No es nostalgia

Cuba: no nos equivocamos. Esteban Valenti

19.02.2026

MONTEVIDEO (Uypress/Esteban Valenti) - Miré dos veces este documental-testimonio de Silvio Rodríguez, que dura 25 minutos y está centrado en la campaña de alfabetización de Cuba del año 1961. Es un testimonio del cantautor cubano de su aventura personal a los 14 años y que influencia tuvo en toda su vida.

Su tono es coloquial, es un relato sin pretensiones épicas, simplemente comentando la realidad que se despliega ante nuestros ojos. Miles, decenas de miles de jóvenes y muy jóvenes que se van a todos los lugares del país a derrotar el analfabetismo que en Cuba era altísimo. No da una sola cifra, pero nosotros la sabemos en pocos meses la tasa de analfabetismo pasó del 23.6% a solo el 3.9%. La tasa de analfabetos en Uruguay en ese año y medida por los mismos criterios técnicos internacionales era del 9.6%. Y estábamos a la vanguardia de América Latina que tenía un promedio entre 35% y 40% de analfabetos.

Las cifras pueden no decir nada, pero pueden ser implacable con el relato más maravilloso, no es este caso. La campaña de alfabetización, llevada a cabo por 250.000 jóvenes de abril a diciembre del año 1961, fue un hito histórico para la isla y para todo el continente.

Pero lo emocionante, lo que me hizo insistir en recorrer con esos pibes las imágenes de las sierras, de los campamentos, de los bohíos, de los lugares más alejados de las ciudades, que era donde se concentraba el analfabetismo, fueron los rostros de esos miles de jóvenes, su entusiasmo, sus sonrisas, su compromiso sincero y vital. Se sentían y se veía que estaban cumpliendo una epopeya.

Realmente emociona verlos, como todas las causas que emprenden multitudes de personas a favor de los más postergados, abandonados por las mínimas comodidades, los pobres de toda pobreza, que también prestan sus testimonios y sus rostros.

Me hizo mucho bien y mucho mal, simultáneamente.

No nos equivocamos, no me equivoqué, para asumir las responsabilidades en primera persona, cuando apoyamos con pasión la Revolución Cubana, sus enormes cambios, su proyecto de una sociedad donde la educación y la medicina fueran los baluartes de una nueva sociedad. Lo estaban haciendo ellos mismos, sin modelos, sin esquemas, con pasión, entusiasmo y una gran planificación.

No nos equivocamos porque era realmente una revolución, como ninguna otra en el continente, en una tierra de muchas revoluciones o que enarbolaban ese nombre.

No nos equivocamos, al contrario, yo agradezco que me haya tocado esa experiencia juvenil, yo tenía 13 años cuando esa campaña de alfabetización y seguí de cerca y militando en Uruguay en apoyo a Cuba, cuando un año después los mercenarios armados por la CIA desembarcaron en Playa Girón y luego con la crisis de los mísiles.

Recuerdo las discusiones y algo más que tuvimos en el liceo defendiendo a Cuba. Y me siento orgulloso de haber participado y de haber elegido ese camino.

Hace pocos días escribí una columna muy dolorosa, de la que no me arrepiento de nada de lo que dije allí. "Cuba: una tormenta perfecta".

Creo que una de las mayores tragedias ideológicas que llevaron a Cuba a la dramática situación que vive ahora, que la han puesto en una situación tan dramática, es pasar de aquella aventura irreverente, jovial y profundamente nacional, a encajonarse en el modelo del "socialismo real" y de tantas equivocaciones por ese camino.

No desconozco, no desconocemos la barbarie del bloqueo que dura décadas por parte de los Estados Unidos, ni del acoso actual del demente de Trump y su banda, pero esa no es la causa principal de la decadencia de la Cuba actual, de los millones de cubanos que se fueron, que ya no son los gusanos ricos y privilegiados, muchos fueron incluso militantes revolucionarios, profesionales comprometidos con Cuba.

La causa es creer qué invocando las tesis de los "clásicos", teniendo el control absoluto del poder se podía desarrollar el país, mejorar la vida de la gente, asegurar niveles de educación, de salud, de alimentación, de transporte, de acceso a lo básico, como la electricidad, el agua, el transporte. Con el agravante que además de la falta de bienes materiales imprescindibles, falta la libertad y se terminó la igualdad de oportunidades, que se ve por todos lados en el documental de Silvio Rodríguez en aquel lejano 1961.

Solo entendiendo esa adhesión inicial, esos grandes cambios en la sociedad cubana se puede entender como lograron sostenerse durante tantos años y tantas crisis.

Ese documental que nos emociona, es una acusación más contra el fracaso de los dirigentes y muchos funcionarios que no quisieron escuchar que había que cambiar, que había países que habían elegido otros rumbos, como China y Vietnam y no aferrarse al modelo soviético. Que también tuvo sus momentos de una gran epopeya. ¿O acaso nos olvidamos de los millones de soldados rojos que ganaron la guerra civil y derrotaron a la más poderosa máquina militar del mundo, la Alemania Nazi, junto a los aliados, pero con un papel fundamental?

Mirando este mundo en decadencia civilizatoria, con genocidios en Gaza y en Sudán, con la extrema derecha avanzando en tantos países, con las ideas de izquierda en retirada, aunque nos cueste decirlo, tenemos que aceptar que si nos equivocamos cuando obturamos durante tantos años nuestra capacidad crítica, cuando desterramos las epopeyas y las sustituimos por las burocracias. Estas nunca tendrán su propia epopeya.

Que dolorosas son estas contradicciones, son una mirada emocionada y terrible a nuestra juventud.

El video en YouTube puede verse en esta dirección:

https://youtu.be/YnRfg9LPrS0?si=aIXllVUYplmLQXmc

Esteban Valenti
2026-02-19T17:46:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)