Bonanzas progresistas insuficientes. Stefano Casini

03.11.2026

La reciente consolidación política en el continente americano por la victoria de Lula da Silva en Brasil y la fuerte proyección de cambio hacia el Partido Demócrata en Estados Unidos, configuró una suerte de "muro de contención" de la izquierda convencional y el progresismo institucionalizado en dos de las mayores economías del planeta.

 

Sin embargo, la primera reacción del corazón financiero global, Wall Street, no se hizo esperar, traduciéndose en una violenta sacudida de desconfianza, exponiendo la extrema fragilidad de los mercados emergentes ante los giros regulatorios y monetarios. Se produjo un inmediato cortocircuito financiero que castigó América Latina. La volatilidad golpeó especialmente las estructuras corporativas regionales. El desplome de gigantes tecnológicos como Mercado Libre, que vio evaporarse casi un 13% de su valor bursátil en horas, junto con contracciones severas en grandes firmas brasileñas, que perdieron entre el 30 y el 50% de su valor bursátil, pone en evidencia un fenómeno de riesgo global. Los inversores leen este escenario bajo una doble presión

1) Aumentó la expectativa que la FED profundice una política monetaria restrictiva para contener la inflación interna en EE. UU., aumentando los intereses de sus bonos, maniobra que actúa como una aspiradora de capitales. El dinero huye espantado de las economías en desarrollo hacia el refugio de los bonos del Tesoro yankees (moneda refugio).

2) En esta inestabilidad extrema y con el precio del crudo al alza, los costos de producción global encarecen, presionando las balanzas comerciales de los países importadores netos de energía, licuando los beneficios de los exportadores por la incertidumbre cambiaria y la fuerte baja de utilidades. Para los mercados, los gobiernos de amplia coalición de la izquierda tradicional, despertaron  el fantasma del aumento del gasto público, la rigidez fiscal y un mayor intervencionismo estatal, lo que, automáticamente, eleva la prima de riesgo de la región. La mayoría de los analistas económicos advierte que el peligro ahora se mueve entre una inestabilidad permanente y un pragmatismo obligatorio. A mediano plazo, el eje Brasilia-Washington (dícese Lula y Partido Demócrata) deberá convencer los mercados que, los discursos pro-pal, wok, rentas básicas, reducción de horarios de trabajo, aumento del gasto público, baja de la edad de jubilación o apoyo a dictaduras comunes y religiosas, son solamente argumentos vacíos para controlar las masas revoltosas. Lula y el Partido Demócrata, saben perfectamente que retórica social y pragmatismo económico, son incompatibles. En el frente interno, Lula sabe que el "mundo que manda", castiga los discursos de expansión del gasto, pero se puede estabilizar cuando se nombran cuadros técnicos ortodoxos en los ministerios clave, como Hacienda y Banco Central, más la aplicación de masivas exoneraciones estratégicas para posibles grandes inversores extranjeros. Si Brasil logra demostrar sostenibilidad fiscal, el flujo de inversión extranjera directa "podría" volver, gradualmente a su cauce, atraído por el peso de su gran mercado interno. Por el lado yankee, una victoria descontada en las mid-terms por parte de los demócratas, que priorizan subsidios verdes e inversión en infraestructura local, genera presiones inflacionarias que obligan a la FED a aumentar las tasas de interés. Consecuencia.......se debilitan las monedas latinoamericanas, se encarece el financiamiento externo y aumentan: inestabilidad, inflación, desempleo y combustibles. En la famosa Agenda 20-30, con sus "buenísimos" esperanzadores, con esos paraísos hippies de amor y paz, diversidad identitaria, libertad para Palestina e Irán, eliminación de los ricos malísimos o el movimiento woke, se impone una profunda revisión estratégica para sobrevivir.  El impacto del binomio político BRASIL-USA, empezó a provocar profundas divisiones internas en las corrientes culturales y las agendas globales progresistas. 

Con Lula gobernando y un Congreso Demócrata, vuelve con fuerza la defensa explícita de los objetivos de desarrollo sostenible, transición energética y políticas inclusivas. Esto asegura que, a nivel de foros internacionales (ONU, COP, OCDE, OEA), estas agendas sigan con la narrativa oficial y el eje de la cooperación internacional. Paradójicamente, la imposición y avance acelerado de estas agendas bajo condiciones de crisis económica, chocan contra ese pueblo que prioriza el empleo, la seguridad y la falta de inflación,  generando un fuerte rechazo social. En Europa y el propio EE. UU., la percepción de que las élites políticas prioricen debates identitarios por sobre la estabilidad material, alimentó el crecimiento de movimientos conservadores de derecha que van de moderados a extremos (ejemplo Alemania y el resurgimiento por un Reich). En el ámbito empresarial, las métricas ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) enfrentan un examen difícil. Después de años de entusiasmo en Wall Street, las grandes corporaciones, que están lamiéndose las heridas por las grandes pérdidas financieras y la reacción de los consumidores que rechazan la politización de las marcas, están perdidas. 

El supuesto "muro de contención" político que representarían el PT y el Partido Demócrata, ofrece una "aparente estabilidad institucional a nivel diplomático", pero puso arriba de la mesa profundas tensiones estructurales en la economía real. Mientras los mercados perciban que las políticas de estas administraciones, restan competitividad, se deberá aumentar la carga impositiva, profundizando la incertidumbre monetaria y la volatilidad seguirá siendo implacable, así como el consenso en baja. Las economías latinoamericanas quedan expuestas a los vientos cruzados de una FED inflexible y la polarización de sociedades que exigen respuestas económicas urgentes. No se trata de consensos ideológicos, sino de estabilidad laboral, seguridad pública, baja drástica de la delincuencia, reducción del narcotráfico, baja de impuestos, horas laborales y todos ítems prometidos. ¿Hacia dónde van los mercados?

La percepción de una debilidad estructural en las democracias occidentales, donde la memoria de la espiral inflacionaria yankee, convive con el temor a una fragmentación demográfica y cultural en la UE, se volvió una variable de riesgo financiero. La reactivación de conflictos más intensos, como guerras y manifestaciones violentas de las izquierdas intransigentes, apoyadas por las izquierdas moderadas, está forzando una reconfiguración brutal de las expectativas económicas de los macro inversores. A Gasperín no le debe haber gustado nada perder el 13% de su valor en bolsa de MERCADO LIBRE, después de la victoria de Lula.  

Xpinc, la mayor plataforma de inversiones y corretaje de Brasil, tuvo una caída brutal en el sector financiero e inmobiliario de alto perfil, con un desplome en sus acciones del 52% en el BOBESPA y en Wall Street. Las acciones del Banco Bradesco, la megaentidad bancaria privada, sufrieron una baja en sus cotizaciones bursátiles del 31.2%.  

ITAU-Unibanco, el mayor banco privado de América Latina, se vio arrastrado por el pánico del sector bancario frente al escenario de tasas elevadas e incertidumbre fiscal, con pérdidas inmediatas de entre el 13.6% y el 26% en Wall Street. 

Pero, la peor noticia llega de PETROBRAS, la petrolera estatal y mayor empresa sudamericana, que fue el epicentro del terror financiero brasileño. El pánico a que Lula elimine (como advirtió) la paridad internacional de precios de los combustibles recortando drásticamente el histórico reparto de dividendos, provocó un desplome inicial de sus acciones en dólares de entre el 23% y el 25% de forma inmediata. En los meses siguientes de transición política, la firma estatal podría ver evaporarse más de 27.000 millones de dólares, antes de encontrar un valor-piso. 

En el BANCO DO BRASIL, nuestro BROU, al igual que Petrobras, al ser una entidad bajo control público directo, sus papeles sufrieron un castigo instantáneo, perdiendo miles de millones de dólares en capitalización bursátil en cuestión de minutos. El peor escenario, para Brasil, el continente y el mundo, sería la estanflación, que ya, los mercados financieros aprendieron a cotizar en tiempo real. 

 estallido y la prolongación del conflicto con Irán, más el peligro LULA-DEMÓCRATAS, provocaron un choque de oferta negativo. Con el tránsito paralizado o severamente amenazado en Ormuz, el precio del crudo se descontroló, experimentado escaladas agresivas, que encarecen los fletes y la producción manufacturera global. Esta inflación muerde directamente el poder adquisitivo de los consumidores y los márgenes de ganancia de los empresariales. 

El FMI, ya recortó las proyecciones de crecimiento global, del 3.2% a un 3% para este año. Habló de una posible reducción inflacionaria al 4.1% para este año, pero ya confirmó el 4.7%. La definición técnica de estanflación es estancamiento económico con precios al alza. Con todas estas dificultades estructurales globales, el dilema mayor lo tiene la propia FED, que se ve en una encrucijada tóxica, como dicen los economistas. Frente a la suba de la inflación, a la FED no le queda más remedio que incrementar las tasas de interés. Esto busca 2 objetivos, pero asume un costo altísimo. Hay que frenar la caída del dólar! Al elevar los rendimientos de los bonos del Tesoro, la FED provoca un fenómeno llamado "vuelo a la calidad". El capital global se va espantado de los activos de riesgo de los bonos de mercados emergentes, para refugiarse en el dólar, fortaleciéndolo frente al euro y las monedas latinoamericanas. Este efecto boomerang, hace que las tasas altas encarecen el crédito interno, frenan la inversión y debilitan el mercado laboral. La FED sabe que los tipos de interés elevados pueden enfriar la demanda, además de no poder destrabar los cuellos de botella geopolíticos, ni bombear más petróleo. Al priorizar el combate a la inflación, la FED arriesga empujar la economía global hacia una severa contracción. 

Mientras que Occidente lidia con sus contradicciones, Pekín y Moscú operan en el tablero internacional, condicionados por sus profundos desequilibrios domésticos. La economía china tiene vientos huracanados en contra, arrastrada por una crisis inmobiliaria en fase terminal y una demanda interna bajísima. Al depender casi exclusivamente de sus exportaciones para poder sostener el crecimiento, no podrá soportar shocks externos prolongados. Aunque Pekín mantenga una alianza estratégica con Teherán y expanda su influencia en redes financieras alternativas (como el sistema CIPS), su verdadero interés es la estabilización rápida de las rutas marítimas y los mercados energéticos, para que sus productos sigan llegando a destino. Aislada del sistema financiero occidental tras la invasión de Ucrania, Rusia duplicó su apuesta por la fragmentación global. Moscú se beneficia directamente de un petróleo caro que financia su presupuesto militar y consolidó un bloque de "cooperación disruptiva" con Irán y Corea del Norte, pero, su economía sufre una sobrecarga fiscal y está muy vulnerable a las fluctuaciones de la demanda china. Rusia es hoy una especie de acelerador de la volatilidad, Utiliza la geopolítica de la energía para debilitar la cohesión macroeconómica europea. 

A los mercados financieros globales ya no le interesa si hay paz o guerra. El verdadero peligro no es el número del IPC o el porcentaje de las tasas de la FED, es la percepción generallizada que los bancos centrales se quedaron sin herramientas para combatir una crisis de gobernabilidad mundial. En este nuevo desorden, el capital premia la liquidez inmediata, penaliza la periferia emergente y asume que la inestabilidad es, sencillamente, el costo de hacer negocios en el siglo XXI. Así que, mientras que el oro, podría dispararse aún más, las cripto y pedazos de papel con promesas de pago, podrían valer cada vez menos.

¿Que tiene que hacer Uruguay ante este desorden total? Ante un escenario internacional dominado por la estanflación y el endurecimiento de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos, la economía uruguaya enfrenta una parálisis por goteo. El impacto combina una sólida resiliencia financiera que dura hace medio siglo, con una creciente asfixia en la economía real, un binomio que amenaza con tensionar el clima político interno en un contexto de evidente fatiga ciudadana con respecto a la gestión del gobierno. Para una economía chiquita como la nuestra, abierta y estructuralmente dependiente del exterior, un entorno global estanflacionario sería muy negativo. Aunque la narrativa oficial sigue hablando de estabilidad institucional, seguridad jurídica etc, el posible impacto negativo está en la decisión de la FED de seguir aumentando sus tasas de interés. elevando el costo del crédito. 

Uruguay cuenta con un escudo formidable: el riesgo país más bajo de la región, consolidado en el entorno de los 60 puntos básicos y una deuda pública mayoritariamente emitida a tasa fija y con plazos largos. El país no caerá en una crisis de impago, pero cualquier nueva emisión de deuda para financiar el déficit fiscal, será más cara, restando recursos para inversión pública. El endurecimiento global empuja al dólar al alza a nivel internacional, lo que presiona las monedas regionales. Paralelamente, el BCU tuvo que subir su tasa de política monetaria (TPM) al 6% tras constatar que la inflación, impulsada por el encarecimiento de los alimentos, la energía y la rotura del rango meta. Al ser Uruguay un importador neto de petróleo, el recrudecimiento del conflicto geopolítico encarece el combustible, los fletes y los fertilizantes. Esto golpea directamente la competitividad del sector agropecuario, el verdadero motor exportador. 

El uruguayo promedio, no tiene ni idea del precio del crudo, percibiendo un aumento del combustible como un ataque a su bolsillo, sin saber lo que ocurre en Ormuz y piensa: "Ché!!! En campaña me dijiste que no subirías ni la nafta ni los impuestos...sos un mentiroso!". El verdadero peligro de esta coyuntura económica se mide en el mostrador del almacén. 

El panorama de estanflación global e interna, con un PBI con contracciones trimestrales, un núcleo industrial debilitado y la salida del mercado de varias multinacionales que no ven más utilidades, opera como un catalizador del descontento social. Por un lado, el gobierno, defiende desesperadamente sus logros, basándose en indicadores abstractos para el ciudadano común, como la baja inflación, el grado inversor, el bajo riesgo país, pero, cuando el encarecimiento de las tarifas, el combustible y la canasta básica muerden el salario, la población ve la narrativa macroeconómica como una mentira piadosa del que gobierna.  

Un escenario de bajo dinamismo económico y persistencia inflacionaria, baja mucho el margen de maniobra fiscal de cualquier gobierno para implementar políticas contracíclicas, alivios tributarios o inversión social directa. En un contexto donde el respaldo popular hacia el Presidente y la coalición de gobierno ya muestran signos de estancamiento y debilidad, la estanflación importada se va a volver un factor de erosión.

La ciudadanía culpa al gobernante de turno por la pérdida de poder adquisitivo, ignorando si el origen del shock está en Washington, Brasilia, Medio Oriente o en Hormuez. Uruguay vuelve a demostrar que "podría"frenar los temporales financieros globales sin sufrir crisis sistémicas o descalabros cambiarios como en el resto del continente,  pero esa misma estabilidad institucional se vuelve una paradoja incómoda: el país es lo suficientemente sólido para no quebrar, pero lo suficientemente pequeño para no poder evitar que la parálisis global debilite el crecimiento y encarezca la vida. Para el gobierno, el frente externo no es una excusa válida ante los ojos de la gente. Como cualquier electorado, prioriza soluciones materiales urgentes. Es un esfuerzo titánico intentar revertir el desgaste político de cara al futuro inmediato.

Stefano Casini es periodista. Empezó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal  de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.


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2026-11-03T03:22:00

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