Cambio climático dividido. Stefano Casini

23.06.2026

Tomar una postura sobre el cambio climático es cada vez más difícil y más para un periodista. Hay dos Academias Científicas opuestas y en las dos hay extremistas.

 

Los que sostienen un escenario catastrófico y los que sostienen que el cataclismo mundial "podría ocurrir" dentro de decenas de miles de años. Una corriente que sostiene que la Tierra sufre un calentamiento acelerado e inédito, causado por la actividad humana y otra que le quita toda importancia. Lo que es cierto es que, la quema de combustibles fósiles desde, la Revolución Industrial, aumentó los gases de efecto invernadero (GEI) como el CO2.

Las agencias espaciales y meteorológicas, (como la NASA y la NOAA, registran que los años más calurosos de la historia moderna se dieron en la última década. En las dos posturas es innegable que también hay una Meta Política. Lo que es más auspiciable es la coordinación de todos los países a través de tratados, como el Acuerdo de París, para limitar el aumento de la temperatura global a menos de 1.5 °C, con respecto a la era preindustrial.

Los de la primera postura aseguran que, si no se actúa durante este siglo, seremos testigos de subidas del nivel del mar, desertificación, eventos climáticos extremos más frecuentes y un posible colapso del ecosistema. La Postura Escéptica y Crítica, va desde los que minimizan el impacto humano, hasta los que afirman que los datos climáticos están manipulados o mal interpretados. Se amparan detrás de  la Tesis de los Ciclos Naturales.

Varios científicos e investigadores independientes,  sostienen que el clima terrestre, siempre cambió de forma cíclica por la actividad solar, las órbitas terrestres y las corrientes marinas, como en el caso del Período Cálido Medieval o la Pequeña Edad de Hielo. Los más radicales de esta teoría, afirman que los registros meteorológicos históricos son demasiado recientes, tipo 150 años, como para determinar una tendencia a largo plazo en un planeta de 4.500 millones de años de edad.

Desde el punto de vista económico y Geopolítico, los críticos argumentan que las alarmas climáticas son usadas por organismos internacionales para imponer impuestos, regular la soberanía de las naciones y frenar el desarrollo industrial de los países, sobre todo los emergentes. También argumentan que las predicciones catastrofistas de los 70, 80 y 90, como la desaparición total del hielo ártico para el año 2015, no se cumplieron.

Entonces ¿dónde estamos? Frente a la mayor crisis de la humanidad o a la mayor estrategia de control geopolítico del siglo? No partiría desde la polémica de puras especulaciones económicas o geopolíticas, sino de posturas con distintas corrientes de pensamiento, sectores críticos o consenso académico. Hay también un contraste importante entre el costo financiero de la transición energética, (paneles solares, autos eléctricos) con el costo proyectado de los desastres naturales.

De todas formas el clima cambió la agenda del siglo XXI, pero el verdadero debate está en los despachos políticos y las computadoras de los centros de simulación. Mientras los organismos internacionales y las cumbres globales advierten que el tiempo se agota para mitigar una catástrofe planetaria antes de 2100, las voces disidentes, desde científicos independientes a analistas económicos y políticos, aseguran que nos enfrentamos a proyecciones hiperbólicas o a ciclos naturales terrestres, imposibles de frenar por los humanos.

En este laberinto de certezas cruzadas, es imprescindible la neutralidad informativa. El relato de la mayoría, tiene el respaldo de las agencias espaciales como la NASA, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y foros locales, como la reciente Expo Uruguay Sostenible. Esta corriente sostiene que el calentamiento es real, antropogénico (causado por el humano) y acelerado. Los que defienden el consenso institucional argumentan que las emisiones de Gases de Efecto Invernadero provocaron un aumento de la temperatura global en 1,1 °C, con respecto a la era preindustrial.

Desde este punto de vista, recientes fenómenos regionales, como una alternancia casi perfecta entre sequías prolongadas e inundaciones, no son anomalías estadísticas, sino evidencia empírica de un sistema climático descontrolado. Para un país agroexportador como Uruguay, con mucha dependencia climática, la mayoría sostiene que la inacción en políticas climáticas, es una amenaza directa a la seguridad hídrica, la producción ganadera y la infraestructura costera.

Del otro lado de la mesa de debate, el ala escéptica, no es homogénea. Muestra argumentos que van, desde el cuestionamiento metodológico de los datos, hasta la denuncia de intereses geopolíticos ocultos en las transiciones energéticas. Los que, realmente, minimizan el fenómeno, afirman que la historia meteorológica instrumental es insignificante por los 150 años en 4.500 de historia terrestre, recordando que el planeta, hace apenas 800 años, pasó por picos climáticos excelentes y eras del hielo sin ninguna intervención humana. Estos críticos señalan continuamente que los modelos predictivos, como los que auguraban un Ártico libre de hielo para la década pasada, trabajan con márgenes de error muy elevados,  amplificando escenarios catastróficos para asegurar financiamiento académico.

La cuestión clave apunta a la gobernanza global. Los "contras", por decir algo, sostienen que las estrictas agendas de descarbonización, actúan como barreras arancelarias encubiertas, diseñadas por potencias industriales para frenar el desarrollo agropecuario de los países emergentes vulnerando su soberanía.  El cambio climático ¿es la mayor crisis existencial de la    historia? o el marco perfecto para una reconfiguración económica global impuesta por los centros de poder?  Un periodista que se respete, no trata de clausurar la discusión con dogmas de fe científica ni con negaciones absolutas. Creo que la responsabilidad periodística está en la fiscalización de la validez metodológica de las alarmas, como las motivaciones económicas de quienes se oponen a ellas. Al final, SIEMPRE es el lector que juzga el peso del viento. Miremos nuestro país!. Frente al desafío del cambio climático, el mundo se divide en debates casi inútiles, mientras que Uruguay logró algo de suma importancia: transformar la crisis ambiental en una política de Estado transversal. Cambian los gobiernos, pero la postura climática uruguaya se mantiene firme, generando resultados estructurales que hoy nos aplauden en todos lados.  

Stefano Casini es periodista. Empezó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal  de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.

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2026-06-23T04:57:00

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