Cuando los héroes sean otros en Cuba. Jorge Ángel Pérez
31.07.2026
Los héroes que están por llegar deberán ser puros, y no héroes de tribunas como los que hasta hoy conocimos.
Los héroes ya no son tan eternos como en otros tiempos. Los titanes en Cuba ya no son para todos los espacios, y finitas son también sus permanencias en esos campos en los que se acostumbra a construir los espacios perfectos para el desarrollo y el encumbramiento de las heroicidades, los campos donde se desarrollarán las hazañas más grandes.
Hazañas y más hazañas, ese fue el gran sueño comunista. Pretendieron llegar al cosmos y solo sabe Dios cómo lo consiguieron. Se empeñaron en que no fuera un hombre común y se decidieron por un hombre de piel negra, sabedores de que sería un gran detalle del que hablaría el mundo entero, por supuesto, a favor de los comunistas. La hazaña se parecía mucho a la justicia, al bienestar común, pero ellos estaban detrás del bombo y el platillo.
En muchos rincones del mundo morían hombres, mujeres y niños; unos por hambre y otros por enfermedades mortales, otros por las guerras más crueles, y en todas partes la muerte seguía su rumbo y se enseñoreaba; y aquí creaban centros con avanzados laboratorios para el desarrollo biotecnológico, para conseguir los halagos y las mayores reverencias y, sobre todo, para conseguir las cortesías que se dedican a los reyes y a los dioses.
Y fue así cómo nos fuimos cansando de los héroes y de las tribunas para los héroes. Vimos muchos héroes de tribunas, pero alcanzamos a mirar a los del mundo real. Escuchamos altavoces y no héroes, solamente héroes de tribunas, héroes de discursos a los que cantaba Sara González. Y hasta tuvimos un niño héroe que se salvó en medio del mar. Y el balserito también se convirtió en héroe, en abogado, como Fidel Castro.
Cuba, el comunismo, decidió ser un país de héroes y llenarse de heroicidades; héroes de la zafra azucarera, aunque terminamos con la mayoría de los centrales cerrados. Héroes y más héroes en todas las ramas del saber: héroes en la educación, héroes en el internacionalismo proletario que aportaba ingresos que jamás veíamos, que ni siquiera veían los que hacían el trabajo heroico. Héroes, muchos héroes, que repletaban las arcas de los señores socialistas que recordaban a los señores feudales. Héroes sin que consiguiéramos constatar ni la más mínima de esas heroicidades; pero allí estaban los jefes para hacer el relato. Y allí estaban también los héroes de las tribunas, esos que eran altos jefes y se encargaban de hacer la relatoría de las más grandes proezas, esas que los de abajo nunca conseguimos constatar.
Y un día nos cansamos, tanto que hasta nos pusimos a conformar nuestro panteón heroico, con héroes de verdad, con héroes reales, actuantes de nuestros verdaderos espacios de lucha. Y no es que se dijera adiós a las armas, pero nos decidimos por el adiós a los dioses de verdad. Pusimos a un lado las tribunas y abrazamos a los actuantes más reales, esos que son los más útiles, los que son de verdad.
Y así nació hace ya un tiempo Luis Manuel Otero Alcántara, que no es un héroe de tribuna, que es uno de verdad, y para colmo de bienes es un hombre hermoso, tanto que no dudo que, en lo adelante, en su exilio, le hagan muchas fotos, quizá un seguidor de Korda, quizá. Cuba tiene nuevos héroes hasta hermosos. Héroes de verdad; uno que se forjó en los enfrentamientos al poder dictatorial.
Los héroes que están por llegar deberán ser puros, y no de tribunas como los que hasta hoy conocimos. Cuando cambien los héroes, seremos un país mejor.
Publicado en Cubanet, el 27 de julio de 2026
Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.
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