Como turco en la neblina… Ramón Fonticiella
26.05.2026
Sin importar qué versión del viejo refrán se tome, lo que describiré se adapta a él. Los comentarios que he consultado sobre “Perdido como turco en la neblina…” permiten distinguir dos vertientes.
La española se refiere a la denominación de "turcas" a las borracheras, por lo cual podría pensarse que no es extraño estar "perdido en la neblina de una curda". La versión rioplatense se remota al momento de la llegada de inmigrantes árabes, sirios, libaneses y turcos, muchos de ellos dedicados a principios del siglo XX a hacer ventas casa por casa en pueblos y campos. Los "turcos, no conocedores de la geografía", se perdían en las neblinas en los campos...
Las alegorías visten el significado político que quiero comentar: la población está perdida en la neblina (confusión) que se genera en el desarrollo de las políticas del Estado. No responsabilizo al Gobierno de esa neblina intelectual y política: hago culpables a definidos opositores y "camuflados" oficialistas.
Permanentemente, desde sectores que sumaron votos para que Orsi sea presidente, parten interpretaciones de dudoso valor programático y reclamos no alineados con los compromisos emanados del gobierno. El pueblo, que nadie consulta y muchos tratan de acorralar, se bambolea en la cornisa: ¿mienten Orsi y Oddone( los principales destinatarios de los palos) o se equivocan quienes los atacan a pesar de haber votado al gobierno?.
Desde la otra vereda (¿otra?) los miembros de la denominada Coalición Republicana, atacan con munición fétida arrojada con ventilador."Danza en un delincuente..." "El plan de seguridad está hecho con inteligencia artificial..." y otras expresiones aún peores, casi siempre sin exposición de fundamentos. Algo así como una siembra de pesimismo, destinada a brotar en forma de rechazos al gobierno ante la primera consulta de una encuesta...
El ciudadano común, naturalmente desinformado, bombardeado por "entretenimientos" e inclinado por tendencia del momento a estar en contra de todo, se refugia en "su" neblina, reclama, rechaza, se queja y listo.
Poco importa que le expliquen que cientos de niños son atendidos nuevamente para mejorar su visión, que hospitales públicos tienen medicamentos y especialistas que no tenían, que Obras Públicas trabaja en mejorar la infraestructura, que más pobres de la calle tienen donde dormir en las noches heladas. Nada hay como la desgracia y si es posible la sordidez, para atraer el deformado interés de alguna gente, es desmedro de gratificarse porque el vecino puede estar viviendo mejor.
El turco y la neblina no son alegóricos en este país: son reales. Han surgido por acción y por omisión. En ambas visiones interviene la casualidad pero sobre todo la causalidad. Hay quienes tienen intereses poco democráticos y se benefician de la confusión popular. Público que repite irracionalmente que todo está peor, cuando con su sueldo cambia en cuotas su auto , por ejemplo; no lo hace sólo por sus limitaciones importantes, sino por una acción de imposición mental y social de quienes se benefician con esa forma de sometimiento masivo. También es responsabilidad de quienes, formados por aportes estatales, pueden prender la luz del razonamiento, pero prefieren callar. Todos viviríamos mejor sin turcos ni neblinas.
Ramón Fonticiella es Maestro, periodista, circunstancialmente y por decisión popular: edil, diputado, senador e intendente de Salto. Siempre militante
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