Con Luis Brandoni se va una parte de lo mejor de la Argentina. Alvaro Díaz Spinelli
20.04.2026
Talentoso, comprometido, corajudo, polémico, Brandoni deja una huella en la cultura y en el alma que recordarán generaciones y generaciones de argentinos y más allá.
Me regaló mis últimas emociones en una película. Perdonen los que no la vieron aún si la scrolleo, pero ese final de Parque Lezama, con la Internacional sonando como música de fondo, esos dos viejos que sacan del fondo del alma toda su rebeldía al borde, en el finísimo límite de la derrota, expresan de una manera brutal lo que nuestra Argentina es hoy, una sociedad lastimada, dañada, rota, violenta, incomprensible, por muchos momentos, no solamente por su presente, sino por un pasado de esperanzas tan intensas como las decepciones, decepciones muchas veces muy brutales que no son unicausales.
Un paréntesis: en teatro, Parque Lezama estuvo once años en cartel, fueron más de 1200 funciones y más de 1.000.000 de espectadores la vieron. Es para pocos algo así. Cierro paréntesis.
Asumamos por fin, de una vez por todas que todos tenemos, en el campo de las ideas y del accionar público, muertos y decepciones en nuestro placard, que algunos de nuestros muertos son muy impresentables, por cierto y que la única manera de recuperarnos será con una profunda, dura y verdadera autocrítica y construyendo alternativas de reconciliación y superadoras, tomando lo mejor de lo viejo y creando con generosidades amplias lo nuevo. No se llegó a esto por puro azar ni por castigo divino, no se saldrá volviendo simplemente al pasado. Si no lo comprendemos, no habrá ni reconciliación ni esperanzas, seguiremos mascando broncas y derrotas, tristezas e incredulidades.
Con Brandoni lloramos, reímos, nos divertimos, pensamos. Fue un actor comprometido y polémico, duro para defender sus ideas y sus convicciones, que defendió a las actrices y los actores durante una parte sustantiva de su vida, recordándonos que ellas y ellos no son solamente los que alcanzan grandes luminarias y sus nombres brillan, gigantes, en los teatros de la inigualable Avenida Corrientes, sino que los hay por miles en pequeños espacios culturales de todos los rincones de la Argentina. Que a más de uno nos hizo molestar con algunas de sus afirmaciones, pero que el tiempo nos puso a todos en nuestro lugar: todos tenemos tan sólo un pedacito de verdad, nunca toda la verdad. Él tampoco, yo tampoco, vos tampoco, nosotros tampoco.
Las imágenes que elegí para ilustrar este posteo no son casuales. Elegí al Brandoni que puso la voz y el cuerpo para enfrentar la dictadura, al que nos hizo reír, desde la ternura hasta la carcajada tantas veces, al que me hizo llorar de emoción en Parque Lezama.
Y elijo en el final, Bea, sumar mi propia foto en el mismo banco donde se filmó, en ese instante en que hice míos los diálogos, los sueños rotos, las esperanzas, la vida transitada, los tiempos por venir, la foto que me tomaste vos, que me acompañaste con tu cuerpo y tus piernas algo cansadas y maltrechas en ese sábado tan caluroso y húmedo en el que cumplí mi pequeño sueño de sentarme en ese mismo banco en el que él y Eduardo Blanco nos enseñaron que hay que soñar hasta el final, aunque haya que rascar muy hasta el fondo en el tarro de las esperanzas.
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo.
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño.
Todo cambia
Julio Numhauser (1982) (autor), interpretada por Mercedes Sosa (1984) en "¿Será posible el Sur?"
Alvaro Díaz Spinelli
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias