Café y salud: una historia de cambios y nuevos conocimientos. Homero Bagnulo y Carlos Vivas

22.09.2026

El café es una de las bebidas más consumidas del mundo. Durante mucho tiempo, su contenido de cafeína despertó preocupación por sus posibles efectos sobre la presión arterial y el corazón. Las investigaciones de las últimas décadas modificaron esa percepción: hoy, numerosos estudios relacionan el consumo habitual de café con una menor frecuencia de algunas enfermedades y con una reducción de la mortalidad.

Sin embargo, esta afirmación requiere matices. Los beneficios observados no son necesariamente causados por el café, no se aplican de igual manera a todas las personas y tampoco pueden extrapolarse automáticamente a la cafeína consumida en otras presentaciones. La historia del café es una buena oportunidad para comprender cómo evoluciona el conocimiento médico y por qué conviene interpretar sus resultados con prudencia.

Lo que nos enseñan los estudios

Una revisión publicada en The BMJ en 2017 reunió los resultados de numerosos metaanálisis sobre el consumo de café y la salud. Encontró que tomar de tres a cuatro tazas diarias se asociaba con resultados favorables sobre la mortalidad general, la enfermedad cardiovascular, la diabetes tipo 2 y algunas enfermedades hepáticas (1). Se trata, sin embargo, de un estudio observacional: los investigadores comparan grupos de personas según sus hábitos, sin asignarles experimentalmente el consumo de café, por lo que factores como la alimentación, el tabaquismo o el nivel socioeconómico también pueden influir en los resultados. Por eso no puede afirmarse que el café sea la causa directa de los beneficios.

El hígado: resultados favorables en una investigación de gran tamaño

El hígado es uno de los órganos donde se ha acumulado evidencia epidemiológica más consistente. Un estudio de 2026 analizó a 354.957 participantes del UK Biobank -una de las mayores bases de datos biomédicas del mundo- sin cirrosis ni carcinoma hepatocelular, y relacionó su consumo de café con la aparición de enfermedades hepáticas tras 13 años de seguimiento. Quienes bebían cinco o más tazas diarias presentaron menores riesgos de cirrosis, carcinoma hepatocelular y mortalidad relacionada con el hígado, y también se observaron asociaciones favorables con cantidades menores. Los resultados fueron similares para el café con cafeína y el descafeinado (2).

El estudio incorporó además resonancia magnética y análisis de proteínas en sangre, lo que vincula los datos epidemiológicos con indicadores biológicos concretos. Pero, al ser también observacional, no demuestra que el café sea la causa de esas diferencias: respalda una asociación favorable, no una dosis preventiva establecida.

El intestino: más que un estímulo para evacuar

Muchas personas conocen el efecto del café sobre el tránsito intestinal, pero la investigación actual sugiere que sus efectos digestivos son más complejos y están ligados al microbioma: el conjunto de microorganismos -bacterias, virus, hongos- que habita el intestino y participa en la digestión, el metabolismo y la comunicación con el sistema inmunitario (4).

Un estudio publicado en Nature Microbiology en 2024, que analizó más de 54.000 muestras metagenómicas y datos dietéticos de más de 22.000 personas, encontró una asociación reproducible entre el consumo de café y una mayor abundancia de la bacteria Lawsonibacter asaccharolyticus, observada en distintas cohortes y también entre consumidores de café descafeinado. En el laboratorio, el café favoreció el crecimiento de esta bacteria en cultivo (3).

Estos resultados sugieren que el café interactúa con el microbioma por mecanismos que no dependen solo de la cafeína, aunque todavía no se sabe con certeza qué función cumple esta bacteria en la salud humana ni si su mayor abundancia representa un beneficio clínico. No demuestran que el café prevenga enfermedades intestinales, pero abren una perspectiva: los efectos de un alimento pueden depender de su interacción con los microorganismos, no solo de sus componentes.

El café y el cerebro: una investigación en desarrollo

El estudio del microbioma también abrió una línea de investigación sobre el eje intestino-cerebro, el sistema de comunicación bidireccional entre ambos que involucra señales nerviosas, hormonales e inmunitarias. Un estudio publicado en Nature Communications en 2026 analizó cómo el consumo habitual de café se relaciona con cambios en la microbiota intestinal y con determinados indicadores fisiológicos y cognitivos. Se observaron diferencias entre consumidores habituales y no consumidores, cambios al suspender y reintroducir el café, y diferencias según se tratara de café con cafeína o descafeinado (5).

Estos hallazgos muestran que el café puede relacionarse con procesos que van más allá del aparato digestivo, pero no permiten concluir que su consumo habitual mejore globalmente la memoria, el estado de ánimo o la salud cerebral.

Café, cafeína y corazón: una relación compleja

La cafeína actúa sobre los receptores de adenosina del sistema nervioso, aumenta el estado de alerta y puede producir efectos transitorios sobre la presión arterial, la frecuencia cardíaca y el sueño. Pero el café no es solo cafeína disuelta en agua: contiene otros compuestos bioactivos, como ácidos clorogénicos, diterpenos y trigonelina, lo que explica que algunos de sus posibles beneficios también aparezcan en consumidores de café descafeinado.

Esta distinción importa especialmente frente a las bebidas energizantes, que pueden contener dosis elevadas de cafeína junto con otros ingredientes como taurina y azúcares, en composiciones muy distintas a las de una taza de café. La American Heart Association advierte que los beneficios observados con el café no deben extrapolarse a productos con dosis altas de cafeína: los datos sobre bebidas energizantes son limitados, pero sugieren posibles efectos cardiovasculares perjudiciales (6). No todos los productos con cafeína se comportan igual que una taza de café.

¿Y las arritmias?

Durante años se recomendó a las personas con palpitaciones o fibrilación auricular que evitaran el café, pero la evidencia reciente modificó esa práctica. El ensayo DECAF, publicado en JAMA en 2025, asignó a pacientes con fibrilación auricular persistente -que serían sometidos a cardioversión eléctrica- a consumir al menos una taza diaria de café con cafeína o a evitarlo durante seis meses. La fibrilación o el flutter reaparecieron en el 47% del grupo que tomó café, frente al 64% del grupo que lo evitó (7).

El resultado es relevante porque proviene de un ensayo aleatorizado, aunque corresponde a una población concreta y no implica que toda persona con arritmias deba empezar a tomar café: otros estudios muestran un aumento de las contracciones ventriculares prematuras con la cafeína, con resultados que varían según el tipo de alteración cardíaca (6).

¿Qué podemos afirmar hoy?

La evidencia actual permite afirmar que el consumo habitual de café se asocia con resultados favorables en varios desenlaces de salud, sobre todo algunas enfermedades hepáticas, la diabetes tipo 2 y determinados resultados cardiovasculares (1,2,7). También hay investigaciones que muestran efectos del café sobre el microbioma intestinal y posibles interacciones con el eje intestino-cerebro (3,4,5).

Pero no todos los resultados tienen el mismo grado de certeza: los estudios observacionales permiten identificar asociaciones, mientras que los ensayos aleatorizados aportan información más sólida sobre causalidad en preguntas específicas. Por eso, estos hallazgos no justifican recomendar una cantidad determinada de café a toda la población para prevenir enfermedades.

En quienes lo toleran bien, el consumo moderado de café puede formar parte de un estilo de vida saludable, sin que exista obligación de empezar a beberlo -ni razón para aumentar su consumo- con fines preventivos. La historia del café recuerda que la medicina no debería basarse en condenas generales ni en entusiasmos excesivos, sino en interpretar la evidencia, reconocer sus límites y adaptar las recomendaciones a cada persona.

Nota elaborada con el apoyo de herramientas de IA generativa de lenguaje, bajo supervisión y edición de los autores.

Referencias

1. Poole R, Kennedy OJ, Roderick P, Fallowfield JA, Hayes PC, Parkes J. Coffee consumption and health: umbrella review of meta-analyses of multiple health outcomes. BMJ. 2017;359:j5024.

2. Kim HS, Rezaee-Zavareh MS, Wang Y, Attia AM, Kwak M, Burm S, et al. Coffee consumption and improved liver outcomes: clinical, imaging, and proteomic evidence from the UK Biobank. Clin Gastroenterol Hepatol. 2026.

3. Manghi P, Bhosle A, Wang K, et al. Coffee consumption is associated with intestinal Lawsonibacter asaccharolyticus abundance and prevalence across multiple cohorts. Nat Microbiol. 2024 Dec;9(12):3120-3134.

4. Saygili S, Hegde S, Shi XZ. Effects of Coffee on Gut Microbiota and Bowel Functions in Health and Diseases: A Literature Review. Nutrients. 2024 Sep 18;16(18):3155.

5. Boscaini S, Bastiaanssen TFS, Moloney GM, et al. Habitual coffee intake shapes the gut microbiome and modifies host physiology and cognition. Nat Commun. 2026;17:3439.

6. Marcus GM, Hu FB, van Dam RM, Cornelis MC, Dewland TA, Kang J, et al. Caffeine and cardiovascular disease: a scientific statement from the American Heart Association. Circulation. 2026;154:e345-e355.

7. Wong CX, Cheung CC, Montenegro G, Oo HH, Pena IJ, Tang JJ, et al. Caffeinated coffee consumption or abstinence to reduce atrial fibrillation: the DECAF randomized clinical trial. JAMA. 2025;335:317.

Homero Bagnulo y Carlos Vivas
2026-09-22T11:34:00

Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas