Caso Moisés y el sesgo de confirmación. Magela Misurraco

09.05.2026

El caso de Moisés expuso algo más inquietante que el propio homicidio: la velocidad con la que una parte de la opinión pública decidió quién era la víctima y quién era el victimario antes de conocer los hechos completos.

 

El relato inicial fue extremadamente poderoso: un joven que habría matado a su padre para defender a su madre y a sus hermanas de años de violencia. Una de esas hermanas denunció la desaparición del padre a la policía. Organizaciones feministas, activistas y miles de usuarios en redes se alinearon rápidamente detrás de esa narrativa. Moisés fue presentado como el hijo que hizo lo que el Estado no hizo.

El problema aparece cuando los hechos empiezan a cuestionar ese relato.

La investigación reveló que el padre recibió 15 disparos por la espalda. Moisés declaró que actuó en defensa propia. Permaneció tres días conviviendo con el cadáver dentro de la casa. Además, la escena fue hallada revuelta, un dato que abre interrogantes adicionales sobre lo ocurrido y sobre el verdadero móvil del crimen.

Nada de esto prueba automáticamente una hipótesis alternativa, pero sí vuelve extremadamente frágil la construcción épica del "justiciero familiar" que muchos instalaron de inmediato.

Ahí aparece con claridad el sesgo de confirmación: aceptar con entusiasmo toda información que confirma las propias creencias previas y descartar o minimizar aquello que las contradice.

Si alguien ya estaba convencido de que el sistema siempre abandona a las víctimas de violencia doméstica, Moisés encajaba perfectamente como símbolo. Y una vez convertido en símbolo, cualquier dato incómodo pasó a segundo plano.

El problema de convertir casos penales complejos en banderas ideológicas es que la verdad deja de importar y lo que importa es sostener el relato.

Cuando una sociedad naturaliza la idea de que matar puede ser celebrado y antes de que la Justicia establezca qué ocurrió realmente, entra en una zona muy peligrosa: la de legitimar la justicia por mano propia según simpatías ideológicas.

El caso Moisés no debería ser usado ni para negar la violencia intrafamiliar ni para romantizar un homicidio.

Debería servir para algo más necesario: recordar que la realidad casi nunca cabe en relatos militantes prefabricados. Y que cuando los hechos molestan nuestras convicciones, la obligación democrática no es ignorarlos, sino mirarlos de frente.

Magela Misurraco es Licenciada en Comunicación. Opción Publicidad y Relaciones Institucionales. Udelar.


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2026-05-09T06:05:00

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