Convenio INISA-MDN: lo cortés no quita lo valiente. Fernando Gil Díaz

28.01.2026

La cita es antigua pero no pierde vigencia y aplica para el caso porque si algo no le falta a Jaime Saavedra es valentía para arriesgarse a hacer cosas nuevas para que pasen cosas diferentes. Haciendo lo mismo vamos a seguir teniendo los mismos resultados y por eso bien vale la pena el riesgo, si es que hay alguno.

Aunque si lo hubiere, el presidente del INISA tiene sobradas credenciales para hacerle frente y corregir lo que haya que corregir. Lo conozco de hace muchos años y la cortesía que irradia no le disminuye nada de la valentía que ostenta...


Despacito por las piedras

Desde que lo conozco caminó por senderos empedrados, desde su gestión acompañando al cura Uberfil Monzón en el Patronato de Encarcelados y Liberados, supo lidiar con escenarios complicados donde la materia prima era pobreza y exclusión. Su trabajo lo fue acercando a esos espacios donde la falta de oportunidades era notoria pero poco importaba para una sociedad que se contentaba con separarlos y encerrarlos como única alternativa. Allí tuvo la oportunidad de ver que no era un camino posible en un sistema que no admite la prisión perpetua ni la pena de muerte, que esas personas no pudieran acceder a alguna oportunidad.

Ese camino lo llevó un día a que el ministro Eduardo Bonomi lo incluyera en los equipos de dirección de la nueva organización que tendría el sistema penitenciario con la creación del Instituto Nacional de Rehabilitación - INR. Y, rápidamente, desde la subdirección administrativa pudo visualizar que había un nicho posible de inclusión para una población  a la que el Estado tiene la obligación constitucional de rehabilitar.

Así fue generando un modelo en el que la privación de libertad tuviera al trabajo, la educación y la recreación como pilares del sistema. Y con los pocos recursos que había tuvo la genialidad de construir equipos que tendrían su principal estandarte en el Polo Industrial de la Unidad Nº 4 de Santiago Vázquez (ex ComCar).

Con ingenio y una gestualidad que marca su impronta personal fue ganando terreno y socios que dejaron de ver como "ortibas" a los primeros grupos de privados de libertad que se sumaron a trabajar en reclusión para querer ser parte de aquella iniciativa. Trabajar en el Polo Industrial era una forma de empezar a salir de la reclusión aún estando presos. Las cabecitas empezaban a cambiar y el trabajo era la herramienta.

Los equipos de privados de libertad trabajando para la comunidad fueron noticia y supieron realizar tareas a lo largo y ancho del país con las BAC (Brigadas de Acción Comunitaria). Trabajos en escuelas y plazas; reparaciones como la de la rambla de Parque del Plata sobre el Solís chico y hasta la sede de ASFAVIDE (Asociación de Familiares y Víctimas de la Delincuencia) fueron parte de su labor, entre muchas más intervenciones que sería muy largo de desglosar.

Gurises y cuarteles

La firma de un convenio para unos 20 a 30 gurises infractores mayores de 18 años que les permitirá acceder a cursos de instrucción en oficios y conocer una oportunidad profesional como es la carrera militar, ha recibido cuestionamientos de parte de sectores de izquierda y algunas gremiales.

Sin perjuicio de aceptar que la libertad de opinar es indiscutible, me permito abrir una carta de crédito a quien tiene un caudal bien ganado de confianza pública como el presidente del INISA, Jaime Saavedra. Su sola presencia debería darnos esa cuota de confianza que no le estarían dando quienes cuestionan el convenio.

Pero, aún aceptando las razones que impulsan esos cuestionamientos, me permito razonar por el contrario sin dejar de reconocer que hay una deuda impaga en materia de memoria y justicia que no debería impedir esta iniciativa.

Hoy tenemos unas FFAA que nos cuestan muy caro a todos los uruguayos (más de 500 millones de U$S por año), es hora que nos devuelvan una parte de esa deuda contante y sonante. Vaya si una iniciativa como esta no merece la pena. No dejo de reconocerles que también devuelven una parte cada vez que una tragedia lo requiere (inundaciones, temporales, operativos invierno, etc).

Qué mejor que una organización como las FFAA, distribuida a lo largo y ancho del país, con infraestructura y recursos como para enseñar uso de maquinarias viales (por ej.), puedan capacitar a gurises (y no tan gurises) que cometieron algún delito, pudiendo acceder a una formación y capacitación que los devuelva a la sociedad con el objetivo claro que Saavedra predica: "que no vuelvan nunca más" a los círculos del delito.

Las oportunidades no sobran, los recursos tampoco, es hora que pongamos todo el ingenio para que lo poco que tenemos lo usemos de forma conveniente y aplicada de la mejor manera posible. 

Este convenio implica una recuperación del rol del Estado, acompañando con disciplina dentro del marco de la ley. El Ejército aporta rutinas, orden, responsabilidad y respeto por las normas comunes. No es una militarización de adolescentes, sino una reconstrucción de hábitos básicos de convivencia perdidos (o quizás, nunca adquiridos). Asimismo, las FFAA actúan bajo el control civil, un marco constitucional que garantiza el respeto a los DDHH, y generan un sentido de pertenencia junto al respeto a la autoridad legítima, dando valor al esfuerzo y la superación personal. 

INISA fortalecido

Este convenio no implica ninguna sustitución ni transferencia de responsabilidades desde INISA al Ejército, sino que lejos de ello lo fortalece y complementa aportando capacidades logísticas, formativas y organizativas que el sistema socioeducativo no siempre logra por sí mismo. Y, muy especialmente, en contextos con perfiles de alta reincidencia. No hay reinserción posible sin límites claros, y esa población juvenil responde -fundamentalmente- a la ausencia de esos límites.

Por este acuerdo se optimizan recursos de un Estado afectado por un alto déficit fiscal que trajo restricciones presupuestales notorias.

El mensaje implícito de un convenio de esta naturaleza no puede pasar desapercibido para nadie en tanto implica que el delito juvenil no se naturaliza sino que ante el mismo la respuesta es firme pero educativa. Tampoco se trata de ninguna militarización - no hay armas ni instrucción relativa ni mando militar operativo sobre los jóvenes. No viola derechos humanos - el convenio se ejecuta bajo normas civiles, supervisión estatal y en el marco que da la Constitución y la Ley.

Si hay errores se corregirán, así lo dijo claramente Jaime, y yo le creo. De eso se trata gestionar, estar encima y controlar para que las cosas se cumplan según lo convenido. Una verdadera política progresista  no es abandonar al joven infractor, mucho menos intentar que se rehabilite solo con encierro, sino que hay que enseñarle límites, darle formación y una segunda oportunidad real.

Las FFAA  tienen una deuda con la sociedad uruguaya sobre el destino de detenidos y desparecidos que sigue impaga. Pero eso no quita que nos amputemos una posibilidad de exigirles que cumplan una misión como la que impone un convenio como este. Una cosa no quita la otra.

En definitiva, es preferible que los gurises infractores puedan acceder a una formación en oficios como esta, antes que los copte otro ejército... el de los narcos.

 

el hombre quería ser cortés,
el perro quería ser valiente...

Fernando Gil Díaz
2026-01-28T13:43:00

Fernando Gil Díaz