Cuentos para el fin de semana

Cuentos para el fin de semana

12.12.2014

Todos los lectores podrán hacer llegar sus cuentos hasta los días jueves a: cuentos.uypress@gmail.com

Los cuentos de este viernes son:

El viejo sin medias, de Perla
La culpa es de los mosquitos de Suecia, de Mas Mena
Yo Silvia, de Alberico Lecchini

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El viejo sin medias
De Perla

Alto  él, alta su casa, también su rango, o por lo menos eso demuestra con su comportamiento altanero y misterioso.   Con los vecinos no habla, su esquiva mirada no dice ni buen día, no compra en el almacén del barrio, tal vez para no comprometerse al diálogo, sube al ómnibus que lo lleva al supermercado, allí no tendrá que articular palabras, ni responder, seguramente nadie le hará pregunta alguna.   Su rostro patético de sombras, cabello desalineado y mirada alucinada, va dejando una estela de incomunicación impenetrable; camina lentamente empujando su huesudo esqueleto, pantalones que no alcanzan a tapar los desnudos tobillos ni rozan los desbocados zapatos de punta, de los tiempos en que usaba traje y corbata.   Esos tobillos pelados le han dado el apodo de “el viejo sin medias”.

Suele sentarse a mirar el mar en lejanía, apoyado en un palo con el que a veces amedrenta los gurises que le gritan cosas que se lleva el viento.

Cuando Gorcíaco llegó, hace poco más de dos años con su familia, el viejo sin medias ya no tenía el tigre cuyos gruñidos intranquilizaban el vecindario.   Ahora han llegado las vacaciones de invierno y con ellas también los espléndidos días soleados, motivo de alegría para los niños, libertad, travesuras.  Los mayores encienden la estufa con leña de monte, tala y coronilla, los niños comentan que en la escuela les enseñaron que no hay que cortar los árboles del monte, los mayores hacen silencio.    Ha llegado la noche, una luz potente entre los árboles del “viejo sin medias” llama la atención de Gorcíaco.   Su mujer hace como que no oye ni ve, pero queda intrigada.   Al día siguiente se corre la voz “la luz alumbra un letrero y debajo parece haber una tumba”.

Hace muchos años se produjo una ausencia prolongada de ese ser alto y extraño, dicen que cumpliendo una misión diplomática, también cuentan que su esposa salió entonces de su casa, que los vecinos le llamaban “El Claustro”.

Compartió loterías, congas, teses y bizcochitos de anís, cerrando con cuidado, el gran portón tapado de maleza, impidiendo que la jauría escapara.  Al regreso de su consorte nuevamente volvió a su casa-claustro. Ahora la sorpresa, la incógnita es producida con la aparición de esa luz que se enciende con fotocélula, comienzan los chistidos de lechuza y la imaginación de la gente del lugar crean historias en base a conjeturas.

El letrero dice más o menos así:
“LIDIA CABRERA DE MAÑANA VIVE AQUÍ EN SU JARDÍN QUE TANTO AMÓ. RESISTIÓ PRESIONES BAJO UN MARTIRIO CON SU SACRIFICIO Y CON SU VIDA” 

Todos los domingos de sol, los vecinos peregrinan hasta el letrero, cada uno lee y deglute a su manera.   Cuando hay niebla o llueve, corre un aire diferente un tanto asustador, penetrando hasta lo más profundo.
 
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La culpa es de los mosquitos de Suecia
De Mas Mena                                 


La culpa la tuvieron los mosquitos de Suecia. De ese modo tan insólito Coco,  me explicaba desde el teléfono de su despacho, cómo había surgido la determinación de venirse nuevamente al terruño, y de haber comprado la chacra que tantos dolores de cabeza le prodigaba.

Sí, no te rías, por absurdo que te parezca, fue la repulsión a los putos mosquitos que parecen elefantes, lo que hizo que nos viniéramos para acá. Si lo hubiera pensado un poco mejor, si no me hubiese dado tanta manija el Flaco Esteban, aún estaría en Holanda, trabajando en la empresa de embarque y disfrutando de un verano en el Mediterráneo, en la licencia anual que me correspondía. Pero no, tuve que encontrarme en la Rembrandplatz, justo en el momento en que quería comprar los pasajes para darles una sorpresa a mi mujer y al niño, con el flaco al que hacía dos años que no lo veía.

Te imaginarás la sorpresa que me dio verlo salir de la misma agencia a la que iba a entrar, y no había cambiado nada, seguía flaco y arrugado como una pasa y como siempre, dispuesto a perder el tiempo que fuese por un amigo. Sabés muy bien cómo le gustaba chamullar al Flaco, y la verdad que no me dio tiempo a nada, me tomó del brazo y me invitó a tomar una cerveza, eran las tres de la tarde, en esa época del año ya hacía un calor de la gran puta, bueno calor a la holandesa. Yo no quería que me agarrase otro verano sin hacer playa, como no me había madrugado de sacar pasaje para España o algún lugar de la costa, ya no quedaba nada, la única posibilidad que tenía era la de unas vacaciones en el Norte, y Suecia era una linda alternativa, de modo que le confesé mis intenciones. Recuerdo que casi se atragantó con la impresión que le causé. “¿Estás loco? Pero no hagás una cosa así Coco. ¿Vos sabés lo que son los mosquitos en Suecia?” Ante mi desconcierto, no me dejó seguir dudando y me lo contó. “Mirá el más chico tiene este tamaño”, y recuerdo sus dedos amarillos de fumador que me indicaban el tamaño de su pulgar. “Tienen unos pinchos del tamaño y grosor de un alfiler, y voz Coco con lo alérgico que sos ¿Qué vas a hacer cuando te empiecen a salir las ronchas, y la piel se te ponga como un colador y no puedas respirar de afectado que quedás? No seas loco Coco, pensalo bien. Además ¿Por qué te crees que todos los suecos se van a veranear al Mediterráneo?” Y no me dejó ni pensar. “Porque hace un frío de cagarse, aún en verano. Sí acá que estamos en el centro de Europa, el verano significa dos días de sol con cielo nublado en la semana, imaginate lo que es allá en pleno Norte, el verano apenas dura una hora.” Cuando le dije de mi mala suerte en no haber reservado pasaje para la playa, me miró comprendiendo y me zampó la otra idea. “¿Y no tenías pensado volver para los pagos? Porque no guardás esa plata para montar algún negocio allá y te asegurás la playa todos los días que se te ocurra.”

No tendría que haberle escuchado, por último existían repelentes matamosquitos, pero en ese momento, vislumbrar la posibilidad de tener una casita en un balneario donde poder fugarme los fines de semana con los amigos que hacía más de siete años que no veía y extrañaba como loco, pescar a la encandilada, bañarme cuando se me antojase y no tener que preocuparme en cumplir con los horarios europeos tan estrictos. Y sin duda alguna, por influencia de la graduación de aquellos dos litros que habíamos consumido cada uno, me hizo sopesar equivocadamente los pros y las contras de las alternativas en juego, y la remató. “Mirá Coco, a voz siempre te gustó el campo, ahora tenés la posibilidad de concretar los sueños de tu juventud cuando estudiabas agronomía”. Y se me pudrió el mate, convencí a mi mujer que aquellos treinta mil dólares que lograríamos entre los ahorros que teníamos más la compensación que nos entregarían a ambos en los trabajos, dólares que no eran los  de ahora, podríamos volver y asegurarnos un buen pasar junto al resto de la familia.

Te imaginarás que a la Petisa Mirta no hubo que darle mucha manija, ella extrañaba a su viejo y hermanos enormemente, de modo que cuando le dije, se le llenaron los ojos de lágrimas y bueno, estoy seguro que en ese momento fue que concebimos a los mellizos.

Apenas llegamos acá nos compramos una chacrita, dieciséis hectáreas, gracias a una vieja ley que decía que todo inmigrante granjero podía traerse los aperos, nos compramos allá un tractor, una sembradora, el arado y hasta una pequeña máquina de carpir usada. Regaladas, por esa plata no te comprás acá un tractor de segunda mano. Claro que la cagué, el tractor era apenas de veinte caballos de fuerza, para allá que la tierra no existe, que es todo como arena, no había problema, pero acá que tenés que arar profundo, necesitas mucha potencia, el arado se te traba en los mojones y.... y bueno lo reventamos. La caja de cambio se hizo mierda, salí a buscar la mitad de un tractor, la parte de atrás, no fue fácil pero di con uno. El que me lo vendía me pedía seiscientos dólares, pero tenía que armarlo yo. Te imaginás que no estoy para esos laburos, por suerte conocí a un mecánico que es un mago, uno de esos tipos que con una pinza un pedazo de alambre y un torno, porque para estos menesteres sino tenés un torno sos manco, me adaptó la parte trasera a la delantera del tractor holandés. Ahora es un híbrido de la planta, tiene la conducción, el chasis y el asiento holandés, por suerte el asiento me lo rescató, es uno de esos conformados en chapa, pero que van montado sobre un eje que permite adaptarlo al largo de las piernas, tuve que ir como setenta veces a lo del mecánico, porque el tipo es uno de esos viejos que trabaja solo, y alguien tenía que ayudarle a levantar en el guinche el equipo, es cerca de una tonelada de peso, para que viese a que altura me quedaban las piernas y pudiese soldarle una ménsula donde montar el eje. Lo bueno es que el tipo le rescató hasta el amortiguador del asiento, y no podés creer lo agradable que es arar o ir por el campo cruzando los montículos sintiendo el vaivén desde el asiento. Es totalmente distinto, es como que estuvieses piloteando un avión de esos antiguos que no tienen cabina y vas enfrentando la fuerza del viento, bueno en este caso te enfrentas a la fuerza de resistencia de la tierra. Claro no sé cuál es la fuerza resultante que le ha quedado al tractor, aunque el tipo, muy ingenioso, ponía un diario debajo de la masa del disco que había sujetado al torno y le iba quitando diámetro de a poco, porque no entraba en el espacio que tenía del chasis original. Y pesaba el material que extraía, pero la verdad es que no me acuerdo cuanto le dio, y si me lo dijo no recuerdo muy bien el cálculo que había sacado porque era algo un tanto complicado.

Lo cierto es que logramos arar un par de hectárea y sembramos una pradera de alfalfa y otra de soja para asegurarnos la alimentación de los chanchos. Por suerte conseguí dos lindas cerdas y un macho, yo en realidad los cálculos que saqué es que hay que empezar con cinco animales, pero tengo un inconveniente y es que todos los bichos que se consiguen en la zona están emparentados entre si, y eso según me han dicho no es muy bueno, de modo que estoy tratando de conseguir un par de hembras más en las chacras de Maldonado. Ahora bien, todo lo tengo que hacer yo solo, porque ninguno de mis tres hijos se quiere ensuciar las manos con el trabajo de la tierra, apenas obtuve un poco de ayuda cuando hubo que arreglar el techo de la casa. Los pude convencer de que pintaran con impermeabilizante la cubierta de tejas, al prometerles dejarles usar una noche la casona para que hicieran una fiesta con sus amigos. Claro que al día siguiente me pasé toda la tarde limpiando el despelote que dejaron, hasta me atoraron el inodoro y tuve que desmontarlo para poder pasar una cinta hasta la cámara, ¿y sabés lo qué encontré? Un consolador. Sí un consolador que hacía más o menos un año había desaparecido de casa, de esos de plástico que están armado con espiral de alambre, y claro obstruía el caño y no dejaba pasar nada. Le dije a Gonzalito. Mirá Gonzalito nunca más quiero relajo de ese tipo. Y el muy cara dura me contestó. “Pero papá yo qué tengo que ver, si yo me volví a casa a las once de la noche, hablá con Patricia, ella es la que usa esos juguetes, yo no los necesito”. Te das cuenta, sin ningún desparpajo acusó a la hermana. No, no, si yo la conozco muy bien. Patricia no es de esas locas, es muy seria, se dedica al estudio con conciencia y además no le conozco ningún novio, ella nos lo ha dicho a la madre y a mí. No esperen que les de nietos porque no pienso casarme. Y fijate que va en serio la promesa, es muy responsable y siempre está estudiando. Siempre la ves con compañeras, tan es así que nos dijo; No quiero perder el tiempo de modo que me voy a vivir a la casa de Rosana.  Se llevó sus cosas y hace más o menos un año que está viviendo con la amiga, siempre van juntas a todos lados, se ve que se toman el estudio muy en serio. ¿El consolador? Lo trajimos de Holanda, te confieso que no sabía muy bien para que se usaba, lo compró mi mujer en una farmacia pensando que era para masajearse la espalda, y así lo usábamos, hasta que un día entré con unos compañeros de trabajo a un pornoshop y descubrí el verdadero uso del vibrador, gracias a las fotos que ilustraban la caja en que lo vendían. Son increíbles las cosas que usan estos nórdicos con tal de pasar la soledad lo más gratamente posible, erotizándose de a ratos. Y bueno algo para erotizar al chancho tendría que conseguir, porque el muy cerdo no se monta a las hembras nunca, es más las ve acercarse y sale corriendo en dirección opuesta. Y mirá que hemos probado de todo, primero le cambiamos el tipo de ración, nos habían dicho que aumentando la proporción de hinojo se celaría rápidamente. No tuvimos resultados. Luego un vecino de la zona, a quien le compré los animales me dijo que nunca lograría que se aparearan porque era familiares directos, madre y hermana del chancho, cuando le recriminé al muy hijo de puta, me dijo que yo no le había mencionado para qué los quería y que pensó que era para fabricar embutidos, como hacen todos los nuevos vecinos que han comprado por la zona. Sí tenía razón en que yo no le había mencionado el motivo de la compra, pero eso de creerme que no se celaría por ser descendiente, un disparate ni que tuviesen moral los puercos. Y bueno luego acudí a pajear a y masturbar a los animales a ver si se calentaban y se acoplaban. No, no, a la Petiza para esto no la agarro ni mamada, lo tengo que hacer yo solo, primero caliento a la chancha, a la más veterana, la filomena que según me dijeron algo de experiencia tiene en el asunto. Le froto el orto con una crema de aceite caliente y cuando veo que empieza a recular, que le gusta, me paso pal macho y le empiezo a frotar de arriba para bajo el miembro. Pero me pasaba que cuando lograba una cierta rigidez, ya la hembra se había enfriado, de modo que terminé buscando a un muchacho para que me ayudase en el asunto, pero podés creer que el muy bestia era tal la calentura que se agarraba mientras frotaba a la filomena, que terminaba montándosela y claro cuando yo me aparecía con el cerdo bien envarado la chancha ya estaba servida y no quería saber nada.

Ahora me paso el mayor tiempo posible en la chacra, estoy tratando de sacarle el mejor provecho. ¿No querés hongos boletus? Mirá que son de primera, bien carnosos, te dejo el kilo a veinte. No, no son venenosos, son exquisitos, hay que saltarlos en manteca con ajo y cebolla, o un poco de perejil y vino blanco. También los podés dejar secar para usarlos más adelante. Dos kilos te lo consumís como nada, no te olvides que son pura agua. Mirá mañana martes te los traigo a la oficina y te los llevo a tu despacho. Ahora te dejo, tengo que hacer cinco llamadas más, a ver si coloco toda la cosecha de hongos.

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Yo Silvia
De Alberico Lecchini
 
Hace horas que estoy sentada en este lugar oscuro y frío un pasaje subterráneo  en una estación de metro por encima pasa el tren con un ruido espantoso y las horas también pasan sin que nadie me regale una sonrisa o una moneda sí estoy esperando que las almas caritativas me dejen una moneda en este vaso de papel al que le he puesto una pequeña piedra para que el viento no me lo vuele  tengo una frazada arrollada a las piernas que me protege del frío y un gorro que me dejó una mujer que vive en las cercanías de la estación hace tres meses que estoy sentada en este lugar de vecinos de buen vivir y otros que llegan para trabajar  en los negocios y servicios del barrio ellos pasan de largo y la mayoría me ignoran dicen que en este país no están acostumbrados a los mendigos qué fantástico haber nacido en un país así con lo básico al alcance de todos haber podido ir a la escuela estudiar un oficio o una carrera médico por ejemplo, pero a mí me gustaría ser maestra y poder enseñarles a todos los chicos a leer y escribir hay tantos en mi pueblo que no han podido ir a la escuela analfabetos como yo condenados a deambular por las calles de las grandes ciudades mendigando  para llevarle al jefe del clan los centavos que pudieron recoger o prostituyéndose para darles a la mafia que les ha robado todo, su inocencia, su niñez y su dignidad  ese puñado de billetes sucios que después malgastan si no hay caso la injusticia empieza entre nosotros para que unos vivan bien mientras nosotras la mujeres y los niños nos pasemos la vida humillándonos y diciendo Hola! a cada uno que pasa por delante o vendiendo el cuerpo a tipos asquerosos …

 Ah! alguien puso una moneda en el vaso al fin que Dios te bendiga hija no hay caso las mujeres son las más generosas pocos  hombres se agachan para poner una moneda y es que la gente está siempre apurada va y viene de sus trabajos dicen que estresadas porque la vida moderna les exige todas sus energías  y poco tiempo les deja para disfrutar de sus familias u otras cosas que le den felicidad yo cambiaría un día de su estrés por mi lugar en este túnel frío y sin alma cómo será la cosa que un día un tipo me dijo que debía sentirme feliz que no trabajaba que tenía tiempo para disfrutar de mi libertad mientras que él era esclavo de la empresa que no sólo le pagaban nada sino que tenía que hacer todo el tiempo el trabajo sin chistar bueno  le dije que podía cambiar de trabajo y se me rió en la cara y se marchó sin darme siquiera una pequeña limosna o la mujer que vive en esa villa maravillosa de dos plantas a pocos metros de aquí que un día me trajo un abrigo muy nuevo y me dijo que esperaba que lo usara era de su hija que murió hace un tiempo en un accidente y antes de irse me confesó que era muy desgraciada separada y sola con la botella de whisky como única compañía ellos me hicieron pensar qué feliz o desgraciada que realmente puede ser la gente a pesar de tener muchas cosas para disfrutar o es que muchos son mas desgraciados que yo? yo  que desde niña me paso las horas extendiendo la mano y saludando esperando por lo menos una mirada que me reconozcan que también soy un ser humano pero raro es que suceda salvo cuando llega esa mujer de dulce sonrisa que me trae ropa y hasta una olla para cocinar en mi carpa del campamento y cómo   necesito ese gesto hoy más que nunca porque a mis cincuenta años he comenzado a sentir un dolor en el vientre y como no tengo derecho a la atención médica porque no soy ciudadana del país entonces no me corresponde dicen que no he pagado impuestos pero asustada estoy porque el dolor va en aumento y mi amiga Ramona me dijo que sí que tenía la cara muy pálida y ojerosa y me he puesto a pensar que a lo mejor me queda poco tiempo y mis cuatro hijos que están en otras ciudades sirviendo al cacique del clan no van a poder verme por última vez y es que hace ya cinco años que nos vimos y por eso le pido a Dios este último deseo de madre que me los permita ver antes de que me vaya para siempre solo espero que no sea en este túnel frío … no es una desgracia estar lejos de los hijos?

Cuentos para el fin de semana
2014-12-12T14:27:00

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