dignidad del mensaje evangélico.
LOS 1500 AÑOS DE SOMBRAS PAPALES SE NUTREN DE PERSONAJES ESPERPENTICOS COMO LOS BORGIA, CULTORES DEL VENENO, JUAN XII EL PAPA ADOLESCENTE, EXPERTO EN BACANALES, EL INCREIBLE PAPA NECROFILICO ESTEBAN VI, QUE DESPUES DE EXHUMAR EL CADAVER DE SU ANTECESOR, Y CONDENARLO IN EXTREMIS LO ARROJO AL RIO TIBER, BENEDICTO IX, QUIEN OCUPÓ TRES VECES EL PAPADO VENDIENDO SU SILLON AL MEJOR POSTOR, Y MUCHOS MAS
Pero fueron más los Papas que violaron el mandato cristiano, manchando sus conciencias con asesinatos, sobornos, guerras, sembrando hijos por doquier, empujando a la iglesia católica a un lodazal que recién en el siglo XIX pudo comenzar parcialmente a limpiar esas pústulas.
Estos papas ignominiosos prohijaron las cruzadas, las hecatombes, el Santo Oficio, la maldita Inquisición y tantos crímenes abominables más.
Los más indignos fueron:
El escandaloso Papa Rodrigo Borgia que asumió como Alejandro VI en 1492, padre del asesino César Borgia y de su voluptuosa hermana Lucrecia Borgia.
En el siglo X el papa Juan XII, que fue elegido con 18 años de edad, acusado de corrupción y de una conducta sexualmente escandalosa.
En el siglo XI Benedicto IX, quien violando todas las normas eclesiásticas, ocupó el papado en tres periodos diferentes, vendiéndolo al mejor postor en cada oportunidad.
El papa Esteban VI en el siglo IX, que exhumó el cadáver de su antecesor el papa Formoso, lo juzgo en un sínodo, lo declar4óculpable y lo arrojó al río Tíber.
Sergio III del siglo X, acusado del asesinato de varios adversarios y el uso del poder político indiscriminado.
Julio II en el siglo XVI, conocido como el Papa guerrero, llevó a cabo numerosas guerras contra el resto de Europa en defensa de los Estados Pontificios, contradiciendo el pacífico legado cristiano.
León X siglo XVI, fue el Papa más enamorado de la riqueza y el lujo y el constructor de la querella de las indulgencias que determinó la protesta de Lutero y la escisión de la cristiandad.
Inocencio VIII siglo XV, el gran nepotista y defensor de la Inquisición.
Pío V del siglo XVI, fue el gran inquisidor, llevando a la hoguera a centenares de cristianos y almas inocentes.
Hay 15 siglos de historia del papado católico que contradicen el legado del evangelio que cambió el motor de la historia de la antigüedad modificando su perversa raíz basada en la violencia y el poder. Jesús de Nazaret en su sermón de la montaña revolucionó la filosofía dominante e inauguró una era de comunismo primitivo experimentado en las perseguidas comunidades cristianas, en las catacumbas y en el martirio.
Pero desde el Siglo IV hasta el siglo XIX ese legado fue marchitado y arrojado al basurero de la historia.
LA RENOVACION DE LA IGLESIA CATOLICA BUSCANDO RETORNAR A LOS PRINCIPIOS EVANGELICOS TAN VULNERADOS, COMIENZA EN EL SIGLO XIX CON LEON XIII Y SE PROLONGA CON SIETE PONTIFICES MAS, QUE OSCILAN EL PENDULO DE LA HISTORIA HACIA EL LADO DEL REFORMISMO Y EL PROGRESISMO
Es recién en el siglo XIX con el Papa León XIII, quien asumió en 1878 y su encíclica Rerum novarum cuando comienza el intento de recuperar las raíces perdidas regadas en los tres primeros siglos después de Cristo por los Papas Pedro y los siguientes jefes de la iglesia que lo sucedieron hasta el arribo del Papa anticristiano San Silvestre.
En efecto con León XIII se establece la prioridad de la justicia social como eje rector de la iglesia católica. Fue el gran Papa de los obreros en el inicio del capitalismo. Es el primer Papa progresista desde el l siglo IV
Su sucesor Pío X detiene la reforma de León XIII y privilegia el conservadurismo de la doctrina católica. Integra el equipo de los conservadores.
A su muerte es elegido Benedicto XV que fue el Papa de la paz en medio de la primera guerra mundial, se lo considera un Papa progresista.
Lo sucedió Pío XI que continuó profundizando la doctrina social de la iglesia con su formidable encíclica Quadragesimo anno. Se enfrentó con valentía al fascismo y al nazismo, es también considerado un Papa progresista.
Es reemplazado por uno de los Pontífices más conservadores de esta etapa, Pio XII, su papado se dedicó a defender la liturgia religiosa y la doctrina pontificia ajena a toda renovación. Incluso se permitió establecer el dogma de la Asunción a los cielos de la Virgen María, dogma que no había sido consagrado por la iglesia católica en sus 19 siglos de existencia. No aportó ninguna prueba de ello.
Lo sucede el más reformador de los papas católicos, Juan XXIII, "el Papa bueno". Convocó al concilio Vaticano II, el más transformador de los concilios católicos, ubicando a la iglesia en el escenario de la vida moderna, así como el retorno a los valores evangélicos y a la defensa de los trabajadores y de los más humildes
Su sucesor Paulo VI continuó con su política progresista y transformadora. Su histórico discurso en las Naciones Unidas en defensa de los países subdesarrollados causó sensación mundial.
Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, solo gobernó la iglesia 33 días cuando falleció imprevistamente. En el escaso mes de su gobierno defendió con vigor las causas populares. Se lo considera un Papa progresista.
Su sucesor Juan Pablo II fue el más conservador y reaccionario de los Papas modernos desde la época de Pio XII. Le tocó vivir un largo periodo incrustado en la guerra fría. De inmediato se alió al sector liderado por los Estados Unidos. Sus críticas solo se dirigieron al sector orientado por la unión Soviética y china, omitiendo cualquier acusación contra la propuesta occidental. Bloqueó así mismo todo intento reformista de la ancestral doctrina católica.
A su muerte asumió Benedicto XVI, quien se dedicó a defender la pureza de la doctrina tradicional católica y criticó el relativismo moral y religioso. Fue un teólogo fundamentalista. Integró el grupo de los Papas conservadores.
Al abdicar Benedicto XVI, siendo el segundo papa que renunciaba a su investidura (el primero fue Juan XVIII, el italiano Juan Fasano, quien también abdicó y se recluyó en un convento), lo sucede el jesuita argentino Jorge Bergoglio bajo el nombre de Francisco I en homenaje al santo de los pobres de asís. Junto con León XIII y Juan XXIII, constituye la triada más transformadora de la iglesia católica. Su acción pastoral y sus encíclicas exhibieron los errores del capitalismo, poniendo en el centro de su pontificado la pobreza, la desigualdad, la migración y el medio ambiente. Y sobre todo acercó la iglesia a los sectores más desposeídos. Fue el gran papa del progresismo religioso.
Falleció el año pasado siendo sucedido por el primer Papa estadounidense León XIV. El actual jefe de la cristiandad es un admirador de Francisco I y en los pocos meses de su gobierno sigue sus políticas sociales. Se considera parte de América Latina, habiendo ejercido su acción pastoral durante muchos años en el Perú donde obtuvo la ciudadanía. Su vocación latinoamericana lo lleva en estos días a pisar el terruño uruguayo, dirigiéndose luego a Argentina y al Perú, donde militó su sacerdocio. Esta breve reseña de los últimos 150 años del papado, exhiben una hegemonía cambiante entre las facciones conservadoras y progresistas desde León XIII con su fermental Rerum novarum hasta nuestros días con León XIV en pleno ejercicio pastoral.
El resultado exhibe un predominio renovador.
De los 12 Pontífices reseñados, 4 integran el sector conservador y 8 el círculo progresista, incluido en este último el actual León XIV .
¿Se detendrá acaso el péndulo de la historia papal, ubicado actualmente en el lado izquierdo de su trayectoria o volverá a descender hacia el lado inverso a donde lo situó no hace tantas décadas el reaccionario Juan Pablo II, el primer Papa que pisó nuestro país?
León XIV tiene hoy en sus manos, la llave de la respuesta a esta pregunta.
Match point.
Federico Fasano Mertens
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias