Cuba; nueva Gaza a la vista. Luis E. Sabini Fernández
06.03.2026
EE.UU. desde su presidencia está desplegando su política constrictor contra Cuba (entre otros muchos objetivos, igual y paralelamente tratados).
Es significativo el in crescendo que Trump está aplicando contra Cuba. Llamativo paralelismo con el que Israel aplicara -y sigue aplicando- contra Gaza en particular y Palestina en general. En ambos casos, el despojador se siente con títulos históricos para esas apropiaciones. Porque la maldad siempre se viste de bondades y todo supremacismo, de mano tendida.
Tanto el comportamiento autócrata de Trump desde la presidencia estadounidense -lograda con el apoyo, aquiescencia o complicidad de manada de parte de la población estadounidense- como el de la autocracia sionista -exclusivismo racial y racista que usa como coartada el mandato divino- han ido brutalizando sus procederes para asentar sus respectivos dominios.[1]
Lo que ha pasado en los últimos tres años en la Franja de Gaza, y cada vez más corriéndose hacia el resto del territorio palestino, ha constituido un genocidio de manual -que gracias a la inmediatez mediática y otros factores contemporáneos cuenta con mejor documentación que otros genocidios -como el de judíos a manos de nazis durante la IIGM o el de armenios, durante la IGM en la Gran Turquía-, genocidio que por cierto no ha acabado sino que está en proceso, combinando ahora muerte y desarraigo. Dos modalidades parciales y complementarias para la limpieza de la tierra que los sionistas entienden sagrada y propia, indisputadamente propia, entregada ¡oh maravilla! por alguna entidad que deberíamos intuir o colegir como superior. Tal operación no es una transferencia cualquiera; es lo que los judíos religiosos sionistas llaman una "redención" de ese suelo.
Dos comienzos: 1945 y 1948
Occidente ha devenido la bandera ideológica de EE.UU. En ese sentido, lo oriental podría ser su par opositor, dado el gusto manifiesto de la cultura de EE.UU., modelado sobre purismos protestantes, por el enfrentamiento "al mal", y de autopresentarse consiguientemente como "los buenos", y de ese modo, el fundamental y removedor análisis de Edward Said, Orientalismo, constituye un cabal análisis de los horrores generados por el AWOL (American Way of Life; el estilo de vida de los EE.UU.), que ha resultado demasiado a menudo la "forma estadounidense de muerte" para tantos "otros".
El AWOL no es sino la representación de "lo occidental" como civilización, lo que representa más cabalmente al progreso, la última edición, en suma, de Occidente, universalizado a partir de 1945. Y con la instauración, en 1948, de un estado puro, una sociedad de diseño, una ingeniería social con base bíblica -valga la hibridez de tamaña confluencia-, amparada en lo que la poco confiable IHRA define como "el genocidio" por antonomasia; el estado judío de Israel. Convivimos así con dos supremacías casi simultáneas -1945, 1948-, que a la larga han confluido en un único dominio.
Errores militares sucesivos de EE.UU. posteriores a la IIGM nos podrían dar una pista de esa asociación. Y el desplazamiento de la élite WASP dentro de EE.UU. por la judía (perceptible al menos desde la década de los '30 del siglo xx), también.
EE.Uu.: gigante con pies de barro
Iniciando la década de los '90 todos vimos claramente caer un gigante con pies de barro; la URSS.
Y todos pensamos, entonces, en el triunfo de su, a esa altura tradicional, oponente. Incluso en una suerte de epifanía, algunos ideólogos lograron imaginar el fin de la historia, a la que habríamos llegado... comían perdices y eran fel... (olvidando que las perdices ya estaban prácticamente exterminadas...).
En 1942, plena IIGM, tiene lugar una conferencia mundial sionista en Nueva York, en el Hotel Biltmore, donde queda fijado para el sionismo el papel rector de EE.UU. en aquel mundo en guerra.
Con el triunfo de Los Aliados en la IIGM y el establecimiento del Estado de Israel -mucho más nutrido por el sionismo colonizador del s xix que por los fugitivos y sobrevivientes del nazismo en cuyo nombre se invocó dicho establecimiento-, tenemos a quienes se sienten portadores, en un caso de la raza superior y en el otro de la palabra de su dios, y a nosotros -el resto del mundo- nos toca tener que ver sus frutos.
Palestina fue convertida en el asiento de aquella palabra que se presenta como divina. Con el tiempo, iremos viendo el revés de tales despliegues: un pueblo desenraizado, discriminado, y una convivencia absurda, abyecta, entre una población dominante, judía y otra, abusada, maltratada, discriminada en todos los órdenes de la vida social y cotidiana; en la calle, en el transporte (humano o de mercancías), en el papeleo para los viajes más sencillos. Una población se hizo despótica, abusiva; la otra se hizo silenciosa, aunque no sumisa.
Parece mentira que un estado, un ejército, una milicia, lo que fuera, someta a una población a semejante tratamiento y no-pase-nada; "que el mundo siga andando". Como si los nuevos ciudadanos, israelíes, tuvieran licencia moral para hacer y deshacer en el flamante estado, sin inhibición alguna, sin freno moral ni político, dominando el nuevo estado sin cortapisas... como si tuvieran licencia para expulsar, asustar, violar, matar... como si se tratara de un coto de caza... el territorio recién obtenido.
La ONU jamás atendió, institucionalmente, esos "excesos". En todo caso hubo, sí, seres humanos, como el Primer Alto Comisionado designado por la ONU, Folke Bernadotte, que advirtió algunos de tales peligros y delitos y al querer encauzar esa situación, fue asesinado sin más trámite. El sicario pasó unas pocas semanas en prisión -tan a cara descubierta fue su acto-, pero con rapidez pasó a ser guardaespaldas... del primer premier israelí, David Ben Gurión.
La impunidad israelí se acentuó con el tiempo para tratar a los habitantes centenarios o milenarios de "la Nueva Israel". Provocando la miseria de esa población, el hambre programada y sostenida en el tiempo, las balaceras frecuentes que acaban con la vida de palestinos casi a diario. Eso no escandaliza. Pareciera que una pátina de impunidad protege tales aberraciones y monstruosidades, como normalizándolas (¿a fuerza de repetidas?).[2]
Lo que llama la atención, entonces, lo que revela la enorme gravedad de esta metástasis de la depredación social es el silencio subsiguiente. Que pase todo eso y no se escuche casi un reclamo, una condena. Salvo de gente, de periodistas veraces: Francesca Albanese, Olga Rodríguez, Teresa Aranguren y otros imprescindibles como Jonathan Cook, Chris Hedges, Ali Abunimah, Jeremy Hammond, Max Blumenthal, y sitios como The Electronic Intifada, MiddleEastEye, La Base, rebelión.org, Unz Review, Kaosenlared y tantos, tantos otros, que ni conozco. Y porque hay muchas más resistencias, como la de los sudafricanos denunciando lo escamoteado por los medios de incomunicación de masas y por "inventos" expresamente sesgados como The Israel Project. Y muchas otras solidaridades desplegadas, como la de portuarios italianos negándose a embarcar o desembarcar productos desde o para Israel y osadías no sólo intelectuales sino materiales, como el comportamiento admirable de los hutíes, desde Yemen, o el de las sucesivas Flotillas de la Libertad.
Pero los aparatos y redes mediáticas, incluso las progresistas, van estrangulando en su quehacer cotidiano "el tema" Gaza. El genocidio en Gaza. No porque haya desaparecido de la realidad, sino "apenas" porque ha mermado un tanto la intensidad de muertes diarias.
Y ese caudal de muerte, desolación y latrocinio, disminuido, permite a los titulares de los medios de incomunicación de masas, saltearlos (en rigor, hay otras noticias, más sangrientas, que "venden" mejor), tácitamente negarlos.
Porque el proyecto impulsado por Trump y aprobado por Netanyahu, que cuenta en su cúspide a Jared Kushner, Tony Blair y Steve Witcoff; la Junta de Paz para Gaza, no devolverá la tierra a los palestinos ni la vida, por cierto, a todos los maltratados, invadidos, hambreados, baleados, hombres, mujeres, niños y bebés palestinos. Porque el proyecto es muy otro: hacer un resort de superlujo, un Las Vegas mediterráneo, en la costa gazatí para solaz de milmillonarios. Quedará tal vez un puñado de sirvientes que también podrán ser gazatíes, palestinos...
Trump y su cohorte empresaria inmobiliaria, como el rey Midas, transforma en oro lo que era vida, olivos, pesca de los gazatíes, y el sionismo, con la furia de un Sansón presuntamente indignado, luego de abusar por décadas de la población sobre la que se asentó, los borra literalmente del mapa. Como los palestinos son un pueblo que resiste, el proceso de despojo lleva estas décadas. De desolación y de muerte.
Cuba 2026 es lo que fue Gaza 2006
La isla de Cuba se encuentra ahora, en 2026 como Gaza en 2006, cuando los gazatíes votaran "mal" para el sabor ideológico israelí. Mostraron distancia hacia el amo israelí y se negaron a dar la mayoría a la ANP, esa "autoridad" palestina instaurada desde Al Fatah y Yaser Arafat, pero con venia israelí, considerada de izquierda (como había sido inicialmente) y que había ido ingresando en una conciliación de intereses y puestos con el amo señorial y racista.
Los palestinos de abajo, votaron, lógicamente, por quienes les resultaron más cercanos, confiables. Hamás.
En 2006, el primer castigo poseleccionario, fue el aislamiento absoluto. No dejar entrar gente, servicios ni mercancías "por la libre", por el mercado, mediante contactos; Israel se autoproclamaba único proveedor de todo: mercancías y relaciones.
Sabemos lo que pasó. Lo que fue pasando. Empezó a faltar comida, higiene, servicios, se acentuó el carácter carcelario que Israel había impuesto. Israel era efectivo en la técnica constrictor: arruinaban tierras y Gaza fue perdiendo así, poco a poco, toda agricultura. Los colonos hacían raids para tronchar con hachas y sierras olivos milenarios, defendidos por los palestinos. Los colonos contaban con pleno apoyo militar para desplegar violencia impune.
Y lo que entraba desde Israel nunca traía verduras, huevos, carne, granos.... El monopolio cumplió pronto su cometido: hacer que todo faltara en Gaza, desde alimentos hasta libros, y agua, medicamentos, servicios. Israel bombardeó sistemáticamente todas las usinas. Retransmisoras de electricidad o procesadoras de residuos.
Eso es lo que está pasando con mayor intensidad que con la escasez tradicional, en la isla de Cuba, ahora.
No hay como sentirse santos varones, mandatados bíblicamente, para poder ejercer el daño. Y una religión como la judía que incluye la noción de "pueblo elegido" (la misma idea motriz del KKK o de los nazis), lubrica perfectamente esa producción de daño bíblicamente sacralizada.
El caso cubano tiene otra melodía. No bíblica, sino american.
Y lo american tiene algo en común con el sionismo: la excelencia (autootorgada). Nos recuerda Tikkanen, un Quino finlandés: 'Mi moral es tan pero tan buena que puedo permitirme cualquier cosa'.
Cuba ha sido siempre la perla faltante en el collar estadounidense. Sol, color y mulatas. El macho american contó con ello en los buenos años de la primera mitad del s xx. Castro y la hipermodernidad limaron esa idea-fuerza, pero la pretensión de considerar a la isla cosa propia no ha cedido en el imaginario de la derecha imperial.
La ajenidad a una noción única y común de humanidad es lo que caracteriza al sionismo y al American Way of Life. Es esa ajenidad la que permite que dirigentes estadounidenses aspiren a adueñarse de Cuba, aunque los cubanos pasen hambre y privaciones. Porque los americans no vienen a identificarse con la población allí (¡faltaba más!); vienen apenas a ocupar su lugar: en las playas, en las rutas, en los hoteles, en las camas. No sienten que comparten la vida, lo viviente. Usurpan a esa gente, para quedarse con la isla.
Porque para la dirección estadounidense no existe una población cubana que tenga derechos. Si fuera american, sí tendría derechos. Análogamente, para la dirección israelí, no existe población palestina alguna con derechos.
Para los señores del planeta, los únicos derechos válidos son los propios. En rigor, ni existen palestinos, o cubanos. Si psicólogos o psiquiatras evaluaran a tales dirigentes, tendrían que concluir que adolecen de un fallo grave en el juicio de realidad.
Marcialidad a un lado, los palestinos, y los cubanos, existen. Y sus vidas importan. Nos importa.
(escrito mientras EE.UU. e Israel, atacan, otra vez, a Irán).
Luis E. Sabini Fernández
https://revistafuturos.noblogs.org/
[1] Esos poderes, a su vez, tienen una relación entre sí que también revela fuerzas y flaquezas. Hemos analizado en artículos anteriores el poder discrecional que ejerce Israel y su dirección, ahora con Netanyahu a la cabeza, sobre las instituciones legislativas y ejecutivas estadounidenses, y cómo muchos actos del gobierno de EE.UU. no hacen sino satisfacer la geopolítica israelí.
[2] El comportamiento sionista como colonización mediante asentamientos no difiere de colonizadores europeos "europeizando" el mundo del siglo xv al xix. Sólo que la idea muy blanca y europea de superioridad racial ante oriundos que eran nómades, como los nativonorteamericanos o que lucían embarcaciones menores, como las piraguas (troncos ahuecados) o que tenían armas "apenas" de piedra y madera, cuando los europeos ya las tenían de metal (y de fuego), aunque equivocada, contaba con enorme superioridad técnica. Pero ya en el siglo xx, ante palestinos que pertenecían al universo civilizatorio árabe, al sionismo no le quedaba margen "civilizatorio" a favor, y sólo la mendacidad y la fuerza bruta le permitió convertirse en amos.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias