Cuba: Entre los intereses de EEUU y la desidia de un régimen fracasado, un pueblo en la encrucijada. José W. Legaspi

21.04.2026

Cuba atraviesa una crisis que ya no puede ser caracterizada como coyuntural, es una crisis estructural de larga duración, agravada en los últimos años por una combinación de factores internos y externos que han llevado al país a un punto de inflexión.

 

La narrativa dominante, tanto en clave apologética como en clave condenatoria, ha tendido a simplificar el problema: o bien todo es consecuencia del embargo estadounidense, o bien todo es producto del fracaso del modelo político cubano. Ninguna de estas interpretaciones, por sí sola, resulta suficiente.

La hipótesis que guía este ensayo es que Cuba se encuentra sometida a una doble asfixia sistémica: una externa, producto de la política de presión sostenida de Estados Unidos; y otra interna, derivada de la crisis de gobernabilidad, eficiencia y legitimidad del régimen. Lejos de anularse, ambas dimensiones se refuerzan mutuamente, configurando un escenario en el que el principal damnificado es el pueblo cubano.

I. El embargo como dispositivo de presión estructural

El embargo impuesto por John F. Kennedy en 1962 no puede ser entendido únicamente como una medida económica. Desde su origen, se trató de un instrumento político destinado a provocar un cambio de régimen en la isla. A lo largo de más de seis décadas, esta política ha evolucionado en alcance y sofisticación, incorporando mecanismos financieros y extraterritoriales que amplifican su impacto.

Las leyes Ley Torricelli y Ley Helms-Burton consolidaron este carácter estructural, al internacionalizar las sanciones y penalizar a terceros actores que mantuvieran vínculos económicos con Cuba. Este elemento es clave: el embargo no solo restringe la relación bilateral, sino que limita la inserción global del país.

En el período reciente, la política estadounidense ha experimentado oscilaciones. El acercamiento impulsado por Barack Obama abrió una ventana de distensión que generó expectativas de transformación económica. Sin embargo, este proceso fue revertido por la administración de Donald Trump, que reinstauró una lógica de máxima presión. La continuidad de buena parte de estas medidas bajo Joe Biden confirma que el endurecimiento no fue un episodio aislado, sino parte de una estrategia más amplia.

El resultado es un entramado de restricciones que afecta áreas clave: acceso a financiamiento internacional, importación de insumos críticos, capacidad de exportación y estabilidad monetaria. Sin embargo, aun reconociendo este impacto, es necesario evitar una lectura determinista: el embargo condiciona, pero no determina de manera absoluta el desempeño económico cubano.

II. De la dependencia soviética al vacío estructural

Para comprender la crisis actual, es imprescindible situarla en perspectiva histórica. Durante décadas, el modelo económico cubano se sostuvo sobre una relación de dependencia con la Unión Soviética, que garantizaba subsidios, comercio preferencial y estabilidad energética. El colapso de este sistema tras la Disolución de la Unión Soviética dio lugar al denominado "Período Especial", una crisis profunda que obligó a introducir reformas parciales.

La posterior articulación con la Venezuela de Hugo Chávez permitió amortiguar parcialmente las consecuencias de esa ruptura, mediante acuerdos energéticos y de cooperación. Sin embargo, el deterioro económico venezolano en la última década volvió a dejar a Cuba sin un sostén externo significativo.

Este recorrido histórico revela una constante: la economía cubana ha dependido estructuralmente de apoyos externos que han sustituido la necesidad de reformas profundas. La ausencia de estos apoyos expone las debilidades internas del sistema.

III. La crisis del modelo económico: ineficiencia y rigidez

El modelo económico cubano, basado en la centralización estatal y la planificación, ha mostrado crecientes signos de agotamiento. La baja productividad, la escasa diversificación y la falta de incentivos han limitado su capacidad de adaptación en un contexto global cambiante.

Las reformas impulsadas en los últimos años -incluida la llamada "Tarea Ordenamiento"- intentaron corregir distorsiones acumuladas, pero generaron efectos adversos como inflación descontrolada y pérdida del poder adquisitivo. La apertura al sector privado, aunque significativa en términos simbólicos, ha sido restringida y ambivalente, impidiendo el desarrollo de un tejido empresarial dinámico.

A esto se suma una crisis energética persistente, derivada de la obsolescencia de la infraestructura y la falta de inversión. Los apagones, lejos de ser episodios aislados, se han convertido en un elemento estructural de la vida cotidiana, afectando tanto a la población como a la actividad productiva.

En este contexto, la economía cubana no solo enfrenta limitaciones externas, sino también profundas ineficiencias internas que no han sido abordadas con la urgencia ni la profundidad necesarias.

IV. Gobernabilidad y legitimidad: el problema político

Más allá de la economía, la crisis cubana tiene una dimensión política central. El sistema de partido único ha garantizado estabilidad durante décadas, pero al costo de limitar la pluralidad y la capacidad de procesar el conflicto social.

Las protestas de 2021 marcaron un punto de inflexión al evidenciar un malestar extendido que trasciende sectores específicos. La respuesta estatal, centrada en el control y la represión, logró contener momentáneamente la movilización, pero no resolvió sus causas.

La cuestión de la legitimidad se vuelve aquí fundamental. Un sistema político que no logra canalizar las demandas sociales ni ofrecer perspectivas de mejora enfrenta un desgaste progresivo. Este desgaste no necesariamente se traduce en una ruptura inmediata, pero sí en una erosión sostenida de su base de apoyo.

V. La dimensión social: precariedad, desigualdad y éxodo

La crisis estructural tiene su expresión más visible en la vida cotidiana. La escasez de alimentos, medicamentos y bienes básicos ha dejado de ser excepcional para convertirse en norma. La dolarización parcial de la economía ha profundizado las desigualdades, generando una brecha entre quienes tienen acceso a divisas y quienes dependen exclusivamente de ingresos en moneda nacional.

El fenómeno migratorio adquiere aquí una centralidad decisiva. En los últimos años, Cuba ha experimentado un éxodo masivo que no solo refleja la falta de oportunidades, sino también la pérdida de expectativas de cambio. Este proceso tiene consecuencias profundas: envejecimiento poblacional, pérdida de capital humano y debilitamiento del tejido social.

Al mismo tiempo, la sociedad cubana desarrolla formas de adaptación y resistencia que permiten la reproducción cotidiana de la vida. Sin embargo, estas estrategias, basadas en la informalidad y la creatividad, no sustituyen la necesidad de soluciones estructurales.

VI. Narrativas en disputa: entre la justificación y la condena

El debate internacional sobre Cuba se encuentra profundamente polarizado. Por un lado, persiste una narrativa que atribuye todos los problemas al embargo, minimizando las responsabilidades internas. Por otro, se impone una visión que reduce la complejidad del país a un simple caso de autoritarismo fallido.

Ambas posiciones comparten una limitación: invisibilizan al sujeto central del problema, el pueblo cubano. Esta polarización no solo empobrece el análisis, sino que también dificulta la construcción de alternativas viables.

La expansión del acceso a internet ha introducido nuevos elementos en esta disputa, permitiendo la emergencia de voces diversas que desafían tanto el discurso oficial como las interpretaciones externas simplificadoras.

VII. Escenarios posibles: entre la reforma y el colapso

El futuro de Cuba se juega en un terreno de incertidumbre. La continuidad del modelo actual parece cada vez más inviable, pero las alternativas no están claramente definidas.

Un eventual levantamiento del embargo podría generar un alivio económico, pero no resolvería las ineficiencias estructurales. Del mismo modo, una apertura económica sin cambios políticos podría derivar en una transición desigual, con riesgos de exclusión social.

El desafío consiste en articular un proceso de transformación integral que combine apertura económica, reformas institucionales y mecanismos de protección social. Sin embargo, este escenario requiere condiciones políticas que hoy no están plenamente presentes.

Conclusión: la urgencia de una salida histórica

Cuba se encuentra en una encrucijada histórica que no admite dilaciones. La persistencia del embargo estadounidense y la inercia del modelo interno han configurado una situación de bloqueo múltiple que amenaza con profundizarse.

Superar esta situación implica reconocer responsabilidades compartidas. Estados Unidos debe revisar una política que ha demostrado ser ineficaz para promover cambios positivos, mientras que el gobierno cubano debe asumir la necesidad de reformas profundas que respondan a las demandas de su población.

En última instancia, la resolución de esta crisis no puede construirse sin el protagonismo del pueblo cubano. Cualquier salida que no lo coloque en el centro estará condenada a reproducir las mismas tensiones que han llevado al país a su situación actual.

Cuba no enfrenta simplemente una crisis económica o política. Enfrenta un dilema histórico que definirá su futuro en las próximas décadas. Y ese futuro, hoy más que nunca, permanece abierto.

José W. Legaspi
2026-04-21T08:46:00

José W. Legaspi