El limbo de la pasta base
Carlos Santiago
12.06.2012
El tema drogas está dentro de las políticas sociales del Estado, y fundamentalmente es un problema político y cultural, pero que no ha tenido acciones que hayan comenzado a revertir el gravísimo flagelo que, lamentablemente, está determinando -entre otras cosas- un coletazo delictivo de grupos de población jóven que recurre a la violencia para lograr recursos para reengancharse en el ciclo atroz de la maldita droga.
Se han dado diagnósticos, establecidos estrategias, tanto en el la visión de los adictos como en la represión de la comercialización de la droga, tarea que encabezó la Junta de la Droga, en un esfuerzo encomiable que -obviamente- no ha servido para otra cosa que obtener algunas detenciones importantes de traficantes, pero sin reducir la situación que día a día se realimente.
Sabemos de casi todos los esfuerzos para tratar de combatir un flagelo que por su crecimiento, casi exponencial, es el resultado de toda una problemática social compleja que el país todavía no ha podido resolver. Pero también debemos alarmarnos cuando organismos oficiales, como el INAU, no cumplen con el cometido de crear centros especiales para atender a los adictos de la pasta base, llamada también la droga de los pobres , quizás por la morosidad burocrática del Estado uruguayo que no le permite actuar con rapidez o por la endémica falta de recursos de organismos esenciales, cuyas manos muchas veces están atadas por una pobreza de caja que les impide actuar. Pobreza de caja que, por supuesto, no se vive en otros, en qué la dilapidación de dinero es más que insolente.
Pero, a esta altura, podemos sostener que el flagelo de la pasta base ha crecido en el Uruguay, siendo un elemento coadyuvante y no determinante del delito. Muchos jóvenes, cada vez más, delinquen drogados con pasta base, sustancia que no solo los encamina al despeñadero de su existencia, sino a la carencia de inhibiciones para emprender crueles acciones violentas, alejadas de todos los códigos. Muchas veces niños, que debieran estar tratando de aprender en institutos de enseñanza, buscan en la inmediatez del delito la satisfacción de inquietudes meramente consumistas, sin entender que están ingresando en el camino del deterioro y, en el mejor de los casos, la cárcel.
La Junta Nacional de la Droga en alguna oportunidad ha explicado que la pasta base era desconocida en el año 2000 y surge con nivel de demanda social luego de la profunda crisis del año 2002, que sumió a un 50 por ciento de los uruguayos en la brutal situación de vivir por debajo de la fatídica línea de la pobreza. Una sustancia enormemente adictiva pero de muy bajo costo, que determina que una buena parte de los consumidores pierdan los parámetros de convivencia social y lleguen al delito, o a la destrucción por depredación de sus propios hogares, provocando en muchos casos la disolución de los lazos familiares, metidos en un círculo atroz que en nuestra sociedad no se ha sabido comenzar a revertir. Loa diagnósticos y los tratamientos, inclusive las estrategias policiales no han servido para parar a los traficantes que siguen envenenando a los jóvenes.
El consumo de pasta base es un mensajero que nos interpela a todos, de algo que está pasando en nuestra sociedad. Es cierto que la pasta base ingresa y hay que combatirla, pero ¿por qué los muchachos se drogan con pasta base?, es como si se hubiese popularizado el consumo de querosén". Se considera que todos los uruguayos tenemos que interpelarnos sabiendo que la pasta base "es el veneno de los pobres y está destinada a liquidar a los pobres". Este fue el enfoque general de la de la JND. ¿Es por esa incógnita no despejada que existe tal morosidad en las acciones políticas y policiales, que ni siquiera se combaten las bocas de venta?
Pero, también y ese es un punto a tener en cuenta la explosiva situación social que crea el consumo de la pasta base requiere de una acción planificada, responsable y severa por parte de los organismos adecuados que sirva para comenzar a revertir a situación. Parecería que en este país todo es difícil, complicado, lleno de vericuetos que hacen que las soluciones se alejen. Por ejemplo la de reprimir a quienes trafican el veneno atroz, erradicándolos de la sociedad, buscando además los lugares en donde esa basura se elabora, con restos de cocaína que es entreverada con otras sustancias, convirtiéndola en la maldita pasta base, persiguiendo de manera implacable también a los expendedores. Y que todos los involucrados en ese comercio pague con penas importantes de penitenciaría su acción.
Por supuesto, es fundamental también contar con centros de contención y tratamiento para los adictos, en el INAU, en dos categorías, los que están simplemente golpeados por la droga y, en un segundo escalón, quienes en base a ella han delinquido. Técnicos consultados coinciden en sostener que en ciertos estadios del vicio se hace imposible la contención familiar, porque en el seno de la familia existe en general la misma problemática de pobreza que fuerza el desencadenante camino de la adicción.
Tampoco basta la existencia de algunos centros modelo que hasta el día de hoy solo han servido para desalentar a quienes han recurrido a ellos para tratar de resolver una problemática que los supera. Y, por supuesto, de ninguna manera se puede aceptar como ocurre reiteradamente que se trate de minimizar el flagelo, quizás como forma de justificar esa falta de soluciones, englobando el consumo de la pasta base con otras drogas, como el alcohol, sin advertir que son fenómenos incomparables.
Pero, lo que menos se explica, es la falta de decisión política para adoptar las medidas pertinentes para combatir a fondo el tráfico de esta droga. Cualquiera que haya denunciado la existencia de una boca de pasta base sabe que, incluso, luego de llamar reiteradamente a la Policía, esta se abstiene de actuar. ¿Cuál es la razón de esta morosidad que, sin duda, es incalificable, ya que cada día que pasa la droga determina más víctimas directas o indirectas? Las explicaciones son que la metodología que se utiliza es seguir la ruta de la droga, que las bocas en si solo son un expedío pequeño en que ni siquiera existe mucha droga depositada. Puede ser, la Policía sabe de cómo actúan los traficantes, pero si se inicia una batalla cerrado una tras otra las bocas de venta, el camino de la distribución de hará más difícil y peligroso.
El presidente Mujica ha manifestado su deseo de que los traficantes de la droga sean castigados duramente, cambiando leyes, para que el peso de la cárcel comience a desestimular la venta abierta que se sigue concretando en todos y cada uno de los barrios. Sin embargo nada se ha hecho y, todavía, hay quienes siguen sosteniendo que el aumentar las penas es un absurdo que contradice algunas convenciones internacionales Claro, al respecto, manejan criterios opuestos a los que la IMM; por ejemplo, aplica en el tránsito, tratando de canalizarlo hacía la corrección en base al crecimiento de las penas (multas)
Creemos que es esa disidencia interna en el Frente Amplio la que determina que no se tomen las medidas apropiadas al respecto, no votándose tampoco una norma legal que autorice el allanamiento nocturno de las bocas de pasta base, que es cuando realiza el grueso de su tarea criminal. La Policía lo ha reclamado en innumerables ocasiones, sin embargo falta la decisión política para poner en marcha la maquinaria del Estado para comenzar a revertir este flagelo atroz, es otro de los elementos que lleva al fracaso de la política de seguridad.
Se prefiere no hacer nada. Mantener la situación en una especie de limbo sin que se actúe en una dirección u otra, dejando que las bocas de pasta base sigan comercializando su veneno, sin adoptar las medidas que toda la ciudadanía reclama. ¿A qué se debe esa carencia de decisión política? ¿Qué se espera?
La situación es casi incontrolable. Ya los asaltos, robos, rapiñas, asesinatos son cosas de todos los días. En rambla y Paraguay, a las 5 de la tarde, se rapiñan a mujeres automovilistas, y los mismos delincuentes posteriormente son fotografiados, dos calles más arriba, fumando en un portal pipas de pasta base a plena luz del día. Droga adquirida, en alguna boca, seguramente con el producido de la rapiña.
Carlos Santiago
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias