Cuando los bodegueros se suicidan. Michael Mansilla
11.01.2026
La industria del vino enfrenta una crisis profunda que ya no puede explicarse en una mala temporada. Sino por el bajo consumo enfrentando a una sobreproducción. El vino está teniendo mala prensa en internet, por contenido de sulfitos que lo dejan en la categoría de tóxicos como del cigarrillo. También debe enfrentarse a la falta de nuevos mercados, la omnipresencia de la cerveza y las drogas sintéticas.
La industria del vino enfrenta una crisis profunda que ya no puede explicarse en una mala temporada. Así lo planteó el historiador Pablo Lacoste, uno de los principales especialistas en historia vitivinícola del Cono Sur, al analizar el presente y el futuro del sector. El fin de una era: Mendoza ante el desafío de arrancar 70.000 hectáreas
"Esto no es una fluctuación anual de precios. Es un cambio de mercado radical", enfatizó Lacoste, y explicó, que el problema excede largamente a la Argentina y se replica en los principales países productores del mundo. La caída del consumo, especialmente entre millennials y generación Z, alteró de forma irreversible la lógica histórica del vino. "El vino ya no es una bebida de consumo cotidiano. Quedó reservado para momentos especiales", señaló.
Ese cambio cultural generó un sobrestock global sin precedentes. "Hay muchísima más oferta que demanda. El músculo industrial vitivinícola del mundo supera ampliamente lo que el mercado puede absorber", explicó Lacoste, quien participó recientemente de un congreso internacional del vino en la Universidad de Toulouse, Francia.
Para graficar el fenómeno, el historiador recurrió a una imagen tan simple como brutal: "Buena parte de la industria del vino se ha convertido en fábricas de máquinas de escribir. No hay quién te compre máquinas de escribir ya". La metáfora resume la dimensión del problema: no se trata de producir mejor lo mismo, sino de aceptar que el producto perdió centralidad en el mercado. "En Burdeos se están suicidando los herederos de bodegas históricas. Ven cómo se derrite el prestigio familiar construido durante siglos", afirmó, al describir el impacto social del derrumbe con un hecho puntual.
En ese contexto, la Argentina no es una excepción. La producción anual ronda entre 10 y 12 millones de hectolitros, pero hoy existe una cosecha entera sin vender en stock. "La inmensa mayoría de las bodegas tiene una cosecha completa adentro. Por eso no pueden comprar uva", explicó. Y aclaró: "No es mala voluntad ni deslealtad con el productor. No tienen dónde meter más vino".
El efecto directo ya se siente en Mendoza. Muchos viñateros no encuentran comprador para su producción y todavía persiste la expectativa de que se trata de un mal año que se revertirá. Lacoste fue categórico: "Esto no es como el tomate que un año vale poco y al otro se recupera. Es estructural".
El escenario que proyecta es drástico. De las 200 mil hectáreas de viñedos que tiene hoy la Argentina, podrían quedar 100 mil. "Esto ya pasó en los años 80. Teníamos 350 mil hectáreas y bajamos a 170 mil cuando se derrumbó el consumo interno", recordó. La diferencia es que aquella vez hubo una reconversión exitosa; ahora, el mercado global está saturado.
Las exportaciones reflejan el retroceso: Chile pasó de exportar 2.000 millones de dólares a 1.400; Argentina, de 1.000 millones a apenas 600. Al mismo tiempo, el consumo interno también cae. "Es la tormenta perfecta: crisis mundial del vino y crisis estructural argentina", resumió.
Para Lacoste, sostener artificialmente el modelo solo prolonga el problema. "Si ponemos a una persona enferma en respiración artificial, podemos prolongar la agonía, pero también la crisis", advirtió. Y anticipó que el proceso de arranque de viñedos será inevitable, comenzando por las zonas más frágiles, aunque ni siquiera regiones de alta gama como el Valle de Uco están exentas por sus altos costos.
Frente a ese panorama, planteó la urgencia de reconvertir la economía mendocina. La minería aparece como una apuesta del Gobierno provincial, pero insuficiente. "No alcanza para una provincia de dos millones de habitantes. Se necesitan muchas pymes y mucha actividad", dijo, y destacó el potencial del turismo eco cultural como alternativa complementaria.
También señaló un problema cultural de fondo: "Durante 80 años, la lógica fue hacer lobby, conseguir subsidios y sostener artificialmente actividades que ya no funcionaban". Para Lacoste, ese modelo se agotó definitivamente. "No funciona ponerse a llorar, cortar rutas o pedir subsidios para salvar fábricas de máquinas de escribir".
Aunque reconoció que existen nichos con mayor proyección -como los vinos naturales, donde hoy hay más demanda que oferta-, advirtió que incluso esas oportunidades requieren un cambio profundo de mentalidad productiva.
La economía de Mendoza atraviesa un momento de "falta de expectativas". Así lo definió el economista Carlos Ponce al analizar el impacto de los dichos del historiador Pablo Lacoste sobre el fin de la era dorada del vino. Para Ponce, la provincia se encamina a un escenario de achicamiento estructural donde sino hacemos nada "el desarrollo económico va a ser lento".
Ponce validó el diagnóstico de Lacoste sobre la caída irreversible del consumo global de vino: "Vienen generaciones que ya no van a consumir vino. Se está instalando incluso que es una bebida tóxica y se lo emparenta con el tabaco. Aparecen cada vez más a menudo nutricionistas en la tele o en YouTube que afirman: 'si quieren tomar vino, problema de ustedes, pero sepan que el vino hace mal' ".
Esta crisis cultural golpea directo en la rentabilidad del productor mendocino. "El viñatero que llegue a cubrir los costos anuales se va a considerar más que afortunado. No va a haber mejora en la rentabilidad sino caída, por lo tanto, no va a haber inversión, va a caer el movimiento económico que genera la viticultura, nadie va a comprar nada. ¿Cuántos años va a trabajar a pérdida un viñedo?", se preguntó Ponce, anticipando que es posible, como afirmó Lacoste, que muchos dueños de tierras comiencen a pensar en arrancar las cepas. Lo que ya está ocurriendo en Francia, por ejemplo.
El economista fue tajante al comparar el potencial local con el de otras provincias: "Nosotros no tenemos Vaca Muerta. No tenemos la minería masiva de San Juan; no tenemos la Pampa Húmeda que si le sacan las retenciones va esto va a explotar".
Sobre las apuestas del Gobernador Alfredo Cornejo por la minería y el turismo, Ponce aclaró que, aunque son acertadas y necesarias, no tienen el volumen para compensar la caída de la vitivinicultura: "La minería va a generar 2.000 a 3.000 empleos en la etapa de construcción, y en operación son 500 o 600. Con sueldos mucho mejores que el promedio. Este proyecto es muy importante pero no va a cambiar la vida completa del Gran Mendoza". Incluso comentó sobre el destino de los 1.000 millones de dólares del resarcimiento: "una idea muy personal, que de todas maneras ya no se va a concretar, que hubiera generado un cambio significativo en serio en la lógica con la que funciona Mendoza, sería haber construido una la doble vía de última generación a Chile, una conexión rápida y segura para comprar y vender con una de las capitales más prósperas de Sudamérica como Santiago de Chile y conectarnos vía los puertos chilenos con Asia. Pero ya no se va a hacer, se tomaron otras opciones que también son válidas, pero no rentable".
Respecto a las quejas del Gobernador sobre el carácter "conservador" y "cortoplacista" de los empresarios locales, Ponce coincidió en la descripción, pero cuestionó la mirada oficial. "La descripción de Cornejo es muy buena y sintética, pero quizás se olvide la causa: vivimos en un país de cortísimo plazo".
"El sector privado está 'jugadito'. El viñatero que gana un peso, lo guarda. No es que sean malos, el problema es que viven en la Argentina", explicó, extendiendo la crítica al gabinete provincial: "No entiendo al ministro de Economía provincial, porque frente al cambio estructural que viene con el gobierno de Milei y los desafíos productivos propios, tampoco ha propuesto nada nuevo; es un empresario tradicional que no ha sido un gran innovador".
Finalmente, Ponce analizó el escenario nacional de estabilidad como la única vía de oxígeno para el 2025. Destacó la importancia de la licitación para que esté asegurado el pago del bono en dólares que vence en enero del 2026: "Si sale bien, se abre un panorama distinto. Es tomar deuda nueva para pagar deuda, algo que los estados pueden hacer para bajar el Riesgo País".
Sin embargo, para Mendoza, el desafío está planteado desde hace mucho y sigue siendo interno: "El ministro debería estar reuniéndose hace mucho con los empresarios para armar un debate serio sobre el futuro de la provincia, no para subsidiarles pequeños eventos para que no protesten".
En Uruguay industria vitivinícola enfrenta desafíos debido al aumento de los costos de producción, atraso cambiario y bajas ventas. Tanto en el mercado interno, como las exportaciones. Esta situación genero un excedente de uva y un sobrestock de vinos, complicando aún más la situación. Según el INAVI la producción se acercó a casi 67 millones de litros. El precio máximo llego 0,50 U$S dólares el litro apenas para cubrir los costos y una caída en la demanda de mercados como Brasil, Estados Unidos y China.
Cada año se eliminan campos de viñedos y se cierran bodegas de pocas hectáreas y producción. Pero las tierras son de difícil venta. Años de sobrexplotación generan suelos pobres y de pocas hectáreas, no apto para proyectos agrícolas sostenible. La vid sigue el camino de los tambos y las chacras familiares de horti fruticultura.
¿Quién le compite al vino en Argentina y en Uruguay?
Los grandes competidores del vino en Argentina son el fernet un producto de 45% de volumen alcohólico mezclado con gaseosas, la cerveza omnipresente en una increíble variedad de marcas nacionales e importadas en formato de lata. Las cervecerías artesanales que sirven un producto "más premium" con clientes dispuestos a pagar por una bebida sin conservantes. Cervezas exóticas producidas en pequeñas cantidades como las amargas IPA, manteniendo la reglamentación de agua, cebada y lúpulo. Pero el mayor competidor son la cocaína y drogas de diseño como metanfetaminas, acompañadas de mucha agua mineral, a veces acompañados un shot de vodka .Los tiempos cambian.
En el mundo.
Al descenso del consumo del vino se agrega la menor producción vitivinícola a nivel global es consecuencia directa de condiciones climáticas cada vez más extremas, como olas de calor prolongadas, sequías severas y una mayor incidencia de enfermedades de la vid, fenómenos que han afectado tanto a las principales regiones productoras del hemisferio norte como del sur. Estos factores han reducido rendimientos, alterado los ciclos de maduración y elevado los costos de producción, pero no las ganancias.
A este escenario se suma la reducción sostenida de la superficie mundial de viñedos, producto del abandono de explotaciones, la falta de rentabilidad y la reconversión de tierras hacia otros usos agrícolas. La contracción persistente del área cultivada de uva refuerza así una tendencia estructural de menor oferta global de vino, con impactos económicos y sociales significativos en las regiones vitivinícolas.
Los viticultores se están trasladando al norte, Dinamarca, Escania y Sur de Inglaterra. En una cata a ciegas el mejor "champagne" (espumantes), no fue francés, sino de una pequeña bodega familiar del condado de Suffolk, Inglaterra.
En Francia
Francia se cansa del vino no es solo un título periodístico en Europa: es una advertencia que resuena con fuerza en Mendoza. Mientras el debate local se enciende por el sobrestock, el país que históricamente marcó el pulso mundial del sector está tomando una decisión extrema: arrancar viñas para achicar el mercado. El fenómeno francés funciona como espejo incómodo en una provincia donde todavía se discute si el problema es coyuntural o estructural.
Pero en el campo francés hay problemas estructurales muy graves, entre ellos la crisis del sector vitivinícola por la caída del consumo nacional y de las exportaciones. La costumbre se ha perdido de y no se atisba en el horizonte un cambio de tendencia.
La economía del vino, y de las bebidas alcohólicas en general, da empleo a unas 600.000 personas y factura más de 30.000 millones de euros al año. Las exportaciones suponen la mitad de esta cifra. Para todos mandatarios los que han pasado por el Eliseo el tema es una cruel resaca.
Los vinos o sus mostos destilados producen un fino alcohol etílico, una tradición de siglos en Francia Además del Cognac o el Armagnac con denominación de origen, dio a la producción de otros brandis, alcohol básico para licores y una explosión del vodka francés destilado de uva como la conocida marca Grey Goose desde 1990. El maestro de chai de Grey Goose es François Thibault, quien desarrolló la receta original del vodka en Cognac, Francia. Pero no todo fue tan "glamoroso "para el destilado de uva también termino como un agregado a los combustibles. La industria del vino es la más subsidiada de la economía francesa y requieren medidas extremas arrancarlas.
En Francia. Arrancar las vides.
En Francia, la crisis ya no se disimula. El consumo interno de vino cae de manera sostenida desde hace años y las exportaciones tampoco compensan la baja. El Gobierno decidió intervenir con una política agresiva: financiar el arranque definitivo de viñedos para reequilibrar la oferta y evitar el colapso del sector.
Al respecto, en noviembre del 2024, el Gobierno francés anunció un plan de 130 millones de euros para financiar el arranque definitivo de viñas en 30.000 hectáreas, el equivalente a tres veces la superficie del municipio de París, para "reequilibrar la oferta y restaurar la viabilidad en las zonas fragilizadas". Además, se extendió el programa de préstamos garantizados para ayudar a los agricultores a implantar cultivos alternativos. "Se estima que de las 789.000 hectáreas de viñas habrían desaparecido unas 75.000 en solo tres años".
El plan oficial apunta a eliminar decenas de miles de hectáreas en regiones históricas como Burdeos, Gironda y el sur del país, una medida que hace apenas una década habría parecido impensable.
¿Por qué la gente toma menos vino?
Según el profesor universitario Jean-Marie Cardebat, autor de Économie du vin , la menor demanda de vino, sobre todo del tinto, que se consolida año tras año, tiene que ver también con los cambios sociológicos profundos del último medio siglo. Francia no es la misma que cuando gobernaba el general De Gaulle.
El diagnóstico francés va más allá de lo económico. El economista Jean-Marie Cardebat, profesor de la Universidad de Burdeos, explicó que la crisis del vino no responde solo al precio o al marketing, sino a un cambio profundo en los hábitos sociales: menos comidas familiares, menos rituales alrededor de la mesa, nuevas pautas culturales entre los jóvenes y una relación distinta con el alcohol.
"La desestructuración familiar y el auge de las familias monoparentales han hecho que sean mucho menos frecuentes las comidas dominicales en torno a una larga mesa en la que se sentaban varias generaciones y en las que no podía faltar la botella de vino. Algo puede haber influido también el extraordinario aumento del porcentaje de población musulmana, aún más entre los jóvenes", ejemplificó uno de los informes sobre la realidad francesa.
Por eso, el vino dejó de ser una bebida de consumo cotidiano para convertirse, en muchos casos, en una bebida ocasional. Esa transformación -lenta pero persistente- es la que empuja decisiones drásticas como el arranque masivo de viñas.
Los viticultores también han sufrido los estragos del cambio climático, con condiciones meteorológicas cada vez más extremas, y la comercialización de sus productos se ha enfrentado a avatares geopolíticos como las guerras arancelarias. Otra realidad persistente es el descenso del consumo entre los jóvenes.
El arranque sistemático de viñas, aunque justificado por la coyuntura económica del sector, es un hecho traumático que va más allá del puro cálculo financiero. Supone poner fin a una cultura ancestral ligada a los territorios y modificar el paisaje para siempre.
Expertos como Cardebat alertan de que, al destruir la oferta, se corre el peligro de destruir de forma duradera la demanda, haciendo muy difícil, si no imposible, responder a un potencial cambio del mercado. El arranque de viñas merma la transmisión de conocimiento entre generaciones de viticultores y hace todavía más difícil el relevo, uno de los mayores retos del campo, en Francia y en toda Europa.
El acuerdo Mercosur o Unión Europea, podría convertirse un mercado gigantesco y muy interesante. Brasil tiene un bajo consumo por el costo de importación de producto chileno y argentino. Brasil y el resto de países latinoamericanos no productores son un mercado de 300 millones de personas.
Un debate incómodo en Mendoza.
Este debate se está dando en Mendoza, especialmente a partir de la frase del historiador Pablo Lacoste, que en una entrevista en la que describió al vino como algo "obsoleto" y lo comparó con una máquina de escribir. Pero entre productores, bodegueros, distribuidores y otros actores de la cadena todavía hay resistencias a asumirlo como un cambio estructural.
La tentación suele ser buscar la salida en el "vino nuevo": etiquetas más livianas, menos alcohol, propuestas sin alcohol o con bajo contenido alcohólico, pensadas para captar a consumidores jóvenes o preocupados por la salud.
Eso explica por qué en Francia la reconversión no se limita a cambiar estilos de vino, sino que avanza directamente sobre la superficie plantada. El Estado francés asume que no todo el viñedo es sostenible en el nuevo escenario y prefiere achicar ahora antes que prolongar una crisis que erosione ingresos, empleo y relevo generacional. El costo cultural es enorme: arrancar viñas implica perder paisaje, historia y saberes transmitidos durante generaciones. Pero el costo de no hacerlo, advierten los técnicos, podría ser mayor.
En Mendoza, la discusión recién empieza a tomar cuerpo. La provincia vitivinícola por excelencia de Sudamérica enfrenta el mismo dilema que Burdeos: qué hacer cuando el mundo toma menos vino. Negarlo, maquillarlo o postergarlo puede ganar tiempo, pero no cambia la tendencia. Francia, con toda su tradición y peso simbólico, ya tomó una decisión. La pregunta que empieza a sobrevolar el oasis mendocino es si ese futuro con menos vino y menos viñedos también terminará siendo inevitable en esta provincia argentina.
En California.
Por segundo año consecutivo, en el Simposio Unificado de Vino y Uva de California, Jeff Bitter, su presidente, instó a la rápida remoción de vides para adaptarse a la disminución de la demanda y ajustar los costos, porque de la uva al vino el proceso es costoso y los stocks difíciles de mantener. "No todos los vinos son aptos para la guarda, el negocio exige una alta rotación en la cadena de producción. Un cliente puede pagar una botella de vino desde 3 o 6 dólares, pero al lado tiene marcas de vodka de, 3 o 6 dólares, " y si lo que busca una borrachera rápida elige el destilado con 47% de volumen alcohólico frente a 5 a 7 % de un buen caldo.
Añadió: «Tuvimos un auge significativo en la plantación a finales de los 90, y muchos de esos viñedos ya rondan los 25-30 años y están al final de su umbral económico». Este auge se produjo tras la emisión de un segmento en 60 Minutes que promocionaba los beneficios para la salud de beber vino con moderación.
Si bien las recomendaciones del Simposio Unificado fueron específicas: "Todos deben colaborar. Recomendamos a nuestros clientes que extraigan aproximadamente el 10% de lo que están cultivando actualmente, dependiendo de la edad y la salud del viñedo".
«Hemos estado dedicando mucho tiempo a reuniones individuales con nuestras familias de productores para guiarlos en estas decisiones».
Añadió: «Somos una comunidad que cultiva uvas desde antes que California fuera parte de Estados Unidos como estado 1850.Cuando los colonos llegaron por primera vez a California, el vino y la vid la trajeron los monjes misioneros españoles y mexicanos en el siglo XVIII. La segunda ronda fue con la fiebre del oro. Muchos eran de países de cuenca del Mediterráneo. Invirtieron sus ganancias en esas tierras de mala calidad, pobre producción y climas extremos. Pero perfecta para vid que puede crecer entre las piedras y con poca agua.
"Tenemos viticultores de quinta y sexta generación cuya identidad está ligada a ello. Ser la generación que deja de ser viticultor es difícil".
¿Quién le saca mercado al vino?
Cerveza sigue siendo la bebida alcohólica más popular por amplio margen y lidera el mercado en volumen de consumo.
Baijiu, un licor destilado (China) tradicional (generalmente de sorgo) con alta graduación alcohólica, ha sido durante décadas el destilado dominante en celebraciones, banquetes y reuniones sociales.
Una amplia categoría de bebidas espirituosas fermentadas o destiladas del sur y sudeste de Asia son una mejor opción que el vino. elaboradas a partir de diversas bases como savia de coco o palma fermentada, caña de azúcar o arroz, siendo los estilos de Sri Lanka (Ceilán) e Indonesia los más destacados. Es una de las bebidas espirituosas más antiguas del mundo, con grandes diferencias según la región, desde el sutil licor de coco de Sri Lanka hasta las versiones indonesias con un toque a ron proveniente del arroz rojo.
Las bebidas alcohólicas más consumidas son de fabricación local o artesanal: El vino de palma es una bebida alcohólica tradicional fermentada a partir de la savia azucarada extraída de varias palmeras (como cocoteras, datileras o palmiras), popular en regiones tropicales de África, Asia y Sudamérica. Aunque el premio se lo lleva la miel de caña de azúcar, simplemente fermentada (pero con muchas variedades de antiguas recetas familiar) fabricado en las aldeas y presente todo el año.
Michael Mansilla
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