Conversación. Charles Carrera Leal
24.08.2026
Gobernar desde la izquierda nunca fue simplemente administrar. Y hoy es todavía más difícil. Vivimos una ofensiva global de las derechas y ultraderechas, sostenida por enormes poderes económicos, tecnológicos y comunicacionales. Entender ese escenario es imprescindible. Autocrítica, siempre. Renuncia, nunca.
Podemos reconocer errores, corregir y gobernar mejor. Pero no podemos confundir autocrítica con abandonar nuestras convicciones. Como plantea el compañero Boric: revisar cómo hacemos las cosas no significa olvidar para qué somos izquierda.
Frente al avance de la derecha, la respuesta no puede ser parecernos cada vez más a ella. Si cada vez que la derecha avanza nosotros retrocedemos hacia sus posiciones, no construimos mayorías, terminamos aceptando que sean ellos quienes definan los límites de lo posible. Tampoco seamos ingenuos con las redes. No son solamente lugares donde la gente se aísla o dejó de creer en la política. Son espacios de poder y disputa política, atravesados por grandes intereses económicos y tecnológicos. Y
la derecha entendió muy bien cómo utilizarlos. Tenemos que disputar ese espacio, pero sin abandonar aquello que históricamente construyó a la izquierda: el territorio, las organizaciones, los sindicatos, los barrios, los jóvenes y nuestras bases. La política se hace en las redes, pero fundamentalmente se construye con la gente.
En Uruguay gobernamos además en un momento especialmente complejo. Recibimos problemas estructurales y consecuencias de cinco años de gobierno de coalición que no desaparecen de un día para otro. Hay que explicarlo. Pero nuestra responsabilidad no es solamente explicar lo recibido: es transformarlo. Y hay temas donde no avanzar significa retroceder. Infancia, pobreza, vivienda, cuidados, educación, salud mental, trabajo, salarios y desigualdad territorial. Un gobierno de izquierda tiene la obligación de mostrar avances concretos allí donde están quienes más necesitan de la política. La ciudadanía no nos dio mayorías parlamentarias propias.
Por eso tenemos que negociar. Negociar no es claudicar: es democracia. Habrá que acordar instrumentos, tiempos y caminos. Pero una cosa es negociar cómo avanzamos y otra muy distinta es negociar permanentemente hacia dónde vamos.
Necesitamos firmeza política y responsabilidad institucional. Podemos acordar con quienes piensan distinto sin dejar de defender nuestro proyecto. Respetar las instituciones no significa quedarse quietos. Gobernar exige diálogo, pero también decisión, iniciativa y rumbo. Y tenemos que gestionar bien. Mucho mejor. Porque gestionar bien también es hacer política de izquierda.
Cuando una política pública no funciona, quien tiene recursos encuentra una alternativa. Quien no los tiene depende del Estado. La mala gestión siempre golpea más fuerte a los más vulnerables. Por eso nuestra medida no puede ser solamente el déficit, la inflación, el PIB o el grado inversor. Todo importa, pero nuestra pregunta tiene que seguir siendo otra si estamos mejorando realmente la vida de quienes tienen menos que es donde jugamos buena parte del sentido de gobernar desde la izquierda. La izquierda necesita recuperar futuro.
No vinimos al gobierno solamente para administrar correctamente lo que existe. Tenemos que volver a decir qué país queremos construir, qué desigualdades queremos transformar y qué nuevos derechos queremos dejarles a quienes vienen después de nosotros. IA y futuro del trabajo, desarrollo productivo, infancia, cuidados, vivienda, ambiente, territorio y nuevos derechos. Tenemos enormes desafíos por delante.
Autocrítica para gobernar mejor, firmeza para no perder el rumbo y convicciones para no renunciar a ser izquierda. Porque gobernar desde la izquierda es transformar.
Charles Carrera Leal
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias