Cronopolítica, o el calendario en los planes del poder. Marcelo Marchese

15.01.2026

Enviábamos unos a otros agoreros saludos de año nuevo, cuando ¡zas! despertamos a la mala nueva de que El Pato Donald, el sobrino díscolo de Rico McPato, había hecho de las suyas en La Tierra del Petróleo.

Se marca así el año por venir como "El año de la Conquista". Esta práctica de marcar con hierro al fuego la piel del año nuevo, tiene ilustres antecedentes en Babilonia, la República y el Imperio Romano, Persia, China, la América previa a la Conquista, la Europa del Medievo y otros tiempos y geografías, pero hay dos acontecimientos recientes que sobresalen, el incendio de Notre Dame de París, la principal catedral de Europa, un lunes de Semana Santa, y la pandemia que nos hundiría en un desastre del que aún no nos recuperamos.

La pandemia no sólo ocurrió a principio de año, sino que se desató desde el emergente imperio global, y, curiosamente, siguió el movimiento del sol, desplazándose de oriente a occidente.

No sería forzado unir en el mismo haz la pandemia con la última trapisonda del Pato Donald, primero, porque los dos acontecimientos se ejecutaron según los principios de la cronopolítica, y segundo, porque forman parte de los planes que replican un mito bien establecido en occidente: El Apocalipsis.

Para nosotros, sin importar que lo razonemos o no, el año nuevo es un comienzo; el amanecer, un nacimiento; el oriente, el origen; y el occidente, el ocaso, pues el sol avanza inexorable. Acompasar un acontecimiento al inicio del año y hacerlo avanzar de oriente a occidente, convierte al acontecimiento terrestre en un acontecimiento mítico y simbólico que se clava en el inconsciente, ya que las fuerzas arcaicas rigen nuestros pensamientos por más racionales que nos creamos.

Si se monta un evento global al principio del año, desde donde nace el sol y siguiendo el movimiento del sol, se monta una dramaturgia cósmica donde el hombre, previamente aterrorizado por la amenaza de los CTI saturados, cree que asiste a un evento ineluctable.

Es el uso político del tiempo simbólico.

El primer sábado del 2023 amanecimos a una invasión en tiempos de Nueva Normalidad, pues por un instante, nos preguntamos si era real o si era una de las creaciones de la IA que lo está invadiendo todo. El sábado a la mañana nos mantuvimos en un estado de irrealidad y luego, poco a poco, volvimos al mundo real, pero el efecto ya estaba logrado: ¿qué cuernos es real?

Los chicos del Pentágono argumentaron que estuvieron a la espera de cuestiones climáticas propicias para llevar a cabo su operación, aunque tenemos sobrados motivos para sospechar que el fuerte de su operación fue gestionar la traición del círculo íntimo de Maduro para ajustarlo a la cronopolítica.

¿Por qué fue elegido el sábado 3 de enero?

La palabra sábado viene de Saturno, que en su destierro fue recibido por Jano, el dios bicéfalo, así que Saturno está asociado a la dualidad, a la bisagra. Es un dios civilizador, y precisamente por su carácter dual, se le consagraban las saturnales, una de las manifestaciones del Carnaval, donde, por unos días, se invertía el orden cósmico para renovarlo: los amos servían a los esclavos.

Para otros, la palabra sábado viene del sabbath de los hebreos, el séptimo día en que Dios descansó. Es un día dedicado a Dios, pero entre los primitivos hebreos, el sabbath era una fiesta lunar, lo que llevó a que Isaías y Oseas la condenaran. En la Europa del medievo tenemos el sabbat de las brujas, lo que nos lleva, según el "Diccionario de símbolos" de Chevalier, al "aspecto nocturno del símbolo del séptimo día: cuando Dios descansa, se agitan los demonios."

 Ambas vertientes coinciden en que el sábado es un día bisagra. Es un día donde se trabaja a medias y se descansa a medias, es un día donde estamos medio desenchufados, como para no reaccionar, pero lo suficientemente enchufados como para enterarnos de las cosas.

Es un día ideal para un reseteo, para un nuevo inicio de las cosas.

En cuanto al 3, es el infinito, ya que el hombre y la mujer, el 2, dan el 3, el hijo, y así tenemos La Santísima Trinidad, las tres edades del hombre, Los Tres Reyes Magos, la raíz, el tronco y las hojas, el pasado, el presente y el futuro, el inframundo, el mundo y el cielo, los 30 días del mes, los 33 grados masónicos, los 33 años de Cristo y las tres hermanas en los Cuentos de Grimm y de Las mil y una noches, donde la tercera siempre es la más hermosa y el premio.

El 3 completa el círculo. Es la síntesis, el nacimiento de algo nuevo.

No cayó Maduro; se acabó su tiempo histórico. Trump fue el emisario del Tiempo. El Tiempo alcanzó al rey, y, sea el que fuere el destino del Rey, ya no tiene espacio para la negociación cuando se ha cumplido el ciclo.

Aunque el uso de la cronopolítica sea una práctica antigua, el lector no negará que es una práctica sofisticada, y tampoco negará que el poder sabe cosas que nosotros ignoramos y que actúa manejando símbolos anclados en lo más profundo de nuestra psique, ahora ¿qué ciclo se acaba y qué ciclo se inicia? ¿Esta incursión del Pato Donald sólo refiere al petróleo y en última instancia, al vil metal?

¿PARA QUÉ SE USA LA CRONOPOLÍTICA?

La metáfora más adecuada para entender la política global, es el averno y su estructura piramidal, por lo que en la política global operan una suerte de diablillos en sus diversas gradaciones, pero encima de todos se encuentra Satán, que sabe más por viejo que por sabio, así que mantiene enemistados a los diablillos, o a los diversos bloques de diablillos, para llevar a cabo sus planes.

El diablillo conocido como Pato Donald precisa del petróleo de Venezuela y precisa que ese petróleo se venda en dólares, pero su incursión en Venezuela ha agudizado la división interna de los EEUU y ha agitado el averno.

La oposición al Pato Donald cuestiona su guerrerismo y su desprecio al Congreso y al derecho internacional. Esto se suma a los problemas que genera su policía enmascarada (los nuevos Batman) que persigue a los inmigrantes. A fines del año pasado hubo enormes concentraciones por todo el País que denunciaban que El Pato Donald se creía El Rey Donald, desconociendo en los hechos a la República.

Hay otro asunto que divide: la revisión por parte del Pato Donald de las políticas de la OMS y la ilegal vacunación contra el covid.

Si el lector tiende una mirada sobre los Estados Unidos para recordar aquel momento clave de la declinación del imperio, los avionazos contra Las Torres Gemelas, y piensa que de tarde en tarde un loser acribilla en masa a gente desprevenida, concluirá que asistimos a un imperio en decadencia y que se gesta la balcanización del País.

Si elevamos la mirada más allá de los Estados Unidos, nos encontramos con que cada espacio que pierde el imperio es tomado por el imperio emergente. El Pato Donald debe adoptar medidas escandalosas para impedir lo inevitable, mientras el nuevo imperio opera con sigilo aumentando su poder económico y su influencia sobre el resto del globo, ya que seduce con el canto de la sirena multipolar.

Si el lector estuviera montando un nuevo imperio y tuviera que hundir al viejo, no propalaría a los cuatro vientos que quiere erigirse en el nuevo imperio, sino que quiere brindar un mundo justo.

China, aunque poderosa, es otro diablillo que usa a su antojo Satán. Satán, que decide las guerras y que financia a los contendientes, decidió en los años 60 del siglo pasado que el nuevo imperio sea China, e invirtió fortunas para crear el capitalismo más eficiente de todos los capitalismos.

El derecho internacional basado en La Paz de Westfalia, será suplantado por un nuevo derecho global donde los Estados no corten ni pinchen y a la postre, se disuelvan. Para llegar a ese nuevo orden es necesario, primero, el caos, y así tenemos la pandemia que amenaza siempre con volver y que no precisa volver pues con la mera amenaza, revive (cronopolítica); los avionazos sobre Las Torres Gemelas; la invasión fugaz a Venezuela; la quema de Notre Dame de París; el genocidio palestino; La guerra de Ucrania y nos quedan aún nuevas conquistas, guerras y hambrunas.

No el Cordero, sino Satanás, ha roto uno a uno los siete sellos del libro para liberar a Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y a Los siete ángeles con sus trompetas. El cielo se retirará como un mapa que se enrolla, el sol se tornará negro y la luna, roja como la sangre.

Luego del caos, emergerá el nuevo orden.

 

 

Marcelo Marchese
2026-01-15T17:53:00

Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias