Brasil ante una elección que trasciende sus fronteras. Gerardo Amengual

07.10.2026

Lo que está en juego entre Lula y Flávio Bolsonaro no termina en Brasil: puede modificar el equilibrio político de América Latina y tendrá consecuencias directas para Uruguay.

 

Brasil acaba de ingresar en una segunda vuelta electoral que difícilmente pueda considerarse un asunto exclusivamente brasileño. El próximo 25 de octubre se enfrentarán el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

El resultado de la primera vuelta obliga a abandonar cualquier simplificación. Flávio Bolsonaro obtuvo aproximadamente el 47% de los votos válidos y Lula cerca del 45%. El bolsonarismo no solamente sobrevivió políticamente a la condena de su fundador: demostró conservar una extraordinaria capacidad electoral.

Ese dato debería ser observado con atención por toda América Latina y, particularmente, por las izquierdas.

Brasil y una región que gira hacia la derecha

Brasil no es un país más de América Latina. Por sus dimensiones económicas, demográficas y territoriales, su política exterior y su peso internacional, las decisiones brasileñas inevitablemente repercuten en el resto del continente.

Un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro reforzaría un proceso de desplazamiento hacia la derecha que ya se observa en diferentes países latinoamericanos y modificaría todavía más el equilibrio político regional.

También significaría previsiblemente una mayor aproximación de Brasil a los Estados Unidos de Donald Trump. Flávio Bolsonaro ha construido parte de su posicionamiento internacional alrededor de esa relación, mientras Lula ha defendido una política exterior caracterizada por una mayor autonomía y por el fortalecimiento simultáneo de los vínculos con China, Europa y los BRICS.

Por eso esta elección también contiene una discusión sobre el lugar de América Latina en un mundo cada vez más tensionado por la competencia entre Estados Unidos y China.

Para nuestros países, el desafío debería ser evitar quedar atrapados en una elección binaria entre las grandes potencias. América Latina necesita construir autonomía, defender sus intereses y relacionarse pragmáticamente con todos los actores internacionales.

¿Qué significaría un triunfo del bolsonarismo?

Sería equivocado interpretar una eventual victoria de Flávio Bolsonaro simplemente como el regreso de una derecha tradicional.

El fenómeno tiene una dimensión política mucho más profunda.

Jair Bolsonaro fue condenado por el Supremo Tribunal Federal a 27 años y tres meses de prisión por su participación en la trama destinada a impedir la continuidad del orden democrático después de su derrota electoral frente a Lula en 2022. La condena comprende delitos de organización criminal armada, tentativa de abolición violenta del Estado democrático de derecho, golpe de Estado y delitos contra el patrimonio público. Actualmente cumple la pena bajo un régimen de prisión domiciliaria humanitaria debido a sus problemas de salud.

Este elemento vuelve todavía más significativo el escenario electoral brasileño: mientras Jair Bolsonaro cumple una extensa condena penal, el movimiento político construido alrededor de su liderazgo está nuevamente en condiciones reales de alcanzar la Presidencia a través de su hijo Flávio.

Esto demuestra algo que las fuerzas democráticas no deberían ignorar: las derrotas electorales, las condenas judiciales e incluso los cuestionamientos institucionales no necesariamente eliminan movimientos políticos que mantienen una fuerte conexión emocional con una parte importante de la sociedad.

El bolsonarismo logró interpretar malestares existentes.

Inseguridad, costo de vida, corrupción, endeudamiento de las familias, frustración con la política tradicional y sensación de pérdida de expectativas constituyen preocupaciones concretas de millones de brasileños.

Puede discutirse la respuesta política que ofrece el bolsonarismo. Pero sería un error desconocer las razones sociales que explican parte de su crecimiento.

Allí existe una primera enseñanza para las izquierdas.

No alcanza con denunciar a la derecha. Es imprescindible comprender por qué una parte tan importante de los sectores populares decide acompañarla.

Lula y la paradoja de los resultados

La situación de Lula también merece una reflexión.

Brasil ha registrado durante su gobierno disminución del desempleo y de la desigualdad. Sin embargo, esos indicadores positivos conviven con una sociedad donde muchas familias continúan sintiendo dificultades para llegar a fin de mes, soportan elevados niveles de endeudamiento y mantienen una fuerte preocupación por la seguridad.

Existe entonces una distancia entre determinados resultados macroeconómicos y la percepción cotidiana de una parte de la ciudadanía.

La política debería prestar especial atención a esa distancia.

Las personas no viven dentro de las estadísticas. Viven de su salario, compran alimentos, pagan sus deudas, enfrentan problemas de seguridad, necesitan vivienda, educación y servicios públicos.

Cuando los indicadores dicen que una economía mejora pero una parte importante de la población no percibe esa mejoría en su vida cotidiana, existe un problema político que no puede solucionarse simplemente explicando las cifras.

Esta reflexión no corresponde únicamente a Brasil.

También debería formar parte del debate de las izquierdas latinoamericanas.

Por qué importa que gane Lula

Desde una perspectiva democrática y de izquierda, un triunfo de Lula tendría una enorme importancia regional.

Representaría un contrapeso frente al avance de una derecha cada vez más vinculada internacionalmente y permitiría mantener en el principal país de América Latina un gobierno comprometido con políticas de reducción de desigualdades, integración regional y una política exterior con mayores márgenes de autonomía.

Pero defender la importancia de una victoria de Lula no debería impedir analizar críticamente las dificultades que llevaron a que la elección llegara a esta situación.

Si casi la mitad de los brasileños votó por Flávio Bolsonaro en primera vuelta, la respuesta no puede consistir simplemente en considerar equivocada a esa mitad del país.

Hay que preguntarse por qué.

Esa pregunta probablemente sea más importante para el futuro de la izquierda que el propio resultado electoral.

La izquierda necesita nuevamente construir esperanza. Pero la esperanza política necesita traducirse en resultados concretos.

Trabajo, salario, seguridad, educación, vivienda, salud, protección social y perspectivas de futuro continúan siendo elementos fundamentales para construir una sociedad más igualitaria.

Uruguay también tiene mucho en juego

Para Uruguay, el resultado brasileño posee una importancia particular.

Brasil es nuestro vecino, uno de nuestros principales socios comerciales y un actor determinante dentro del Mercosur.

Existe además actualmente una relación política fluida entre los gobiernos de Yamandú Orsi y Lula.

Una victoria de Lula facilitaría previsiblemente la continuidad de esa relación y permitiría mantener una interlocución política cercana entre Uruguay y Brasil en asuntos vinculados al Mercosur, la integración regional y las negociaciones internacionales.

Un triunfo de Flávio Bolsonaro introduciría un escenario diferente.

Uruguay tendría que relacionarse con un Brasil políticamente más próximo al gobierno de Donald Trump y probablemente con una concepción diferente sobre la integración regional y el posicionamiento internacional.

Eso no debería significar confrontación.

Uruguay tiene una larga tradición de política exterior basada en la defensa de sus intereses nacionales y debe ser capaz de mantener buenas relaciones con Brasil independientemente de quién lo gobierne.

Pero las afinidades políticas importan y las orientaciones estratégicas también.

Para un país pequeño como Uruguay, situado entre Brasil y Argentina y profundamente dependiente del comercio internacional, los cambios políticos de nuestros vecinos nunca son indiferentes.

Mercosur, China y Estados Unidos

Existe además una cuestión estratégica que probablemente adquirirá creciente importancia.

China constituye un mercado fundamental para Uruguay y Brasil. Estados Unidos, por su parte, continúa siendo una potencia económica, política y financiera determinante para la región.

Uruguay necesita ampliar inversiones, mercados y oportunidades comerciales. Para hacerlo deberá mantener simultáneamente buenas relaciones con China, Estados Unidos, Europa y nuestros socios regionales.

Un Brasil gobernado por Lula probablemente continúe buscando una estrategia internacional relativamente autónoma y profundizando sus relaciones con China y los BRICS.

Un gobierno de Flávio Bolsonaro podría modificar ese equilibrio y aproximarse considerablemente a Washington.

Uruguay deberá estar preparado para cualquiera de los dos escenarios.

Nuestra política exterior no puede depender exclusivamente de afinidades ideológicas. Debe tener una orientación nacional, pragmática y estratégica.

La elección brasileña también interpela a la izquierda

La segunda vuelta brasileña representa finalmente una advertencia para las izquierdas de toda la región.

Durante demasiado tiempo hemos dedicado una enorme cantidad de energía a explicar el crecimiento de la derecha.

Quizás debamos dedicar la misma energía a analizar nuestros propios errores.

¿Por qué sectores que históricamente encontraron representación en la izquierda hoy escuchan propuestas de derecha?

¿Por qué el enojo y la frustración parecen ser interpretados con mayor facilidad por esos movimientos?

¿Por qué, incluso cuando existen determinados resultados económicos y sociales positivos, muchas veces no logramos transformarlos en esperanza política?

No existen respuestas sencillas.

Pero hay una certeza: gobernar no alcanza.

Una izquierda democrática debe gobernar bien, producir resultados, combatir las desigualdades, generar desarrollo, garantizar derechos y mantener una relación permanente con la sociedad.

Debe escuchar incluso aquello que no quiere escuchar.

Mucho más que Lula contra Bolsonaro

El 25 de octubre Brasil elegirá presidente.

Pero detrás de los nombres de Lula y Flávio Bolsonaro existe una discusión mucho mayor.

Se enfrentarán dos concepciones diferentes de Brasil, dos maneras de relacionarse con América Latina y dos visiones diferentes sobre el lugar que la principal potencia regional debería ocupar en el mundo.

Un triunfo de Flávio Bolsonaro consolidaría el avance de la derecha latinoamericana y modificaría profundamente el equilibrio político regional.

Una victoria de Lula permitiría mantener un contrapeso democrático y progresista de enorme importancia para América Latina.

Desde nuestra perspectiva, deseamos que Lula triunfe.

Pero incluso si lo hace, la izquierda cometería un grave error si interpretara ese resultado simplemente como una victoria y continuara adelante sin preguntarse por qué el bolsonarismo estuvo nuevamente tan cerca del poder.

Porque quizás la enseñanza más importante de Brasil sea precisamente esa.

No alcanza con derrotar electoralmente a la derecha. Hay que comprender por qué crece. Y, fundamentalmente, hay que volver a construir una izquierda capaz de transformar esa frustración social en esperanza.

Gerardo Amengual es Integrante de la Dirección Nacional de SER, lista 141 - Frente Amplio

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2026-10-07T02:40:00

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