Cuando la Guardia Civil española "retuvo " al rey Mohamed IV de Marruecos.
Para la lancha semi rígida de la Guardia Civil iba a ser un control rutinario en aguas de Ceuta. A su tripulación le había llamado la atención la presencia de un gran y lujoso yate, dos lanchas de recreo y tres motos de agua que, el 7 de agosto 2014 a las cinco de la tarde, navegaban a dos millas de Punta Almina, en aguas ceutíes.
Las motos de agua se habían convertido de moda al introducir, a gran velocidad, a inmigrantes subsaharianos en las ciudades autónomas españolas y drogas en la península. Las lanchas de recreo se siguen empleando los mismos propósitos anteriores. De ahí las sospechas que infundieron.
Cuando acostó la embarcación mayor, el sargento que mandaba la lancha semi rígida pidió a los ocupantes que se identificasen, le entregasen la documentación del barco y les pregunto cuál era su destino. Apenas había acabado cuando apareció en cubierta un hombre corpulento (obeso) que se dirigió a los agentes:
"¿No saben quién soy?", les dijo sorprendido en español el pasajero que llevaba un gorro y unas gafas de sol. "No", le contestaron desde la lancha del instituto armado. Se las quitó y entonces uno de los guardias jóvenes guardiaciviles, hijo de padres marroquíes, le informo a su superior que si lo reconocía. "Es el rey" el rey Mohamed VI de Marruecos. Los agentes renunciaron entonces a seguir indagando.
Tengamos en cuenta que en 2014 los "smartphones" estaban en pañales, como para tomarle una foto a su majestad para que otro mando lo confirmase. Ni siquiera había cobertura, solo las confiables comunicaciones por radio o teléfonos satelitales.
El soberano alauí mostró a bordo cierto malhumor porque se le hubiera dado el alto. En ningún momento afirmó que las aguas ceutíes eran marroquíes. Sí aseguró, en cambio, que las autoridades marroquíes habían comunicado a las españolas que en esos días iba a estar navegando cerca de Ceuta, pero esa información no había sido trasladada a la Guardia Civil. La delegación del Gobierno en la ciudad la desconocía.
El rey de Marruecos posee una residencia en Rincón, a 15 kilómetros al este de Ceuta, donde suele residir durante parte de sus vacaciones veraniegas muy dedicadas a los deportes acuáticos como el esquí o también la moto de agua. El resto del verano lo pasa en Alhucemas
Mohamed VI se mostró determinado a no moverse de las aguas Punta Almina hasta que le dieran una explicación.
La situación se complicaba en pocos minutos. Los guardaespaldas del rey Mohamed estaban fuertemente armados. Se acercaba otra patrulla de la benemérita supuestamente con munición y armas. Ha 2 millas desde aguas marroquíes se divisaba un buque de la Marina Real de Marruecos y de la policía.
El rey marroquí estuvo una hora esperando al jefe de la Comandancia, por lo que estaba, a los efectos, "retenido", según señalo el exministro. En esa hora le dio tiempo a comunicarse con su homólogo español para relatarle lo sucedido. Rey Felipe VI para quejarse de la interceptación de su flotilla. El monarca español trasladó el malestar real al ministro del Interior, (2014) Jorge Fernández Díaz.
El titular de Interior llamó de inmediato al delegado del Gobierno en Ceuta, Francisco González Pérez, y juntos diseñaron un plan para reparar lo que Mohamed VI debía, probablemente, de considerar como una ofensa. Fernández Díaz se puso también en contacto con su homólogo marroquí, Mohamed Hassad, para explicarle las medidas que había tomado para deshacer el entuerto.
Preguntada por la conversación entre ambos monarcas, la Casa del Rey de España asegura que desde la proclamación de Felipe VI "existe una relación muy fluida", pero no da más detalles.
Cuando todo volvió a su orden, el dirigente popular, consciente de que debía tomar medidas para que las relaciones bilaterales no se deterioraran por aquel incidente, preparó una visita oficial a Marruecos.
"Me reuní con mi colega del Interior y con otros altos funcionarios de la Administración marroquí en Tetuán, que me recordaron que llovía sobre mojado y que, en consecuencia, el rey aceptaba las excusas, pero que el Gobierno no podía, no siendo yo ministro, sino en la época de Pérez Rubalcaba", hacer lo mismo porque ya se habían producido varios precedentes recuerda Jorge Diaz
El jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, el teniente coronel Andrés López, recibió la orden de desplazarse, con otros oficiales, en una patrullera hasta la lancha real. Hora y media después del primer abordaje, se acercó y pidió disculpas al monarca, aunque una fuente oficial española afirma que solo le saludó y se puso a su disposición.
Con la llegada del teniente coronel, Mohamed VI dio, aparentemente, por zanjado el incidente. Se despidió recalcando que los guardias a bordo de la lancha rígida habían hecho "perfectamente su trabajo" y, advirtió: si son sancionados "vamos a tener problemas". "A mí no se me ha respetado", añadió, dando a entender que había habido algún fallo en la cadena de mando española. El rey de Marruecos se despidió de los guardias con un saludo de la mano.
"Menos mal que el sargento que mandaba la semi rígida es experimentado y captó rápidamente la situación", comentó una fuente que vivió de cerca todo el episodio. "Le toca a un joven recién salido de la academia y le pone los grilletes al rey", añadió por cómo se podía haber deteriorado la relación con Marruecos.
El monarca norteafricano insistió en que no fuese sancionado ni represaliado la brigada que le dio el alto en agosto de 2014, ya que no había hecho más que "cumplir a la perfección con su deber y con las órdenes recibidas". Pese a ello, el ministro del Interior marroquí solicitó al Gobierno español que hiciera "todo lo posible y lo imposible" para que no se repitiesen "estos hechos u otros parecidos". A raíz de este incidente, Fernández Díaz asegura que entendió que "no tenía sentido mantener la estructura de mando de la Guardia Civil tal y como estaba", dado que existía una histórica reivindicación para que se equiparasen los niveles orgánicos de las comandancias de Ceuta -encabezada por un teniente coronel- y la de Melilla -por un coronel-. Él asumió la incoherencia y cambió la organización del Cuerpo en las ciudades autónomas.
El helicóptero sobre el yate
En junio de 2010, con José Luis Rodríguez Zapatero de presidente del Gobierno y Alfredo Pérez Rubalcaba de ministro del Interior, se produjo otro desencuentro con Marruecos. En esa ocasión, un helicóptero del Ejército español que abastecía al Peñón de Alhucemas desde Melilla sobrevoló el yate en el que descansaba frente a las costas norteafricanas el monarca marroquí. El ruido del vehículo irritó a Mohamed VI y días después se desencadenaron una serie de protestas en Rabat, aunque el ministro de Comunicación alauí sostuvo que «la causa profunda» de los incidentes era «la disputa entre los dos países acerca de la soberanía sobre Ceuta y Melilla».
Marruecos también mantuvo desde -febrero del 2014- una mala relación con Francia. Uno de los episodios que la ha enturbiado fue el cacheo al que fue sometido, a finales de marzo, por la policía francesa, el ministro marroquí de Exteriores, Salahedin Mezzouar, en el aeropuerto parisino Charles de Gaulle. El jefe de la diplomacia francesa, Laurent Fabius, presentó disculpas públicas a Rabat, aunque la tensión persistió bastante tiempo.
El "Rey de las rabietas". Las disculpas no fueron suficientes.
No fueron suficientes. Durante las jornadas del 11 y el 12 de agosto -apenas cuatro días después del incidente del yate-, las autoridades españolas registran la llegada masiva de pateras a las costas andaluzas con más de 1.300 inmigrantes marroquíes y subsaharianos a bordo. Algunas fuentes diplomáticas españolas vinculan el enfado del soberano alauí con la relajación de la vigilancia marroquí en jornadas posteriores, que podría haber propiciado, entre otros factores, la avalancha de inmigrantes en las costas andaluzas en el 2014. Cinco días después de esta peripecia, el 12 de agosto, se produjo la mayor avalancha de inmigrantes en las costas españolas hasta este año. Así lo recuerda Fernández Díaz: "Días después del hecho, pasamos tres jornadas de continuas oleadas de pateras a través de las aguas del Estrecho. Fueron miles los inmigrantes irregulares procedentes del norte y de la fachada atlántica de Marruecos que llegaron a España, lo cual era muestra de hasta qué punto la cooperación marroquí es enormemente importante y valiosa en ese ámbito".
Más casualidades. En abril de 2021, el Gobierno español permitió la entrada en España y el ingreso en un hospital de Logroño de Brahim Gali, el líder del Frente Polisario. Marruecos consideró aquello como una afrenta, y un mes después, el 17 y 18 de mayo, unos 8.000 migrantes invadieron Ceuta.
Lo mismo ha sucedido ahora. La actual invasión se produce semana y media después de que el presidente español visitara Argelia y mostrara su sintonía con el Gobierno de Abdelmadjid Tebboune.
A 31 de julio de 2026, Ceuta afronta un episodio fronterizo de una magnitud sin precedentes. Las primeras estimaciones de las fuerzas de seguridad sitúan por encima de 49.000 el número de personas que habría entrado en la ciudad durante unas 24 horas. Algunas fuentes elevaron provisionalmente la cifra a 49 000, según página del Departamento de Seguridad Nacional sin explicación pública.
La fabricación discursiva de una "invasión"
Las crisis fronterizas crean un contexto favorable para la radicalización del discurso público. Este estudio identificó un endurecimiento de la retórica política y la normalización del discurso racista; durante la crisis de 2021, Vox dedicó más del 70 % de sus publicaciones a Ceuta y la migración.
En la crisis actual, expresiones como "invasión", "hombres en edad militar" o "sicarios" reproducen esta construcción de las personas migrantes como amenaza colectiva. Los medios no generan necesariamente estos discursos, pero pueden normalizarlos cuando reproducen marcos alarmistas sin contextualización ni contraste.
Los derechos humanos como límite y como respuesta.
En una crisis de esta naturaleza, los derechos humanos no son un obstáculo para la gestión fronteriza, sino su límite jurídico y ético. La recuperación de más de 40 cadáveres en aguas de Ceuta evidencia el coste humano de una política que convierte la frontera en un espacio de riesgo extremo.
Pero quienes pierden siempre son las propias personas migrantes: Marruecos puede utilizarlas como instrumento de presión, los partidos como argumento electoral y determinados discursos como una amenaza anónima.
Mientras los Estados disputan influencia y responsabilidades, estas personas arriesgan la vida y quedan expuestas a la desprotección, las devoluciones arbitrarias y la deshumanización pública. La respuesta no debe enfrentar los derechos de la población ceutí con los de quienes llegan, sino impedir que ambos colectivos -y especialmente quienes ocupan la posición más vulnerable- sigan pagando el precio de estrategias políticas que no controlan. La cifra de entradas resulta especialmente difícil de absorber en una ciudad de aproximadamente 83.600 habitantes. La capacidad de acogida de Ceuta se encontraba ya desbordada antes del último incremento de llegadas.
Hay más ejemplos, y los seguirá habiendo, como se seguirán sucediendo las cínicas declaraciones de amistad entre España y Marruecos. Forma parte del juego, y poco variará la actitud de La Moncloa sea quien sea su inquilino. En este juego de equilibrios, España es el zaguán de Europa, y Europa ha subcontratado su seguridad a quien tiene la llave del Estrecho, que ahora es Mohamed VI y luego será su hijo. Marruecos hace de cancerbero, y exige un alto precio, no solo en dólares.
El problema es que, como en casi todas las historias, siempre pagan los mismos. La munición con la que Marruecos dispara contra España es su propia gente, y el combustible es la pobreza, la falta de libertades, la ausencia de expectativas, el brillo de un futuro parecido al del primo que emigró a Bélgica, el hermano que está en un barrio de París, la vecina que se rompe el espinazo bajo los plásticos de Huelva o Almería. Los hemos visto por la tele. Jóvenes y no tan jóvenes jugándose la vida en el agua, la mayoría hombres, pero también algunas mujeres con sus hijos pequeños, algunas jóvenes solas. Para unos -los que ya emprendieron el camino de regreso a Marruecos- habrá sido una aventura de juventud; otros tal vez puedan quedarse en España, pero habrá más de 60 madres -por ahora-que no verán regresar con vida a sus hijos. Tendrán todo el derecho a maldecir en lo más secreto y lo más profundo de su alma a ese rey orgulloso y disoluto que convierte a sus súbditos en carne de cañón.
*La primera versión del incidente fue publicado por el diario El Faro de Ceuta. Luego antiguos funcionarios del gobierno de la época (2014) fueron filtrando información a otros medios, bajo anonimato.
Michael Mansilla
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