Cuba: la contrarrevolución energética. Esteban Valenti
27.07.2026
La revolución cubana cumplió este año su 70 aniversario, su situación económica, social y espiritual está a los límites y el indicador más duro es la falta de energía eléctrica y de combustibles para mover sus vehículos. La contrarevolución hoy es energética.
Nadie con un mínimo de rigurosidad histórica, puede dejar de llamar aquel asalto a la dictadura de Fulgencio Batista, como una Revolución irreverente ni que el bloqueo e sus diversas fases, hasta la situación extrema de la actualidad causaron daños muy graves en la economía de la isla. Pero reducir todo a ese elemento es falso y sería muy grave para los que apoyamos con pasión a la revolución y nos conmociona su actual crisis irreversible.
Cuba ya vive al borde de una explosión que terminará con esos 70 años de historia y el detonante y el combustible será la energía.
Las revoluciones posteriores a la revolución industrial siempre tuvieron en la energía un factor fundamental, las que todavía existen y las que se derrumbaron estrepitosamente detrás del muro fallido.
Cuba comenzó a fracasar cuando pasó de ser una revolución original, a ser una mala copia del modelo soviético, ya en los años 60, con la estatización de absolutamente todo, la economía, la educación, la salud, la cultura y naturalmente el partido único y monopólico.
A nivel energético el modelo se expresó con la construcción de la Central Electronuclear de Juraguá en Cienfuegos con un convenio de cooperación con la URSS y que luego de endeudarse en mas de mil millones de dólares, el proyecto estaba congelado desde el año 1992 y se clausuró definitivamente en el año 2000. La causa clave fue el colapso de la URSS y previamente el accidente de Chernobyl. Ahora toda la estructura energética de Cuba está en crisis y requeriría de inversiones por decenas de miles de millones de dólares para su resolver las serias carencias estructurales.
Los apagones en Cuba han influido en toda la vida de la isla y son un factor de desmoronamiento del prestigio del sistema y del propio Partido Comunista cubano. Se realizan protestas en diversas zonas de La Habana y de Cuba.
¿Es reversible la situación? Cada día que pasa y que avanzan las negociaciones secretas con la CIA, ni siquiera con el Departamento de Estado y con familiares directos de Raúl Castro, el proceso se vuelve más turbio y más difícil de revertir. No se trata solo de los equilibrios políticos militares entre Cuba y los EE.UU. el factor principal es el estado de indignación y de frustración creciente del pueblo cubano.
Este articulo no pretende focalizarse solo ni principalmente en la crisis cubana, sino en la importancia del factor energético en los procesos de emancipación o de opresión. Toda la estrategia belicista de Trump tiene un hilo conductor, en Venezuela, en Irán, en sus amenazas a Groenlandia y en todo el golfo Pérsico y con Rusia y la dependencia europea del gas y el petróleo norteamericano. Le vamos a destinar un artículo específico, que con el reinicio de los bombardeos a Irán y las aparentemente "locas" declaraciones de Trump reafirma este concepto del hilo conductor de todo el gobierno de ultra derecha en Estados Unidos.
Refresquemos la historia, el triunfo de la revolución china en 1947 tuvo un fuerte contrate con los cambios impulsados por Deng Xiaoping a partir de 1978 y que continua en la actualidad con Xi Jinping.
La Era de Mao Zedong (1949-1976). Durante el periodo maoísta, la política energética estuvo subordinada a los dogmas de la economía planificada estatal, el control centralizado y el objetivo de convertir a China en una potencia industrial pesada bajo el principio de la autosuficiencia.
Carbón: La columna vertebral absoluta de la generación energética y eléctrica fue el carbón, complementado con el desarrollo incipiente de la energía hidroeléctrica en grandes proyectos de infraestructura estatal.
Toda la industria energética (carbón, petróleo y electricidad) fue nacionalizada y organizada bajo estrictas directrices de los Planes Quinquenales. La producción respondía a cuotas fijadas por el gobierno central y no a la demanda real del mercado.
Hacia el final de la era maoísta, el modelo mostró agudos signos de agotamiento. Las redes eléctricas estaban fragmentadas a nivel local o provincial, la eficiencia energética era sumamente baja y la oferta era incapaz de acompañar las necesidades de una población e industrialización en crecimiento, generando cuellos de botella crónicos.
La Era de Deng Xiaoping y la "Reforma y Apertura" (a partir de 1978): Descentralización y Demanda Explosiva. Con la llegada de Deng Xiaoping al poder y la implementación de las políticas de Reforma y Apertura (Gaige Kaifang) a partir de 1978, la energía dejó de ser un sector puramente ideológico y se convirtió en el insumo crítico para sostener el "milagro económico" y la exportación industrial.
El despegue de las Zonas Económicas Especiales y la industria ligera y pesada dispararon la demanda eléctrica a niveles que el Estado central ya no podía financiar ni gestionar en solitario. Como respuesta, Deng impulsó reformas estructurales.
Las industrias del petróleo y gas, que operaban bajo ministerios rígidos en la era de Mao, comenzaron a corporativizarse para ganar eficiencia, sentando las bases de los gigantes estatales modernos (como CNPC, Sinopec y CNOOC).
Sin la profunda transformación energética en China no se podría haber realizado el mayor cambio social de toda la historia de la humanidad en un periodo tan breve, tanto en el plano porcentual como en los centenares de millones que pasaron de una economía campesina y pobre a una explosión tecnológica, industrial y de los servicios.
Ahora miremos hacia adentro. El mayor y más profundo cambio realizado por los tres gobiernos frenteamplistas fue a nivel de la cantidad y la diversificación energética.
Entre 2005 y 2020, Uruguay experimentó una de las transformaciones más radicales, rápidas y elogiadas a nivel mundial en su sector eléctrico. Pasó de ser un sistema vulnerable, altamente dependiente de la variabilidad climática (hidroelectricidad) y de la costosa importación de combustibles fósiles, a consolidar una matriz de generación limpia, diversificada y mayoritariamente renovable.
El Punto de Partida (Previo al 2005), antes de la implementación de la Política Energética 2005-2020, el sistema eléctrico uruguayo dependía fundamentalmente de dos pilares:
Las grandes represas hidroeléctricas estatales sobre el río Negro y el río Uruguay (Salto Grande).
Un parque de generación termoeléctrica basado en petróleo y gas fósil que se utilizaba para cubrir los baches cuando escaseaban las lluvias.
Ante años de sequía, el país se veía obligado a importar masivamente electricidad de los países vecinos o a quemar combustibles fósiles a un costo económico y ambiental altísimo. No existía diversificación real ni participación de privados en la generación.
La "Revolución Eólica" y la Diversificación No Tradicional, a partir de los decretos y marcos regulatorios impulsados desde 2005-2008 en adelante (con fuerte liderazgo estatal a través de la empresa pública UTE y el MIEM), se abrió la puerta a las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) mediante licitaciones públicas y contratos de compra de energía a largo plazo.
La energía eólica pasó de ser una anécdota o inexistente en la matriz a representar una verdadera revolución. Se instalaron más de 1.500 MW de potencia eólica en menos de una década, convirtiendo a Uruguay en uno de los países con mayor penetración de energía eólica per cápita del mundo (llegando a cubrir cerca de un tercio de la demanda eléctrica nacional en varios tramos del año).
Se impulsó de forma notable el aprovechamiento de residuos agroindustriales y forestales (licores negros de las plantas de celulosa y residuos de la industria maderera y arrocera). Las plantas industriales comenzaron a generar electricidad excedente que volcaban a la red nacional, aportando una fuente de base firme y continua.
Energía Solar Fotovoltaica, se incorporaron parques solares a gran escala y se reglamentó la microgeneración para hogares y comercios, aprovechando la caída internacional de los costos de los paneles solares.
El Desplome de la Termoelectricidad Fósil como resultado directo de la incorporación masiva de eólica, biomasa y solar, la generación eléctrica con derivados del petróleo se redujo a mínimos históricos.
Mientras que en años críticos anteriores la generación térmica fósil podía escalar de forma imprevista y costosa, hacia 2019-2020 se desplomó a un promedio inferior al 2% o 3% de la generación total, quedando relegada casi en exclusiva para situaciones de emergencia extrema o puntas de demanda muy acotadas.
Indicadores claves del cambio 2005 al 2020: matriz de generación renovable: Hacia el final del periodo (2019-2020), entre el 97% y el 98% de la energía eléctrica generada en el país provino de fuentes renovables (sumando hidráulica, eólica, biomasa y solar).
Seguridad y Exportación: Uruguay dejó de ser un importador estructural de electricidad en época de sequías para pasar a exportar excedentes de energía de forma habitual a los países vecinos (Argentina y Brasil), transformando la electricidad en un producto de exportación y un activo de seguridad nacional.
Mitigación de Riesgos: El sistema dejó de estar atado a la volatilidad del precio internacional del petróleo y a los vaivenes exclusivos del régimen de lluvias, logrando complementariedad: cuando hay viento o biomasa se compensan posibles bajas hídricas, logrando una estabilidad inédita en las tarifas y en el abastecimiento.
En este momento afrontamos un enorme desafío, el proyecto de producción de Hidrógeno Verde en Paysandú, que originalmente requería a pleno funcionamiento de 1 GB de consumo, cubierto por sus propias fuentes de energía eólica y solar, pero el acuerdo que se discute tiene clausulas extremadamente negativas.
La empresa HIF Global, encargada del proyecto de la planta de hidrógeno verde y e-combustibles en Paysandú, le reclamó al Estado uruguayo (a través de UTE) un precio de suministro de energía fijado en 40 dólares por megavatio-hora (MWh).
El monto solicitado por la multinacional se encontraba por debajo del promedio que pagan habitualmente las grandes industrias en Uruguay (el cual suele ubicarse entre los 60 y 80 dólares por MWh), lo que generó resistencia inicial en sectores políticos y en el sindicato de UTE por el riesgo de posibles subsidios o pérdidas para el ente estatal.
El proyecto de HIF Global en Paysandú (destinado a la producción de e-combustibles e hidrógeno verde) maneja magnitudes energéticas colosales que superan ampliamente el consumo de cualquier industria tradicional del país. El proyecto contempla una potencia nominal total estimada en torno a los 2.700 MW (2,7 GW) de energía para abastecer todo su complejo industrial y los procesos de síntesis.
Para alimentar esta infraestructura, la empresa prevé instalar parques de generación propia (eólica y solar) superiores a los 2 GW (o cerca de 2.7 GW según la escala total del emprendimiento). No obstante, al no alcanzar a cubrir de forma autónoma la totalidad de la demanda pico de sus procesos con su propia generación intermitente, el proyecto requiere de forma imperativa un abastecimiento complementario interconectado con la red de UTE.
Para dimensionar su impacto, la energía requerida por este único proyecto equivale prácticamente a duplicar la potencia de consumo pico histórico de todo el Uruguay en un mes crítico de invierno.
El panorama global de los proyectos de hidrógeno verde y e-combustibles atraviesa una etapa de transición profunda y muy compleja. El sector ha dejado atrás la fase de euforia publicitaria para pasar a un filtro estricto de viabilidad comercial, regulación y ejecución financiera, por ello el avance del proyecto en Paysandú está también en una fase de redimensionamiento y de dudas en ciertos ambientes especializados sobre su viabilidad.
En resumen, la energía fue el principal y más profundo cambio producido por los gobiernos del FA en Uruguay, aunque las tarifas de la electricidad son muy altas en comparación con la región.
Durante este gobierno, fuera de la continuidad de las obras para completar el anillo eléctrico del norte de 500 kV se encuentra en su etapa final de habilitación y cierre definitivo, ingresando en su tramo culminante.
Si pretendemos que el riego artificial sea un fuerte factor de crecimiento de nuestra producción, si queremos nuevos proyectos y desarrollo de industrias, el costo actual, aún con la reforma profunda que se produjo en solo 15 años, no es una base adecuada. La revolución energética tiene que seguir.
El cambio más radical, realizado por los 3 gobiernos del FA, con mayor impacto social, ecológico y en las perspectivas productivas del Uruguay, es sin lugar a dudas el cambio de la matriz energética. No está completo ni nunca lo estará, pero no puede detenerse, es un modelo público, privado privilegiado y revolucionario. No de las cosas simples, sino precisamente de las grandes cosas complejas. Y se puede.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)